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Foro para escritores de Bubok

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tenientetulip
Mensajes: 842
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008

VI CERTAMEN DE RELATOS DE USUARIOS DE BUBOK

13 de Abril de 2009 a las 0:41

Gracias. Muchisísimas, como dice mi ahijado. A los que entendieron que "La fuga de Logan" merecía puntos (valorando también que, al hablar de una serie de los 80, revelo que de 30 ya no voy a morirme), a los que entendieron que no los merecía, a los que entendieron que lo que merecía eran unas hostias y, en general, a todos por no haberos matado viendo cómo se ha puesto el patio.

  Había pensado en chulearme un rato, más que nada por mantener la fama de soberbia que me acompaña (y que me parece que se está apoderando realmente de mí porque cada vez me encuentro más divina); pero es cansado. Así que renuevo los agradecimientos y paso a anunciar el tema de la próxima edición (de momento van 6 y no hay víctimas; pero, como en los videojuegos, aunque aún tenemos todas las vidas, nuestra barra de energía está llegando a límites preocupantes...).

  Sé que vais a odiarme, pero... Creo que después de lo que hoy he leído al llegar (al llegar de mis ejercicios espírituales, diga lo que diga R2 y foto de su post mediante), tooooooodos (sin excepción) deberíamos reflexionar. Y no se me ocurre mejor manera que escribiendo. Así que el tema elegido es:  el EGO.

Ego: yo, altivez, soberbia, arrogancia, engreimiento, presunción, inmodestia, aires

  Llevamos ya suficientes certámenes como para que esté segura de que, de cualquier tema, pueden salir buenos relatos.

  Mañana coloco el tema de fechas. Hoy ya os he dado la tabarra bastante.

Agradecida:

Teniente Ripley

concursoderelatos
Mensajes: 1.692
Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 18 de Abril de 2009 a las 20:36

El PERDÓN

Lo que a continuación voy a relatar es uno de los casos más perturbadores a los que he tenido la desgracia de enfrentarme en mi carrera policial. Se trata de una reconstrucción realizada a partir del material informático encontrado en el lugar de los hechos. La naturaleza de los sucesos narrados es tan extraña, que me atrevo a recomendar al lector que, si tiene aprecio a su propia cordura, lo considere una mera ficción surgida de mi imaginación.

--------

John Voight llevaba más de una hora enfrascado en uno de los múltiples chats que visitaba frecuentemente. A pesar de haber conseguido entablar conversación con algunas candidatas prometedoras, ninguna había captado su interés lo suficiente. Aunque su hambre era voraz y había pasado ya demasiado tiempo desde que lo saciase por última vez, decidió abandonar la búsqueda.

Estaba a punto de apagar el ordenador, cuando una ventana se abrió en el escritorio de su ordenador; era una solicitud de conversación privada. A pesar de que el mensaje era corto y sencillo, le provocó un escalofrío de inmediato.

God> Hola John.

Quién estuviese al otro lado de la línea, conocía su nombre real, a pesar de que estaba seguro de haber cubierto sus huellas de forma absolutamente perfecta. Pensó en apagar el equipo e ignorar el mensaje, pero luego se dijo a si mismo que era mejor intentar averiguar quién se escondía tras aquel prepotente apodo.

RedRoom> Te equivocas, no me llamo John, ¿quién eres tú?

God> Dios.

RedRoom> ¿Estás diciendo que eres Dios?

God> ¿No crees que lo sea?

RedRoom> Ni por un momento.

God> ¿Y cómo puedo saber quién eres, John?

RedRoom> No sé por qué piensas que me llamo así, pero te repito que te equivocas.

God> El único que se equivoca eres tú, John. Soy Dios y lo sé todo sobre ti.

Voight sintió como las manos le comenzaban a sudar, mientras miraba con incredulidad la pantalla. Volvió a pensar en apagar el equipo, pero luego tecleó, furioso, una nueva respuesta.

RedRoom> ¡No sabes nada de mí!

God> Sé la angustia que sentías cuando tu padre te castigaba. Sé cómo te encerraba en el sótano maloliente de tu casa en Brooklyn, rodeado de ratas y cucarachas, y cómo tu angustia y dolor se transformaba en rabia y amargura. Sé como pagabas tu odio con los pequeños roedores, que aprendiste a coger con tus manos y estrangular lentamente, y sé cómo, sentir su frágil vida escaparse entre tus dedos, te causaba un gran alivio y placer.

Voight retrocedió asustado en su silla. Intentó aclarar su mente y comprender cómo alguien podía conocer detalles tan íntimos de su vida. Una idea empezó a abrirse camino en su mente: tenía que tratarse de la policía. Seguramente al final habían descubierto su identidad y se habían infiltrado en los chats para buscarle. Probablemente sólo sospechaban e intentaban que él mismo se traicionase, utilizando datos biográficos deducidos a partir de su historial. Pero no lo iban a conseguir; él siempre había ido un paso por delante de ellos y seguiría haciéndolo, porque era más listo e inteligente de lo que ningún policía llegaría a ser jamás. Si querían jugar al gato y al ratón, jugaría…

RedRoom> Una historia interesante, pero no tiene nada que ver conmigo. Para ser Dios estás muy confundido; te aseguro que tuve una infancia muy feliz.

God> ¿Feliz? ¿Eras feliz, John, cuando tu madre murió con el cuello cortado por tu padre medio borracho? Sólo tenías ocho años y viste como su sangre salía borbotones, mientras sus ojos perdían su luz hasta fundirse en la negrura. Ella fue la primer mujer que viste morir… ¡y te gustó!

RedRoom> Creo que el que disfruta eres tú diciendo estas barbaridades. Algo paradójico para alguien que dice ser Dios ¿no?

God> Sé, que piensas que soy un policía, John, pero no intento meterte en la cárcel. Lo único que pretendo es demostrarte la verdad de mis palabras. Dime, ¿podría un policía saber lo que guardas en la nevera escondida de tu sótano?

Voight se estremeció, levantándose de su silla con frustración. Era imposible que lo supiera, ningún policía podía saber algo así ni deducirlo de un simple expediente. Empezó a andar nervioso de un lado a otro de la pequeña habitación, incapaz de decidir qué hacer. En un arranque de desesperación tiró del cable de alimentación del ordenador desconectándolo. El monitor se apagó con un chasquido, pero, sólo unos pocos segundos después, volvió a encenderse mostrando en la pantalla una nueva frase.

