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Foro para escritores de Bubok

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salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009

Sadomasoquismo.

29 de Agosto de 2009 a las 22:55

   Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos. 

 

danielturambar
Mensajes: 5.077
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 24 de Junio de 2010 a las 16:23
Recuerdo un pasaje de "El Mundo" (Juan José Millás 2007) en el que en una academia infligían castigo físico y uno de los chavales confesaba que le ponía cuando le daban. No sé si lo conocoes.
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 24 de Junio de 2010 a las 19:24
cita de DanielTurambar Recuerdo un pasaje de "El Mundo" (Juan José Millás 2007) en el que en una academia infligían castigo físico y uno de los chavales confesaba que le ponía cuando le daban. No sé si lo conocoes.
   No lo conozco Daniel, pero lo buscaré. El Sado está en muchos más sitios de los que aparentemente puede parecer ¿quién no recuerda algún episodio perturbador, de temprana edad, sobre azotainas o excitación por haber sido mandado con severidad? 
danielturambar
Mensajes: 5.077
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 25 de Junio de 2010 a las 0:14
"[...] Las sesiones de tortura constituían verdaderas sesiones de iniciación al sexo, por lo que tampoco era difícil percibir entre los rostros de los compañeros un reflejo de la excitación de origen venéreo que advertíamos en los profesores. Por decirlo de un modo humorístico, allí se parcticaba realmente la disciplina inglesa que como representación se lleva a cabo en los burdeles. Algunos días el padre Braulio aparecía en el colegio ciñendo la sotana con unas correas que formaban parte del hábito y que más tarde veríamos también en la películas pornográficas. Era, hablando en términos del lupanar, un amo. El castigo físico, frecuente en la época, lo había sufrido en el colegio Claret, pero no en el grado con el que lo padecí en este centro. Además, en el Claret era prerrogativa exclusiva del prefecto de disciplina, que quizá porque era menos barrigón que Braulio se saciaba antes.

Un día, después de una clase en la que la doña había estado especialmente cruel con un chico enfermizo, que rogaba a gritos, sin ninguna dignidad, que le pegaran más, uno de mis compañeros dijo:

- Pues a mí se me pone dura cuando me melatrata la doña.

Hubo alguna risita destinada a ocultar la turbación provocada por aquella confidencia, pero nadie comentó nada. Nadie comentó nada, deduje años más tarde, en el divá, porque aquel chico había acertado a verbalizar lo que ocurría: que nos estaban iniciando de una forma inmunda en el goce venéreo. [...]" 

El mundo, Juan José Millás.


Sabes, al leerlo la primera vez me resultó indiferente, ahora la palabra inmunda me molesta.
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 25 de Junio de 2010 a las 12:29

   El comentario que haces en la última línea, Turambar, es muy interesante. Frivolidad y superficialismo han sido los envoltorios normales del sadomasoquismo en el siglo XX. Pero no está mal. En los siglos anteriores fuimos material de hoguera y carne de psiquiátrico. Para este siglo XXI que comienza quizás, sólo quizás, se haga justicia en la consideración de una orientación sexual que es solo eso; una respetable orientación sexual más. De cualquier manera os propongo un ejercicio para reflexionar. El sadomasoquismo, como práctica, contiene dos elementos definitorios que, según se mire, pueden demostrar que está más avanzado, socialmente, que el resto de las orientaciones. Uno es la adopción performativa de roles, que denota inteletualización del sexo, y otra, su manifestación promiscua sin autoreproches por ello ¿Son razones para pensar que está más avanzado?  


danielturambar
Mensajes: 5.077
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
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  • 25 de Junio de 2010 a las 13:41
¿Intelectualizar el sexo? La mayoría de las intelectualizaciones son excusas con las que la razón intenta justificar el instinto y sobre todo las emociones, tan difíciles de gestionar y sobre todo de domeñar. Cuando tienes sed tienes sed y buscas la mejor forma de saciarla. Es algo natural.
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 2 de Julio de 2010 a las 18:57
   El Realismo Disgregado es la nota predominante de la gigantesca melodía literaria de este décimo año del segundo milenio. Además, la literatura ha dejado de ser pequeña; ya no pertenece a los países en los que nace ni siquiera a caldos de cultivos culturales peculiares. Un bosque intrincado y sin fin donde todo lo cultural es de todos y por lo tanto en su comprensión, mediáticamente suficiente, reside la clave del éxito. A exponenciales masivos. Yo pretendo ser un best-seller y me entrego a vuestras burlas por ello. Mi soberbia es mayor que mi prudencia. Siempre. Quiero ser el nuevo Marqués de Sade de nuestros días y para ello acabo de terminar, sin que me haya supuesto el menor esfuerzo, mi segunda novela sadomasoquista; "SM2". Cada una de sus páginas me ha supuesto una erección. "SM2" es la continuación, literaria y literal, de "SM; dentro de una parafilia". Realismo en la descripción documentalista, y sobre todo, morbosa, porque me place, de las prácticas sexuales Sado. Disgregado porque es una pincelada más de una realidad que ningún escritor serio pretende, hoy en día, explicar.Nos conformamos con dibujarla, cada uno en su terreno, con intensidad emocional. Y como en la música clásica de principios del XX volvemos a dejarlo todo sin solución de continuidad. Sed realistas, escritores, y disgregaros, cada uno en vuestro patio, no hay otro camino para llegar a lo más alto.
salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 5 de Julio de 2010 a las 19:45

-Desanúdate el collar, pero no te lo quites, quiero que hablemos con relativa franqueza.- 

-¿Del concurso quincenal de relatos de Bubok, mi amo?- 
-Siéntate.- 
-No se pone la ralla que pones después del punto y aparte de un diálogo.- 
-Lo sé.- 
-Te lo dicen constantemente desde que empezaste a concursar.- 
-También me invento palabras y utilizo agramaticalmente los signos de puntuación. Lo hago siempre que considero que así, el texto quedará más expresivo.- 
-¿El fin justifica los medios, mi amo?- 
-Para mí sí. Definitivamente. Al menos las faltas que cometo.- 
-Pero lo de la rallita... como que no aporta nada de "expresividad"... mi amo.- 
-Es estético. La frase me gusta visualmente más así. Queda como más geométrica. Más ordenada. Eso lo hago por pura soberbia. Esclava.- 
-Sí mi amo.- 
-Sabes escribir muy bien y estás registrada en Bubok. Voy a ordenarte que hagas algo en la próxima edición.- 
-Pero mi amito amadísimo, estoy superliada en estas fechas con el trabajo; hay que cuadrar un montón de impuestos y... -
-Silencio perra.- 
-Sí mi amo.- 
-Concursarás.- 
-Sí  mi amo.- 
-La mayoría ni siquiera se dará cuenta de lo que está ocurriendo, de lo que hay verdaderamente detrás de esa nueva concursante y tú no revelarás nada.- 
-Sí mi amo.- 
-Ya sabes cuanto disfruto con esa manera difusa y oscura de intervenir en el  mundo vainilla.- 
-Sí mi amo.- 
-Conozco esa mirada; pregunta lo que estás deseando preguntar.- 
-Gracias amo, pero resulta contradictorio, si de veras pretendes mantenerlo en secreto ¿por qué mandas este post?- 
-He dicho también difuso. Nada es totalmente completo; ni mi deseo de secreto ni mi verdadera intención. Me intriga comprobar si con este anzuelo algunos creen más en la libertad de los demás o en el deseo de que los demás sean buenos.- 
-Me cuesta seguirte mi amo, cuando te pones tan literario.-
-Tan agramatical. Abróchate de nuevo el collar, perra.- 
-Sí mi amo.- 
-Vamos a continuar.- 
 

