Hola: por si alguien quiere leerlo y dejar algún comentario, pongo aquí este sencillo texto:
22 de febrero: Desde el jardín de las violetas
Cuando estabas, quizá tú lo sabes mejor que yo, hicimos las cosas bien, muy bien. Siempre íbamos solicos de acá para allá, siempre soñando con la Princesa y siempre esperando que, en algún momento, se presentara. No se hizo nunca real este sueño pero eso no quitó valor ninguno a la pureza de nuestros sentimientos. Creo que los más nobles y buenos de cuantos sentimientos hayan existido nunca en los corazones de los humanos.
Por eso ahora, esta tarde final del invierno y casi en el umbral de la primavera, te sigo echando de menos. Como cada tarde y mañana desde que te fuiste y como cada noche cuando me acuesto. Y esta tarde, no en el Puntal de los Almendros sino en el jardincillo de la Fuente de los Nenúfares, ya han nacido las violetas. ¿Te acuerdas? Cuando por aquí vivías te gustaba mucho ir siempre de un lado para otro oliendo despacio cada mata de estas violetas. En más de una ocasión te pregunté:
- ¿Es que también, como la flor del magnolio, quieres comértelas?
Ni en aquellos días ni en el día de la flor del magnolio dijiste nada. Te limitaste a mirarme, con tus redondos, profundos y negros ojos y seguiste en tu juego. No lo sabías en aquel momento y quizá yo tampoco pero hacías las cosas siempre con las intenciones más puras y desde la más sincera nobleza. Por eso hoy, después de tanto tiempo, caigo en la cuenta de ello. Y de aquí que esta tarde, justo cuando el sol se pone por lo más hondo de la vega, me he venido al rincón de las violetas. Y, frente a la ciudad, cerca de un almendro ya también cargado de flores, me he sentado. Entre las verdes matas y las pequeñas florecillas moradas y blancas. Es como si necesitara rumiar despacio tu recuerdo, ahora que llega la primavera y al mismo tiempo también necesitara sentirme a gusto conmigo mismo. Y lo que más me colma es comprobar que cuando estabas, hicimos las cosas bien, muy bien.
Sinceramente dimos lo mejor de nosotros a la Princesa, respetamos exquisitamente a las amigas que se fueron y fuimos corteses con todos los que a nosotros se acercaron. Por eso ahora, esta limpia tarde, tengo en paz y lleno de gozo mi corazón y conciencia. Aunque sepa que todos, casi todos, prescindían en aquel momento de nosotros y ahora ya nos hayan olvidado. No importa: fuimos buenos con ellos y los quisimos y eso queda para siempre. Aunque ahora, al llegar la primavera, todo sea recuerdos y duela tanto tantas ausencias.