Esta web, cuyo responsable es Bubok Publishing, s.l., utiliza cookies (pequeños archivos de información que se guardan en su navegador), tanto propias como de terceros, para el funcionamiento de la web (necesarias), analíticas (análisis anónimo de su navegación en el sitio web) y de redes sociales (para que pueda interactuar con ellas). Puede consultar nuestra política de cookies. Puede aceptar las cookies, rechazarlas, configurarlas o ver más información pulsando en el botón correspondiente.
AceptarRechazarConfiguración y más información

Foro para escritores de Bubok

Para participar en los foros de Bubok es imprescindible aceptar y seguir unas normas de conducta básicas. Puedes consultar estas normas aquí
X
romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

La princesa amante de los pobres

5 de Abril de 2011 a las 18:40

Bubok

La princesa amante de los pobres

            La princesa diferente, amiga de las flores, de los cielos azules, noches estrelladas, lunas claras y amante de los pobres, vivía en una de las torres del palacio del Cerro del Sol. En la colina que hay por encima de la Alhambra, cerca del Generalife y de la Silla del Moro. Y era feliz a medias. Porque sus padres, reyes poderosos y ricos, le daban todo el cariño que necesitaba y le dejaban libertad para que paseara por los jardines y tierras cerca del palacio. Y en sus paseos por estos vergeles y terrenos, cuando se encontraba con los soldados o criados de sus padres, en muchas ocasiones se paraba a saludarlos y a charlar con ellos. Estos, siempre se lo agradecían porque sabían que era la princesa pero en sus corazones, tenían miedo. Nunca estaban seguros qué era lo que ella quería ni de la reacción del rey, si los descubría hablando con la princesa. Por eso, aunque ella les decía:

- Yo quiero ser vuestra amiga y quiero ayudaros en lo que pueda. No tened reparo en contarme vuestras cosas: carencia, sufrimientos, penas… Aunque vosotros seáis pobre y yo princesa, ante el Universo y ante Dios, nada nos diferencia. Vuestro corazón, vuestros sentimientos y vuestros sueños son como los de cualquier humano en cualquier tiempo.

Ellos le decían:

- Princesa, eres la más buena que nunca hemos conocido. Eres muy amable, muy inteligente y también muy bella.

Y ya no comentaban más. La querían y agradecían que los tratara de esta manera pero, en el fondo, no se fiaban. No sabían con qué intenciones ella les ofrecía tanta confianza.

            Pero ella, por las tardes, por las noches y siempre que tenía oportunidad de hablar con el rey, le decía:

- Padre, yo soy feliz y tengo cuanto mi corazón desea. Vosotros siempre me dais más de lo que merezco y hasta me habéis procurado un buen príncipe para que me case pero…

Y dudaba seguir compartiendo con él lo que en su corazón llevaba. Por eso el padre le preguntaba:

- Si algo te falta o te impide ser feliz del todo, cuéntamelo, hija mía.

Y ella reunía fuerzas, se hacía valiente y, aunque temía que el padre la castigara, le decía:

- Es que los pobres que tienes en tu reino y los que trabajan en los jardines y dependencia de este palacio, son muy pobres.

- ¿Y cómo quieres que sean?

- Me gustaría que fueran libres, que tuvieran dignidad y que en sus vidas no faltara ni una casa donde guarecerse ni un trozo de pan para quitarse el hambre.

- Ellos tienen el pan necesario y muchos viven en cuevas o en casa humildes no lejos de este palacio.

- Pero no son libres y sufren mucho y tienen hambre. Nosotros vivimos en la abundancia y nunca no falta de nada.

- Las cosas tienen que ser así. En cuanto los pobres tengan todo lo necesario y posean dignidad y libertad, nosotros perderemos nuestro poder sobre ellos y dejaremos de ser reyes. Y perderemos tanto que incluso hasta podemos quedarnos sin este palacio.

- Pero padre…

            Y la princesa callaba por miedo a que el padre la castigara. Se iba a sus aposentos en la torre del palacio y se ponía a pensar en sus cosas. Por las noches, a veces contemplaba la luna y las estrellas y por el día, se entretenía con el canto de los pajarillos y en cortar flores de los jardines que rodeaban a su palacio. Y luego al otro día y siempre que podía se iba con los que trabajaban en las tierras y se ponía a charlar con ellos. Les decía:

- Merecéis que se os trate con la misma dignidad que a un rey y que se os dispense el mismo respeto.

Y ellos le preguntaban:

- ¿Y por qué dices eso, princesa?

- Porque es así como lo siento y lo que, en lo más profundo de mi corazón, para todo el mundo quisiera.

            Hasta que, una mañana de primavera, cuando daba un paseo por la parte alta del Cerro del Sol, oyó gritos. Se asomó corriendo a la ladera y los vio subir por entre el monte, apresurados y en busca de la vereda. Eran cuanto: un joven, una muchacha algo más joven y dos niños. Y al poco volvió a oír voces que decían:

- Que no se escapen. Hay que cogerlos, vivos o muertos.

Y unos minutos más tarde pudo comprobar como los apresaron, le pusieron cadenas en las manos y luego, apuntándoles con armas de fuego y flechas, los obligaron a que caminaran dirección a los recintos amurallados de la Alhambra. La princesa quiso correr y salir al encuentro para ayudarles pero no lo hizo. En ese momento se acordó del rey su padre y tuvo miedo que la castigaran. Pero por la noche, toda triste y desconsolada, se acercó al padre y le preguntó:

- ¿Por qué han apresado a ese joven, a la muchacha y a los dos niños?

Y el rey le dijo:

- A los pobre, hija mía, hay que darles escarmientos para mantenerlos a raya, controlados y sometidos. No podemos dejar que sean libres ni que hagan o digan lo que quieran. Si empiezan a exigir derechos y dejamos que nos critiquen, un día se amotinarán y nos quitaran estas tierras, este palacio y todas nuestras riquezas.

- Pero padre…

Y la princesa pensó en el joven que, al frente del grupo, había visto subir por la ladera huyendo de los soldados.

            Poco después se fue ella a las dependencias de su palacio. Y dicen que aquella noche, mientras contemplaba las estrellas y se dejaba besar por la luz de la luna, se le vio llorar amargamente. Sin poder apartar de su mente la imagen del joven apresado mientras intentaba comprender por qué las cosas eran de este modo, en su pequeño mundo mágico.

   
Chat de soporte de Bubok ×