|
Lo primero es lo primero Besando su mejilla iba a conseguir lo primero que quería de él: decirle que iba a conquistar su piel y que debía de responder a mis caricias como sus ojos me prometían. |
|
Despedida Besando su mejilla la encontré fría, la piel inerte. Me decía: “Aléjate, que ya no estoy, me he ido”. Tomé su mano entonces (aún era suya, suyos sus dedos, el anillo que conocía) y noté su ausencia. “Qué fortuna que me hayas querido tanto” susurré. Sentí su amor revoloteando en mi interior, al fin libre del dolor, las quejas y su impotencia final. Ni siquiera entonces lloré. No veía por qué hacerlo.
|
|
De rompe y rasga Besando su mejilla, mordisqueando el lóbulo de su oreja, bajando los labios por su cuello, por su pecho y su ombligo, al fin, un palmo más abajo, se topó con su objetivo; extrajo de la liga la navaja y de un solo tajo le rebanó lo que el hombre más apreciaba: el mini slip rojo de seda que se había puesto para la función.
|
|
Quid pro quo Besando su mejilla le dije que sí, que iba a darle lo que quería pero que ya sabía lo que tenía que hacer por mí a cambio. Me miró con ojos suspicaces y un poco fastidiado cruzó los brazos sobre su pecho e hizo un mohín. - ¡Jo! Mamá nunca das nada por nada, siempre hay que darte algo a cambio, vale iré a comer con la abuela cuatro sábados seguidos, pero tú cómprame mañana el vert skate que quiero.
|
|
Jugando a ser dioses -Besando su mejilla, inspector. El beso en la mejilla… eso es lo que hace siempre antes de matar a sus víctimas. -Le tengo a tiro, inspector. Y ahora él va a ser el primer muerto en mi nueva etapa… Dudoso honor, el del capullo éste. -Inspector, veo su mano… ¡tiene un cuchillo! No sé por qué me metí en un trabajo donde me piden permiso para matar. No soy ningún Dios, sólo un hombre. Pero es su muerte o la de esa pobre chica. Definitivamente, no sirvo para esto. -¡Dispare! |
|
Despierta Besando su mejilla, aspirando su aroma, dejo mis dedos recorrer su espalda, subir hasta su mata de pelo negro y ensortijado, acariciar su cabeza que descansa contra mi pecho, los labios carnosos entreabiertos, los parpados cerrados, la respiración rítmica. |
|
Beso de despedida Besando su mejilla dulcemente, quiso despedirse de su padre. El hombre, lloroso y semidormido, se frotó incrédulo la cara. Lo comprendió enseguida. Se puso en pie y corrió a la habitación donde yacía, moribundo, su hijo. Y lo halló muerto, con una sonrisa helada entre los labios.
|
|
La visita Besando su mejilla escenifica la derrota de los ideales que nos llenan de orgullo. Siente un aguijonazo en el pecho. –Necesitamos el dinero –le habían dicho–, no valen escrúpulos morales. Él, asintió. –¿La lucha por la libertad son meros escrúpulos morales? –se oyó al fondo. Él hizo ademán de contestar. –Necesitamos el dinero –le acayaron rápidamente. Recuerda la escena mientras un denso bigote roza su cara. Continúa la puesta en escena. Casi olvida sonreír. Lo hace resignado: si va a ser una puta será la mejor que pueda ofrecer España. El rey se humilla. Todo sea por la patria. |
|
Donde los besos cambian de color
|