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romi
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El corderillo color nieve

9 de Enero de 2014 a las 9:24

Bubok

EL CORDERILLO COLOR NIEVE

 

            Cuando las nieves cubrieron las montañas de Sierra Nevada y la escarcha apareció por las riveras del río Darro, en la Alhambra el rey dijo a su general:

- Ve a la majada del pastor del valle y le indicas que lleve a cabo lo que anoche aquí acordamos.

Y solo unas horas después, cuando el sol se alzaba limpio y brillante por encima de las altas torres, el general y cuatro de sus súbditos, salieron de la Alhambra. Montados en sus caballos, recorrieron las sendas dirección al valle de la majada. Al medio día, llegaron al lugar y en ese momento, solo una mujer con su hija, trajinaban por la puerta de la pequeña casa de piedra y monte. La niña, al ver a los caballos y a los hombres con sus ropas militares y armas de guerra, se asustó. Junto a la madre y como protegiéndose de algo malo, miraba sorprendida mientras también en esos momentos, un pequeño perro negro, ladraba a los que habían llegado.

 

            Era diciembre y por eso el frío se colaba hasta los huesos. Las nieves se acumulaban en las partes altas de las montañas y por las laderas y cerca de los ríos y arroyos, las escarchas blanqueaban. Y como la familia de este pastor del valle sí celebraba la fiesta de Navidad, justo hoy se ocupaban ellos en algunos detalles de cara a la llegada del día más importante del año. Preguntó el general a la mujer:

- ¿Y tu marido?

- Por los campos con los animales. ¿Para qué lo quieren ustedes?

- Traemos un recado del rey de la Alhambra. Y como no tenemos tiempo, te lo voy a transmitir a ti para que cuando vuelta, tú se lo digas a él.

- Dígame lo que quiera que se lo comunicaré a mi marido en cuanto vuelva.

 

            Y el general, muy brevemente transmitió a la mujer el encargo del rey y al poco regresaban por los caminos dirección a la Alhambra. En cuanto al caer la tarde el pastor regresó a la majada con su rebaño de ovejas, la mujer comunicó a éste lo que el general le había dicho. Y la niña, nada más saber de qué se trataba, comentó:

- Pues ahora mismo entro al corral y me traigo conmigo al corderillo color nieve.

- ¿Y eso por qué?

Le preguntó el padre.

- Ya sabes que es mi amigo y como aun es tan pequeño y se le ve tan débil, blanquito y tan bueno, no quiero que se lo lleves al rey. Me quedaré sola y triste si lo pierdo y precisamente por estos días de Navidad, es cuando más lo necesito para compartir con él mis cosas y mis juegos.

 

            En la Alhambra, unas horas antes, el rey recibía a sus amigos, un grupo muy numeroso y les decía:

- Nosotros no celebramos la fiesta de Navidad como si hace el pastor del valle. Pero esta noche, mañana y pasado, os voy a agasajar con la mejor carne de cordero que hayáis comido en vuestra vida. Quiero que lo paséis bien y que cuando luego regreséis a vuestras tierras, digáis a todo el mundo que aquí en Granada, hay manjares que son trocitos de cielo con sabor a las montañas y nieve de Sierra Nevada. 

- Hace bien su majestad, obsequiándonos con los mejores corderos criados en estas tierras. Porque como también dice, no celebramos la Navidad pero disfrutar de la mejor cena, no está prohibido. Se lo diremos luego a nuestros amigos para que se asombre del poder y riquezas que tiene el rey de la Alhambra.

 

            En la majada del valle, dentro de la humilde casa, la niña abrazaba al corderillo color nieve. Le daba mantas de hierba y le decía:

- Come todo lo que quieras y no te asustes que a ti nadie te hará daño. Eres mi único amigo y por eso te cuidaré y protegeré con mi propia vida.

La madre y el padre la miraban mientras se calentaban en la lumbre de leña seca que ardía en la chimenea. La mujer dijo al marido:

- Si allá en la Alhambra te dan algún regalo por los corderos tan buenos que les hemos criado este año, nos traes de la ciudad algunas cosas para celebrar un poco mejor la fiesta de la Navidad.

- No te preocupes que si me obsequian con algo, cumpliré fielmente lo que me encargas.

 

            Poco después, los tres se acostaron en sus camas de monte y la niña puso a su lado al corderillo color nieve y de nuevo le comentaba:

- Unos a otros nos damos calor y así también cuido de ti para que no te pase nada.

La noche transcurrió en silencio, sin chispa de viento, con mucho frío y con el canto de algún mochuelo y cárabo por entre los árboles del río. Y a media noche, la nieve comenzó a caer. Sin hacer nada de ruido pero sí en gran cantidad y en copos grandes y esponjosos.

 

            En cuanto amaneció, el pastor se dispuso. Salió de la casa y al ver todo el campo cubierto por un blanco y extenso manto, dijo a su mujer:

- No es un día bueno para llevar a cabo lo que el rey me pide pero tengo que hacerlo porque de lo contrario, será malo para nosotros.

- Pienso como tú y por eso ahora mismo te ayudo en lo que necesites. Los caminos están llenos de nieve y el frío es mucho pero los reyes de la Alhambra no entienden de esto.

