Mundo Culinario
Mi nombre es Jesús Antonio Criado Gasque, soy originario de Cancún, Quintana Roo, una ciudad vibrante y llena de vida en el Caribe mexicano. Desde muy pequeño, la gastronomía ocupó un lugar especial en mi corazón, motivada por la riqueza cultural y la diversidad de sabores que caracterizan a mi tierra natal. Sin embargo, mi verdadera aventura en el mundo de la cocina comenzó hace más de una década, cuando decidí seguir mi pasión y dedicarme profesionalmente a esta arte que combina creatividad, técnica y amor por la comida.
Crecí en Cancún, rodeado de playas de arena blanca y aguas cristalinas, pero también expuesto a una mezcla única de culturas que cruzaban fronteras y enriquecían la gastronomía local. La influencia de la cocina maya, la presencia de comunidades extranjeras, y la variedad de ingredientes tropicales que ofrecía mi entorno, despertaron en mí un interés natural por entender cómo los sabores pueden contar historias y unir a las personas. Desde muy joven, me sentaba en la cocina con mi familia, observando y aprendiendo las recetas tradicionales, que con el tiempo se convirtieron en la base de mi pasión.
A los 18 años, con una curiosidad insaciable y un deseo de aprender más, decidí dar un paso importante en mi vida: comenzar mi formación en gastronomía. Sin embargo, antes de sumergirme en los estudios académicos, encontré en el trabajo como mesero una oportunidad perfecta para entender mejor el funcionamiento de un restaurante y conectar con los clientes. Este fue el primer contacto directo con la industria, y desde ese momento, mi interés por la cocina se intensificó.
Trabajar como mesero no solo me permitió aprender sobre la atención al cliente y la organización en un entorno de alta demanda, sino que también me dio la oportunidad de observar a los chefs, entender la dinámica de la cocina y familiarizarme con diferentes técnicas y estilos culinarios. Cada platillo que servía, cada sonrisa de un cliente satisfecho, fortalecían mi deseo de convertirme en chef y crear experiencias gastronómicas memorables.
Inicié mis estudios en una reconocida escuela de gastronomía, donde aprendí desde las técnicas básicas hasta las más sofisticadas, incluyendo la pastelería, la cocina molecular, la innovación en la presentación y el uso correcto de ingredientes. La formación fue rigurosa, pero también inspiradora. Cada clase era una oportunidad para experimentar, equivocarse y perfeccionar mis habilidades.
Durante mi tiempo en Barcelona, tuve la suerte de aprender de chefs destacados, participar en talleres y prácticas en reconocidos restaurantes, y colaborar en proyectos gastronómicos que desafiaron mi creatividad. La cultura culinaria catalana, con platos tradicionales como la escalivada, el pa amb tomàquet y la crema catalana, se convirtió en una fuente constante de inspiración. Además, la influencia de la cocina mediterránea, con su énfasis en ingredientes frescos y técnicas sencillas pero efectivas, enriqueció mi visión sobre la importancia de la calidad y el respeto por la materia prima.
A lo largo de los años, he desarrollado una filosofía centrada en la autenticidad, la innovación y el respeto por las tradiciones. Creo que un buen chef debe conocer sus raíces y aprovechar la creatividad para reinterpretar los sabores y presentarlos de manera que sorprendan y deleiten a quienes disfrutan sus platillos. Para mí, la gastronomía es una forma de comunicación, un lenguaje que conecta culturas, historias y emociones.
Me esfuerzo por crear experiencias gastronómicas memorables, fusionando técnicas tradicionales con toques modernos, siempre manteniendo el foco en la calidad y en la satisfacción del cliente. La innovación debe ir de la mano con la esencia de cada ingrediente y cultura, y esto es algo que aprendí tanto en Cancún como en Barcelona.