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 8 de Agosto de 2010 a las 19:52

   Era una reina. Una auténtica reina en el mejor de los sentidos estético-especial; una mujer guapa, conocedora de su hermosura y que se mueve consciente del dominio escenográfico que suscita. Eva atravesó el restaurante cabalgando sobre sus tacones y lanzando exquisitos vaivenes de sus caderas a toda la audiencia. Había ido al servicio y Edu la esperaba en la mesa. Ella había escogido el restaurante por tres razones; estaba relativamente cerca, al final de la calle Doctor Esquerdo y por lo tanto, desde la Colonia del Niño Jesús en la que vivían, aunque cada uno en su casa, podían ir andando. Segunda razón, muy importante para Eva, que era un poco maniática con las condiciones ambientales de los lugares en los que se metía; el "Rodizio; conducta ejemplar", así se llamaba el restaurante, tenía un salón comedor extremadamente grande y generosamente iluminado por las paredes de cristal transparente que lo separaban del sol de la calle. Mucha luz y mucho espacio entre mesa y mesa; sin penumbras ni apreturas. Y tercero; era brasileño. No tenía mucha lógica, probablemente ninguna, pero Eva estaba emocionalmente convencida de que Brasil era una especie de gran patria para todos los travestís del mundo. Desde luego las páginas porno de Internet, que ella visitaba con frecuencia, alimentaban esa opinión, y además, con su marido, habían estado en Río de Janeiro media docena de veces en cortos periodos vacacionales. Eva cultivaba cierta pose activista con respecto a lo de su condición de género trans, pero sin excesos y de manera muy glamorosa. Su personalidad coqueta terminaba cristalizando ese activismo en una constante querencia hacia todo lo brasileño. Por eso estaba allí con Eduardo en el Rodizio. 

-Intenta calmarte, te lo ruego cariño.- Se acababa de sentar frente a su acompañante y los últimos movimientos de dejarse posar sobre la silla los acompasó cogiendo con ambas manos los dedos tamborileantes de Eduardo. 
-No sé que hago aquí, todavía no sé cómo me he dejado convencer.
-Estás muy guapo y yo estoy un poco asustada ¿seguro que va venir? 
-Claro que va venir, joder.
-No te enfades conmigo, te lo suplico. 
-Perdona.- Sintió las manos de Eva apretándole la suya con fuerza, sobre el blanquísimo mantel y la miró a los ojos,un poco acuosos, ahora. Ella también estaba guapa, más que guapa, estaba soberbia. Y parecía de verdad un poco atemorizada. Por fin, y por primera vez en su vida, iba a encontrarse con una auténtica ama.
-Me llamó justo antes de que entráramos en el restaurante.
-Ya lo sé. 
-Y estuvimos hablando unos minutos, mejor dicho, estuve unos minutos escuchando lo que Nelly me decía. Nos está observando, desde fuera.
-¿Qué? 
-Tú no te has dado cuenta Eva, pero por el móvil me dio instrucciones precisas sobre dónde y cómo debíamos sentarnos una vez que entráramos al comedor. 
-¿Por qué? 
-Yo no pido explicaciones a mi ama, sólo obedezco. 
-¿Y qué te ordenó, Edu? 
-Que ocupáramos una mesa al lado de los cristales que dan a la calle y que según se mira desde fuera yo me sentase de espaldas y tú de frente. Por eso saqué la silla y te la ofrecí para que te pusieses justamente ahí. 
-Con lo caballeroso que había quedado. 
-Sí. 
-Obviamente lo de la posición es, como te dije antes, para poder observarte bien desde el exterior. Así que ya está aquí, pero mirándote desde la calle. 
   Eva levantó la cabeza viendo hacia todos los lados de los ventanales y Eduardo le dijo que no lo hiciera y que intentase disimular. Le explicó además que aunque ya le había dicho a Nelly que era muy guapa y que estaba muy buena, lo normal era que no se fiase sólo de sus palabras. Si no le gustaba lo que estaba viendo, simplemente, no acudiría a la cita y casi con seguridad, de paso, cortaría para siempre su relación con Eduardo. 
-Por eso estás tan nervioso, cabronazo, por lo que a ti te toca.-Respondió Eva mientras erguía los pechos, se acicalaba el pelo y sonreía intentando recomponer su mejor pose facial. 
-Le has gustado. 
-¿Qué? 
-Ahí está. 
   Nelly acababa de entrar en el salón comedor del Rodizio, altiva como una emperatriz; vestido de falda corta negro, sandalias y bolso de piel, negros, una cinta del mismo color recogiéndole el pelo y gafas muy grandes, tipo Anastasia, y muy oscuras. Su belleza blanca, casi albina, lucía cegadoramente envuelta en todo aquello. Fué directamente a la mesa, como quien conoce bien el camino y se sentó. 
-¿Cómo debo dirigirme a ella, perro mariconazo? 
-Como a una esclava que desea entrar bajo tu dominio, mi ama. 
-Hola, me llamo Eva, encantada... -Antes de poder terminar la frase Nelly le puso el dedo índice a Eva en mitad de los labios. 
-Tú te callas. No digas ni una sola palabra más hasta que yo no te de permiso. Mueve la cabecita para decir que sí ¿Has entendido? 
   La aludida asintió, entre confusa y amedrentada, pero apretando con fuerza los labios, dando a entender así que no se le iba a ocurrir pronunciar una palabra si no se le dejaba. 
-Puta ¿Te puedo insultar? 
   Eva volvió a mover la cabeza afirmativamente; miraba a Nelly como hipnotizada. 
-Ya se que te puedo insultar, guarra, es más, si no fuera porque estamos en un restaurante, ahora mismo te abofetearía. Quítate las bragas, el tanga o lo que lleves, con disimulo. 
   Ojos como platos y un "o" mudo e interrogado en su boca. Miró con expresión algo desesperada a Eduardo. Nada. Ya no podía ayudarla, al menos, mientras estuviese en presencia de su ama. Así que lo hizo rápido y sin llamar la atención. Era un tanga, tras quitárselo, lo apretó haciéndole un ovillo en el puño y alargó el brazo ofreciéndoselo a Nelly. 
-No quiero cogerlo, quiero asegurarme de que cumples mi primera orden y guardas silencio. Quiero que tengas metido en la boca algo grande que te impida hablar, y lo más humillante, es que yo te ordene que te metas en la boca tu propio tanga. Hazlo. Ya. Guarra.
   La cara de sorpresa de antes no era nada comparada con la que puso ahora, pero ya no se molestó en mirar a Edu. Formó una especie de albóndiga con la prenda, tomó aliento y se la metió. Afortunadamente era un tanga muy pequeño y como lo mantenía en el centro, sobre la lengua, no le hizo sobresalir las mejillas. 
-Sonríe puta. 
   También lo hizo, más o menos. 
-Ahora extiende la mano boca arriba sobre la mesa y no la muevas hasta que yo te diga. Voy a hacerte un poco de daño.- Obedeció y Nelly, con la izquierda, le sujetó la muñeca y con la derecha le puso el tenedor en el centro de la montañita de carne que hay entre la base del pulgar y la línea de la vida. 
-No tengas miedo; las púas del tenedor no son afiladas, apretaré con fuerza, para que te duela mucho, pero no se te clavará, no te hará sangre. La orden es que no muevas la mano ¿lo recuerdas? 
   Otra vez sí con la cabeza. 
   Apretó. Y apretó. Y volvió a apretar. Durante unos instantes Eva sintió que el dolor se convertía en una especie de luz densa que la inundaba la cabeza. Pero no gritó ni movió la mano de lugar. Nelly dejó el tenedor otra vez al lado de su plato. 
-Sácate ya eso de la boca y contesta a mis preguntas. 
-Aghh... gracias. 
-¿De qué conoces a Eduardo? 
-Somos muy amigos. Es mi vecino desde hace bastantes años y desde hace dos también es mi amante secreto. Mi marido no sabe nada. 
-Te confieso que inicialmente no me gustó la idea de incluirte como esclava en nuestras sesiones, sobre todo, porque no se me había ocurrido a mi, pero después de verte, la cosa cambia. Eres tremendamente atractiva. 
-Otra vez gracias. 
-Y este sitio está muy bien. No quiero que demos la nota, así que te vas al servicio y allí, te vuelves a poner el tanga. 
-No creo que sea una buena idea.
-¿Qué? 
-Llevo una faldita muy corta y ajustada, si me levanto ahora, sí que va a ser un escándalo. Vamos, que daría mucho la nota, como tú has dicho. 
   Pero Nelly no estaba prestando atención, tenía hambre y leía la carta. Cortó como se corta con un esclavo la conversación: "Obedece de una puta vez, guarra". 
   Y aunque ya podía hablar Eva asintió repetida y compulsivamente con la cabeza y se levantó. No sólo era cortita la falda, además, era de tela frágil y ligera, como la seda. Al quedar de pie su pene erecto, mejor dicho, espectacularmente tieso en aquel momento, levantaba por delante la falda, casi completamente, como si tuviese una estaquita de piedra clavada en la ingle. Un auténtico espectáculo de empalmamiento hermafrodita y transexual. Casi al descubierto. Total. 
-!Cómo estás Eva, cómo estás!- Por fin habló Eduardo, sonriendo. Algunos clientes del Rodizio ya se habían fijado en aquello. 
-Madre mía, guarra, se te ha puesto brillante de puro dura. La tienes a punto de explotar. 
-Como siga ahí plantada en el medio, y tan empalmada... 
-Nos van a echar. Ya está medio restaurante mirando, mi ama. 
-Guarra.- Nelly chasqueó los dedos para llamar la atención de Eva, que mantenía la mirada baja, las mejillas rojas y los brazos en la espalda con pose de niña mala. Su falda seguía muy alta. Levantada. 
-Jamás se me había puesto así.- Murmuró. 
-Guarra.
-¿Sí? 
-Basta. Corre al servicio a ponerte el tanga.- Nelly dio una palmada y Eva, reaccionó, y corrió detrás, de tanta excitación desatada. 
   
