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Los anarcoqueses del Kilimanjaro

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  • Autor: David Millán
  • Estado: Privado
  • N° de páginas: 165
  • Tamaño: 150x210
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Vendidos: 2
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"Oh Musa de mis entretelas y de mis húmedos desvelos, dime del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado el alcázar sagrado de Atlantidavid, conoció las ciudades ciclópeas y el genio de innúmeras abadesas. Dime, oh perra del Empíreo, cómo pudo el profesor Labola –sin más concurso que el de su carcunda– desencadenar la ira de los elementos de la tabla periódica, tal que el Hades hubiera descendido en paracaídas sobre la ciudad de La Boina. Canta oh tú, julandrona del verso fácil y la oda épica, el himno ad eternum de aquel simple mortal, que predicó en latines el evangelio a los bosquimanos vestido a guisa de Indiana Jones y que regresó a la civilización para dar la brasa, al socaire de la brisa. Glosa sus fazañas y dalas a conocer por la ruidosa urbe y el orbe judeopagano, oh divina nenaza, pues el pueblo llano desea escuchar nuevamente sus muchas y grandes obras, que han tenido en vilo a la opinión pública mundial desde los tiempos antiguos."

páginas 80 y 81

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22 de Octubre de 2009 por DanielHR
Tras la derrota de la masonería gnóstica a manos del profesor Semeva Labola y compañía, Atlantidavid se ha convertido en el mayor baluarte de defensa que haya tenido el cristianismo desde los tiempos de los emperadores romanos y el arroz con leche. Sin embargo, la última batalla todavía está por librarse. Nuevos enemigos conspiran contra el nuevo orden y acechan en la oscuridad. Aprovechando la desbandada de las tropas de Felipito "El apóstata", los anarcoqueses del Kilimanjaro han desembarcado en las costas del continente. Su objetivo: destruir cualquier símbolo de autoridad e imponer un estado de excepción en el que la fiesta y el desmelene se prolonguen hasta "las mil y una discotecas".Mientras tanto, Paco Pepper de la Serna, el que fuera el improvisado líder la resistencia antimasónica, agoniza en la cama de un hospital mientras recibe la visita la visita de dos viejos amigos: el dios Neptuno, monarca de los Siete Mares y agente literario de ocasión; y Nancy la sirenita travesti más descocada y dicharrachera de la Costa Brava y las playas de Tenerife.Sin embargo, y pese a los cuidados de Nancy, Pepper de la Serna termina haciendo las maletas y marchándose al otro mundo. Después de haber sido llevado hasta las puertas del Cielo por un grupo de ángeles sacados de un catálogo de Benetton y conocer a San Burundiano de Siles, el patrón de los viajes en el tiempo, Pepper es informado por el mismísimo Jesucristo de la amenaza que se cierne sobre Atlantidavid. El futuro del país está en manos del excéntrico profesor Labola, y Pepper debe volver a la Tierra para protegerle. Pero ambos deberán tener mucho cuidado, pues los anarcoqueses ya se han infiltrado en las altas esferas del Gobierno y planean un golpe de Estado. De hecho, se cree que Carlos Pantojo, presidente del Banco de Atlantidavid y codescubridor del continente, es uno de los principales líderes que conspiran contra la legalidad atlantidavidiana.Del mismo modo que había ocurrido en Crónicas de Atlantidavid, Los anarcoqueses del Kilimanjaro es una novela alocada y surrealista en la que lo absurdo está a la vuelta de la esquina. A lo largo del libro, nos encontraremos con momentos verdaderamente hilarantes, como ese en el que Moisés (sí, el de Charlton Heston) trata de separar las aguas de un lago mientras adquiere la fisonomía de Son Goku; o ese otro en el que San Burundiano viaja a los años 80 y mata accidentalmente a su homónimo con hombreras, provocando una paradoja de tres pares de narices, digna de compararse con las de Regreso al futuro ("No, esto sigue siendo Hill Valley. Pero no creo que el infierno sea mucho peor").La incombustible verborrea de David (al más puro estilo Groucho Marx) hace que no podamos leer más de dos líneas sin partirnos de risa. En apenas 165 páginas, David arrasa literalmente con todo, y de su mirada desintegradora no se salva ni Cristo. El tono gamberro y disparatado de la narración recuerda al de una peli de Javier Fesser (El milagro de P. Tinto) o al de un tebeo de Mortadelo y Filemón, pasando por un capítulo de South Park y las locuras del grupo Els Joglars. Es imposible buscarle pies y cabeza al texto, y menos aun cuando tenemos que detenernos cada dos por tres para coger aire tras cada carcajada. Mención especial merecen los últimos capítulos, los cuales vienen a contarnos una retrospectiva de la historia bíblica en la que, por supuesto, los anarcoqueses se convierten en los protagonistas absolutos de la función, contándose en su haber maldades como la construcción de la Torre de Babel o la fabricación de la bomba atómica (esta última, cómo no, conseguida gracias a la labor de los servicios secretos del Vaticano).No obstante, el principal defecto que le veo al libro es que el peso de la narración recae en las "idas de olla" del autor y no en la propia historia. En ese sentido, Crónicas de Atlantidavid me pareció mucho mejor lograda. Para muestra, un botón: y es que no conocemos el verdadero alcance de la amenaza anarcoquesa hasta casi el último tramo de la novela, cuando tal vez lo mejor hubiera sido presentar a los rivales de Pepper desde el primer momento. Esta situación hace que el lector se sienta un poco desorientado ante lo que ocurre, mientras observa como una sucesión de extravagantes personajes (verdadera carne de psiquiátrico) se dedica a hacer de las suyas a lo largo y ancho del libro. En tal caso, creo que leer a Los anarcoqueses... es como asistir a la proyección de una película de Martes y Trece, en la que los gags son más importantes que el guión.Pese a todo, Los anarcoqueses... cumple con lo que promete. El buen rato que pasas leyendo la novela no te lo quita nadie (reconozco que hubo momentos en los que me salieron puros lagrimones de risa) y su lectura bien merecería recetarse en las farmacias como un tónico contra el mal humor (¡Jesús, qué cursi!). Pero la locura atlantidavidiana no termina aquí, pues el tándem Atlantidavid-Anarcoqueses se completará con Guatepeore, Guatepeore, la última parte de la trilogía en la que, por cierto, aparece un oso polar parlante. Así que preparaos para la tercera entrega porque la cosa promete.Muy recomendable.