la que dejó contra el muro
su perdigón de auxilio:
Esa alquimia extraña
de amanecer y furia.
Si es tarde ya
y la sábana suda
tus criaturas de hielo.
y la sed que da a luz
el real templo
del pecho,
mucho antes que a Dios
y su iglesia de fábula,
quedó en fangosa sed de alcantarilla.
Antes de que te sitien el corazón:
ESCRIBE.
Y escribe en la demencia
para entender la muerte
de tus muertos amados
para hablar de los vivos
que arrebató el silencio.
Y hoy predican la música
de las notas ausentes
que rodará hacia el mar eternamente.
Toma el oro que los otros desprecian:
Dale mar a tus rejas
esa arena de fuego descendido.
Siente en tu boca el sabor de las cerezas
que sólo se abre al suicida
o al amante absoluto.
Y escribe sobre el ángel
del devenir de Heraclito.
de este mundo feliz,
los que huyen de “Omelas”
o del cruel paraíso.
Y canta a la Utopía
que aun pueril nos consuela.
con las sílabas torpes
de un himno que amanece.
que hondee tu prisión.
Pon alas a tu cuerpo
entre asépticas correas
hasta volverlo en pájaro
un latido de viento.
Que ha muerto la locura
pero no su poesía.
Que la palabra es cuna
que ahuyenta el sufrimiento:
III
Federico arrebatado
con polizón de nardos
vuelve con el pez de sombras
que abre el camino del alba
con aguacero
pero en su amargo cáliz
aún le habla a la infancia.
tan torpe en esta tierra
tan bello en las alturas.