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 9 de Agosto de 2010 a las 20:53
cita de salazar    Era una reina. Una auténtica reina en el mejor de los sentidos estético-especial; una mujer guapa, conocedora de su hermosura y que se mueve consciente del dominio escenográfico que suscita. Eva atravesó el restaurante cabalgando sobre sus tacones y lanzando exquisitos vaivenes de sus caderas a toda la audiencia. Había ido al servicio y Edu la esperaba en la mesa. Ella había escogido el restaurante por tres razones; estaba relativamente cerca, al final de la calle Doctor Esquerdo y por lo tanto, desde la Colonia del Niño Jesús en la que vivían, aunque cada uno en su casa, podían ir andando. Segunda razón, muy importante para Eva, que era un poco maniática con las condiciones ambientales de los lugares en los que se metía; el "Rodizio; conducta ejemplar", así se llamaba el restaurante, tenía un salón comedor extremadamente grande y generosamente iluminado por las paredes de cristal transparente que lo separaban del sol de la calle. Mucha luz y mucho espacio entre mesa y mesa; sin penumbras ni apreturas. Y tercero; era brasileño. No tenía mucha lógica, probablemente ninguna, pero Eva estaba emocionalmente convencida de que Brasil era una especie de gran patria para todos los travestís del mundo. Desde luego las páginas porno de Internet, que ella visitaba con frecuencia, alimentaban esa opinión, y además, con su marido, habían estado en Río de Janeiro media docena de veces en cortos periodos vacacionales. Eva cultivaba cierta pose activista con respecto a lo de su condición de género trans, pero sin excesos y de manera muy glamorosa. Su personalidad coqueta terminaba cristalizando ese activismo en una constante querencia hacia todo lo brasileño. Por eso estaba allí con Eduardo en el Rodizio. 
-Intenta calmarte, te lo ruego cariño.- Se acababa de sentar frente a su acompañante y los últimos movimientos de dejarse posar sobre la silla los acompasó cogiendo con ambas manos los dedos tamborileantes de Eduardo. 
-No sé que hago aquí, todavía no sé cómo me he dejado convencer.
-Estás muy guapo y yo estoy un poco asustada ¿seguro que va venir? 
-Claro que va venir, joder.
-No te enfades conmigo, te lo suplico. 
-Perdona.- Sintió las manos de Eva apretándole la suya con fuerza, sobre el blanquísimo mantel y la miró a los ojos,un poco acuosos, ahora. Ella también estaba guapa, más que guapa, estaba soberbia. Y parecía de verdad un poco atemorizada. Por fin, y por primera vez en su vida, iba a encontrarse con una auténtica ama.
-Me llamó justo antes de que entráramos en el restaurante.
-Ya lo sé. 
-Y estuvimos hablando unos minutos, mejor dicho, estuve unos minutos escuchando lo que Nelly me decía. Nos está observando, desde fuera.
-¿Qué? 
-Tú no te has dado cuenta Eva, pero por el móvil me dio instrucciones precisas sobre dónde y cómo debíamos sentarnos una vez que entráramos al comedor. 
-¿Por qué? 
-Yo no pido explicaciones a mi ama, sólo obedezco. 
-¿Y qué te ordenó, Edu? 
-Que ocupáramos una mesa al lado de los cristales que dan a la calle y que según se mira desde fuera yo me sentase de espaldas y tú de frente. Por eso saqué la silla y te la ofrecí para que te pusieses justamente ahí. 
-Con lo caballeroso que había quedado. 
-Sí. 
-Obviamente lo de la posición es, como te dije antes, para poder observarte bien desde el exterior. Así que ya está aquí, pero mirándote desde la calle. 
   Eva levantó la cabeza viendo hacia todos los lados de los ventanales y Eduardo le dijo que no lo hiciera y que intentase disimular. Le explicó además que aunque ya le había dicho a Nelly que era muy guapa y que estaba muy buena, lo normal era que no se fiase sólo de sus palabras. Si no le gustaba lo que estaba viendo, simplemente, no acudiría a la cita y casi con seguridad, de paso, cortaría para siempre su relación con Eduardo. 
-Por eso estás tan nervioso, cabronazo, por lo que a ti te toca.-Respondió Eva mientras erguía los pechos, se acicalaba el pelo y sonreía intentando recomponer su mejor pose facial. 
-Le has gustado. 
-¿Qué? 
-Ahí está. 
   Nelly acababa de entrar en el salón comedor del Rodizio, altiva como una emperatriz; vestido de falda corta negro, sandalias y bolso de piel, negros, una cinta del mismo color recogiéndole el pelo y gafas muy grandes, tipo Anastasia, y muy oscuras. Su belleza blanca, casi albina, lucía cegadoramente envuelta en todo aquello. Fué directamente a la mesa, como quien conoce bien el camino y se sentó. 
-¿Cómo debo dirigirme a ella, perro mariconazo? 
-Como a una esclava que desea entrar bajo tu dominio, mi ama. 
-Hola, me llamo Eva, encantada... -Antes de poder terminar la frase Nelly le puso el dedo índice a Eva en mitad de los labios. 
-Tú te callas. No digas ni una sola palabra más hasta que yo no te de permiso. Mueve la cabecita para decir que sí ¿Has entendido? 
   La aludida asintió, entre confusa y amedrentada, pero apretando con fuerza los labios, dando a entender así que no se le iba a ocurrir pronunciar una palabra si no se le dejaba. 
-Puta ¿Te puedo insultar? 
   Eva volvió a mover la cabeza afirmativamente; miraba a Nelly como hipnotizada. 
-Ya se que te puedo insultar, guarra, es más, si no fuera porque estamos en un restaurante, ahora mismo te abofetearía. Quítate las bragas, el tanga o lo que lleves, con disimulo. 
   Ojos como platos y un "o" mudo e interrogado en su boca. Miró con expresión algo desesperada a Eduardo. Nada. Ya no podía ayudarla, al menos, mientras estuviese en presencia de su ama. Así que lo hizo rápido y sin llamar la atención. Era un tanga, tras quitárselo, lo apretó haciéndole un ovillo en el puño y alargó el brazo ofreciéndoselo a Nelly. 
-No quiero cogerlo, quiero asegurarme de que cumples mi primera orden y guardas silencio. Quiero que tengas metido en la boca algo grande que te impida hablar, y lo más humillante, es que yo te ordene que te metas en la boca tu propio tanga. Hazlo. Ya. Guarra.
   La cara de sorpresa de antes no era nada comparada con la que puso ahora, pero ya no se molestó en mirar a Edu. Formó una especie de albóndiga con la prenda, tomó aliento y se la metió. Afortunadamente era un tanga muy pequeño y como lo mantenía en el centro, sobre la lengua, no le hizo sobresalir las mejillas. 
-Sonríe puta. 
   También lo hizo, más o menos. 
-Ahora extiende la mano boca arriba sobre la mesa y no la muevas hasta que yo te diga. Voy a hacerte un poco de daño.- Obedeció y Nelly, con la izquierda, le sujetó la muñeca y con la derecha le puso el tenedor en el centro de la montañita de carne que hay entre la base del pulgar y la línea de la vida. 
-No tengas miedo; las púas del tenedor no son afiladas, apretaré con fuerza, para que te duela mucho, pero no se te clavará, no te hará sangre. La orden es que no muevas la mano ¿lo recuerdas? 
   Otra vez sí con la cabeza. 
   Apretó. Y apretó. Y volvió a apretar. Durante unos instantes Eva sintió que el dolor se convertía en una especie de luz densa que la inundaba la cabeza. Pero no gritó ni movió la mano de lugar. Nelly dejó el tenedor otra vez al lado de su plato. 
-Sácate ya eso de la boca y contesta a mis preguntas. 
-Aghh... gracias. 
-¿De qué conoces a Eduardo? 
-Somos muy amigos. Es mi vecino desde hace bastantes años y desde hace dos también es mi amante secreto. Mi marido no sabe nada. 
-Te confieso que inicialmente no me gustó la idea de incluirte como esclava en nuestras sesiones, sobre todo, porque no se me había ocurrido a mi, pero después de verte, la cosa cambia. Eres tremendamente atractiva. 
-Otra vez gracias. 
-Y este sitio está muy bien. No quiero que demos la nota, así que te vas al servicio y allí, te vuelves a poner el tanga. 
-No creo que sea una buena idea.
-¿Qué? 
-Llevo una faldita muy corta y ajustada, si me levanto ahora, sí que va a ser un escándalo. Vamos, que daría mucho la nota, como tú has dicho. 
   Pero Nelly no estaba prestando atención, tenía hambre y leía la carta. Cortó como se corta con un esclavo la conversación: "Obedece de una puta vez, guarra". 
   Y aunque ya podía hablar Eva asintió repetida y compulsivamente con la cabeza y se levantó. No sólo era cortita la falda, además, era de tela frágil y ligera, como la seda. Al quedar de pie su pene erecto, mejor dicho, espectacularmente tieso en aquel momento, levantaba por delante la falda, casi completamente, como si tuviese una estaquita de piedra clavada en la ingle. Un auténtico espectáculo de empalmamiento hermafrodita y transexual. Casi al descubierto. Total. 
-!Cómo estás Eva, cómo estás!- Por fin habló Eduardo, sonriendo. Algunos clientes del Rodizio ya se habían fijado en aquello. 
-Madre mía, guarra, se te ha puesto brillante de puro dura. La tienes a punto de explotar. 
-Como siga ahí plantada en el medio, y tan empalmada... 
-Nos van a echar. Ya está medio restaurante mirando, mi ama. 
-Guarra.- Nelly chasqueó los dedos para llamar la atención de Eva, que mantenía la mirada baja, las mejillas rojas y los brazos en la espalda con pose de niña mala. Su falda seguía muy alta. Levantada. 
-Jamás se me había puesto así.- Murmuró. 
-Guarra.
-¿Sí? 
-Basta. Corre al servicio a ponerte el tanga.- Nelly dio una palmada y Eva, reaccionó, y corrió detrás, de tanta excitación desatada. 
   
