Luz en la oscuridad

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Acompañaremos al protagonista, en palabras de la autora María Rodríguez Piña “Artés, en su proceso de crecimiento y en conocimiento que le van proporcionando pequeños y habituales maestros, personas normales y corrientes.“ Las personas que van ayudando a encontrar el camino a nuestro amigo, simbolizan las diferentes partes del conocimiento necesario para conseguir los objetivos que nos proponemos: Ana , representa el conocimiento emocional de uno mismo, conocimiento básico para saber ponernos en contacto con lo que sentimos para saber lo que deseamos. Aimman con sus estados alucinatorios, simboliza el necesario conocimiento del inconsciente para diferenciar lo que realmente deseamos de lo que nos han hecho creer que deseamos. El Dr. Ronán Capelo supone la aparición del personaje que simboliza la “ciencia”, que enfrenta a Artés con la necesidad de tener en cuenta una mentalidad lógica y objetiva, para la consecución de sus objetivos. Alejandro y Esther suponen los necesarios retrocesos, dudas inevitables para conocer realmente que no deseamos que suele ser un paso imprescindible para saber saber lo que de verdad si deseamos. La aparición de un último personaje que la autora no quiere revelar, es la ultima coach, que simboliza el amor autentico , que suele ser la catalizadora de lo aprendido de toda la lista de guías que lleva al protagonista a enfrentarse a su autentica esencia ,que llegando en el momento justo, le permite al mismo, encontrar el camino definitivo. Entiendo que el mensaje maravilloso de esta obra, es que vivimos rodeados de otros seres humanos, porque necesitamos guías para poder encontrarnos a nosotros mismos, guías que han llegado a sus “sabidurías”, a través de los encuentros que ellos mismos han tenido con otros guías, en una secuencia infinita de transmisión de sabiduría humana, con el único fin, de que tú, un solo ser humano, pueda encontrar su camino . Y es que a pesar de lo que creamos, ningún niño rechaza aprender si está rodeado de cariño, es nuestro equipaje natural. El hecho de que nuestra envoltura carnal nos indique una edad biológica que nos permita reconocernos como niños, no implica que haya facetas de nosotros que aún no hayan madurado y que sigan necesitando guías que sustituyan el papel de padre/madre que ya no podemos tener. Extracto por L. D. G.

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