



El pastor Pascual Carrión ha podido con todos. Carrión y la tozuda realidad, ésa que no sabe de castillos en el aire, han doblado la rodilla al endiosado Fernando Martín, al encopetado Bañuelos, al misterioso DDM, al bólido de Carabante, a las gallinas ponedoras de Santamaría, símbolos de la vorágine irracional y especulativa que ha vivido España en torno al mercado inmobiliario a la entrada del siglo XXI. Estos empresarios, causantes en parte de la grave crisis por la que atraviesa el país, no son una simple anécdota, sino síntoma de una sociedad enferma y cainita a la que le gusta el dinero rápido y tiene vértigo al progreso. Los señores del ladrillo se creyeron los amos del mundo y terminaron noqueados por su exceso de vanidad y por Pascual Carrión, el ganadero chaparro y analfabeto al que en Jumilla se conoce como El buen pastor.
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