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- ¿Qué haces? -preguntó la niña. El filósofo levantó la vista de su cuaderno y miró a la niña contrariado. -No me molestes, niña, que estoy meditando sobre cosas que tú no entenderías, sobre dios y los hombres, sobre el tiempo y el universo… La niña se fue, pero volvió al rato con una caja de zapatos. -Lo que buscas está aquí. El filósofo, que perdía el hilo de sus pensamientos cada dos por tres y no comprendía casi nada de lo que intentaba comprender, miró de nuevo a la niña, mucho más enfadado. -Te he dicho que me dejes tranquilo, niña. Pero la niña no se dio por vencida y puso la caja en las manos con tal determinación que el filósofo no pudo continuar en su enfado. La abrió tras respirar hondo y vio sin sorpresa que estaba vacía. Sus ojos se cruzaron con los ojos de la niña y todo lo que necesitaba comprender se ordenó en su mente. |