LA BIBLIOTECA DE MI ABUELO BERTO (I parte)

Comprar Libro en papel por 7,68€ Comprar eBook en PDF por 0€

En todas las historias que siguen de una u otramanera ha intervenido mi abuelo Berto: bien porque me las ha contado, bienporque las escribió en solapas, páginas en blanco y contraportadas de libros,bien porque las he reconstruido a partir comentarios de mi abuelo, de reprochesde mi abuela, o silencios de mi madre. Mi abuelo era alto, muy alto, barbudo ysiempre con bigote. A mí se me hacía altanero, orgulloso, pretencioso; cuandocrecí descubrí que simplemente era alto. Tenía una biblioteca que de niño se mehacía enorme. Siempre le conocí leyendo, manoseando libros. Solía decir: “Elplacer de hojear un libro, tocar sus hojas, acariciar sus solapas es el principiode la sabiduría”. Yo al principio no le entendía y un día le pregunté ante suinsistencia qué era eso de la sabiduría y me contestó: “no te puedo dar unadefinición porque no creo en las esencias, pero lo importante es el trayecto yte diré que la sabiduría es el poso de la destilación del conocimiento y laexperiencia”. Seguí sin entenderle y recuerdo que me hice la pregunta que yocreía entonces original: “¿Cómo es que entiendo cada palabra y no la fraseentera?”. ?l hablaba tan convencido que resultaba convincente. Yo siempre leescuché con respeto y, con el tiempo, con admiración, aunque lo normal es quehubiera sido al revés. Recuerdo que solía añadir más o menos que “en materia deartes sólo se puede crear cuando te despojas de lo aprendido como el gusano desu capucha y se convierte en cursi mariposa”. A mí se me hacía que hablabaampuloso, altisonante, críptico. No era tal: es que no sabía hablar de otramanera. Otro día le pregunté por el secreto de la felicidad -frase que habíaoído y que no era capaz de desprenderme de ella- y me sorprendió su enfado: “Yate he dicho que no creo en las esencias, maldito sea Aristóteles y toda suprogenie escolástica. No sé lo que es, pero sé cómo se alcanza: convierte tusmedios en fines”. Debí poner tal cara de no entender nada que se sentó –yo yalo estaba- y me dijo ya más relajado y echando para atrás su corpachón:“Procura tener gustos y deseos que te permitan llegar a viejo habiéndoles dadosatisfacción”.Mi abuelaFrancisca, su mujer, tuvo 7 hijos. Era también sabia a su

Quiero publicar un libro Ver más libros