Alguien me dijo una vez: ¿Cuánto has tardado en escribir tu libro Mentalmente calculé que aproximadamente serían unos tres años, y le contesté eso. Me miró y me dijo: te has equivocado, has tardado 35 años.
Soy ingeniero, y aunque ya desde bien pequeño me gustaba leer e inventar historias, abandoné por completo mi faceta más creativa. La obvié, como si nunca hubiera existido y colmé mi mente de química, física, matemáticas y otras ciencias, que aunque provechosas y útiles, no me llenaban espiritualmente.
Los años pasaron y mi cabeza empezó a revolverse inquieta; de repente me quedaba absorto y abducido mientras miraba cuadros impresionistas o leía autores de la talla de Keourac o Sommerset Maugham. Como sus personajes, quería viajar, sentir, pintar, escribir y entregarme al arte.
Un día cualquiera me desperté, y aún sin tener los conocimientos o estudios necesarios empecé a escribir; aquí empieza mi historia.