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De cómo Guilles el ambulante conoció a los Axharta Hace muchos, muchos años, el mundo pertenecía tan sólo a las criaturas de la superficie. Los Lander campaban a sus anchas, desconociendo por completo la existencia de la Tierra Hueca. En aquel tiempo, Guilles el ambulante era un joven aprendiz de alquimista. Viajaba siempre en compañía de su maestro y mentor, Alborn el metalúrgico. Ambos, recorrían los caminos en una vieja y destartalada carreta, cargada de cacharros de latón que el viejo Albor elaboraba, siempre a la orilla de un río o un arroyo, con sus propias manos. Alborn era un hombre cargado de magia; era tan listo como un búho, y tan habilidoso como una araña. De hecho, cuando trabajaba, sus dedos parecían moverse a velocidad de vértigo, igual que las patas de una araña cuando construye su pegajosa tela. Pedro Cebrián... de las aventuras de Lot Uni Axharta y el mundo del Tierra Hueca |
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cita de mariaclara
Lo que te has descargado es un viejo relato que presenté al concurso quincenal de relatos (por cierto, chicos, estoy por aquí). Efectivamente a partir de ese relato estoy trabajando en algo parecido a un relato más extenso, llámalo novela fantástica o qué se yo.
Hola Pedro, Tengo una duda; ayer me bajé "Axharta y el mundo de Shambala" y descubrí que sólo son 5 páginas... ¿El libro del que hablas en este post, es el mismo que yo leí? o¿es un proyecto en el que estás trabajando?... Saludos |
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La apariencia de las distintas familias de los Axharta variaba según su función en el interior de la Tierra Hueca. Los excavadores, tal cual era Lot Uni Axharta, estaban dotados de vigorosos músculos y uñas retráctiles, mediante las cuales eran capaces de construir galerías y túneles de gran complejidad. Eran seres adustos y poco dados a la familiaridad; pasaban la mayor parte del día trabajando en lo más profundo de la Tierra Hueca y apenas se daban descanso. El mundo de los Axharta requería estar en continuo crecimiento porque, a pesar de la gran migración que los llevó a abandonar el Land, continuamente se veían obligados a expandir su territorio, arañando terreno a las profundidades. Pedro Cebrián... Lot Uni Axharta y el mundo de la Tierra Hueca |
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Los Guardianes de la Puerta, al contrario que los excavadores, eran una subespecie de Axharta de presencia y porte mucho más digno. Estilizados y fibrosos, se movían con movimientos angulosos y elegantes. Generalmente nunca estaban solos, ya que la férrea estructura militar de su estamento les impedía tomar decisiones sin antes confrontarla con alguien superior, tanto que se diría que eran incapaces de dar un paso sin que el pie derecho le pidiera permiso al izquierdo. Al contrario que los excavadores, que solían vivir en parejas compuestas por un macho y una hembra, o bien en solitario, según sus preferencias, los Guardianes de la Puerta se organizaban en compañías y solían ocupar grandes galerías divididas en estancias habilitadas para al menos dos individuos. Estas galerías se encontraban comunicadas con las dependencias principales, ocupadas por los elementos de mayor categoría dentro de la compañía, los cuales ejercían el control sobre el grupo y organizaban el trabajo diario, de modo que todo funcionara de forma coordinada y eficaz. A pesar de las diferencias físicas entre los excavadores y los Guardianes de la Puerta, estos compartían algunos rasgos comunes, como los grandes pabellones auriculares, los pies palmeados y los ojos diminutos. Pedro Cebrián... de las aventuras de Lot Uni Axharta y el mundo de la Tierra Hueca
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Guilles no recordaba cuando los Lander del Bosque Oscuro comenzaron a migrar en oleadas hacia el Llano. Es bien sabido que el alma del Lander necesita oposición, algo que estimule su crecimiento, tanto físico como espiritual. Fue en el tiempo de Groom, el Maestro de las Costumbres, que regía los designios del pueblo del Bosque Oscuro. Por aquel entonces, la oposición surgió de la misma naturaleza del Land, de su relación con las fuerzas naturales. Guilles tan sólo era un niño; vivía con sus padres junto al Lago de las Algas, en la confluencia de los grandes ríos que flanqueaban el Llano. Primero fueron varias familias procedentes de la frontera entre el Bosque Oscuro y el Llano. A ellos les resultó fácil adaptarse al nuevo medio, ya que durante siglos habían mantenido relaciones de comercio e incluso familiares con sus vecinos. Tras ellos, guiados por Groom, vinieron oleadas de habitantes del Bosque Oscuro, de forma que el Consejo del Llano no tuvo más remedio que ordenar de alguna forma aquella misteriosa y repentina migración. Como todo el mundo sabe, la niñez es la etapa de la vida en la que el Lander está abierto a cualquier tipo de cambio en la forma de pensar y de ver y comprender el espacio que le rodea. Es por eso que, cuando el pequeño Guilles tuvo ocasión de contemplar como las manos del druida Alborn modelaban el metal valiéndose del influjo del fuego y del agua, comprendió que pasaría el resto de sus días junto a él. Pedro Cebrián...de las aventuras de Lot Uni Axharta y el fabuloso mundo de la Tierra Hueca |
