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romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

Un tesoro distinto

23 de Junio de 2013 a las 12:07

Bubok

UN TESORO DISTINTO                                

Los cuadernos del sabio-IV

 

               A la tarde siguiente, el hombre encorvado se acercó al sabio y le dijo:

- En la Alhambra, ahora, muchos conocen sitios y van y vienen por jardines y palacios. Pero a pesar del tiempo transcurrido, ahí donde rodean esas murallas, hay un lugar muy especial, desconocido por completo de todas las personas.

Y al oír esto el sabio le preguntó:

- ¿Y qué sitio es ese?

- No puedo decírtelo exactamente porque aunque lo concrete hasta en sus más pequeños detalles, ya todo por ahí tanto se ha transformado, que es imposible verlo y recorrerlo como yo dentro de mí lo tengo.

- ¿Entonces?

- Lo veo casi cada noche en mi sueño y por eso sé que existe y fue importante en su momento y lo sigue siendo ahora.

- ¿Y por qué es, según tú, importante ese rincón que hay en la Alhambra y ves con frecuencia en tu sueño?

- A mi modo, voy a describírtelo para que lo escribas en tus cuadernos y quede para siempre recogido.

 

               Y el hombre encorvado dijo a sabio:

- El rincón del que te hablo, es como un lugar sagrado, entre los palacios y las murallas. El terreno donde se encuentra, es algo inclinado y por eso se ve como repisas. Al lado de arriba o parte alta, crecen muchos árboles. Por entre ellos, desciende un camino en forma de escalera que va derecho a un pequeño rellano, donde hay asientos de piedras, fuentes a los lados, plantas con muchas flores y agua en cascadas y acequias serenas. Y al final de este camino tallado en escalera, hay un descanso algo más grande. Al lado de la derecha, una gran fuente vierte sus aguas y a la izquierda, dos o tres grandes árboles derraman sus sombras en verano.

 

               En mi sueño, cada noche veo caminando por esta escalera entre fuentes, árboles y flores, a un hombre muy anciano. Lleva siempre en su mano un libro muy grande, grueso, encuadernado en piezas rotas y casi deshechas por el tiempo. Las hojas de este libro, están amarillas y también se caen a pedazos. Pero él, siempre trae el viejo libro en sus manos, apretándolo contra sí con mucho cariño y al llegar al último rellano del camino en escalera, se para, mira y luego se sienta en una piedra grande que hay junto a la fuente. Abre el libro y hace como si lo leyera al tiempo que, de vez en cuando, mira para el lado de abajo.

 

               Por entre los árboles, rozando la acequia del agua clara y apartando las flores, aparece y camina ella. Una joven muy bella, de pelo negro, alta y delgada y de caminar sereno. Roza la gran fuente del rellano, se acerca a donde el anciano lee el libro, se sienta a su lado y sin decirle nada, mira las hojas de este viejo libro y parece que leyera. Sonríe el anciano y al poco, cierra el viejo libro, se lo entrega a la joven y le dice:

- Princesa, esto es lo que queda de aquel tan bonito sueño que tuviste cuando eras libre.

- También quedas tú que fuiste y eres mi fiel y mejor amigo. Y para que aquel tan bello y dulce sueño mío permanezca fresco, quedan los versos escritos en estas descoloridas páginas del libro que fue mi sueño.

- Princesa, debes quedarte con él y cuidarlo mientras vivas. Es de un valor inmenso lo que en este libro hay escrito.

- Tú lo cuidas mejor que yo. Siempre caminando y cada tarde, mientras tengas fuerzas y a mí el cielo me lo permita, ven a este lugar y me lees algunos versos. Ahora ya, con esto me sacio y mi corazón alcanza su paz.

 

               Y en este momento, el anciano abrió el libro casi por el centro, buscó despacio y luego, muy quedamente y como si rezara una oración, leyó a la princesa el siguiente poema:

 

No me echéis de menos

ni lloréis por mí

cuando ya me encuentre

lejos de aquí,

en lo más adentro,

a todos os metí

y donde Dios y el cielo

y las rosas de abril

se unen con mi sueño,

seremos y ya, sin fin.

Allí os espero,

no lloréis por mí.

 

         Y casi siempre, al llegar a este punto, mi sueño se termina. Me despierto y en el alma siento una sensación muy extraña. Como si de verdad hubiera estado presente en ese rincón de la Alhambra, viendo con mis propios ojos, el anciano del libro y su amiga la princesa. ¿Qué crees tú que puede ser esto?

Preguntó el hombre encorvado al sabio, al terminar su relato. Dejó el sabio que pasara un rato y luego dijo:

- Yo no sé lo que podrá ser pero sí me parece que tu sueño es hermoso. Pertenece a esas cosas misteriosas del alma, Dios y el cielo y por eso saben y proyectan eternidad.

- ¿Lo vas a escribir en tus cuadernos?

- Tengo que escribirlo y dejándome un gran espacio en blanco para poner el final el día que en tu sueño, descubras el misterio de ese libro, del hombre que lo porta y de esa joven tan bella.  

   
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