




Los héroes deben transformar con su visión el mundo que nos rodea. Lo ordenan para luego organizarlo, dotarlo de significado. Además todos somos en gran medida héroes particulares, héroes locales a nuestras vidas. Todo gira en torno a nuestro yo único.
El amor, la amistad, el sexo, el camino personal de nuestra vida, el héroe debe responder a estas preguntas con firmeza, con seguridad y diligencia. Entender las urgencias del alma. El héroe debe interpretar los signos oportunamente, cómo crecer y hacia dónde. En este relato se nos cuenta una breve historia, un círculo de relaciones, y como la misión del mismo héroe puede verse perseguida por fantasmas o por la traición de la pareja. La palabra es arma de liberación, pero también es una cadena que nos confunde.
Este relato presenta una relación amorosa entre dos jóvenes, relación que es rota o puesta a prueba por un tercero, el intruso, mucho más experimentado o agotado por la vida. Entre ambos rivales hay bastantes puntos en común, uno actúa de reverso del otro o lo interpreta en clave de negativo fotográfico. Ambos son escritores, cultos, pero el tiempo ha escrito su huella corrida en la piel del acechante, del mayor. El maestro coqueteando, poseyendo o sobando el amor del aprendiz, como quien regusta una historia pasada de su memoria.
Nuestro amor no es un hecho congelado, es una realidad que evoluciona, se transforma. Y en esta transformación podemos quedar nosotros mismos fuera. Esta es otra historia de fondo del relato. Quizás la más importante. O no.
Que les guste.
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