EL DIÁLOGO SOCIAL

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Las décadas de 1950 y 1960 se caracterizaron por el desarrollo de políticas públicas tendentes a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos europeos. Una de las armas con las que se contó, en consonancia con las ideas del keynesianismo imperante en la época, para llevar a cabo esa redistribución de la riqueza nacional de los distintos estados europeos, fue la política presupuestaria, a través de la cual se incrementó notablemente el gasto público, de tal forma que fuera suficiente para asegurar los pilares básicos del paradigma del estado de bienestar: la educación, la sanidad y las pensiones y los subsidios de desempleo. En el diseño e implementación de estas políticas intervinieron decisivamente, junto con los respectivos gobiernos, los trabajadores y los empresarios, a través de sus respectivas asociaciones: sindicatos y organizaciones empresariales. Este período que se extendió hasta la crisis de la década de los setenta, fue especialmente prolífico en la firma de acuerdos tripartitos, que han sido descritos por la doctrina científica, y calificados como acuerdos neocorporatistas. A partir de la fecha indicada el modelo neocorporatista entra en crisis, de la mano de la propia crisis económica, que ya no permite a los estados destinar tantos fondos públicos a las políticas del estado de bienestar. La crisis de la década de 1970 se superó, pero a pesar de ello, el modelo anterior de pactos tripartitos, que se basaban en la capacidad de intervenir en la economía nacional, para regularla (mediante la fijación de cláusulas de limitación salarial entre otras), firmados a la manera de macro-pactos omnicomprensivos, dejó de tener vigencia y, tras un largo período sin concertación social, se pasó a mediados de la década de 1990 a otro tipo de acuerdos puntuales, para aspectos concretos, basados en las nuevas ideas neoliberales ahora imperantes, y alejados del modelo neocorporatista anterior. En la década de 1980 y principios de 1990, se empieza a plantear en la Unión Europea la necesidad de alcanzar pactos tripartitos entre los interlocutores sociales en el seno de las instituciones europeas; en el entendimiento de que estos pactos son necesarios para articular la construcción europea, ya que deben incidir sobre las variables económicas de la Unión, y por otro lado deben servir para conseguir el desarrollo del llamado “estado social europeo”. A estos posibles acuerdos se les enmarca dentro de un concepto nuevo denominado “Diálogo Social”, concepto cuya acuñación tuvo éxito y se extendió por el resto de los países europeos primero, y por todo el mundo después. Este nuevo concepto alude a una nueva forma de alcanzar acuerdos entre los gobiernos y los grupos de interés, que se aparta de los acuerdos neocorporatistas descritos, y que tiene sus propias coordenadas. Este nuevo tipo de relaciones tripartitas, en las que las palabras clave son flexibilización y desregulación del mercado de trabajo, tienen lugar en España no solo a nivel estatal, sino también a nivel territorial inferior; en el caso de España a nivel de las Comunidades Autónomas, es el mesocorporatismo.

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