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Teísmo animal y otras desviaciones

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  • Autor: Edgar Alejandro Romero Vargas
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 62
  • Tamaño: 216x279
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Mate
  • ISBN Libro en papel: 978-607-00-9642-6
  • Descargas: 1
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TEÌSMO ANIMAL Y OTRAS DESVIACIONES: LECTURA por Alejandro Rojas

 

 

 

Teísmo animal y otras desviaciones es el poemario que continúa la carrera literaria del joven Alejandro Abracxas. El poema inicial de esta obra es “Aullido de tiburón” una pieza  churrigueresca que fuera finalista en el concurso de poesía “La ciudad y yo” de la editorial Taciturno, de la ciudad de Guadalajara; y que fuera publicado en el cuadernillo conmemorativo del concurso que reprodujera la editorial en 2014, junto a poemas de Ángel Ortuño, Aleqs Garrigóz, Sihara Nuño y otros. “Aullido de tiburón” aparecería también en el número 4 de la revista cultural Anomalía, el mismo año pasado. Ya desde este poema inicial advierten los juegos de la palabra signados por el capricho y la extravagancia.

Su aproximación a la corriente barroca, como el Barroco mismo, es una escritura para el vacío, y en última instancia para la muerte: el lirismo juvenil se mueve o congela en la conciencia del absurdo, el dolor y el mundo contemplado, desde la sátira y el escarnio, como un clásico “valle de lágrimas”: “Bendito sea el infierno que traigo dentro y vociferador sea el vacío con el que empalmo el alma de mis oyentes en su propio circulo.”

            Y es que ante todo, “mayor dicha es reír”. Su conciencia del dolor es, pues, cínica, y hace del espectáculo de la miseria humana (en la que toda tragedia de la escritura queda circunscrita) un baile de risas, una mirada sin compromiso. Y si “La poesía es el licor de las almas”, este licor emborracha de vértigo, manía y baila con la imbecilidad, como quien baila sobre una tumba, sobre un cúmulo de deshechos del gótico, el romanticismo popular y la cultura de masas de la posmodernidad.

A veces con sesgos de musicalidad, a veces disonante y a veces ciego a toda experiencia de armonía, su estructura es amorfa en su generalidad. El papel, sin partitura, se quema antes del espectáculo: improvisación sobre un escenario corrompido. La apropiación de las rimas es arbitraria: allí en ese nicho cavado, se solaza el sentimiento bienhechor de los instantes poéticos personales. Es una sintaxis del desorden. Delirio que roza la locura.

            Prosa y poesía con una misma amalgama insoluble, insalubre. Brutalidad, frialdad de las formas como cristales irregulares, extraños a la belleza.  Desfragmentación que se lleva a cabo hasta en el nivel morfológico de la palabra y juega a hacer sus propias palabras a imagen de gusto, a dividir en dos, como a una galleta de la suerte, una palabra y encontrar una unión sorprendente de sentidos: “Sol y edad”. Igualmente: gusto rebuscado por las palabras sonoras, difíciles, ásperas, y las aliteraciones bárbaras. Filosofía hueca para llenarse con palabras.

            Un pastiche de vanguardias que cultivan falta de sentido, la liberación de la sintaxis, es Teísmo animal y otras desviaciones. En su ambiente laten, formas en desuso, súbitamente irrumpidas por palabrería de la posmodernidad vulgar, que se inventa a sí misma.

            Tras leer algunos párrafos donde se invoca a la idiocia, a la nulidad, pienso es esas tendencia literaria actuales que niegan la literatura, y afirman como valor el revés de lo tradicionalmente pactado como poesía y literatura: misterio, armonía, proporción, equilibro de recipiente y contenido. Así, la sintaxis no tiene importancia: es otro signo cultural que hay que mancillar. No importa que el mensaje aparezca con mutilación y oscurezca su inteligibilidad, hiera la recepción, provoque náusea.

Y así, en este borde de esquizofrenia: el narcicismo: no hay héroes ni modelos literarios, “¡Porque un hombre tiene que vivir lejos de los ídolos que implanta el pensamiento! Sus lecturas pues, son deformaciones, que se muestran sin elocuencia, como en el tributo “Mala sangre” a Arthur Rimbaud, que es parodia y calco iconoclasta del poema homónimo del autor. Es mejor que los moldes mueran, se aparten retorciéndose, para que resplandezca la señal de lo propio estrafalario. Que su sola irrupción escupe la cara, en secreto.

Es lícito hablar de comicidad cerca de esta obra. Me parece que sí, ya que como señala Bergson, la risa castiga algo de rígido, de mecánico, de desalmado, algo de excrecencia grotesca que pesa sobre la vida y parece actuar por su cuenta. Y eso, me parece, es la sustancia querida y delatada en el desarrollo de estos textos: pastiche de estética y  crítica.

Decía: su escritura recuerda la escritura de los esquizofrénicos: Imágenes negras, de pavor, violentas, hilarantes, innecesarias, extrañas: “No muramos no, comido por hormigas y desmembrado hasta llegar al agujero negro.” Y engarzado en todo eso, la gema, el fulgor inasible del poema en la pequeña serie acerca de la droga “Krokodrill”:

 

LAGRIMAL

 

lo perdí

descárname

a pedazos

en fabricación

casera

mamá

puedes hacerme

otra

me duele

no tener ojos

para

llorar.

...[Leer más]
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