God> Huir no es opción, John. No puede huir de Dios. Vuelve a sentarte y deja que te explique lo que quiero de ti.

Voight no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Su ordenador estaba funcionando, a pesar de estar desenchufado y, aquel demonio, parecía saberlo todo sobre él e incluso parecía leer sus pensamientos. La única explicación es que alguien que se había infiltrado en su casa, descubriéndolo todo. Seguramente había manipulado su instalación e incluso le había colocado dispositivos espía por todo el piso; por eso conocía sus movimientos y reacciones. Pero no podía ser un policía porque, si fuese así, ya estaría en la cárcel esperando una sentencia de muerte. Puede que intentase hacerle algún tipo de chantaje.

RedRoom> ¿Qué quieres de mi exactamente?

God> Lo que quiero es ofrecerte mi perdón, John, y lo único que te pido a cambio es que me expliques por qué lo has hecho, sólo eso.

Voight deslizó el ratón con cuidado por la pantalla, hasta encontrar un programa rastreador, capaz de devolverle en unos segundos la dirección IP y la localización geográfica de su interlocutor con gran precisión.

RedRoom> Si quieres saber el por qué, te lo diré. Lo hice porque era la mejor manera de demostrarle al mundo mi valía y mi superioridad. Cometí las peores atrocidades que fui capaz de imaginar, porque quería comprobar si el mundo sería capaz de descubrirme. Y… ¿sabes qué? No lo fue. Ni siquiera cuando empecé a mandar mensajes y a dejar algunas pistas, los mejores sabuesos del cuerpo de policía fueron capaces de encontrarme. Y eso es porque soy mucho más inteligente y tengo la fuerza y capacidad que ellos no tendrán nunca.

En la pantalla, el programa rastreador se obstinaba en devolver una y otra vez el mismo mensaje: Reintentando…

God>  ¿Qué sentías al hacerlo, John?

RedRoom> Poder y control. Ver, como sus ojos reflejaban un miedo atroz ante mi mera visión, mientras las tenía encerradas, y cómo suplicaban mi perdón, como lo hubiesen hecho ante la cólera del mismo demonio, me proporcionaba el mayor placer que puedas imaginar. Soy peor que el propio Satanás, controlé su vida y administré su muerte y nadie pudo impedírmelo. Dime, tú, que dices ser Dios, ¿me darás ahora tu perdón?

God> ¡Claro! Es más, te daré tu recompensa porque tenías razón.

Voight miró con perplejidad el monitor. El rastreador seguía sin devolver ningún dato útil.

RedRoom> ¡Razón!... ¿En qué?

God> En que no soy Dios.

Un calor insoportable empezó a invadir el cuerpo de Voight, comenzando en medio del tórax y extendiéndose rápidamente al resto de su cuerpo. Chilló con fuerza y desesperación, mientras sentía su cuerpo consumirse por las llamas. En su agonía pudo distinguir una risa lejana y una última frase llegó a su mente “No me gusta que se comparen conmigo”.

--------

John Voight fue conocido en los medios como “El Degollador”. Durante un periplo de diez años se especializó en secuestrar, violar, torturar y degollar, finalmente, a más de veinte mujeres entre los dieciséis y treinta y dos años de edad. Solía captar a sus víctimas mediante internet, para luego ganarse su confianza y secuestrarlas. Fue encontrado muerto, víctima de un incendio, del que no trascendieron detalles a la opinión pública.

Lo que no se contó es que Voight apareció consumido completamente por las llamas, de tal forma que sólo su dentadura y sus pies permanecieron intactos. El resto del cuerpo se carbonizó en su totalidad, sin que, paradójicamente, nada del mobiliario sufriese daño alguno. Ni siquiera la silla en la que se encontraba sentado mostraba rastros de quemaduras, tan sólo el montón de cenizas en que el cuerpo se había convertido.

En un frigorífico oculto en el sótano se encontró una macabra colección de globos oculares perfectamente conservados, que había extraído cuidadosamente a sus víctimas. Sin embargo, lo más asombroso es que, la primera persona en encontrar el cuerpo, un vecino que acudió alentado por los gritos, aseguró que el monitor del ordenador, aún permanecía encendido cuando llegó, a pesar de que el cable de alimentación se encontraba desconectado. Además, dijo recordar perfectamente que en la pantalla se mostraba el siguiente mensaje:

Localización: Desconocida - IP: 6.6.6

FIN

concursoderelatos
Mensajes: 1.692
Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 19 de Abril de 2009 a las 16:51

OLVIDADA MODESTIA

 

    Era el cumpleaños del jefe de planta de unas oficinas situadas en una gran ciudad, en su núcleo financiero.

 

    Se hallaban los empleados y su superior celebrándolo, charlando animosamente unos con otros, tomando unos canapés en el comedor colectivo, alrededor de una mesa en cuyo centro había una gran tarta de chocolate  dispuesta para ser ingerida por todos ellos en breve.

 

    De entre los empleados destacaban dos hombres por encima del resto: uno que estaba triste y otro que estaba contento y radiante, pero que era un engreído.

 

    El que estaba triste apenas hablaba, todo serio, encorvado, ojos vidriosos, sin  comer… Tan sólo sostenía con su mano derecha un vaso blanco de plástico con champán en su interior, que iba bebiendo a pequeños sorbos, con desgana.

 

    El engreído parecía que se iba a partir por la mitad cada vez que reía, sonora y estrambóticamente, siempre cerca del jefe, agasajándole. También se metía, cada poco y medio en broma, con algún compañero, para ponerle en evidencia y quedar él a ojos de todos -sobre todo a los del encargado, que no era un mal tipo, así a primera vista- como una persona lista y preparadísima para la realización de las tareas laborales que allí debía cumplir cada día, cuales fueran. Abundaba en él, así pues, la jactancia de unas características que evidentemente tan solo él parecía poseer.

 

    De repente, observó que el único que no reía sus gracias era, claro está, el triste. Le dijo, como indignado ante la pasividad hacia sus tonterías:

 

    -Qué pasa, ¿tú no te ríes? –miraban todos la escena, callados de repente.

