



Habla
un narrador joven, quizá recién salido de la adolescencia; entrelíneas habla también
un narrador unos diez años mayor que interviene en algunas páginas y explica lo
que hace: a lo largo de un solo día, relee más o menos al azar uno de sus diarios juveniles y se siente, a la vez,
avergonzado y melancólico y feliz. Es una fiesta de la memoria que recoge los
viejos dolores y los desdibuja no para rehacerlos en ficciones (una novela, por
ejemplo), sino en un tardío aprendizaje.
Como
si vivir fuera siempre andar atrasado ante a uno mismo.
Este
libro anómalo participa de diversos géneros. Como parte de su forma y de su “trama”
—o ausencia de ella—, juega con la distinción entre novela y ensayo; y con la
idea de “ensayo” como prueba, repetición, preparación... La vida aparece como un
borrador para la vida.
Y
hay reflexiones fragmentarias y la meditación insomne de quien se ve obligado a
llevar una vida común y corriente; y su ansiedad por padecer esta “ausencia de
historia”; y su inclinación a recurrir a la escritura como evasión “virtual” de
tantos escenarios despoblados...
¿Es
que solo los personajes con historias extraordinarias tienen cabida en la
literatura? ¿No son millones las personas cuyas vidas, planas hasta la
desesperación, se convierten en un debate continuo entre el suicido y más
televisión?
Más que un tejido o un guión de eventos —de
suspenso, de terror, de aventuras— el lector hallará aquí afectos y atmósferas.
Estos son unos textos vacíos de hechos y de acciones; pero es un vacío
especular: allí es posible mirarse sin rostro, sin fondo, casi sin contexto. También
esta simpleza llega a ser una historia de horror.
Esta es una “novela mar”: va y viene como las olas, siempre las mismas y siempre diferentes unas de otras. En el fondo sin fondo del mar habita un sinnúmero de enigmas, criaturas y fenómenos que, cuando miramos la superficie del mar, no podemos ni anticipar ni adivinar. Esta es una contemplación de esa superficialidad sin fondo.
El libro, además, tiene la ventaja (o desventaja, según cada lector), de poder leerse de muchas maneras diferentes, siguiendo la numeración de las páginas, en orden de fechas, por primeras líneas, o en el orden que le plazca al lector: la lectura puede comenzar en cualquier "capítulo" y seguir por cualquier otro, según el ánimo. El texto se presta para abrir una página y leer un poco, y luego brincar a otra, y a otra... O leerlo como si fuera la vida en su apariencia más superficial: una trayectoria lineal...
[Publiqué parte del libro "por entregas", en una bitácora homónima; esta, sin embargo, es la versión final. Aunque ya no actualizaré más la bitácora, allí se pueden ojear partes del texto, ojalá como aliciente para descargar y leer el libro completo. Gracias de antemano a los lectores.]
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