Frase de inicio:
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El combate Instintivamente, repelió el ataque, aunque su brazo ya pesaba como el plomo. El caballero del penacho rojo volvió a embestirle con fuerza, haciéndole retroceder paso a paso. Se movió con la desesperación de la derrota adivinada, blandió su espada vencida con denuedo golpeando aquel escudo que apenas parecía notar sus golpes. - ¿Quién eres? –preguntó sintiendo que el tiempo se detenía. - Soy la luz que te hiere cada mañana, el sueño nunca concluido y deseado, el temor a lo incierto, tu espejo… - Eres… -dijo con voz desmayada. - Sí. Soy tu muerte.
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KNOCK OUT Instintivamente repelió el ataque antes de golpear con una furia que, en otros tiempos, le hubiese costado reconocer como suya. Dos. Tres. Cuatro. Faltó a las reglas, arañando con rabia. Por supuesto el almohadón fue incapaz de protegerse, y Pedro, que lo usaba a modo de escudo, cayó, boqueando sin fuerzas, tras un combate a no se sabía cuántos asaltos en el que, como siempre en los últimos meses, su dolor salía invicto. Con una herida nueva, el almohadón abrazó su rostro, una vez más, absorbiendo las lágrimas de ese día sobre las huellas de las antiguas. Una vez más.
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Peligro venial |
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AMIGOS Instintivamente repelió el ataque colocándose encima de él. Éste a su vez intentó hacer lo mismo que ella y se revolvió echando hacia adelante sus zarpas, pero ella le mordió el cuello y a él solo le quedó maullar sumiso. Siguieron jugando, pero esta vez, lo hicieron correteando juntos tras un ratoncillo que se había colado desde el desván. |
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Instinto básico Instintivamente repelió el ataque aunque no conseguía saber por dónde venía. Ni siquiera sabía si de verdad lo estaban atacando, pero así fue como le enseñaron a vivir: siempre alerta, siempre a la defensiva, siempre temiendo y adivinando al posible enemigo que se podía esconder tras la apariencia del mejor amigo. Instintivamente se encerró en su mundo y nadie consiguió sacarlo de allí.
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En la escoria de la escoria Instintivamente, repelió el ataque. El chaval le devolvió al otro el mismo puñetazo que había acabado de recibir. Se enzarzaron revolcándose por la huerta como si fueran una única pelota. Decían que aquellos campos eran la frontera entre la ciudad y sus barrios periféricos, aquellos en donde se alojaba la escoria de la escoria. Se peleaban por la chica, así tal cual, porque era la única realmente guapa de todos los arrabales.
¡Parad ya! -les dijo-. Os daré un beso a cada uno y Santas Pascuas. Al fin y al cabo, los dos eran muy parecidos.
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Y con éste, se golpea Instintivamente repelió el ataque y se revolvió. Su puño salió disparado, impactando en el rostro de su contrincante, que retrocedió. Sin darle tiempo, avanzó golpeando una y otra vez hasta hacerlo morder el polvo. El público rugió entusiasmado. - You… güín –leyó con dificultad-. Eso quiere decir que he ganado, ¿no? Su nieto la miraba con la boca abierta y el mando fláccido entre las manos. - ¿Qué? ¿Otra? –rió, entusiasmada. |