http://novelasadomasoquista.com/

salazar
Mensajes: 637
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 24 de Agosto de 2010 a las 11:40

   Entraron los tres en tromba en casa de Eva. Parecía como si les fueran persiguiendo y se hubieran metido allí para refugiarse. Pero nadie les seguía. Eran las ganas de entregarse salvajemente a una sesión de sadomaso lo que les empujaba y como Eduardo vivía con sus padres y el piso de Nelly quedaba en un barrio distante, el chalecito de Eva, a diez minutos andando del restaurante, era lo más rápido. Además, las dos chicas del servicio de limpieza sólo trabajaban por la mañana y su marido, piloto de Iberia, volaba esta semana. Tenían toda la casa para ellos. Las prisas hicieron que la puerta de la calle se cerrara a sus espaladas con cierta brusquedad y tras el ruido del portazo, silencio. Se miraron entre ellos. Unos segundos. Más silencio. Finalmente a Nelly se la quedaron mirando Eva y Edu. 

-Quitaros todo lo que lleváis puesto. Ya. Os quiero completamente desnudos de inmediato. Vamos. 
-Sí mi ama. 
-Sí... sí... enseguida. 
   Nelly avanzó hacia el centro del salón, porque la casa no tenía hall, la puerta de la calle daba directamente a esa estancia. Miró hacia su alrededor y le gustó la amplitud, la luz generosa de los grandes ventanales y el predominio del blanco, en algodón y lino, de los textiles. Almohadones de sofás, estores y una gigantesca alfombra de rizo. También blanca. El ambiente inspiraba sobriedad y sobre todo sensación de limpio. Cuando se dio la vuelta Edu y Eva ya habían terminado con las piruetas de acróbata a las que uno se somete cuando uno se desnuda con prisas y sus ropas, mezcladas las de ambos, formaban una montañita caótica en el suelo. Nelly observó lo que tenía delante y se dijo a si misma que esa tarde iba a disfrutar. A disfrutar en serio. La mujer del piloto y el policía formaban una pareja de belleza excepcional, y en este caso, además, ella estaba tan empalmada, o más, que su compañero. 
-Ven aquí.- Dijo la rumana señalando a Eva. 
-Sí, sí, voy... 
-De rodillas. Y tú tráeme otra vez su tanga.- Mirando a Edu. 
-Sí mi ama.- El policía se lanzó a buscar la prenda, la encontró y se la dio.
-Abre esa bocota.- Otra vez a Eva, que en el suelo, frente a ella y con las manos en posición de angelito, parecía estar adorándola. 
-¿Así? 
-Más abierta. 
-Agh... 
-Esta maldita furcia no utiliza bien el tratamiento ni por casualidad.- Nelly había hecho una pelota con el tanga y agarrándola de la barbilla se lo metió a Eva en la boca.- Cada vez que habla y me dice algo, lo hace mal. No. Lo hace peor que mal. Lo hace fatal. Y me está poniendo de los nervios. Así que por el momento vamos a hacer que guarde un rato silencio. Tráeme tu cinturón perro mariconazo. Antes me di cuenta de que no es demasiado estrecho y me va a venir ahora de maravilla. 
-Sí mi ama.- Otra vez el policía volvió a escudriñar la ropa y le dio enseguida lo requerido. 
-Quieta.- La rumana le pasó el cinturón por delante de la boca abierta y llena con el tanga hecho bola y se lo amarró alrededor de la cabeza como si se tratase de una mordaza. Ya no podía hablar y chorritos de saliva le comenzaban a salir pos las comisuras. Sin más, a continuación, Nelly la agarró fuerte del pelo, la agachó y comenzó a darle furiosos manotazos en las nalgas. 
-!No se te ocurra moverte!- Y siguió dando. Fuerte y sin interrupción. La azotaina duró cinco minutos largos. 
-Perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Desnúdame y me dejas todo muy bien doblado y ordenado encima de esa mesa. Vamos. 
-Sí mi ama.- Tras haber parado la rumana jadeaba un poco y se sobaba la muñeca de la mano con la que había pegado a Eva, como para relajar la extremidad. El policía, ya a su lado, la desvestía con meticuloso respeto. Despacio. Ella se dejaba hacer y mientras tanto miraba a la mujer del piloto, que continuaba a sus pies, arrodillada, consolándose las enrojecidas nalgas. 
-Voy a ordenarte algo muy sencillo, guarra. 
   Eva la miró. Tenía los ojos llenos de lágrimas. 
-Confirma que me entiendes moviendo la cabeza afirmativamente. 
   Y Eva asintió, en un par de segundos, un montón de veces. 
-¿Quieres saber por qué te he pegado? 
   Más asentimientos. 
-Porque cada vez que te dirijas a mi tienes que llamarme "mi ama", puta, "mi ama" ¿lo has entendido ya? 
-¿Te quito el tanga y los zapatos? 
-He dicho todo, perro. 
-Sí mi ama. 
-Pero por hoy ya no soporto más volver a escuchar cómo te equivocas, así que la orden que voy a darte es muy sencilla y fácil de cumplir; escucha. 
   Eva ahora no paraba de decir que sí con la cabeza. 
-No quiero que hables. Quiero que guardes silencio. Absoluto silencio hasta que yo me vaya. No quiero que vuelvas a abrir la boca para decir una sola palabra. Zorra. No quiero que digas nada de nada. 