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—Los recuerdos del pasado te pueden jugar malas pasadas. –Afirmó el trepador, con sus ojos vidriosos fijos en él. Aquella habilidad era innata en los trepadores. Guilles se bebió de un trago el contenido de su jarra; el licor de nueces, destilado por los trepadores durante generaciones y licuado con una generosa base de mandrágora espesa, tiene la facultad de disipar el mal humor, así que Guilles, decidido a no enturbiar por más tiempo su esperado encuentro con Lot Uni Axharta, alzó la mano y llamó al tabernero. — ¡Otra jarra, posadero! –Hull el tabernero era un viejo trepador; su piel escamosa hacía años que se había tornado grisácea, la primera señal física que indica que un trepador está llegando a la etapa final de su larga vida. Sí que había sido larga y fructífera, agitada eso sí por los innumerables avatares a los que había debido enfrentarse el clan del pueblo de las ramas. Hull afirmaba haber llegado a la edad de ciento treinta años, en el convencimiento de que ninguno de los que convivían con él podría demostrar jamás que mentía como un bellaco. Aunque todo el mundo sabía que aquella afirmación era falsa. Pedro Cebrián.... y sus aventuras en el fabuloso mundo de la Tierra Hueca |
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“Prohibido recolectar nueces durante el solsticio de otoño”. Así rezaba la advertencia que, en el idioma de los Landers, pretendía disuadir a aquellos que con afán ilícito, se internaban en el Bosque Oscuro para recoger las nueces que durante la noche se desprendían de las ramas de los árboles. Esta conducta, propia de los trepadores, había sido denostada por el Consejo de Maestros y era castigada de forma severa, aún cuando los trepadores, al ser seres idílicos, no se regían por las leyes del Lander. Pedro Cebrián... de las aventuras de Lot Uni Axharta y el fabuloso mundo de la Tierra Hueca Por cierto, podéis seguir las aventuras del pequeño excavador en http://Axharta.blogspot.com |
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“Prohibido recolectar nueces durante el solsticio de otoño”. Así rezaba la advertencia que, en el idioma de los Landers, pretendía disuadir a aquellos que con afán ilícito, se internaban en el Bosque Oscuro para recoger las nueces que durante la noche se desprendían de las ramas de los árboles. Esta conducta, propia de los trepadores, había sido denostada por el Consejo de Maestros y era castigada de forma severa, aún cuando los trepadores, al ser seres idílicos, no se regían por las leyes del Lander. Koldor, el espíritu del bosque, se despertó cuando una solitaria gota de rocío se desprendió de la hoja que le cubría de los rigores nocturnos. Al contrario que los Axharta, los espíritus del bosque son unos seres completamente irracionales; tan pronto ríen, tan pronto lloran, según unos desconocidos mecanismos que ligan su temperamento con el confuso pálpito del bosque. Pequeños como una nuez grande, suelen ocultarse de la vista por lo general, aunque de vez en cuando se dejan ver para dejar constancia de su existencia. La mañana todavía no se había desperezado del todo. Era justo ese momento en que las primeras luces del alba se funden con esa oscuridad azulada que parece flotar a media altura entre el día y la noche. Es el momento en que los espíritus del bosque espabilan, cuando aprovechando la ignorancia más absoluta acerca de su existencia, Koldor y sus compinches se dedican a hacer de las suyas. El Llano de las Nueces se extendía a lo largo de varias hectáreas; era una superficie regular, salpicada de nogales, unos más viejos que otros, pero casi todos algo más que centenarios. El más antiguo de ellos crecía en la parte más cercana al río viscoso que discurría flanqueándolo. Su tronco rugoso y retorcido abarcaba el diámetro de dos Landers corpulentos cogidos de las manos. A poca distancia se podían ver varios túmulos de tamaño medio, coronados por los restos carbonizados de seres indescriptibles… Como cada solsticio de otoño, Groom el Maestro de las Costumbres, reunía al resto de Maestros de los clanes para realizar los ritos propiciatorios de la nueva estación. El Nogal Padre era un ser sagrado, no sólo para los espíritus del bosque, si no para todo aquel habitante del Bosque Oscuro, ya fueran seres idílicos o perteneciera a cualquiera de los clanes del Lander. Pedro Cebrián (el mejor escritor de la Generación Bubok)... de las aventuras de Lot Uni Axharta en el fabuloso mundo de la Tierra Hueca |
