
416- BUSCANDO TRABAJO ��
La madre aquella mañana, como todos los días, se levantó la primera. En la desangelada estancia de la fría casa, preparó algo para desayunar. Un poco de leche recién ordeñada de una de las tres cabras que poseían y un trozo de pan de trigo y cebada. Reflexionó un momento mientras miraba como abstraída el recinto de la fría estancia y para sí se dijo: “Como Dios no se apiade de nosotros, cualquier día de estos morimos. Ya, ni siquiera leña para calentarnos tenemos y el puñado de harina que guardaba en la orza de barro, ahora mismo se ha terminado”.
�Miró a los tres hijos que, cerca de la chimenea, se envolvían en el colchón de paja y mantas viejas y les dijo:- Ya el sol alumbra con fuerza. Levantaos, comed lo poco que he podido preparar y luego vais a las tierras que a noche dijimos.Los tres hijos, dos varones y una niña ya casi con doce años, se levantaron y en silencio comieron lo poco que la madre les había preparado. La madre, mientras los tres hermanos se miraban, de nuevo les dijo:- La mujer buena que todos conocemos y que tiene sus tierras por donde las aguas del río se derraman, quizá tenga trabajo para algunos de vosotros. Ella siempre nos trató bien. Acercaros, la saludáis y preguntarle si podéis trabajar en sus tierras.��
�Sin pronunciar palabra, unos minutos después, el menor de los dos varones, salía de la casa. Como a escondidas porque quería llegar el primero a la casa donde vivía la mujer buena. Por eso, caminó a toda prisa y media hora más tarde, se encontraba frente a ella. Recogía algunas hortalizas del huerto y al llegar el joven, la saludó y le dijo:- Yo sé que, hace unos meses, su marido me despidió del trabajo porque no era lo bastante bueno. Pero ahora acudo a usted para pedirle que confíe en mí
Dijo la mujer:
- Te acogeré y a tu hermano y hermana. Confía tú en mí que haré por ti todo lo que pueda para que no te sientas tan desgraciado.
�Se acercó en ese momento el hermano mayor y al verlo, la mujer contenta lo saludó. Éste le dijo:
- Hasta hace poco tiempo estuve trabajando para usted y siempre me decían que era el mejor. ¿No podría seguir confiando en mí?
- Claro que sí porque eres el más fuerte, alto y noble
pero tu hermano se te ha adelantado.
- Ya lo estoy viendo y también observo que por allí se acerca
mi hermana. Ellos también necesitan trabajar pero usted ¿en cuál de los tres
confía?
�Sentándose entre sus matas de hortalizas, en la torrentera y frente al río y con la visión de las torres de la Alhambra a lo lejos, la mujer miró fijamente al hermano mayor, al más pequeño y a la niña que en ese momento llegaba y le dijo:
- Si menosprecias a tus hermanos porque son menores y no tan buenos para el trabajo como crees que eres tú, algo falla en tu corazón. De ti tengo el más alto concepto por lo responsable que siempre has sido en los trabajos que se te han encomendado pero a ellos también los quiero.� Quedaros los tres a mi lado y ayudadme que luego os meteré en mi casa y os acogeré, hoy y para siempre. Labraremos estas tierras y os pagaré por ello porque los tres sois buenos y merecéis todo el respeto.��