 

    -No. No estoy de humor hoy –negaba con la cabeza el triste, con la mirada baja, hacia la tarta, para ver si reparaban en ella y se la comían, y para que así se acabase aquella celebración de una vez, y de paso dejasen de mirarle.

 

    -Vaya hombre, ya tenía que salir un aguafiestas… -dijo para sí el engreído, aunque en realidad lo expresó en voz alta para que le oyeran todos, como siempre.

 

    -Psss… -soltó el triste, en claro gesto de desagrado ante las apreciaciones de su compañero sobre su ánimo.

 

    -¿Y qué te pasa para estar así? –preguntó el engreído, desafiante.

 

    -Nada, que hoy se me acaba el contrato y no me renuevan.

 

    -Eso es porque no debes trabajar bien.

 

    -Sí que trabajo bien, pero ahora sobra gente.

 

    -Bueno, si trabajaras bien seguirías. Yo sí que trabajo bien… -presumía el engreído, mirando al coordinador, que no decía nada.

 

    -Tú que vas a trabajar bien… -le dijo el triste, resignado ante la chulería del otro.

 

    -Pues sí, soy un trabajador de puta madre, no como tú, que eres un inútil –le encantaba al engreído presumir de su supuesta valía, que a decir verdad no era tal.

 

    Algunos rieron. Esto indignó al triste, por lo que lleno de ira, cogió la tarta y se la estampó al engreído en toda la cara, quedando ésta llena de chocolate. Acto seguido se dio la vuelta y dijo, al tiempo que se marchaba de la estancia, de la celebración y de la empresa:

 

    -Porque seas un chupapollas no quiere decir que trabajes bien –y una ligera sonrisa se dibujó en su expresión facial.

 

    Y de esta manera, el triste pasó a estar alegre, y el engreído a estar no triste pero sí bastante mal, después de que le bajara del cielo –con la acción primero y con la palabra después- un ser que había sacado su propio orgullo, ése que tan intacto había tenido él durante mucho tiempo. Quizá demasiado.

supermarioep
supermarioep
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Fecha de ingreso: 13 de Abril de 2009
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  • 19 de Abril de 2009 a las 17:11
                                  SUSURROS
Allí se encontraba arrodillado,como los últimos diez años,y les decía entre susurros, !por que lo hicisteis!...

Aquella mañana de verano no era una mañana cualquiera,Frederic estaba ante la oportunidad de su vida,tenía una entrevista de trabajo que posible mente le proporcionaría el dinero suficiente para dar a su mujer todo lo que quisiese.Alas 7.35 sonaba el reloj sin parar,pero Frederic no se levantaba.
Su mujer Andriana ya estaba acostumbrada, Frederic siempre se acostaba tarde pues se quedaba a ver los documentales de madrugada.
-Free,levantate que es tarde.
-¿que hora es?.
-Las 7.50
-!Joder!,no sabes que tengo que estar en la entrevista a las 8.30,!por que me apagastes el reloj!.
-Yo no apagué nada Fre,lleva sonando te veinte minutos.
Frederic,era el hombre mas arrogante,engreído y presuntuoso,que se podía encontrar una mujer,siempre quería tener la razón,aun cuando no la tuviese hacia por tenerla.
Era alto y rubio,de ojos azules,un modelo a seguir para todos los hombres.
Andriana era bajita,no llegaba al metro y medio,ojos castaños,cabello moreno,y demasiado buenachona para con su marido.
Se habían conocido hacia dos años,en la noche de San Juan,estaban bebidos,y no paraban de decir tonterías como todos los del grupo aquel día.
Después de media noche,el alcohol empezaba a pasarles factura,hasta tal punto que cuando se dieron cuenta el mal ya estaba hecho...
Frederic,aun era virgen a sus veintinueve años,y pensaba que aquella noche podría ser su oportunidad.
-No es mi tipo pero puede valerme...
Se decía mientras dejaba caer el cubata que tenia en las manos.
Andriana a sus treintaicuatro años,también era virgen,y sin apenas conocerlo se tiro a sus brazos.
Tres años después estaban casados y con un hijo.
Pero Frederic no la deseaba,se casaron por sus padres que eran muy religiosos,y no consentirían tener a un hijo con un bebe y sin casarse.
Frederic quería encontrar un trabajo que le proporcionara el dinero suficiente para darle lo mejor a su esposa y después abandonarla.
A sus amigos les decía que su mujer era poca cosa para él,que no valía mocho la pena,pero que tenía que estar con ella por sus padres, que ya eran mayores y no quería defraudarles.
Desde aquella noche de San Juan,no volvieron a hacer el amor,frederic siempre se acostaba lo mas tarde posible para meterse cuando andriana ya estuviese dormida.
Los primeros once meses no le supuso mucho problema,pues andriana tubo dos amenazas de aborto y no le recomendaban hacer muchos esfuerzos.
Después de tener al niño,andriana ya no le importaba mucho,pues primero era su pequeño,pero empezaba a cansarse de su apatía para con ella.
A sus compañeros del equipo de fútbol donde Frederic jugaba los domingos,les decía que en la cama el hacia con mujer lo que quería de ella.
Le encantaba tener eses aires de grandeza ante sus compañeros,siempre era así de presuntuoso.
Con su aspecto físico no le faltaban pretendientas,y mas de una vez se había dejado llevar por la tentacion,aunque por el momento no había pasado de eso.
Aunque no la quería,su ego no permitiría que su mujer le pusiese los cuernos con otro,no aguantiaría las burlas de sus compañeros,era bastante presuntuoso para permitir semejante ofrenda,por eso el también le había sido fiel en ese aspecto.
La entrevista resulto ser un fracaso,y Frederic se emborrachó antes de llegar a casa.
Cuando se disponía a entrar por la puerta de casa,escucho a través de ella...
-Me ha encantado,cuando nos volvemos a ver.
Y en ese momento salia un fontanero,con una llave en la mano...
Su ira se desbordo,y el alcohol ya le había empezado a pasar factura hacia un buen rato.
Sin pedirle explicaciones la cogió y la tiró escaleras hacia abajo,cuando llegó al final,ya en el descansillo,Andriana permanecia inmóvil y no volvería a respirar...
Sus aires de grandeza,su arrogancia.y sobre todo su ego,no permitirían jamás que una mujer como aquella,a la que no había querido jamás,perturbase de semejante manera su vida,pues sería el hazme reír de todo el pueblo,y eso con lo presuntuoso que era no dejaría que sucediese,por lo menos sin darle antes su merecido.
Cuando miro que Andriana no se levantaba,empezó a  asustarse,apenas miraba con la borrachera que tenía encima.
-! Papi por que tiras a mama!
Cuando Frederic se dio la vuelta para ver a su hijo,perdió el equilibrio y calló también por las escaleras hacia abajo.
Allí quedaron los dos inmóviles y sin respirar...










concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 21 de Abril de 2009 a las 13:10
Acerca de mí.