   La rumana ya estaba completamente desnuda como sus dos acompañantes, Edu terminaba de colocar la ropa sobre la gran mesa de mármol del comedor y Eva asentía sin parar. 
-Quítale a esa furcia el cinturón. 
-Sí mi ama. 
-Sácate el tanga y ya sabes, guarra, chitón. 
   Más movimientos afirmativos de cabeza, pero en absoluto silencio. 
-Mejor. Te he liberado porque enseguida voy a necesitar tu boca. Voy a usarla. Y tú, perro mariconazo, conoces bien esta casa ¿verdad? Llevas dos años follándote a escondidas a esta guarra. 
-Sí mi ama. 
-Entonces llévame al cuarto de baño, tengo muchas ganas de orinar. 
-Sí mi ama. 
-Tú, puta, nos seguirás a cuatro patas, y no te quedes atrás. 
   El policía llevó a su dueña al servicio de la habitación matrimonial, que era el más amplio y el mejor amueblado de la casa, situado en la planta superior, como el resto de los dormitorios. Eva subió como pudo, pero a buen ritmo, las escaleras, avanzando como una gata. 
-No cierres la puerta. 
-Sí mi ama. 
   Nelly se sentó sobre el water y comenzó a orinar. Durante unos segundos solamente se oyó su potente chorro en la taza. 
-Acércate puta. Más. 
   Eva se situó, sentada en el suelo, sobre sus muslos, entre las dos piernas abiertas de la rumana. Su dueña la cogió de la cara, con cierta ternura y le acercó uno de sus pechos a los labios. 
-Chúpame el pezón, perra.- Continuaba orinando aunque ahora el chorro sonaba menos intenso. Eva obedeció de inmediato y le lamía la roseta con los ojos cerrados, un poco extasiada. 
-Cuando termine de mear voy a usar tu boca porque no voy a utilizar papel higiénico. No me hace falta, teniendo aquí a una perra. Tú me limpiarás con la lengua, me lamerás el coño hasta dejarlo reluciente.- Dejó de sonar el chorro.- Ya. 
   Nelly se echó hacia delante abriendo las piernas como una parturienta y al instante Eva se lanzó hambrienta sobre el sexo de la rumana. Parecía querer devorarlo por el ansia de sus movimientos, pero no, el ruido de los sorbetones y lengüetazos que emitía dejaron claro que solo estaba lamiendo. 
-Hummm... a esto le llamo yo comerse bien un coño... perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Pajéala un poco mientras me lame... quiero premiarla... y que no disminuya el ritmo. 
-Sí mi ama. 
   Eduardo se agachó de cuclillas al lado de Eva y comenzó a masturbarla. Con la posición que guardaba la trasvestí a cuatro patas parecía que el policía estaba ordeñándola. 
-Hum... estupendo... guarra... estupendo... lo haces demasiado bien... me está follando con la lengua a lo bestia... hum... no puede ser que sea mi coño el primero que se come. 
-Lo es mi ama. 
-¿Y tú cómo puedes estar tan seguro, perro? 
-A Eva la excita mucho contarme todas sus aventuras sexuales, mi ama. Con todo lujo de detalles. Por eso sé todo lo que ha hecho y te aseguro, mi ama, que hasta ahora, jamás se lo había chupado a una tía. 
-Hum... milagroso... el sadomaso es milagroso... hum... 
-Sí mi ama. 
   Como Nelly no tuvo ninguna prisa en dar por terminada su visita al cuarto de baño, hasta veinte minutos después no volvieron a estar los tres abajo en el centro del salón. Frente a ella, de pie y firmes, con las manos en la espalda, como se les había ordenado, se mantenían Edu y Eva con la mirada baja mientras la rumana los observaba. En concreto, les miraba a los dos más abajo del ombligo y antes de comenzar las piernas. 
-¿Cómo es posible? ¿Cómo podéis tener los dos las pollas tan increíblemente duras y levantadas? 
   A una con la mano derecha y al otro con la mano izquierda les agarró fuertemente el tronco de los dos penes y los bajó, con cierto esfuerzo, hasta dejárselos pegados en las caras delanteras de los muslos. El daño hizo resoplar un poco a los esclavos. Luego, de repente, soltó las pollas, y ambos miembros salieron lanzados hacia arriba con el bamboleo poderoso de un resorte recién liberado. La rumana, con los brazos en jarra ahora y su más inquietante sonrisa de depredadora, miró aquellas pollas, rebotando en el aire y saltando hacia arriba. 
-Guarra, tráeme gasas de vendar y cinta sanitaria gruesa, rápido.- La mujer del piloto salió corriendo como una gacela hacia el botiquín de la cocina. -Así me gusta, calladita. Y tú, perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Tráeme la fusta que traigo en el bolso. 
-Sí mi ama. 
   Menos de diez segundos después los dos volvían a estar frente a ella en posición de firmes pero con las cosas que les había pedido en las manos. Nelly volvió a mirarles en el mismo sitio. 
-Eso cada vez está más duro y más alto. Voy a tener que bajarlas, las dos juntitas y a la vez, a golpe de fustazos. 
   
