LA CASA DE LOS ESPEJOS

Jamás en mi vida había ganado algo, ni siquiera en los más miserables concursos del colegio y eso que siempre compraba por motones los números de las distintas rifas que se hacían, pero para Claudia mi “queridísima esposa” ella no tenía que hacer nada para ganarse algo, ¡cómo era posible ganarse un fin de semana en una isla paradisiaca en las costas de Centroamérica!, solo por ser unas de las mejores representantes de ventas de su compañía. ¡Maldición! Porque tuve que aceptar su oferta, todo por poner esa cara de “idiota envidioso” y que ella se compadeciera cediéndome el boletó del viaje diciéndome:— ¡Amor por qué no tomas tu el boletó, vas y disfrutas del viaje! Tu sabes que por mi trabajo viajo muy a menudo y la verdad es que quiero pasar por fin, un fin de semana de pleno descanso sin tener que hacer nada ni atender a nadie.— ¡Mierda! como diciéndome “no quiero pasar mis días de descansó atendiendo a mi esposo fastidioso” pero me aguanté solo porque realmente quería sentirme un ganador por primera vez en mi vida, así que empaqué mis cosas y me fui a ese ¡maldito lugar! ¿Cómo fue que paré corriendo por mi vida?

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