
La niña nos regala un beso y ya parece Navidad
Es bonito y bueno que, en estos días,
una lumbre arda
y llene de calor
el frío de las casas.
Ella te ha dado un beso hoy. Yo la he visto y como sentí envidia se me acercó y dijo:
- Otro también para ti. El mismo beso para los dos. Os quiero por igual.
Y me ha regalado otro dulce beso. Igual de grande y limpio que el que te ha dado a ti. La mañana se ha llenando de Navidad anticipada y los paisajes del Prado de la Viña se han convertido en un belén azul. ¿Y sabes por qué ella hoy está contenta? Unos amigos suyos le han comprado el cuadro que pintaba el otro día. El de los membrillos llenos de otoño y le han dado seis euros. Un capital para ella y por eso tiene alegre el corazón y regala besos. La niña es un tesoro.
Vamos y vente conmigo. En el lindazo de las higueras, este verano, se han secado dos robles viejos. Los están cortando y necesitan nuestra ayuda. Las ramas y los troncos de los viejos árboles se las van a traer al Cortijo de la Viña. Para la lumbre y que la niña se quite el frío que ahora hace por las noches. Tú tendrás que dar varios viajes cargado con la leña de estos viejos robles. Se los vamos a regalar a la niña como detalle por el beso especial que ella nos ha regalado. Para que tenga buena leña y haga una gran lumbre en la chimenea del cortijo. Ahora ya hace frío y la Navidad hay que recibirla con el corazón calentito. Es bonito y bueno que, en estos días, una lumbre arda y llene de calor el frío de las casas. Hay que irlo preparando todo porque la Navidad se acerca.
¿Sabes qué me dijo ayer? Que un día de estos quiere enseñarte su habitación. Te abrirá las puertas para que entres y veas lo que ella tiene en ese nido azul. También me la quiere enseñar a mí. En el poyo de la ventana de su habitación todos los días ocurre un milagro. Me lo ha dicho y yo te lo cuento. ¿Sabes qué es? Las granadas que hace unos días recogimos en el Prado de Otoño las tiene guardadas. De vez en cuando abre una y deja sus granos sobre el poyo de la ventana de su habitación. Y ocurre un milagro. Un pajarillo gris naranja todas las mañana se para en el poyo de su ventana y se como algunos granos de las granadas que ella ha desgranado. Me decía:
- Llega, se para, se pone a comer y no se asusta de nada. Lo llamo, me acerco y casi puedo cogerlo y no se va. Entretenido se queda un rato comiéndose los granos granates que le regalo yo. Tenéis que venir un día a verlo. Creo que es un milagro.