
21- En el belén de la Encina Frondosa ofrecemos tres regalos
A media mañana, después de alzarse las nieblas, los tres nos hemos venido a recoger manzanas. El borriquillo de ensueño, la niña y yo. A los manzanos que crecen en la Cañada del Agua, pegado a los olivos, cerca de la Encina Frondosa. Son los mejores del mundo, en forma de paraguas, pequeños y dan manzanas deliciosas. Menudas como las mandarinas, algo aplastadas, suaves como la seda y dulces ácidas, como la miel y el vinagre. Y maduran más tarde que en otros sitios porque estos manzanos son de montaña, frágiles, pero resistentes al frío y a las sequías. La niña camina junto al borriquillo, más contenta que nunca y, antes de llegar le dice:
- La primera carga de manzanas la llevaremos al belén de la Encina Frondosa.
El belén de la Encina Frondosa, entre la cascada verde del río y la de la acequia, todavía no está hecho. Pero ella piensa como si ya lo estuviera. Le he preguntado:
- ¿Qué haremos con una carga de manzanas en el belén de la Encina Frondosa?
Me ha respondido:
- Para que todo el que venga a verlo pueda coger una manzana y se la lleve de recuerdo.
Y caigo en la cuenta yo ahora que ya tenemos tres cosas para que, las personas que vengan a ver el belén, se lleven de recuerdo: un dulce de la carga que traeremos de la exposición de dulces de conventos en Granada, una manzana ecológica de la Cañada del Agua y un mensaje especial de los miles que hay sin abrir por el Prado de Otoño. Tres regalos para cada una de las personas que vengan a ver el belén de la Encina Frondosa. ¡Qué cosas se le ocurren a esta chiquilla!
Por entre los manzanos nos vamos y sobre tu lomo, borriquillo azul, la niña pone su cesta de mimbre dorado. Yo cojo las manzanas del árbol y se las doy a ella. La niña las coge de mis manos y las echa a la cesta. Y tú caminas por entre los manzanos detrás de ella. Las manzanas huelen a incienso y, con el fresco de la mañana, parecen caramelos bañados en rocío. De vez en cuando muerdo una y también la niña. Tú nos miras y, como ella nota que sientes envidia, en sus manos de nata te ofrece manzanas. Te la comes con gusto porque siempre te comes todo lo que la niña te regala. Sabes que son cosas buenas. Y las manzanas de la Cañada del Agua saben a gloria bendita.
Ya tenemos la cesta casi llena y ella dice:
- Vamos a por aquellas que son las mejores. En el belén tenemos que poner las más sanas.
Sales trotando en busca de las mejores manzanas y asustado, de entre las retamas, se levanta y corre un de los muchos conejos que viven en el Prado de la Viña. Te asustas y das un rebote buscando a la niña para que te salve. La cesta cae de tu lomo y por la ladera de los olivos y los robles gigantes, como pelotas de oro, ruedan y botan las manzanas. Te miro y miro a la niña y también me fijo en las frutas esparcidas torrentera abajo. Ella me dice:
- No pasa nada. Ahora nos vamos al río y, de los charcos y la corriente, las recogemos.
Por las aguas del río ya van las manzanas camino de Granada y, por entre los robles, muchas se han quedado trabadas. De manzanas olorosas se ha llenado todo el Prado de Otoño, toda la mañana, todas las aguas del río y hasta el corazón celeste de nuestra niña esmeralda.
Mientras las vamos recogiendo de las claras aguas, pienso en el belén de la Encina Frondosa. Le vuelvo a decir a la niña:
- En el Ayuntamiento de Granada también ponen un belén para que las personas vayan a verlo. Y han adornado las calles con macetas grandes y flores de colores.
Ella me dice:
- Pero en el belén de la Encina Frondosa, todo el que venga, encontrará algo nuevo. Tres regalos únicos: dulces, manzanas y un mensaje especial para alimentar el alma.