Posiblemente un niño probeta, Daniel Collado recuerda como uno de los momentos más tristes de su vida el día en que le dijeron que los Reyes Magos no existían. Roto aquel sueño, su infancia y adolescencia se resumen en querer ser un transformer, tratar de construir un phaser, jugar a regenerarse como el Doctor en Doctor Who e invocar al Amo del Calabozo, todo ello mientras pasaba por el colegio, grababa sus propios programas de radio en cintas de cassette y se sacaba el Bachillerato de Ciencias. Tras darse cuenta de que resolver matrices por el método de Rouché-Frobenius no le llevaría muy lejos (y era aburrido) decidió seguir los pasos de su ídolo televisivo, Dawson (sí, el de "Dawson Crece") para embarcarse en el mundillo audiovisual, abandonando el transistor por una cámara HI-8 con pretensiones de emular a Hitchcock. Cinco años de licenciatura en Comunicación Audiovisual y un master en pedagogía y un postgrado en traducción hicieron de él… hicieron… bueno, algo le harían este muchacho desteñido, friki y daltónico con complejo de ventrílocuo. Actualmente es director creativo en una agencia de comunicación. Para compensar, como sus días tienen 48 horas, escribe relatos cortos, pergeña cuentos imposibles y se dedica a grabar podcasts de cultura popular. Todo un saco sin fondo, como el de Mary Poppins.