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romi
Mensajes: 678
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La niña, el burrito y los membrillos de otoño

17 de Noviembre de 2011 a las 12:33

Bubok

La niña, el burrito y los membrillos de otoño

         Ayer por la tarde subía yo siguiendo la senda que recorre el Arroyo de los Granados. Por entre los álamos, las nogueras y los membrillos. Tú, estabas entre las higueras que hay por donde la alberca chica, en la ladera del Cerro de la Viña. En cuanto empecé a subir me viste pero yo te había visto un poco antes. Sin que nadie te lo indicara tú ya sabías que iba a tu encuentro y por eso mirabas sin perderte un detalle. Tienes una gracia especial cuando miras de este modo. A ti te interesa mucho cualquier cosa que ocurra en el Prado de Otoño. Y lo que sucedía ayer por la tarde parece que te concernía más que otras veces.

         Siguiendo la senda del Arroyo de los Granados entré por el boscaje de las parras y los álamos y en ese momento te sentí rebuznar. Pensé que no pasaba nada porque ya estoy acostumbrado a estas manifestaciones tuyas. Siempre que me ves, aunque esté lejos, rebuznas. Lo mismo te pasa con la niña. En cuanto la ves por la puerta del cortijo o, por algún rincón de estas tierras, la miras interesado y te pones a rebuznar. Yo sé que es una forma tuya de llamar la atención. Para que ella sepa que estás ahí y que quieres que se vaya a jugar contigo. La niña y yo te conocemos ya y casi nunca hacemos caso de estas llamadas tuyas pero tú sabes que en el fondo sí te escuchamos.

         Ayer por la tarde, al salir yo a la alberca de las nogueras, miré para ver qué te pasaba y lo descubrí en seguida. La niña subía del cortijo con una cesta en la mano y tú la viste. En seguida la llamaste con tu especial roznido y ella te hizo caso. Subió por el otro lado del arroyo y llegó a ti antes que yo. No me había visto ella a mí porque me quedé parado junto a la alberca, tapado con los álamos, las nogueras y los granados. Pero oí que la niña te dijo:

- ¿Ves esta cesta que traigo? Es de mimbre y nueva y la quiero llenar de membrillos. Vengo a que tú me ayudes.

¡Qué ángel la niña!

         Pero tú la entendiste claramente. Según ella iba andando te pusiste a caminar a su lado y la llevaste a los membrillos más grandes de la ladera del Cerro de la Viña. Los que hasta hace unos días tenían sus frutos colgando en las ramas y ahora ruedan por el suelo. Se paró la niña, soltó su cesta, empezó a coger los mejores membrillos y a echarlos dentro y en un ratillo ya tenía la cesta llena. Tú la mirabas, olías los dorados frutos, mirabas a la cesta y, de vez en cuando, partías con tus dientes un membrillo y te lo comías sin dejar de mirarla. ¡Qué buena pareja hacéis tú y la niña! Oí que te dijo:

- Ya tenemos la cesta rebosando. Ahora se los voy a llevar a mi madre para que haga dulce de membrillo y luego vengo y te regalo un trozo. ¿Tú has probado alguna vez el dulce de membrillo?

Sobre tu lomo puso la niña su cesta de mimbre llena de membrillos y, con la carga dorada y olorosa, te fuiste con ella al cortijo.

   
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