Compañeros de Bubok: Damos comienzo al vigésimoprimer concurso de micros. Aténganse a las bases, participen, es posible que éste sea el último hasta después del verano.
Frase inicial: "Cada vez le hacía sentirse más incómodo"
No os sintáis incómodos mandándome micros hasta el 21 de julio, jueves, a las 22 horas. Se os gratificará con una hermosa clave en forma de pueblo de la atractiva provincia de Cádiz, donde vivo.
No hay reflexión, no hay nada que pensar, sólo cabe participación o silencio, conquista o muerte, valentía o cobardía. Ea, a darle vueltas a la mollera. Mucha suerte a todos
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Amor de hijo Cada vez le hacía sentirse más incómodo, como siempre que bebía y se sentía rodeado de amigos, sin darse cuenta de que esos tipos sólo buscaban beber gratis a cuenta de su ingenuidad. Y allí estaba siempre su hijo, aguantando sus impertinencias, sus groserías, las alusiones a su obesidad… No le importaba abochornarse en todas esas reuniones; no le importaba meter los dedos a su padre en el baño del bar, cualquier cosa, con tal de que no condujese y acabara muerto, y matando, y dejando su último hálito a ras de carretera, como una rata aplastada. |
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Noche de grillos Cada vez le hacía sentirse más incómodo, así que se lo quitó y se lo anudó en la cintura. Mejor sentir la brisa montañera en los brazos. No hacía frío apenas. Encendió un pitillo y con el resplandor del mechero pudo ver la cara de Rebeca. Le tiró una bocanada a su nariz. Se levantó y comenzó a andar, ladera abajo. Ella hizo lo propio, siguiéndole. La noche estaba al raso. En el cielo había muchas estrellas, unas más brillantes que otras. Los grillos cantaban. «¡Que no acabe nunca esta noche!», pensaba imaginando la mirada de Rebeca. |
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Señor, sí señor Cada vez le hacía sentirse más incómodo, más repugnante, más indeseable, menos persona. |
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Algo parecido a las patatas Cada vez le hacía sentirse más incómodo aquel calor que no cesaba de aumentar. Y aquel martilleo en las sienes. Y aquella extraña humedad. Abrió, al fin, los ojos para encontrarse cara a cara con un pequeño hombrecillo que lo miraba, sonriente, mientras vertía hortalizas ante él. Miró a su alrededor; estaba dentro de lo que parecía una gran bañera llena de cebollas, tomates y algo que parecían patatas. Afuera, más hombrecillos bailaban y gritaban dando vueltas a su alrededor. “Vente de safari, me dijeron” pensó antes de desmayarse de nuevo, “será divertido”. |
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El jefe de la manada Cada vez le hacía sentirse más incómodo con sus pataditas. |
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Deseo Cada vez le hacía sentirse más incómodo. Sabía que era ella. Casi podía oír el ruido del roce del dobladillo de la falda contra las medias, el sonido de sus tacones, acercándose, marcaba el ritmo de su corazón anatómicamente cambiado de sitio. Sabía que venía a provocarle, a sacarle de su hastío, para ver hasta cuando le aguantaría ese pulso que mantenían cada domingo. Se abrió la ventanilla, su perfume entró en el habitáculo... En el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo. |
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El valiente «Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve» (Proverbio griego). Cada vez le hacía sentirse más incómodo aquel silencio: por inesperado. Porque ella nunca había sido así. Era vivaracha y pizpireta; con una alegría desbordante y contagiosa, que para sí hubieran querido muchas de sus compañeras. Por eso su reacción desconcertó tanto a Vicente. Amalia tardó unos segundos más en cambiar el gesto y, entonces, él lo supo: aquel beso robado había tenido éxito. De nuevo se sentía incómodo, pero orgulloso de haber podido vencer sus miedos, complejos y ataduras. Aquel día no se habló de otra cosa en el asilo. |
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Miradas indiscretas Cada vez le hacía sentirse más incómodo, llegó un momento en que no pudo resistirlo más y le preguntó qué miraba; ella se puso roja como un tomate y desvió la vista rápidamente queriendo disimular su curiosidad. Debiera estar acostumbrado ya a esas miradas indiscretas que no dejaban de seguirle cada vez que salía a la calle. Aunque, hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que era él quien hacía sentirse incómodos a los demás con su horrible cara, deformada por el fuego el día que perdió el control de su coche. |
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Amor verdadero Cada vez le hacía sentirse más incómodo, cada día se le hacía más insoportable la misma escena: que si dónde has estado, que si por qué no me has llamado, que si apestas a alcohol, que a saber dónde te habrás metido hasta estas horas, que no le eches la culpa a los amigotes, que si la ropa te huele a tabaco… Ella sabía ponerle pegas a todas sus borracheras pero él aguantaba porque la quería. Era su único vicio. |