Comienza el concurso 27º de Micros. Si se presenta alguien nuevo, que me escriba y le oriento, los demás ya sabéis las condiciones.
La frase inicial debe ser "Cogiéndole de la mano"
Se me pueden enviar los micros desde hoy mismo, lunes día 7 hasta el jueves 17 de noviembre a las 22 horas. Las votaciones serán desde ese mismo día y hora hasta el domingo 20 de noviembre, donde el ministro del interior dará el resultado en televisión.
Buena suerte a todos y que sea amplia la participación.
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Cambio de planes -Cogiéndole... La mano que sujetaba la pluma le temblaba mientras comenzaba la frase. -…como me has dicho, haciendo trampas. No podré salvarle por mucho que sea mi hijo. Firmó en la hoja que tenía delante, junto a otras muchas. -Veremos cómo le explico a mi mujer que su niño va a repetir curso –continuó el director-, que ya no podrá ser médico y que habrá que buscarle un enchufe como abogado o como político.
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Aprendiendo a vivir Cogiéndole de la mano tiró de él con suavidad para cruzar la calle. —¡Corre, corre, corre! Lucas reía mientras se afanaba en seguir el ritmo apresurado de su madre. Cuando por fin alcanzaron la otra acera, ambos se detuvieron para tomar aire y reír al unísono. —Somos unos campeones, ¿eh? —Sí, mamá. Los más rápidos del mundo. ¡Aúpa! —¿Aúpa el niño más veloz del mundo que además tiene ya tres años? Humm… El niño transformó sus risas en una mirada avergonzada y suplicante. —Es que me he cansado de correr. —Pues iremos despacio, ¿vale? —¡Jo! |
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¿Juan? Cogiéndole de la mano así, bien sujeta, él la besó en la frente y la llevó con cuidado hasta el banco, a la sombra del árbol que se extendía buscando espacio. - ¿Cómo estás, madre? - Repasando las cuentas de la vendeja. - ¿Cuentas, madre? - ¿Me decías algo? - No, no, solo te saludaba - ¡Ah! Hola, qué tal Juan. - No, no soy Juan, soy Gonzalo. - La Luisa se quiso llevar a mi Anselmo - Eso pasó hace mucho, madre. Olvídelo. - No, no… eso pasó ayer. Y volvió a sumergirse en su mundo. |
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La espera Cogiéndole de la mano le dijo que esperarían ahí. El niño alzó la vista y arrugando la frente miró a su madre. Después dirigió su atención a donde la tenía puesta ella: la boca de salida de un gran ascensor de hierro. Llegaron más personas, quienes adoptaron la misma actitud que ellos: esperar. El crujido del ascensor puso a todos nerviosos. Su madre le apretó la mano. Se abrieron las puertas y comenzaron a salir los mineros. Tenían la cara y las manos negras. Fueron al encuentro con sus familias. Su padre les sonrió. Hoy no faltaba nadie. Él tampoco. |
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La duda Cogiéndole de la mano, susurrándole lo bueno que pasaron juntos en la vida, más corta para él, su tío, el tío Antonio. Respiraba el perfume a tabaco americano que aún desprendía su traje oscuro. Acariciaba sus caídos hombros disfrutando de la paz que brotaba del corazón endurecido por los años. Él, algo ladeado y en reposo sobre una blanca silla antigua ; mientras ella, su sobrina del alma, apretaba su mano con fuerza, como temiendo perderle ya para siempre… Entonces se le desprendió del cuerpo de papel envejecido. Ella dejó que sus tibias manos la conservaran unos instantes entre ellas. |
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Juguemos Cogiéndole de la mano, le arrastró hacia el cajón. Otra vez. Aquella mujer era capaz de anular su voluntad. Con dientes apretados extrajo una papeleta y se la entregó. El sudor deslizaba por su espalda mientras esperaba la lectura de la nota. No deseaba continuar aquel juego erótico. ¿Por qué ella insistía? |
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El rapto Cogiéndole de la mano, dirigió una profunda y penetrante mirada que atravesó sus pupilas como una veloz y cortante daga. Entonces, él, entero de negro, la prendió en sus brazos y se la llevó cual predador prende a su presa, cual raptor aprisiona a su mísera víctima; para no soltarla nunca; ni durante el sueño más profundo. La hizo suya. Tras atravesar todo el pasillo, al salir al exterior, se encontraron ambos con un Sol radiante y una muchedumbre agitada y excitada que gritó: ¡Viva los novios! |
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Amor del caro Cogiéndole de la mano me la llevé al dormitorio. Estaba de pie allí en medio de mi intimidad. |
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Camina Cogiéndole de la mano, el joven dejó que las fuerzas que recorrían su cuerpo fluyesen a través de sus dedos. |
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Recién llegado —Cogiéndole de la mano. La mano izquierda en el caso de que fuese zurdo. |
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Redención Cogiéndole de la mano, tiró de él. Él, que la había engañado, raptado, seducido..., se hundía bajo una sima abierta a sus pies. Pero la miró y ella tiró aún con más fuerza. Porque sus ojos no eran los mismos ojos de cuando la había engañado, raptado, seducido... Siguió tirando con más fuerza aún y la sima se cerró. Doña Inés había vuelto a salvar a don Juan. |