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El Llano de las Nueces se extendía a lo largo de varias hectáreas; era una superficie regular, salpicada de nogales, unos más viejos que otros, pero casi todos algo más que centenarios. El más antiguo de ellos crecía en la parte más cercana al río viscoso que discurría flanqueándolo. Su tronco rugoso y retorcido abarcaba el diámetro de dos Landers corpulentos cogidos de las manos. A poca distancia se podían ver varios túmulos de tamaño medio, coronados por los restos carbonizados de seres indescriptibles… Como cada solsticio de otoño, Groom el Maestro de las Costumbres, reunía al resto de Maestros de los clanes para realizar los ritos propiciatorios de la nueva estación. El Nogal Padre era un ser sagrado, no sólo para los espíritus del bosque, si no para todo aquel habitante del Bosque Oscuro, ya fueran seres idílicos o perteneciera a cualquiera de los clanes del Lander. Los clanes Lander que habitaban en el Bosque Oscuro, por lo general, eran respetuosos con los sentimientos de los seres idílicos. Tanto los espíritus del bosque, como los trepadores y los Hadas del Reino de las Amapolas vivían en una coherente armonía con los humanos. Sólo el clan de los Axharta, desconocido para los Landers e ignorado por el resto de los seres idílicos, acostumbraba a infringir las legendarias normas del Bosque Oscuro. Koldor dio un salto y se impulsó hacia el herbazal cercano. La tierra húmeda y fangosa había amanecido sembrada de agujeros de mayor o menor tamaño, prueba evidente de la actividad nocturna de las brigadas de excavadores. Pedro Cebrián (el mejor escritor de la Generación Bubok) de Axharta y el fabuloso mundo de la Tierra Hueca |
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El espíritu del bosque comprobó con disgusto como el suelo removido se extendía, en surcos concéntricos, alrededor de uno de aquellos túmulos, y más allá, cerca de las raíces más viejas del Nogal Padre. Aquello disgustaría a Groom. Todavía era temprano, una hora indeterminada entre la alborada y el amanecer, la luz de la mañana se alargaba sobre la tierra. Koldor descendió, casi flotando, hasta la tierra. Cuando sus diminutos pies tocaron el suelo, pareció flotar. Caminó durante unos metros, con los ojos muy abiertos por si descubría a alguno de aquellos excavadores deambulando por el Llano de las Nueces. Koldor los había visto alguna vez, y eso que era difícil ver a los Axharta a la luz del día. Lot Uni Axharta aún dormía. El sonido del viento entre las copas de los nogales provocaba un singular campanilleo, como una sucesión de notas que, una tras otra, formaban la dulce sinfonía del amanecer. La pequeña Tecla Axharta movió las orejas al percibir como el sonido se filtraba entre los finos apéndices pilosos que culminaban sus pabellones auriculares. Como siempre, su querido Lot Uni había sido el más intrépido de los Axharta; un cesto repleto de nueces así lo probaba. Sonrió y posó la mano en el hombro de su amado. —Lot, Lot Uni. Despierta. —A pesar de ser seres idílicos, los espíritus del bosque desconocían por completo el amor. Para ellos, la íntima relación de pareja que consumaban durante sus vidas los excavadores era un completo misterio. Lot Uni se removió perezoso; descubrió que la raíz de nogal sobre la que había estado durmiendo, se le había clavado en la espalda. —Vamos, Lot Uni. Tendremos suerte si los Guardianes nos dejan entrar. Date prisa. —Lot Uni miró a la pequeña Tecla con una gran sonrisa bailoteando en la cara. — ¡Vamos, excavador! O tendremos grandes problemas. Koldor, el espíritu del bosque, se dio cuenta demasiado tarde de su error. Echó el cuerpo hacia delante, intentando satisfacer su natural tendencia a la indiscreción, cuando la hojarasca cedió bajo su peso y cayó de bruces a los pies de la excavadora. — ¡Por el gran Lord Shambala! Nada más ni nada menos que un espíritu del bosque. Pedro Cebrián, el mejor escritor de la Generación Bubok, de las aventuras de Lot Uni Axharta en el fabuloso mundo de la Tierra Hueca
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Hola Pedro,
Es la primera vez que leo algo que tú hayas escrito, y me gusta...