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 24 de Agosto de 2010 a las 16:20
cita de salazar    Entraron los tres en tromba en casa de Eva. Parecía como si les fueran persiguiendo y se hubieran metido allí para refugiarse. Pero nadie les seguía. Eran las ganas de entregarse salvajemente a una sesión de sadomaso lo que les empujaba y como Eduardo vivía con sus padres y el piso de Nelly quedaba en un barrio distante, el chalecito de Eva, a diez minutos andando del restaurante, era lo más rápido. Además, las dos chicas del servicio de limpieza sólo trabajaban por la mañana y su marido, piloto de Iberia, volaba esta semana. Tenían toda la casa para ellos. Las prisas hicieron que la puerta de la calle se cerrara a sus espaladas con cierta brusquedad y tras el ruido del portazo, silencio. Se miraron entre ellos. Unos segundos. Más silencio. Finalmente a Nelly se la quedaron mirando Eva y Edu. 
-Quitaros todo lo que lleváis puesto. Ya. Os quiero completamente desnudos de inmediato. Vamos. 
-Sí mi ama. 
-Sí... sí... enseguida. 
   Nelly avanzó hacia el centro del salón, porque la casa no tenía hall, la puerta de la calle daba directamente a esa estancia. Miró hacia su alrededor y le gustó la amplitud, la luz generosa de los grandes ventanales y el predominio del blanco, en algodón y lino, de los textiles. Almohadones de sofás, estores y una gigantesca alfombra de rizo. También blanca. El ambiente inspiraba sobriedad y sobre todo sensación de limpio. Cuando se dio la vuelta Edu y Eva ya habían terminado con las piruetas de acróbata a las que uno se somete cuando uno se desnuda con prisas y sus ropas, mezcladas las de ambos, formaban una montañita caótica en el suelo. Nelly observó lo que tenía delante y se dijo a si misma que esa tarde iba a disfrutar. A disfrutar en serio. La mujer del piloto y el policía formaban una pareja de belleza excepcional, y en este caso, además, ella estaba tan empalmada, o más, que su compañero. 
-Ven aquí.- Dijo la rumana señalando a Eva. 
-Sí, sí, voy... 
-De rodillas. Y tú tráeme otra vez su tanga.- Mirando a Edu. 
-Sí mi ama.- El policía se lanzó a buscar la prenda, la encontró y se la dio.
-Abre esa bocota.- Otra vez a Eva, que en el suelo, frente a ella y con las manos en posición de angelito, parecía estar adorándola. 
-¿Así? 
-Más abierta. 
-Agh... 
-Esta maldita furcia no utiliza bien el tratamiento ni por casualidad.- Nelly había hecho una pelota con el tanga y agarrándola de la barbilla se lo metió a Eva en la boca.- Cada vez que habla y me dice algo, lo hace mal. No. Lo hace peor que mal. Lo hace fatal. Y me está poniendo de los nervios. Así que por el momento vamos a hacer que guarde un rato silencio. Tráeme tu cinturón perro mariconazo. Antes me di cuenta de que no es demasiado estrecho y me va a venir ahora de maravilla. 
-Sí mi ama.- Otra vez el policía volvió a escudriñar la ropa y le dio enseguida lo requerido. 
-Quieta.- La rumana le pasó el cinturón por delante de la boca abierta y llena con el tanga hecho bola y se lo amarró alrededor de la cabeza como si se tratase de una mordaza. Ya no podía hablar y chorritos de saliva le comenzaban a salir pos las comisuras. Sin más, a continuación, Nelly la agarró fuerte del pelo, la agachó y comenzó a darle furiosos manotazos en las nalgas. 
-!No se te ocurra moverte!- Y siguió dando. Fuerte y sin interrupción. La azotaina duró cinco minutos largos. 
-Perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Desnúdame y me dejas todo muy bien doblado y ordenado encima de esa mesa. Vamos. 
-Sí mi ama.- Tras haber parado la rumana jadeaba un poco y se sobaba la muñeca de la mano con la que había pegado a Eva, como para relajar la extremidad. El policía, ya a su lado, la desvestía con meticuloso respeto. Despacio. Ella se dejaba hacer y mientras tanto miraba a la mujer del piloto, que continuaba a sus pies, arrodillada, consolándose las enrojecidas nalgas. 
-Voy a ordenarte algo muy sencillo, guarra. 
   Eva la miró. Tenía los ojos llenos de lágrimas. 
-Confirma que me entiendes moviendo la cabeza afirmativamente. 
   Y Eva asintió, en un par de segundos, un montón de veces. 
-¿Quieres saber por qué te he pegado? 
   Más asentimientos. 
-Porque cada vez que te dirijas a mi tienes que llamarme "mi ama", puta, "mi ama" ¿lo has entendido ya? 
-¿Te quito el tanga y los zapatos? 
-He dicho todo, perro. 
-Sí mi ama. 
-Pero por hoy ya no soporto más volver a escuchar cómo te equivocas, así que la orden que voy a darte es muy sencilla y fácil de cumplir; escucha. 
   Eva ahora no paraba de decir que sí con la cabeza. 
-No quiero que hables. Quiero que guardes silencio. Absoluto silencio hasta que yo me vaya. No quiero que vuelvas a abrir la boca para decir una sola palabra. Zorra. No quiero que digas nada de nada. 
   La rumana ya estaba completamente desnuda como sus dos acompañantes, Edu terminaba de colocar la ropa sobre la gran mesa de mármol del comedor y Eva asentía sin parar. 
-Quítale a esa furcia el cinturón. 
-Sí mi ama. 
-Sácate el tanga y ya sabes, guarra, chitón. 
   Más movimientos afirmativos de cabeza, pero en absoluto silencio. 
-Mejor. Te he liberado porque enseguida voy a necesitar tu boca. Voy a usarla. Y tú, perro mariconazo, conoces bien esta casa ¿verdad? Llevas dos años follándote a escondidas a esta guarra. 
-Sí mi ama. 
-Entonces llévame al cuarto de baño, tengo muchas ganas de orinar. 
-Sí mi ama. 
-Tú, puta, nos seguirás a cuatro patas, y no te quedes atrás. 
   El policía llevó a su dueña al servicio de la habitación matrimonial, que era el más amplio y el mejor amueblado de la casa, situado en la planta superior, como el resto de los dormitorios. Eva subió como pudo, pero a buen ritmo, las escaleras, avanzando como una gata. 
-No cierres la puerta. 
-Sí mi ama. 
   Nelly se sentó sobre el water y comenzó a orinar. Durante unos segundos solamente se oyó su potente chorro en la taza. 
-Acércate puta. Más. 
   Eva se situó, sentada en el suelo, sobre sus muslos, entre las dos piernas abiertas de la rumana. Su dueña la cogió de la cara, con cierta ternura y le acercó uno de sus pechos a los labios. 
-Chúpame el pezón, perra.- Continuaba orinando aunque ahora el chorro sonaba menos intenso. Eva obedeció de inmediato y le lamía la roseta con los ojos cerrados, un poco extasiada. 
-Cuando termine de mear voy a usar tu boca porque no voy a utilizar papel higiénico. No me hace falta, teniendo aquí a una perra. Tú me limpiarás con la lengua, me lamerás el coño hasta dejarlo reluciente.- Dejó de sonar el chorro.- Ya. 
   Nelly se echó hacia delante abriendo las piernas como una parturienta y al instante Eva se lanzó hambrienta sobre el sexo de la rumana. Parecía querer devorarlo por el ansia de sus movimientos, pero no, el ruido de los sorbetones y lengüetazos que emitía dejaron claro que solo estaba lamiendo. 
-Hummm... a esto le llamo yo comerse bien un coño... perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Pajéala un poco mientras me lame... quiero premiarla... y que no disminuya el ritmo. 
-Sí mi ama. 
   Eduardo se agachó de cuclillas al lado de Eva y comenzó a masturbarla. Con la posición que guardaba la trasvestí a cuatro patas parecía que el policía estaba ordeñándola. 
-Hum... estupendo... guarra... estupendo... lo haces demasiado bien... me está follando con la lengua a lo bestia... hum... no puede ser que sea mi coño el primero que se come. 
-Lo es mi ama. 
-¿Y tú cómo puedes estar tan seguro, perro? 
-A Eva la excita mucho contarme todas sus aventuras sexuales, mi ama. Con todo lujo de detalles. Por eso sé todo lo que ha hecho y te aseguro, mi ama, que hasta ahora, jamás se lo había chupado a una tía. 
-Hum... milagroso... el sadomaso es milagroso... hum... 
-Sí mi ama. 
   Como Nelly no tuvo ninguna prisa en dar por terminada su visita al cuarto de baño, hasta veinte minutos después no volvieron a estar los tres abajo en el centro del salón. Frente a ella, de pie y firmes, con las manos en la espalda, como se les había ordenado, se mantenían Edu y Eva con la mirada baja mientras la rumana los observaba. En concreto, les miraba a los dos más abajo del ombligo y antes de comenzar las piernas. 
-¿Cómo es posible? ¿Cómo podéis tener los dos las pollas tan increíblemente duras y levantadas? 
   A una con la mano derecha y al otro con la mano izquierda les agarró fuertemente el tronco de los dos penes y los bajó, con cierto esfuerzo, hasta dejárselos pegados en las caras delanteras de los muslos. El daño hizo resoplar un poco a los esclavos. Luego, de repente, soltó las pollas, y ambos miembros salieron lanzados hacia arriba con el bamboleo poderoso de un resorte recién liberado. La rumana, con los brazos en jarra ahora y su más inquietante sonrisa de depredadora, miró aquellas pollas, rebotando en el aire y saltando hacia arriba. 
-Guarra, tráeme gasas de vendar y cinta sanitaria gruesa, rápido.- La mujer del piloto salió corriendo como una gacela hacia el botiquín de la cocina. -Así me gusta, calladita. Y tú, perro. 
-¿Sí mi ama? 
-Tráeme la fusta que traigo en el bolso. 
-Sí mi ama. 
   Menos de diez segundos después los dos volvían a estar frente a ella en posición de firmes pero con las cosas que les había pedido en las manos. Nelly volvió a mirarles en el mismo sitio. 
-Eso cada vez está más duro y más alto. Voy a tener que bajarlas, las dos juntitas y a la vez, a golpe de fustazos. 
   
