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Barcelona Básica

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  • Autor: Francisco Michavla
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 88
  • Tamaño: 170x235
  • Interior: Color
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Descargas: 1
  • Vendidos: 1
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Barcelona Básica es un compendio de sesenta relatos descriptivos, independientes uno de otro, que intentan plasmar en cierta medida, algunos de los escenarios más característicos de Barcelona, una ciudad que despertó y no ha vuelto a conciliar ese sueño, que hace que los lugares se vayan acostumbrando a la calma, al silencio, a la tranquilidad que a veces propicia la muerte.

Llegué en un tren de París el cuatro de febrero de dos mil ocho, por varios motivos y otras tantas ideas en la cabeza. Arribé a la estación de Francia muy temprano en la mañana. Sabía dónde iba a dormir esa noche pero nada más. Empecé a buscar trabajo, de lo que fuera y terminé en un restaurante italiano. Sirviendo pizzas, abundantes platos de pasta y destapando centenares de botellas de cerveza a la semana. En este lugar encontré personas con historias fascinantes y personalidades dignas de contar. El joven boxeador con mal genio, la obsesiva de la limpieza, el adicto a las mujeres. También viví de cerca la realidad de la gente que llega a este país con el ánimo de superarse, lo que significa mandar un poco de dinero a su familia mientras ellos viven igual de apurados económicamente, compartiendo pisos a una hora y media de su trabajo y con la perenne melancolía de su tierra en cada bocado y cada conversación.

Una vez que terminé el primer relato, después de una mañana soleada justo a la semana de recuperar un poco de tranquilidad cuando me cambié de piso, ya no pude parar. Empecé a observar a la gente y a inventarle, en mi imaginación, realidades. A veces ridículas. Desde el enigma de la exuberante mujer asiática poseedora de un cuerpo escultural que veía muy seguido en rambla de Cataluña hasta el charcutero enfadado y agobiado, según yo, por oler siempre la penetrante fragancia del jamón ibérico. También la indignación me dio inspiración. Cuando recurrí a una institución financiera para pedir un crédito, el papeleo y sobre todo, las criminales tasas de interés que cobran los bancos me hizo crearle un destino espantoso a mi simpático asesor. Simultáneamente, en mi círculo social más cercano -el del restaurante- me enteré de la vida de quien vive preocupado, mes a mes, por la mensualidad de su hipoteca. Un castigo que nunca termina y con el que hay que aprender a vivir si es que se pretende tener cierta independencia. O lo que tan comúnmente es denominado: patrimonio. Luego me fijé en la alucinante cantidad de visitantes, unos turistas y otros tantos, residentes temporales. Que llegan con su brío a descubrir y a beber. Y a dejar amistades y corazones rotos tras de sí. Barcelona, es la ciudad de los amigos que se hacen en verano. Para otoño, el destino y los "normales planes de cada persona" disuelven las sociedades que se hicieron pipí en el barrio de Gracia durante las fiestas o bebieron cerveza hasta el amanecer en la playa. Esta es la parte feliz. Pero en Barcelona también existen la tristeza y la soledad, que por su puesto no se alcanzan a apreciar ni en el Gótico ni en el Borne ni durante el espectáculo de luz y sonido en Plaza Espanya. La vejez que se manifiesta en las bancas de las colonias medianamente alejadas del corazón barcelonés es lastimosa, al igual que la inmigración apreciable en los buses que van a Santa Coloma o a Hospitalet a la medianoche. Las incertidumbres y anonimato de las madres solteras, o los empresarios venidos a menos e incapaces de lidiar con la llegada indiscriminada de productos chinos y una crisis que no calculaban. Qué decir, del agobio de quién lleva trabajando toda la vida en el mismo chiringuito, en el mismo estanco, o de los que van diario al aeropuerto y no soportan más el camino hasta El Prat. Cuánta gente no ha descrito Barcelona con esa emoción que sólo causa la admiración y la creencia de que un mundo feliz es posible. Afortunadamente, esta sentencia está lejos de ocurrir. Barcelona, es, simplemente una ciudad increíblemente hermosa con un buen equilibrio de fuerzas. Una vida cultural vibrante con un consumo de alcohol alucinante. Personas realmente hermosas y personas realmente feas. Los catalanes y el rigor de sus convicciones versus los extranjeros y la flexibilidad de sus valores. Barcelona asume su simplicidad con el grado máximo de la sofisticación.

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