Por si alguna persona desea leer y dejar algún comenterio, pongo aquí este breve relato. Está sacado de mi libro: Río Aguasmulas // Azul Esmeralda.
Este río, azul esmeralda, es gemelo con el río Borosa, dentro del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. Es el segundo afluente que recibe el río Guadalquivir a pocos kilómetros de su nacimiento. Mucho más corto que el río Borosa y también con menor caudal y sin embargo, de belleza inigualable. Es un cauce muy torrencial porque nace en las laderas norte de las cumbres del Banderillas y, en pocos kilómetros, desciende bruscamente. Sus aguas son transparentes como el cristal y la vegetación y laderas que lo escoltan, asombran por su majestad y hermosura. En las páginas de este librito se recogen cuatro pinceladas de esta belleza y misterio. Una vivencia muy íntima que trasciende hasta lo más elevado.
El último pastor
- Y lo de la laguna ¿cómo fue?
- Pues aquel día ya la primavera tenía toda la sierra, florecida y verde. Subió el pastor por la senda que recorre la cañada y al coronar el collado, se paró. Miró para el lado del levante y allí estaba el valle. El grandioso, verde y misterioso valle de los robles milenarios y los brezos florecidos. Por la ladera de las rocas blancas se veían las tres cuevas tapizadas por las grandes matas de la hiedra y por la tierra llana, corría el arroyuelo. Manaban los manantiales a la derecha y por el lado del sol de la tarde, el barranco se presentaba oscuro y misterioso.
Tuvo ganas de seguir avanzando por la senda, dejar atrás la ladera y meterse por la llanura de los álamos largos y el arroyo de cristal. Tuvo ganas de esto, porque dentro de su pecho sintió una sensación maravillosa. Como un limpio gozo que no tuviera mezcla de materia sino todo espiritual pero no siguió avanzando por la senda. En el mismo collado se dio media vuelta, se vino para el puntal de los lentiscos y por el lado del sol de la tarde, le entró a la laguna. Y al llegar ¿sabes lo que vio?
- Me imagino que vio las aguas y el cielo en ellas reflejado.
- Pero, además, en las aguas nadaban los patos y como la primavera estaba tan espléndida, toda la orilla de las aguas se encontraban ribeteadas con manojos de hierba verde que también se reflejaban en aquel espejo purísimo.
- Y estando allí y con aquel espectáculo ¿qué hizo?
- Aquella tarde, allí se quedó sentado en la piedra grande que hay junto a los fresnos porque se sentía bien. Tan bien se sentía, frente al delicado espectáculo que le ofrecía el campo, que para sí se dijo: “Si de pronto ahora el tiempo dejara de correr y empezara la eternidad, tal como me encuentro en este momento y aquí, quisiera quedarme sin más”.