Hola, pongo aquí un pequeño relato sacado de mi libro inédito: “Te voy a contar un cuento II”. Por si alguna persona quiere leerlo y dejar algún comentario. Agradecido y saludos: romi
Dejar de ser uno mismo
Tenía su propia personalidad. Su criterio único sobre las cosas, las personas y el mundo. Y por eso lo veía todo desde su prisma personal. Sin dejarse llevar ni por las modas ni por lo que le dijeran los amantes de las modas. Era libre, como el viento y los sueños, y por eso decía y hacía siempre lo que su corazón le distaba.
Pero un día le comentaron:
- Debes hacer lo que gusta a todo el mundo. Debes unirte a la corriente general porque solo así conseguirá no desentonar.
Y, contra sus propias convicciones y corazón, aquel día decidió seguir la forma de pensar y hacer de los demás.
La pequeña procesión se puso en marcha desde la parte baja. Desde la llanura de los bosques y los ríos y subió rápida por las curvas del camino. Y allí estaba él. Preparado para seguir a las masas aunque no fuera esto lo que su corazón le pedía. Tampoco era lo que la niña le suplicaba.
- Quédate conmigo y vamos los últimos, tranquilamente disfrutando del paisaje y del ambiente.
- Lo siento pero en esta ocasión quiero ir de los primeros. Fundido con el mogollón para que no me critiquen más.
Y sin más preámbulos, se movió aprisa para ponerse en la cabecera de la procesión. Pero la procesión ya subía por la tercera curva del camino.
- Me voy corriendo que me quedo atrás. Tú sígueme que yo estaré pendiente de ti en todo momento.
Y subió a toda prisa. Sin pararse a mirar los paisajes ni el ambiente ni a las personas. Solo tenía una idea fija: ponerse a la altura de los primeros al fin de fundirse con ellos y ser uno más. Enseguida la niña se quedó atrás. Como perdida entre el bosque y los barrancos y en todo momento llamándolo. Él la oía pero no le hacía caso. Estaba tan preocupado por ponerse al frente para ser uno más y que ya dejaran de criticarlo que prescindía por completo de las necesidades de la niña.
No logró unirse a los primeros. Sino que, conforme la precesión subía, más y más se iba quedando atrás y más también perdía a la niña. Ya al mediodía llegó a todo lo alto. Casi el último en la cola de la procesión y sin la niña. Y ahora sintió remordimiento por haberla dejado sola. Una vez más oyó que, por las curvas del camino, ella seguía llamándolo:
- Estoy perdida y sola. Ven a mi busca.
Se volvió para ayudarle pero no la encontró.
Asomado al barranco de la llanura de los ríos miraba y la llamaba, su corazón y alma de toda la vida, y también miraba a la procesión. Ni había logrado ponerse al frente para ser uno más con la masa ni había hecho feliz a la niña. Tampoco había sido él mismo, subiendo tranquilamente y a su manera, disfrutando de los paisajes y compartiéndolos con la niña. Y por eso ahora se sentía perdido. Con la voz de su alma y corazón llamándolo por las lejanías de su pasado y con el desprecio de las masas, al frente de la procesión.