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Enoch Soames

Una temprana orfandad, la obesidad derivada de una funesta operación de anginas y trece años en un colegio de curas sólo para varones se armonizaron para generar una adolescencia insufrible y un estado de celo permanente. En el entretanto, en los pocos ratos en que no tenía la mano derecha ocupada, la dediqué a tomar la pluma y reproducir de modo exhaustivo con palabras todos los estallidos, coladas de lava y emanaciones sulfurosas eruptadas del Krakatoa que tenía bajo el cráneo. Son prosas, y sobre todo poemas, escritos entre 1980 y mediados de los años 90. En cuanto a los versos, siempre quise regalarlos, porque creo que es lo único honrado que se puede hacer con la poesía. Y al poco llegué a la conclusión de que también podía regalar ofrecer requetebaratas las prosas, dado que las editoriales a las que escribí para vendérselas fueron unánimes en aconsejarme que me las introdujera en sentido inverso en el tracto digestivo. Así que más de veinticinco añitos estuvieron durmiendo estos pliegos el sueño de los justos en un cajón, exceptuando las poesías publicadas en antologías como "Aldea Poética" (Editorial Ópera Prima, 1997) o "Colección especial I" (México, 2002). Hasta que llegó la Interné, algo que ni existía cuando estos textos ya eran veteranos, fíjense lo que es la vida. Espero que disfruten de estas letricas arrejuntás tanto como yo al releerlas. Y si no les gustan, e incluso les repugnan, piensen que al menos les han salido gratis o casi. Si recapacitan un poco, es posible que lleguen a la triste conclusión de que ya les gustaría poder decir lo mismo de su matrimonio y sus hijos. Hala, con Dios.