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 31 de Agosto de 2010 a las 19:59
   La "pulsación sexual" es un concepto que ayuda a entender la compleja disparidad con que los seres humanos, cada uno de manera diferente, vive el fenómeno del sexo. De su propia sexualidad. Como el carnet de identidad o el isolenguaje, es intransferible. Cada cual es cada uno. Excitarse por cosas raras. No tener ganas casi nunca. Querer hacerlo a todas horas. Etc ad eternum. El secreto de las parejas dentro del paisaje sexual es la existencia de límites admisibles de tolerancia y la compenetración bioerótica a más de un 80 por ciento un  milagro poco habitual. Pero socialmente es más cómodo conformarse y si acaso, recurrir, la mayoría de veces en secreto, a la masturbación o a la infidelidad. Para compensar. Esa forma brutalmente espontánea y básicamente diferencial del sexo, es la manera natural de manifestarse como una realidad humana individual, y su carga fustrante, el esponente negativo cultural. Por un lado. Y por otro la subyacente perversión, mal relacionada con el sentimiento del amor, del deseo de controlar a la persona que deseamos. Sexualmente. Como si fuera posible controlar que sepa bien el mordisco a una manzana y el fresco sabor de su carne desgajada entre los lametazos ensalivados de otra lengua y de otros labios. Un sorprendente ejercicio de autoanálisis, siempre, es escribir un par de hojas intentando describir de la manera más objetiva posible que se entiende por follar. Y luego. Narrar con la misma cantidad de palabras, más o menos, la vida sexual de uno. Dejar un día de reposo mental y al tercero coger los dos textos y comparar. Este tipo de ejercicios deberían de ser obligatorios para alcanzar una buena saluda mental si no viviéramos sumergidos en una cultura que se avergüenza de la muerte, y oculta a los moribundos, por citar algo definitorio que no sea sexo, y que para lo de follar o sólo lo hablan los tontos, a se habla a lo tonto de ello y los que ejercen de intelectuales o artistas, sencillamente, no pueden mencionarlo en serio. Al menos, los que no son tan tontos, tendrán que reconocer que los que aceptan su propia "pulsasión sexual", inevitablemente peculiar si se acepta en serio, aceptan y comienzan a controlar, sus propias parafilias. Como el sadomasoquismo. Que en el fondo es algo tan sencillo como aceptarse a si mismo, como romper complejos culturales inservibles y algo tan seminal y básico como disfrutar de follar. De la manera que nos gusta follar. Sin explicaciones. Sin más.  
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 10 de Septiembre de 2010 a las 22:36
   "Sade, Septiembre del 2010" es un hilo que he abierto para ir colgado vídeos infectados de sadomasoquismo; vídeos musicales, fragmentos de películas y lo que surja. La infección Sadomaso se refiere tanto al contenido como a la forma, lo importante, es que sea perfectamente reconocible la intención erótica utilizando como herramienta básica el dolor. A través. De la dominación y del sometimiento consensuados. En cuanto al título es oportuno recalcar que aunque el Marqués de Sade no inventó ninguna orientación sexual, de la misma manera que resultaría imposible que alguien hubiese inventado el lesbianismo, sí que comenzó, literalmente, a construir el enorme discurso pornoestético que tras doscientos años de avatares constituye ya, hoy en día, el sadomasoquismo en el poliédrico paisaje cultural. Del Septiembre del 2010. Por ejemplo. A Sade mi profunda admiración, por tres motivos que merecen hilachar más líneas y con más esmero. Ya lo haremos. Lo de ahora es un orgasmo visual que manifiesta hasta qué punto. Y sin que probablemente nos hayamos dado cuenta hasta ahora de ello. El divino Marqués ha impregnado con sus oscuros sabores de pecado el colectivo pensamiento.   
salazar
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  • 18 de Septiembre de 2010 a las 22:21
UNO. 

