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Palabras a la montaña y al viento

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  • Autor: Carlos J. González Alonso
  • Autor: Carlos J. González Alonso
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 86
  • Tamaño: 150x210
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • ISBN Libro en papel: 978-84-612-7959-3
  • Descargas: 405
Ver ficha técnica completa
Véase la cubierta final del libro
2 Comentarios sobre este libro Regístrate para comentar sobre este libro
4 de Abril de 2009 por carlos-maza
Una poesía densa, con un contenido hondo, dramática, una forma de confesar ante esas montañas la desorientación del cotidiano vivir. No es lectura fácil, sino de un alto nivel lingüístico, metáforas construidas con detalle y gran acierto hacen de su lectura una tarea no fácil pero sí enriquecedora. Junto a unas frases deslumbrantes otras donde cierto barroquismo en la expresión les resta en algo su fuerza interior. Me quedo con unos versos: Sólo seré un paréntesis de amor suspendido en el aire.
Ya mañana, habremos cruzado el horizonte del sueño.
Mañana volveré a ser niño nuevamente,
y a llorar perdido por el sendero del tiempo.
4 de Marzo de 2009 por tejedo
En Palabras a la Montaña y al Viento, encontrará el lector la religión de la poesía en su comunión con la vida; ese reducto sagrado que sirve para refugiarse del mundo y su locura, cuando la palabra poética, nos libera, y protege de la demencia incomprensible y perversa del cotidiano vivir. Estas palabras a la montaña (montañas que son las estribaciones de los Picos de Europa), se las lleva el huracán igual que las hojas secas con el grito desgarrado de los bosques en otoño. Y sabido es que las palabras se las lleva el viento. Lo mismo que llevó la juventud o la infancia en su canto de jilguero; o fue erosionando el sueño de vivir. Estas palabras montañesas que el viento transporta sólo pretenden retener la vida unos instantes; que los paisajes apacibles nos acaricien los ojos; no morir de sopetón, al menos mientras contemplamos el misterio y convulsa belleza de los seres que cada día nacen, crecen, se reproducen y mueren, o escuchamos el girar cansado de la tierra sobre su eje, o el caminar silencioso del sol hacia su ocaso. Mientras que la memoria de la montaña, poblada de soledad y muertes sucesivas, nos dibuja su sonrisa cuando amanece. Mientras las cosas desaparecen en el infinito de su inefable eternidad.