Un atardecer de Junio

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Creo que todo libro es un reto,puesto que implica dar respuesta a una serie de preguntas. No en vano se diceque para escribir una biografía se necesitan seis años. Cuando la Fundación Isidro Uzkudun me propuso el proyecto de escribir la vida de Isidro,lo primero que me planteé fue si este hombre, si este misionero asesinadocobardemente tenía algo que aportar a nuestra sociedad del siglo XXI. Si suconducta, su estilo, su entrega pudieran ser un referente, pudieran entrañar unmensaje a nuestra genteNo quiero ser mártirIsidro fue un hombre normal, que noquiere decir mediocre. Aunque la expresión parezca contradictoria, fue unhombre corriente y al mismo tiempo extraordinario. Detalle que muchos de loslectores han percibido. Muchos analistas de nuestra sociedad denuncian que lefalta, que carece de referentes , de modelos cercanos. Distintos lectores mehan comentado el impacto recibido al escucharle:”Yo no quiero morir en Ruanda,no quiero ser ningún mártir. Lo que deseo es jubilarme y disfrutar de la vidaen San Sebastián”. Ciertamente no se sentía llamado a alcanzar las cumbres dela heroicidad, aunque después, las consiguiera Chulo de puebloPor otro lado, algunos observadoresanotan que actualmente la sociedad valora, admira lo auténtico. Por eso gustade las biografías. Sin duda ninguna Isidro destacó por su transparencia, por suautenticidad, por rechazar la doblez, la falsedad, la hipocresía. Hetenido cuidado para no idealizarle. Un compañero sacerdote le espetó: ”usted esun chulo de pueblo”, al mismo tiempo que otro compañero comentara: “fue unaconvivencia gratísima y rica humana y espiritualmente. Creo que me tocó vivircon el mejor amigo que he tenido en mi vida y de cuya experiencia guardo unrecuerdo inolvidable”Isidro por su sencillez, por sunaturalidad, por su autenticidad y por su entrega y honestidad puede servir dereferente a gente religiosa y no religiosa, creyente y no creyente. El tal Isidro, una gran personaVolviendo a los retos y a losobjetivos, la vida de Isidro es un mentís rotundo de la frase del actor británico, Hugh Laurie : “laspersonas virtuosas son falsas y aburridas”. No he inventado nada. Simplementehe pretendido presentarle tal como fue. No sé si lo he conseguido. Comomanifestó una folclórica “eso lo tiene que decir el público”. Y del públicorecojo tres testimonios. Los tres sonlaudatorios, ya que los críticos, los negativos no se suelen transmitir alinteresado. Los dos primeros me han llegado indirectamente. Uno de ellospertenece a un misionero, que ha trabajado muchos años en Ruanda y decía losiguiente: “Quiero subrayar el valor que da el autor a la pura anécdota. (…) Y añade: “Quiero insistir en un aspectoimportante. Con relación a Ruanda nos encontramos en una situación grave dedesinformación, de presentación del nuevo régimen político en plaza como modelode desarrollo para ?frica. La mayoría de los periodistas pasan de largo de loslugares donde vive y sufre el pueblo humilde. (…) . A esto vengo: a que heencontrado al autor del libro valiente primero para recorrer el país por loslugares donde el hombre sufre; y luego para contárnoslo. Con un lenguaje llanoy sencillo, sin levantar la voz, como un periodista que se limita a decir loque ve con palabras ordinarias, como quien no hace más que lo que debe, dicelas cosas que es urgente decir sobre Ruanda actual, y que parece que otros noven”.El segundo comentario proviene deJosé Antonio Pagola, quien en un correoenviado al Secretario de la Fundación, dice “meparece acertado. Es ágil, agradable y lleno de pinceladas que acercan de algunamanera a su figura, aunque acercarse al misterio de una vida es tareaimposible. He escuchado comentarios muypositivos”. El tercero lo recibí directamente por correo electrónico también:“ayer en el viaje, leí el libro. ¡Me ha encantado!. Varias veces lloré. Me haparecido fantástico, muy ágil de leer, expresivo, vital, rico. Y el tal Isidrogran persona”. Quizá esta última lectora se ha pasado algún pueblo. Peroconociéndola, no es para despreciar su testimonio. El entornoHe dedicado varias páginas dellibro a describir el entorno de la vida de Isidro, que vivió 35 años en Ruanda,en ?frica. Por ello, recordando la conocida observación de Ortega y Gasset:”El hombre es su yo y sucircunstancia”, me he detenido en el entorno pues es la única manera decomprender la vida de Isidro. Me heextendido suficientemente en describir la situación turbulenta de Ruanda y de la República Democráticadel Congo especialmente los últimos 20 años. Isidro no sólo estuvo y está cercade ?frica. Se ha hecho tierra suya en un abrazo permanente. Su cuerpo fueenterrado en suelo ruandés. Recorría caminosNuestra sociedad, nuestra Iglesianecesita de personas referentes, imitadoras del buen samaritano. Los viejosmisioneros (y los nuevos) se han ganado el respeto de la opinión pública.Isidro gustaba de visitar los caseríos, los poblados dispersos por las colinasdialogando sin prisas con sus habitantes. Entablaba conversación con losnumerosos transeúntes. Los senderos de Kayenzi y de Mugina ya no conocerán el caminarde un quijote, que hablaba a las gentes repartiendo bondad, soluciones y ánimo.Fue “la rama del árbol en la que los pájaros se posaban”. Termino con un deseo:que los viejos misioneros nunca mueran. Josetxu Canibe

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