¿De qué quieres que te hable? ¿De mis días de infante en un reino que nunca me perteneció? ¿De castillos de madera y laberintos de zarzas? ¿De sobremesas bregando vientos atrapados en empopadas junto a la ventana? ¿De bicicletas otoñales en busca de un arcoíris sembrado en un helado barrizal? ¿De tardes de lluvia? ¿De tardes, de lluvia? ¿De noches de náufrago en un mar tenebroso  sobre una endeble balsa? 
Si quieres puedes creer que fui aquel niño, pero todo eso pasó y de aquello ya no queda más que un recuerdo alienado, alguna vieja foto mojada y ningún adiós. 


¿Qué quieres que te cuente? ¿Que fui un titán desterrado? ¿Que soñaba con vengar lejos mis supuestas afrentas y regresar, algún día, para lucir con desprecio la gloria de mi espada? ¿Que la amaba secretamente noche tras noche, alba tras alba, confesándole al sol naciente mis deseos suspiro tras suspiro? ¿Que los odiaba? ¿Que me odiaba? ¿Que ya entonces no podía decir te quiero, así se pudriera mi corazón implosionado? 
Si quieres imagina que fue así como sucedió todo, pero sabrás que no esa la mancha que lastra al destino que me acuna, por mucho que no crea en él. 


¿Cómo quieres que te lo explique? ¿Si el universo se detuvo en un instante mientras para el resto siguió en movimiento? ¿Si nunca más la música pudo ser alegre? ¿Si nunca más escuché un cuento que confortara mis sueños? ¿Si solamente el océano comprende mi pesar? ¿Si aún siento el mismo vacío?  ¿Si no lloraron mis ojos? ¿Si sigo llorando por dentro? ¿Si aún sigo estando solo? 
Si quieres piensa que miento, que todo esto no más que un ardid, que el muy cabrón que te desechará tras follarte, además, quiere que lo compadezcas tirando de puta literatura sin cuento.

concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 21 de Abril de 2009 a las 19:29

El Profeta loco.

-Jajajaja!!!- una risa trastornada, llena de demencia y de sonoridad inhumana irrumpió repentinamente en la oscuridad muerta.
-jajajaja!!!- la risa continuaba, frenética, febril, enfermiza; como una locura, como una hecatombe de sacrificios y de muerte. Por donde pasaba, unos gritos de horror y de desolación repondían al pavor vaporoso que invadía todo el lugar.

De pronto, una voz -si se le puede llamar voz a eso que oí- profirió un anuncio que me llenó de terror y desconcierto -yo soy Abdul Zaann el Profeta! El más grande de toda su estirpe y el que alcanzará el don de la inmortalidad…! Yo..!- repentinamente un gruñido visceral y sardónico salió de la garganta de ese ser. Sus gritos cesaron, su locura se apaciguó. Pero solo fue un instante… pues en un arrebato de cólera sus gritos volvieron a estremecerme.
Quién demonios eres tu?!- escupió con fingida sorpresa.
Y entonces mis ojos contemplaron algo que nunca he podido olvidar. Esa detestable imagen, impuramente anormal… Era un ser impío, antinatural, una falacia de la realidad. Su imagen, lejos de inspirarme estupefacción, me recordava perversamente a algún monstruo horroroso de las profundidades estígias de mi mente.

-Yo, soy tú. Mírame bien! No me reconoces?- pronunció el nuevo ser, con un sonido gutural.
La respuesta que vino a continuación y que me heló la sangre, solo fue el principio de un holocausto caníbal más allá de toda imaginación. La primera bestia profirió un aullido tan terrorífico que perdí la cabeza. Mi cuerpo se estremeció y perdí el control. Quizá no llegéis a entender lo que os contaré, o no me creáis, pero os juro que es la pura verdad. Y no fue por lo que vi u oí lo que hace que mis noches estén plagadas de pesadillas extravagantes, sinó por lo que “sentí”…:

No podría decir si era de un perro, de un lobo o de un coyote; quizá una mezcla de todos ellos. Pero el aullido que vomitó la primera bestia me transmitió perversamente lo innominable de su procedencia. La bestia respondió al segundo ser, al cual estaba mirando fijamente:
-Bastaaaaardo…! Tu no eres yo, yo soy único! Yo soy Abdul Zaann, quien ha vuelto de la tierra de los Dioses, quien ha viajado por infinitas latitudes prohibidas y ha vuelto para contarlo…! Yo… yo he visto a los Dioses, regocijarse de su poder... y me he reido de ellos! He hollado en las inmensidades cenicientas, y he visto colores y luces que ningún portal jamás imaginará! Y pronto me convertiré en un Diós!
Y en ese preciso instante, cuando terminó de esputar esas blasfemias innombrables, se avalanzó como un demonio pesadillesco sobre el otro ser. La muerte goteante hizo acto de presencia, untando de rojo y carmesí los brazos asquerosamente retorcidos de la primera bestia. Ésta rió insensatamente mientras de todos lados llegaban, como atraídos por el líquido del mismo Hades, una ingente cantidad de criaturas amorfas, de contornos grotescos y cuerpos deformados.
Sus ojos, habían enloquecido. Rojos como el ocaso huían de sus concavidades, delirando en serpenteantes giros espasmódicos. Entonces empezó a proferir ciertos gruñidos y un conjunto indefinible de sonidos acompasados. Abdul Zaann, el Profeta, el Único, saltó frenéticamente sobre ese torrente de aullantes sombras torrenciales de una demencia roja y viscosa. Devoró la carne, los huesos y los jugos abominables y caleidoscópicos en medio del pandemónio nebuloso. Y entonces en medio de sombras burlescas pude ver, como su cuerpo ensangrentado, caía lánguidamente en el eterno vacío del estéril averno.