En un momento, entre él y su mujer, separaron todos los corderos de las ovejas y al poco, los conducía por los caminos dirección a la Alhambra. Acompañado solo de un pequeño perro blanco y negro y el zurrón de piel de oveja a sus espaldas donde su mujer había puesto algo de pan y queso. Por entre las nieves, el monte helado y los ríos de claras aguas, condujo sin titubear el hato de corderos. Llegó a los recintos amurallados de la Alhambra al medio día y cuando justo en esos momentos en el cielo las nubes se abrían y el sol apareció. En cuanto vieron al pastaros con su hato de corderos blancos y lustrosos, los guardianes avisaron al general y éste transmitió la noticia al rey que enseguida dijo:

- Que pase con sus corderos a estos recintos.

 

            Avisó el rey a sus amigos y todos acudieron, les indicó y se fueron sentando a los lados de los salones, en los extremos y al fondo. Les decía el rey:

- Ya veréis qué corderos más hermosos y sanos criados en los pastizales de las montañas más altas y bellas.

- Y esto ¿para qué lo hace su majestad?

- Para que cuando luego esta noche nos comamos sus carnes asadas en las lumbres de leña y sentados en las mesas de este gran palacio mío, tengáis conciencia del manjar tan bueno que os ofrezco.

Alabaron al rey sus amigos y en ese momento, por el fondo de una sala, aparecieron los corderos guiados por el pastor.

 

            Enseguida el rey miró a este hombre y  descubrir como vestía y calzaba, al instante dijo:

- Que le den unos bombines de seda para que no pise y manche el suelo de mármol de estos hermosos palacios mío.

Al oír esto, muy extrañado el pastor comentó:

- Pero majestad, el hato de corderos que ahora mismo desfila por los lujosos recintos de estos palacios suyos, rayan y ensucian mucho más que mis albarca de esparto que han sido lavada por la nieve de los caminos.

- Los corderos son una cosa y tú otra. Ponte los bombines de seda para andar por estos maravillosos palacios míos y luego te los llevas como regalo especial y agradecimiento mío por todo tu trabajo. Te servirán cuando andes por tu casa allá en la montaña y para que aprendas modales.

 

            No dijo nada más el pastor. Siguió guiando el hato de corderos por delante del rey y sus amigos y, al poco, le prohibieron continuar. Le dijo el general:

- Tus corderos ya son nuestros. Dentro de unos momentos los habremos degollado todos y estarán asándolos en las lumbres de leña para que el rey se los coma con sus amigos. Tú, vete de aquí y regresa a tu majada.

- Y con estos bombines de seda ¿qué hago?

- Has oído al rey que te ha dicho que te los ofrece como regalo.

 

            Sin más, salió el pastor de los recintos de la Alhambra, buscó los caminos de regreso y mientras iba surcando los montes, se paraba en los castañares y buscaba castañas. Se decía: “Todas las que encuentre, se las voy a llevar a mi niña y a mi mujer para que nos sirvan de alimento en esta noche de Navidad. Es lo único que puedo llevarles de este viaje mío a la ciudad de Granada”. Caía la tarde y llegaba él a su casa en el valle. Se encontró a su mujer a su niña con el corderillo color nieve, cerca del fuego en la chimenea. Preparaban unos dulces con miel de romero y la niña daba pequeñas hebras de hierba a su cordero y le decía:

- En esta noche, tú no estarás solo ni nosotros tampoco.

 

            En la Alhambra, en esos momentos, degollaban a los corderos que el pastor había llevado. Desollaron luego sus cuerpos, los asaron en las brasas de los fuegos y se los ofrecieron en lujosas fuente al rey y a sus amigos. Sobre las ostentosas mesas, humeaban las carnes con olor a sierra, musgos y romeros, laurel y orégano al tiempo que el rey decía:

- Comed, amigos míos que esta noche invito yo.

Y los amigos comentaban:

- Y una comida como la que nos ofreces, no se saborea todos los días. Tus corderos son los mejores que hemos probado en la vida.

 

            Junto al fuego, en la casa del pastor del valle, su acurrucaba el padre, la madre y la niña. Saboreaban lentamente las castañas asadas en las brasas y luego los dulces con miel de romero que la madre había preparado. Sacó el padre de su zurrón los bombines de seda y ofreciéndoselos a su mujer le dijo:

- Este es el regalo que el rey me ha dado por los corderos que le he llevado a su palacio.

- ¿Y para qué quiero yo esto?

- Según él, para que no manches el suelo de esta casa nuestra cuando andes por aquí trajinando.

 

            Algo triste la niña preguntó:

- ¿Y no te ha regalado nada para mí?

La madre la abrazó y le dijo:

- Tú tienes ahora mismo a tu corderillo color nieve, nos tienes a nosotros que te queremos mucho, todos por aquí tenemos la inmaculada nieve de estas montañas, el profundo silencio de la noche, la música del agua yéndose por el río y la luz del sol y el azul del cielo cuando mañana amanezca. Y todo esto, es mucho más valioso que los palacios de la Alhambra, los reyes y sus amigos.

Desde las torres de la Alhambra y en esos momentos, los guardianes miraban para las montañas y al ver un gran resplandor azul oro por donde la casa del pastor, asombrados preguntaron:

- ¿Qué será aquella luminosidad tan bella que por aquellos lugares arde?        

 

 

   
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