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romi
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Últimos días en la Alhambra

27 de Octubre de 2013 a las 13:31

Bubok

ÚLTIMO DÍA EN LA ALHAMBRA

 

               Amanecía nublado, eran los últimos días del mes de abril y en los palacios, alcazaba y medina, todo parecía dormir. Como si aun nadie se hubiera despertado para enfrentarse al nuevo día o como si todos se hubieran marchado, no se sabía a dónde. Un día extraño, por el gran silencio que por todos sitios había y, desde luego, melancólico y como parado en el corazón del tiempo y del Universo.

 

               En el recinto, alargado, de paredes lisas y algo blancas y no lejos de los palacios, se le veía. Parado inmóvil, frente al rincón del extremo norte y con las miradas como perdidas, buscaba algo. Nadie lo acompañaba, nadie iba o venía ni tampoco nada se oía. Silencio rotundo, quietud honda y luz tamizada, como envolviendo el momento, la estancia y los desconcertantes sentimientos que en su corazón se agolpaban. Se dijo: “Ya lo tengo todo preparado. Lo poco que de aquí me llevo y lo poco que quizá necesite a partir de ahora. Y dejo todo por aquí, en la pequeña estancia que me ha acogido a lo largo de tantos años, recogido, limpio de mí y de mis cosas y como preparado para que lo ocupe el que ahora venga”.

 

               Algo más tarde, cargando con una bolsa no muy grande, salía de la estancia donde, cerca de los palacios, se había refugiado a lo largo de muchos años. Caminó lento en busca de las puertas para salir y seguir avanzando. Atravesó un patio, luego un pasillo, unos jardines donde de la fuente chorreaba el agua y luego otro patio donde, al fondo, se veía una puerta. Un soldado lo miraba como extrañado y al pasar cerca de él, lo saludó y siguió. Cuando llegó a la puerta, detuvo sus pasos, volvió su cabeza, miró lentamente y se dijo: “Aquí os quedáis para siempre, hermosos palacios, construidos con sangre y vidas de esclavos, humillados hasta la destrucción. Se os ve hermosos y como obra de arte excelsa pero por dentro, en el corazón y alma, estáis podridos. Enfangados en la maldad, intrigas, odio, envidias y más muerte y sangre de personas, muchas muy buenas y otras, sabias y llenas de grandes sueños. No me llevo conmigo ni el odio ni el deseo de venganza por el daño que unos y otros me habéis hecho. Sí se amontona ahora mismo en mi corazón la amargura por la incomprensión que he recibido de los que tienen poder y viven bajo estos techos, lujosos salones, hermosas fuentes y olorosos jardines. No se puede construir un paraíso en la tierra, con despojos de batallas y guerras y con la libertad de personas pobres y sin aire para respirar. Nunca será hermoso esto aunque, ahora y en el futuro, muchos lo digan, lo escriban en libros y lo pinten en cuadros.  Aquí os quedáis y que el cielo os acoja algún día, si es que puede”. Y volvió su cabeza y siguió.

 

               Unas horas después, se le vio subiendo por las sendas de la izquierda del río que desciende desde Sierra Nevada. Solo y triste por lo que atrás se le iba quedando. Atravesó el bosque, salió al claro desde donde se veían las aguas del río, al frente, la ladera de los castaños y al lado norte, la solana de las encinas. Buscó una piedra, se sentó, mirando a las cumbres de las nieves perpetuas y luego se fijó en la ladera del enfrente. Subiendo desde el río como hacia las cumbres, vio a la Alhambra. Con sus altas y bellas torres, sus jardines, fuentes y murallas y todo como inmaculado. Como revestido de un blanco purísimo e inundado de luz con todos los matices y colores.

 

               Volvió su cabeza para la solana que le quedaba a sus espaldas y por aquí también vio a la Alhambra. Como escalando ladera arriba, hacia el sol y silenciosa. Desde sus murallas, se alzaban las hermosas torres, coronando a mil jardines y fuentes de aguas claras. Y todo, como vestido y bañado en roja sangre. Y la luz que los rayos sobre estos muros y palacios derramaba, era naranja y triste. Como si todo por ahí, a pesar de su gran esplendor exterior, fuera desolación y frialdad.  De nuevo se dijo: “Esta que tengo a mis espaldas, es la Alhambra real que hay sobre la colina y que, al correr del tiempo, permanecerá y será visitada por millones y millones de personas de todas las partes del mundo. Es la que está repleta de miseria por dentro y yo, a lo largo de mis años viviendo ahí, cada día he querido llenar de dignidad y trascendencia. Y esa Alhambra que tengo al frente, es la que llevo en mi corazón y la que cada noche soñé y nadie conoce en este suelo. Me voy para siempre a ella porque ahí sí hay eternidad, limpia luz y sincera belleza”.          

 

               Se puso en pie sobre la gran piedra frente al río, alzó sus brazos y se preparó. Para saltar al aire y salir volando hacia la Alhambra blanca y revestida de luz maravillosa que tenía delante al otro lado del río. Y la leyenda cuanta que, a pesar de sus casi noventa años, se le vio surcando el aire, como en forma de sueño hermoso, hacia el encuentro de la Alhambra luminosa que en su corazón tenía.

 

 

Todos estos relatos se pueden leer acompañados de fotos aquí:

https://www.facebook.com/home.php?ref=home

 

Y en este otro sitio, se pueden leer y descargar en pdf

http://romi3.jimdo.com/

 

 

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