Cuando recobré la cordura, me encontraba en la cama de un hospital. Me dijeron que había tenido un accidente en un parque temático y que había perdido mucha sangre por culpa de un corte con un cristal de la “sala de los espejos deformadores”. Entonces me acordé de Abdul Zaann y de todas sus palabras, y me di cuenta, aterrado, de que no habían sido esos diablos peludos, deformes y blanquecinos los que habían asesinado al loco profeta. Quién había acabado con su vida había sido él mismo, reflejado en la locura de decenas de espejos de silencioso secreto.

maria733a
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Fecha de ingreso: 24 de Diciembre de 2008
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  • 21 de Abril de 2009 a las 20:30


maria733a
Mensajes: 40
Fecha de ingreso: 24 de Diciembre de 2008
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  • 21 de Abril de 2009 a las 20:42

concursoderelatos
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Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 21 de Abril de 2009 a las 21:13
Me encomiendo a los dioses de internet para que este relato no se descoloque demasiado...

BIGUIDIBELA

Hace mucho tiempo, cuando el mundo todavía estaba inmerso en la creación, los dioses comenzaron a dar vida a los animales. Miles de aves, con plumajes de todos los colores y formas, llenaron los cielos del mundo, siendo la envidia de todos los seres que las contemplaban. Las vio entonces la biguidibela y, sin poder evitarlo, se acercó a un colibrí que revoloteaba de flor en flor.

-¿De dónde has sacado esas plumas tan hermosas? –le preguntó al colibrí.

-Me las dieron los dioses –contestó éste marchándose con su rápido aletear.

La biguidibela lo miró marchar, llena de envidia y de odio. No podía dejar de preguntarse por qué los dioses habían sido tan crueles con ella. Había dotado a todos los seres que poblaban aquellos lares de hermosos colores y vistosas plumas, pero a ella no. Todas las aves parecían volar junto a ella para que pudiera ver lo hermosas que eran a su lado. La biguidibela se acercó a un lago y contempló su reflejo, era un ser oscuro, sin pelo ni plumas que ocultara su piel. Extendió las alas y se imaginó lo hermosas que estarían llenas de plumas de colores. La biguidibela miró al cielo, había tenido una idea. Voló hacia los dioses y se presentó ante ellos con la cabeza gacha, rogando un poco de compasión. Pero los dioses se burlaron de ella.

-¿Qué quieres biguidibela? Se nos acabaron las plumas de colores. Tendrás que conformarte con tu imagen, seguirás siendo la mariposa desnuda que creamos –y la biguidibela se fue, furiosa, hasta la tierra de nuevo.

Pasaron así varios meses y el calor se fue dejando paso al invierno. La biguidibela sufrió más que nadie aquellas inclemencias. No en vano, estaba desnuda, no tenía nada que cubriera su piel y el frío no le permitía moverse. La vieron así las aves, acurrucada en un rincón, rogando, para que el frío cesara, a los mismos dioses que le habían negado la belleza y todas se apiadaron de aquella criatura. Un quetzal se acercó y arrancándose una de sus plumas, la más hermosa y colorida de su cola, se la tendió. La biguidibela la miró sin comprender la bondad que había tras el gesto, pues no había bondad en ella.

-Aquí tienes, biguidibela, no puedo darte más –le dijo el quetzal.

La biguidibela cogió la pluma y la colocó sobre su piel. Entonces se dio cuenta de que podía conseguir lo que los dioses le habían negado. Levantó el vuelo sin importarle el frío y voló en busca de las aves más hermosas. Todas y cada una de ellas le regalaron una pluma, siempre la más bonita. Y la biguidibela vio su cuerpo entero cubierto por las plumas más hermosas que existían en la naturaleza. Se acercó al río y contempló su aspecto, ahora era la criatura más hermosa de la existencia y no podía dejar pasar la oportunidad de hacérselo ver a los que le habían negado la belleza. Voló hacia el cielo, sin importarle lo alto que estuvieran los dioses. Las corrientes de aire comenzaron a agitar sus plumas y algunas se desprendieron de su piel. Pero a la biguidibela no le importó. Siguió volando hasta alcanzar su destino y una vez estuvo ante los dioses, comenzó a danzar en el aire, mostrando su hermoso plumaje. Los dioses quedaron impresionados por aquello y la biguidibela creyó que era el ser más maravilloso de la creación.

Voló y voló hasta que sus movimientos, acompañados del viento, provocaron que las plumas comenzaran a caer hacia la tierra.
La biguidibela contempló avergonzada cómo volvía a quedarse desnuda y sintió tanta vergüenza que voló hacia la tierra en busca de un lugar en el que esconderse. Nadie volvió a verla a la luz del día. Ningún pájaro supo jamás de su destino y todos se preguntaron qué había sido de la mariposa desnuda.

Cuenta la leyenda, que tras bajar de las nubes, la biguidibela buscó una cueva en la que esconderse, la más oscura que encontró. Allí se refugió a la espera de que el sol se ocultara y así nadie tuviera que contemplar su belleza perdida. Avergonzada por su acción, cerró los ojos para no tener que volver a mirar su horrible aspecto. Y así fue, cuentan las leyendas, como la mariposa desnuda se convirtió en murciélago.
concursoderelatos
Mensajes: 1.692
Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 21 de Abril de 2009 a las 21:55
          Relato el spicopata loco...

