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Cuando omitimos, casi siempre le pedimos al lector que complete lo que falta. 1) Es una�regla elemental�no contar cosas intrascendentes. 2) Pero puede ser, tambien,�una forma de realzar lo que no se cuenta. Muy poderosa. "Descubrir" por uno mismo, por indicios, la clave del relato, da mucho gustirrinín literario. Son dos usos completamente diferentes. Y aunque las "reglas" sean iguales para todos, no creo que haya�dos autores que coincidan completamente en lo que consideran instrascendente. Ni por supuesto, lo "importante". El uso que hace Daniel en general, y más en concreto en Curvas, con la identidad de Gabriela,�es diferente, ni una cosa ni otra. ¿Se llama meta-ficción? Ha jugado con que el lector tiende a identificar autor y narrador, y cuidándose de no dar indicios claros de sexo, ha hecho suponer al lector que el narrador es masculino. Y el lector se descubre a si mismo diciendo ¡pero qué tonto soy! ¿Está bien eso? Depende. A mi eso no me aporta más placer que el juego de ingenio que supone. Es algo del disfrute literario de muchas personas. Disfrute legítimo. Hay lectores para eso. Pero no es mi disfrute. Yo soy�un agonías que necesita historias de lucha, con tripas y sentimientos, y todo eso me parece superfluo. Me distrae de la situación que yo trato de entender que hay entre Graciela y Claudia. Prefiero una obra escrita con menos preciosismo, pero en la que los personajes palpiten de principio a fin. La historia, que concluye con una suplantación de identidades, me dejó una sensación de artificio. Y el caso de la peli Dejad de quererme es de juzgado de guardia. Porque ahí no hay omisión, sino que directamente el lenguaje cinematográfico miente, dice qué es una cosa, y luego te dice que esa cosa es otra. |