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Tradiciones y costumbres holandesas. Vida familiar, social y comercial.

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  • Autor: Govert Westerveld
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 312

Cuando alguien, como yo, ha vivido 50 años entre los españoles y solamente una tercera parte de su vida entre los suyos (los holandeses), entonces ya tiene suficiente conocimiento para opinar que ciertas costumbres holandesas son muy diferentes. 

Cuando comencé a escribir mi libro titulado “50 jaar tussen de inwoners van Blanca (Murcia)” (50 años entre los lugareños de Blanca, Murcia) tuve que tratar ciertas costumbres de este pueblo español. Eran tantas costumbres, que pensé que valía la pena escribir un libro sobre las costumbres españolas y otro sobre las costumbres holandesas. Estudiando las costumbres holandesas he llegado a la conclusión de que varias costumbres han cambiado: ya no son lo que eran en el año 1969. Es decir, la sociedad holandesa ha modificado ciertas tradiciones.

Entre las costumbres que se han ido modificando con el paso del tiempo cabe destacar la “agenda” de los holandeses (en la cual quieren planificar todo). A mí también me gusta planificar, pero prácticamente nunca he usado una agenda. Respeto, en este sentido, la costumbre de mis paisanos; pero me gusta más la costumbre española, donde no hacen falta las agendas y donde todos los días observamos la espontaneidad de sus habitantes; además, un español no consulta su agenda cuando quiere planificar con alguien, pero dice: “cuando tú quieras”.

Este es un valor que para nosotros  -ya me siento más español que holandés- es muy importante; pero conviene inculcar a los nuevos inmigrantes de Holanda que en todos los países encontraremos cosas parecidas, peores y mejores a lo nuestro, lo importante es tener la mente abierta. 

Los holandeses tienen cualidades buenas y malas. Estas son las ideas generales que tienen los visitantes extranjeros cuando visitan los Países Bajos. Los holandeses son vistos como pensadores libres; amistosos; tolerantes; serviciales; sociables; disciplinados; trabajadores; puntuales y lógicos; pero también como ruidosos, tacaños, menos hospitalarios, distantes y directos. Los holandeses siempre dicen lo que piensan. A veces otras culturas ven la inmediatez, esta franqueza de los holandeses, como algo brutal. De todas formas, conviene evitar usar comparaciones negativas, y en vez de decir “que raro es esto” conviene decir  “esto es diferente”.

Desde que llegaron a Holanda, los nuevos inmigrantes han descubierto nuevas costumbres y poco a poco se han acostumbrado a ellas. Lo primero a lo que se han tenido que acostumbrar ha sido a los horarios, las mañanas empiezan antes y el ritmo del día es distinto, así que más de uno tuvo que modificar sus rutinas. Lo mejor es asumir la emigración a Holanda como una aventura nueva y positiva para uno mismo y para toda la familia, ya que conocer diferentes culturas es sumamente enriquecedor: nos enseña a ser respetuosos y tolerantes con los demás.

La franqueza es una costumbre holandesa que puede resultar ofensiva para más de un extranjero, y para comprender esta costumbre conviene saber más sobre la historia de Holanda. Hace siglos, en el sistema feudal, muchos europeos vivían como 'siervos': asumían que no podían hacer las cosas por sí solos (por ejemplo: si tenían hambre, eran alimentados por su señor). La palabra 'siervos' indica que tuvieron que aceptar con gratitud la protección de su señor, sin que se les permitiera decir nada en contra de él.  Asimismo, más de un siglo antes de la Revolución Francesa (1789-1799), en los Países Bajos ya existía la burguesía. Ellos se enorgullecían de haber abolido todos los deberes relacionados con la nobleza y las diferencias de posición: los holandeses habían aprendido a arreglárselas por sí solos. Esto se debió, en parte, a la lucha constante contra el mar. A lo largo de los siglos Holanda ha sabido defenderse en la lucha contra la naturaleza, a pesar de las dificultades el país ha avanzado gracias a la inventiva y tenacidad de su gente. Toda la comunidad tuvo que aportar tiempo y dinero para la construcción y gestión de obras hidráulicas, participando en ello todos los ciudadanos. Esto enseñó a los holandeses la autosuficiencia y, al mismo tiempo, creó conciencia de que eran iguales entre sí (debido a esta dependencia mutua). Esa igualdad se expresaba de manera directa con la franqueza que tenían entre ellos.

La cultura es como un árbol, pero debemos tener en cuenta que un árbol consta de dos partes principales: lo que está sobre la tierra (el tallo, las ramas y las hojas) y las raíces. Solo la parte que está sobre la tierra es claramente visible. Sin embargo, las raíces del árbol, que están escondidas bajo tierra, son invisibles a simple vista. Estas raíces invisibles determinan nuestras tradiciones: los hábitos de hoy están determinados por nuestras raíces del pasado. Si sabes cuáles son tus tradiciones, entonces sabes quién eres, de dónde vienes y qué hábitos y costumbres ancestrales practicas.  

Para muchos extranjeros, Holanda no es otra cosa que zuecos, croquetas, órganos callejeros, quesos, molinos, tulipanes y bicicletas. Estas cosas ahora son típicas de Holanda, pero si uno estudia la historia se da cuenta que los molinos, las croquetas, los órganos callejeros, los zuecos y los tulipanes no tienen un origen holandés.

Al principio sólo me había fijado en los asuntos observados por los españoles, que ya son muchos. No obstante, pude añadir más costumbres holandesas tras estudiar los escritos sud-americanos, alemanes, ingleses, franceses, brasileños, portugueses, turcos,  rusos y estadounidenses. De esta forma, espero que el libro sea más enriquecedor (si bien es cierto que la última palabra la tiene el lector).

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