“Madrid año dos mil ocho, a las nueve de la mañana, hace acto de presencia doña Sofía Irmán de la cruz, denunciando posible secuestro de la señorita…..”. Una breve pausa interrumpió el teclear de la máquina de escribir.
-¡Dichoso policía, le estoy diciendo que de posible nada, lo vi con mis propios ojos, la cogió del brazo, la metió dentro del coche a empujones y piso el acelerador, no es un posible secuestro es un rapto en toda regla!
La señora Sofía disponía de unos enormes coloretes en su rostro debido a su enojo furioso.
-¡Por favor señorita, haga el favor de sentarse!
El agente Baldeen, miro de reojo a la señorita Sofía, permanecía nerviosa, disponía en sus manos una pequeña caja de cerillas cual no cesaba de dar vueltas entre sus pequeños dedos. Sofía era una mujer joven. Tenía treinta y ocho años de edad; físicamente, era una mujer alta, de figura delgada, ojos verdes, pelo rizado largo hasta su cintura, de color avellana. Con una característica en ella, cual la hacia diferente a las demás chicas, esas pequeñas pecas, cuales sobresalían de su pequeña pero puntiaguda nariz. Era hermosa, pues cada rasgo de su rostro sonrosado, con ese pequeño toque a blanquecino, le hacía ver una chica joven, repleta de vida.
-¿Y dice usted que solo usted lo vio, no hubo más testigos?
Pregunto el agente introduciéndose el dedo en la nariz mirando la cara de sorpresa de Sofía.
-¡Es usted un agente impresentable señor…… como narices se llame! ¿no le enseñaron a tener un poco de respeto ante las señoras en la academia donde estudio?
-¿Sabe señora? ¡Usted sí que es una señora impresentable e irrespetuosa!, ¡Me tiene harto con tanta pamplina que me está contando, lo que usted me cuenta sin duda alguna, aparenta ser una pelea entre novios no un secuestro!
El agente Tom se acerco deprisa por detrás de este, al ver que Baldeen comenzaba a perder los nervios.
-Quizás deberías de tomarte un descanso Baldeen, últimamente has descansado poco.
Dijo el agente Tom apoyándole la mano sobre el hombro. Tom, era un hombre, apuesto, a pesar de esos kilillos de mas, cuales por sus cercanos cuarenta años, se apoyaban en su hermosa barriga. En la actualidad, era un hombre felizmente casado, con cinco hijos cuales adoraba con locura, y una mujer simplemente perfecta.
-Tomate algo anda, ya atiendo yo a la señora.- dijo Tom a Baldeen.
-Gracias – respondió Sofía angustiada por la situación.
Baldeen, se levanto de la mesa furioso con ganas de reventarle la cabeza a aquella pobre mujer, que lo único que había hecho había sido interponer una denuncia.  Sin embargo, había algo en ella que le causaba un pequeño escalofrió.
-Debe por favor de perdonar a mi compañero 
Dijo el agente Tom intentando disculparse ante aquella señora completamente desquiciada de los nervios.
-¡Si no está preparado para el trabajo que ejerce no debería de estar en el cuerpo, es un maleducado insoportable!
-¡Le pido nuevamente mil disculpas señora, le aseguro que es el mejor agente que tiene el cuerpo! – respondió Tom
-¡Si ese es el mejor!- dijo la señora con ironía- ¿cual será el peor?
-Por favor – Digo Tom indicándole que  hiciera el favor de tomar nuevamente el asiento.
Aquel día no había sido el mejor de todos para Baldeen, un hombre cual historial había sido intachable hasta hacia un par de semanas. De la noche a la mañana, se había transformado en un hombre totalmente diferente. Tenía cuarenta y dos años recién cumplidos, pero aquella mirada triste, ojeras, barba sin aceitar de varios días, aparentaba ser un hombre solitario, abandonado de su vida, a falta de buena higiene y mimos. Aún recordaba a Alicia, aquella mujer que le llevo a la ruina, dejándole abandonado a su suerte como si fuera un vulgar perro que te aburres del y lo tiras. Añoraba aquella vida que antes tenia, cuando se levantaba medio abrumado por el sueño, de haber pasado una velada grata con su esposa, sobre el ático introducidos en un pequeño jacuzzi, la maquinilla nueva, le resbalaba por su rostro,  pasaba por ella con tanta precisión, como el aceitar del bello fino de una mujer. Hacia tanto tiempo que no utilizaba una buena colonia, que no recordaba su olor, aquella sensación de sentirse seguro de si mismo, el tiempo se lo llevo consigo. Pero perduraba en el la inteligencia, el razonamiento, la comprensión y la sinceridad. Los valores de la vida no los había olvidado. No le quedaba nada de aquel pasado. Solo una amarga experiencia, y una cuenta de dinero olvidada en alguna parte de su lejano recuerdo. Su única hija Devora había desaparecido en una fiesta, en su veintiún cumpleaños, y nadie parecía saber de ella. Se maldecía a sí mismo por creer que era un completo incompetente en su trabajo como inspector, pero una cosa tenía muy claro en su vida, llegaría hasta el fondo y encontraría a su hija.
-El señor Joan quiere verle agente Baldeen.
La señorita Evans, era una mujer atractiva y encantadora, puede decirse que disponía de una educación exquisita. Apenas tenia veinticinco años; el único defecto que tenía aquella guapa chica con el pelo corto y esa mirada juguetona. Era que hablaba por encima de los codos con cualquiera de cualquier tema o cosa. Pero si un tema le apasionaba, era hablar de los problemas familiares de los demás. 
-Gracias  -respondió Baldeen
-Me entere el otro día Baldeen, lo lamento. – dijo ella bajando la mirada apoyando su mano en el hombro robusto de el.
Baldeen desvió su mirada y se puso en marcha hacia el despacho del señor Joan, su jefe superior.
-¡Siéntese señor Baldeen!
El señor Joan encendió uno de sus puros habanos. Aquel hombre obeso, de gran estatura, con aquel espantoso bigote blanco recién peinado, arrogante, pero sincero. Se consideraba el mejor amigo de Baldeen, a pesar de que fuera su jefe, lo apreciaba muchísimo. Quizás fuera porque estudiaron juntos, o quizás, los años en el cuerpo los había unido, ¿o fue aquella infancia feliz, cuales compartieron juegos con aquella estupida pelota, lo que los unió? 
-El agente Tom, me termina de contar lo sucedido hace un instante con la señora de la denuncia, debo de comunicarle que le voy a dar unas pequeñas vacaciones.
-¿Me está diciendo que me aparta del caso de mi hija? – Baldeen apoyo con firmeza sus dos manos en aquella mesa.
-Nadie le dijo que estaba dentro señor Baldeen – dijo Joan- ¡sabe las reglas, las ordenanzas y todo como esta, además, usted en esas condiciones…, por dios mírese Baldeen! ¿Cuando fue la última vez que durmió y se dio una buena ducha? ¡esta impresentable!
-¡No quiero ningunas vacaciones con todos mis respectos señor Joan!
Respondió rápidamente furioso Baldeen.
-¡No es que se las dé, es que se las estoy ordenando agente Baldeen, tómese unas vacaciones! ,  vuelva en un par de meses, para entonces esto tendrá que estar más que solucionado.
-¡Quiero estar informado, no puede hacerme esto señor Joan!- sus ojos enrojecidos por la furia comenzaron a cobrar forma de odio.
-¡Márchese una temporada fuera, le hará bien!
-¡No quiero irme!- respondió enfurecido.
-¡Ya creo que lo hará!- dijo Joan con una sonrisa dando una bocanada de humo al puro.- ¡Y lo va a hacer ahora mismo!
-¡Me niego!- respondió.
-¿Acaso esta desobedeciendo una orden de un superior?
Baldeen miro a Joan cual no parecía estar hablando en broma.
-¡Por favor se lo ruego señor Joan, no me deje fuera quiero encontrarla!, ¡olvide las ordenanzas por un momento, y piense como viejos amigos que somos!
-¡Márchese señor Baldeen, le comprendo, pero no puede convertir esta investigación en algo personal!
Baldeen sintió una rebeldía insoportable en su interior, algo que no podía evitar sabiendo lo que le podría ocurrir, no quiso pensar más, levanto del cuello a Joan y le sacudió un fuerte puñetazo en la boca haciéndole caer el puro en pedazos. Joan, se levanto rápidamente del suelo, aturdido aun por el golpe inesperado recibido por Baldeen, su voz tomo un tono mucho más severo.
-¡Esto es una de las cosas cual no he permitido a nadie jamás, deje inmediatamente su placa, su arma y márchese!
Baldeen enfurecido dejo su placa y su arma de un golpe seco sobre la mesa de Joan.
-¡La encontrare Joan, la voy a encontrar!
Joan le miro como se marchaba, aquel hombre cual había sido su amigo desde la infancia, había cambiado radicalmente de la noche a la mañana.
-¿Quiere que lo detenga jefe?- pregunto Tom al ver la actitud que había tenido con Joan.
-¡Déjelo! – Joan encendió nuevamente un puro nuevo, tirando el otro roto a la papelera que había en sus pies. - ¡Ya tiene bastante con lo que esta pasando, no saber donde esta tu hijo ya es suficiente!
-¿Usted que piensa al respecto, sobre la desaparición de su hija jefe? – Pregunto Tom curioso viendo alejarse a Baldeen de mala manera por el pasillo estrecho.
-¿Que espero?, ¡que este viva, si, eso espero!, Baldeen es muy buen hombre. – Joan tomo de la mesa una pluma y se dispuso a escribir, mientras Tom, salía del despacho cerrando la puerta tras de si.....      
r2-d2
Mensajes: 3.170
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
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  • 22 de Abril de 2009 a las 7:59

