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romi
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La golondrina dorada

30 de Enero de 2014 a las 12:24

Bubok

LA GOLONDRINA DORADA

 

               Por entre las ruinas del edificio, jugaban los dos. Al frente se veía la colina de la Alhambra, con las altas torres y la gran muralla rodeando y la ladera cayendo para el río. Un poco al norte, se veían las blancas casas del Albaicín y, por entre ellas, emergiendo cipreses, higueras, pinceladas verdes de huertos y jardines y, por el azul intenso del cielo, algunas nubes blancas. Un poco al norte de ellos, entre la colina de la Alhambra y en lo hondo, se veía el bonito valle del río Darro. Se adivinaban sus aguas saltando limpias y hasta se percibía el rumor de algunas cascadas. Porque esto fue lo que ellos oyeron al aproximarse a la zarza.

 

               Habían saltado varios trozos de tapias derruidas y al ver la espesa zarza, el joven dijo a su compañera:

- Es como si de la espesura de esta zarza brotara el rumor de las cascadas que oímos.

Y la pequeña contestó:

- Vamos a mirar a ver qué encontramos.

Se aproximaron un poco más a la espesura de la zarza y, por entre los verdes tallos, descubrieron como la entrada de una cueva.

- ¿Qué será esto?

Preguntó la niña a su compañero.

- Déjame que yo entre el primero y con cuidado para ver qué hay aquí dentro.

Pasó el joven por el estrecho agujero en forma de puerta de una cueva y le dio su mano a la niña al tiempo que le decía:

- Ve con cuidado y escucha por si oímos algo extraño.

Y en cuanto recorrieron unos diez metros, al fondo y no muy lejos, vieron un brillante resplandor. Más al fondo pero también cerca, se oía el rumor de las cascadas.

 

               Comentó el joven:

- Será que por aquí corre un río nuevo que nadie conoce.

- Puede ser eso. Avancemos un poco más y lo vemos.

Avanzaron cogidos de la mano y enseguida, ante ellos, apareció una gran cavidad toda tallada en roca caliza. La luz entraba como por una gran abertura que el río había horadado y el agua de este cauce, saltaba de poza en poza desde el lado de arriba hacia el corazón de la cueva. Asombrada dijo ella:

- Es una maravilla como nunca se ha visto por estos lugares.

- Y donde el agua se remansa cuando termina de caer desde estas pozas, fíjate qué charco más claro y azul verde. Cógete firme a mí y vamos a bajar por estas rocas en forma de escaleras hasta el borde de ese pequeño lago.

 

               Apoyándose el uno al otro y dándose ánimo, fueron saltando las escaleras talladas en la roca, se aproximaron al charco y en la misma orilla se pararon. Cogidos de la mano miraban los reflejos del agua y los remolinos que dibujaba la corriente cuando, del lado de la luz, apareció la silueta de una pequeña ave. Volando como herida y confiada y fue a posarse sobre un trozo de roca bañada por las pequeñas olas del charco. Y justo al posarse, en las aguas se reflejó su color dorado, el negro de sus alas y cola y los destellos blancos de algunas de sus plumas. Con la boca abierta y el aliento contenido, miraban ellos y pasado unos segundos el joven comentó:

- Parece una golondrina pero no solo es blanca y negra sino también dorada. Y también parece como si estuviera herida o quisiera algo de nosotros.

- Acerquémonos con cuidado para verla mejor y tocarla, si se deja.

Comentó la niña.

 

               Caminaron muy lentamente y en silencio e iban a rozar con sus dedos las doradas plumas del ave cuando descubrieron que, como en un espejo, su color oro se reflejaba en las aguas del remansado charco, mezclados con los reflejos de las torres de la Alhambra. Al ver esta maravilla, los dos se quedaron quietos observando al ave y los reflejos dorados en las aguas mientras buscaban alguna explicación. Y no solo no entendían nada sino que de pronto, la pequeña ave, alzó vuelo y río abajo se perdió dirección hacia la alta colina de la Alhambra. La observaron inmóviles hasta que se le perdió a lo lejos y fue cuando el joven comentó a la niña:

- Puede que sea el alma de alguna de las personas que viven en esos palacios. Volvamos al barrio y les decimos a nuestros padres lo que por aquí hemos descubierto a ver si ellos nos aclaran algo.

 

               Caminaron de regreso, salieron fuera de la gruta y luego por el agujero en la zarza entre las ruinas y regresaron enseguida al barrio. Comentaron a sus padres y amigos lo que habían descubierto y estos, ninguno los creyeron. Pero para convencerlos, los dos jóvenes les pidieron que los acompañara a las ruinas de las casas y a la zarza de la cueva. Algunos les hicieron caso pero cuando llegaron a las ruinas, aunque sí vieron la zarza, no encontraron la puerta de la cueva que ellos habían atravesado para llegar al corazón de la gruta, al claro río y azul charco con los reflejos de la Alhambra y la golondrina dorada. Algunos dijeron:

- Lo que nos habéis contado es pura fantasía vuestra.

Y los niños se defendieron confirmando:

- Pues nosotros lo hemos visto y oído y por eso estamos seguros de lo que contamos. Y hasta estamos convencidos de que esta tan hermosa visión, es parte de una verdad para todos desconocida en la Alhambra.  

 

 

   
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