(lo siento, se me fue la olla y posteé en el hilo equivocado. Mil perdones)

concursoderelatos
Mensajes: 1.692
Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
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  • 22 de Abril de 2009 a las 12:16

Cuéntame

- Hola. ¿Te acuerdas de mi?

- No caigo. Quizás me confundes.

- Te haré memoria: septiembre de 1975.

- Déjalo, no sigas. No me interesa. Aquello está pasado y olvidado.

- Yo no olvido.

- Vosotros mandáis ahora, ¿no? ¿Qué más queréis? A nosotros nos da igual quien esté en el poder. Cumplimos nuestro trabajo, entonces y ahora.

- Eso es lo que no me explico, cómo prospera con nosotros la gente como tú. ¿Qué eras tú entonces? Subinspector, como mucho. Y ahora, diez años después, comisario principal. Has hecho carrera, ¿eh?. Y lo que más me jode, con nosotros.

- Mira, muchacho, tú y yo ahora tenemos el mismo jefe: Gonzalo. Algo tendremos en común los tres. Yo estoy aquí porque soy un buen profesional, y mientras el mundo sea mundo todos los gobiernos necesitarán gente como yo.

- Supongo que no hemos podido hacer otra cosa que heredar lo que había. Pero no te engañes: no somos iguales. No lo éramos entonces y no lo somos ahora. ¿O quieres que te recuerde aquellos hechos?

- Recordar … No deberías desafiarme a eso. Si algo tenemos los policías de raza, es una excelente memoria.

- ¿Pero no decías que no te acordabas de mí?

- Mira, en los últimos tres años ya he tenido media docena de conversaciones como ésta. Y me cansa. Claro que me acuerdo de ti. Tú eras de la LCR. Tú también has cambiado tus fervores trotskistas de entonces por estas férreas convicciones socialdemócratas de ahora. ¿Ves cómo en todas partes cuecen habas?

- No lo olvido. No olvido lo que pasamos Gonzalo, Luis y yo. Diez días de infierno, a golpes, sin dejarnos dormir. Lo que me extraña es que Gonzalo no te haya arrinconado, y te tenga ahí.

- Para, muchacho, para. Algún golpe sí que hubo, pero bien que os vino luego como ejecutoria democrática y antifascista, cuando hubo que cobrar réditos. Y nada que ver con lo que se hacia cinco o diez años antes. En el 75 estábamos mucho más suaves. Aunque había instrucciones de arriba de emplearse a fondo, ya te digo yo que de Madrid para abajo, en provincias, la cosa se atemperaba mucho. Y además, cantabais en seguida. Si los que ahora os votan supieran cómo os cagabais encima a las primeras bofetadas ...

- ¡Qué hijo de puta! Ni éramos tontos, ni queríamos ser mártires gratuitos. Sabíamos que íbamos a ser detenidos. Sabíamos que diez días de interrogatorios no íbamos a poder aguantar. Sabíamos qué información buscabais: la multicopista, los enlaces con el Comité Central. Habíamos calculado la información que tenía que soltar cada uno, y cómo ir soltándola para dar tiempo a los camaradas a escapar.

- Pues mira, lo sacamos todo, todito, y no fue así, a pocos a pocos, sino de golpe.

- Lo machacasteis. A Luis lo machacasteis.

- ¿Luis? Si, ya me acuerdo. Gonzalo, tú y aquel chico, Luis. A és fue al primero que detuvimos. Antes de que os trincáramos a Gonzalo y a ti, él ya llevaba tres días con nosotros. Lo hicimos así para ver si os poníais nerviosos y dabais un paso en falso. Ya sabes, la amenaza es más importante que su ejecución. Pero te equivocas. No fue Luis el que cantó. Y eso que recibió lo suyo.

- Con qué tranquilidad hablas de eso. Me das asco.

- No tienes ni puta idea de lo que pasó. Que sepas que aquel chico, Luis, aguantó. Y eso que los primeros días sólo recibió lo mismo que todos, alguna bofetada que otra.

- Y la cabeza metida en la bañera, y la patada en los testículos, y no dejarte dormir, o esperar a que estuvieras dormido para volverte a subir.

- Cómodo no era, lo reconozco. Pero escúchame, sabioncillo: Luis lo aguantó todo. Luis aguantó el primero, el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto día. ¿Y sabes qué pasó el quinto día? Se le fue la olla. Supongo que creyó que nos había vencido. Contaba los días, lo sé, porque en el calabozo marcaba una raya por cada uno. Y eso que no tenía reloj, ni había luz natural, y los guardias tenían instrucciones de no dar pistas a los detenidos acerca del paso del tiempo. Pero el tío cabrón, algún sistema encontró, puede que contara los cambios de turno de los guardias, y fue capaz de llevar la cuenta. Y cuando llegó a la de cinco, se le fue la olla. Se puso soberbio. En lugar de largar algo de lo que sabía, soltar lastre y descansar, tal como habíais calculado hacer, a partir del quinto día Luis arreó a desafiarnos. Nosotros le preguntábamos y él, en lugar de callarse como había hecho hasta entonces, empezó a provocarnos. Nos decía: “Os queda un telediario. Vuestro Caudillo no va a comer el turrón. Fijaos los de la PIDE. Ellos aún han podido salir por piernas para España, pero vosotros no podreis ir a Portugal. Acabareis como ellos, cazados como conejos”. Y claro, se llevó alguna ostia de más.

- ¿Alguna ostia, dices? Lo machacasteis.

- Bueno, lo que pasó es difícil de creer. Estábamos los cuatro. Él, sentado. Yo me había hecho el bueno, aunque ya veía que con él no servía de nada. Le había ofrecido un cigarrillo y, mientras le daba fuego, él me decía “¿qué, luego me lo apagarás en la planta de los pies?” La verdad es que había llegado a un grado de insolencia que nos sacaba de quicio. Si se hubiera quedado callado, te aseguro que lo hubiéramos dejado en los calabozos los tres o cuatro días que quedaban, para que descansara y llegara al TOP en un estado no demasiado penoso. Pero no, allí estaba, desafiante. Entonces pasó lo que pasó: uno de nosotros, y te aseguro que no fui yo y que si lo hubiera sido me importaría un comino reconocerlo, le quitó el cigarro y empezó a pasearle la brasa por delante de la cara. Y él, en un descuido que el otro se incorporó, se tiró de cabeza contra el radiador. Perdió el conocimiento, lo puso todo perdido de sangre. Y ya sí, lo dejamos tranquilo.

- ¡Joder! Cuando lo contó él, no me lo creí. Pensé que habiais sido vosotros y que trataba de tapar … Entonces, ¿no fue él el que cantó?

- No. No fue él. Fuisteis muy injustos con él. Cuando llegó a la cárcel, no le quisisteis creer que no había cantado.

- Es que llegó en un estado que no se nos ocurría pensar que hubiera resistido. Además, alguien había cantado de más, eso estaba claro. Cayó todo el Regional. Pero nosotros estábamos dispuestos a disculparlo, después de de ver como estaba..

- Pero no era verdad. Él había aguantado. Y que no creyerais su verdad, eso le hundió.

- ¡Joder! Nosotros pensábamos que se culpaba a si mismo, y tratábamos de consolarle. Así que fue eso lo que le hundió ....

- No fueron las “torturas”, fuisteis vosotros. Y cuanto más le consolabais, más lo machacabais.

- Pero ¿quien cantó? Porque después de llegar él a la cárcel, y nosotros, allí acabó llegando hasta el apuntador.

- ¿Quieres saberlo? Fue uno de vosotros que se cruzó con él cuando lo sacábamos de los hombros por los pasillos, arrastrando los pies y dejando un reguero de sangre. Ese, cuando lo vio, se cagó, y nada más entrar a mi despacho cantó hasta la Traviata.

- ¿Gonzalo?

- Gonzalo y yo llevamos muchos años colaborando juntos. Desde septiembre de 1975. Es cuestión de saber tragarse el orgullo.

 

tenientetulip
Mensajes: 842
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008
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  • 23 de Abril de 2009 a las 23:48

A LAS 24:00 (bueno, a las 23:46, pero haceis la vista gorda) DEL DÍA DE HOY, FINALIZA EL PLAZO DE ADMISIÓN DE ORIGINALES.

Pues nada, que lo hayais dicho va a misa...

La Comisión de Fiestas

jaumemoreso
Mensajes: 947
Fecha de ingreso: 9 de Abril de 2009
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  • 24 de Abril de 2009 a las 3:51
NoooooooOOOOOoooooooOOOOOOoooooOOOOOO aún quedan 14 minutos!!! que no llegooooOOOO

(Es broma, ya colgué el mío hace días :P)
reithor
Mensajes: 348
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
  • CITAR
  • 24 de Abril de 2009 a las 4:34
cita de jaumemoreso NoooooooOOOOOoooooooOOOOOOoooooOOOOOO aún quedan 14 minutos!!! que no llegooooOOOO

(Es broma, ya colgué el mío hace días :P)
no quedan 14 minutos, has publicado a las cuatro menos diez... así que, o estás en Groenlandia, o has tenido una noche digna de ser recordada, o eres vigilante de seguridad
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