   Cuando el gobierno de Japón prohibió el Fugu aumentaron las muertes por su intoxicación. Se unían dos factores poderosamente atrayentes para la mentalidad japo; lo prohibido y que se prepara en solitario. Cuando algo está prohibido y para romper esa prohibición es necesario exhibir la acción ante los demás, es muy difícil que alguien se atreva en Japón, pero si lo que está prohibido se puede llevar a cabo en casa sin que nadie se entere, lo hará más de medio país. El Fugu es el pez globo, un hermoso animal del tamaño de una trucha que en libertad produce tetratoxina, diez veces más mortal para el ser humano que el mismísimo cianuro potásico. Un Fugu de peso normal podría llegar a matar a quince hombres. El pez globo se llama así en occidente porque cuando se siente acosado se hincha enormemente, casi triplicando su tamaño, con lo que disuade a muchos de sus potenciales cazadores. Creen que no les va a caber en la boca. Y para los que se los comen, a pesar de tan inteligente estrategia de defensa, les tienen reservados la tetratoxina. Una muerte relativamente lenta y bastante cruel; primero se paralizan los músculos, todos, y luego, poco a poco, las vísceras también. El intoxicado se queda totalmente inmóvil, como un auténtico tetraplegico, un espectador inválido e indefenso que asiste al horroroso espectáculo de su propia muerte, porque siempre, hasta el último de los instantes, permanece despierto y consciente. No existe antídoto contra la tetratoxina, no se puede hacer absolutamente nada, los japoneses masajean a los moribundos con la vaga esperanza de que supere la crisis de forma natural y su ritmo cardíaco reaccione. Pero muy rara vez se salva alguno. Esa es la maldición del Fugu. Un magnífico y dramático acto final de venganza. Su propia carne envenenada mata a su asesino. Pero sólo si vive en libertad, como si a la naturaleza no le gustara perder tiempo y esfuerzo con los enredos humanos. Los Fugus criados en piscifactorías no son ni muchísimo menos tan tóxicos. Y ahora sabemos que es por una bacteria que come el animal a más de cien metros de profundidad. Tampoco sabe igual según los expertos culinarios, son mucho más sosos y su carne menos tersa. Porque después del fracaso de la prohibición las autoridades japonesas legalizaron su consumo, pero regulándolo. Para cocinarlo hay que ser un cheff en activo, con al menos cinco años de experiencia, y aprobar un severo examen teórico y práctico. Tras superar dicho examen al cocinero se le concede una licencia para adquirir, para cocinar y para ofrecer el Fugu a sus comensales. Todo está estrictamente ritualizado porque para desposeer al pescado de su capacidad venenosa hay que cocinar el Fugu de una manera única y concreta. Un gran privilegio acorde con la extraordinaria responsabilidad que conlleva. Fuera de Japón sólo existe un cocinero con licencia para cocinar Fugu y es Takesi Ikino, el cheff del restaurante Robata de Madrid. Marido de Shiguemi Hikino, directora con éxito de dicho restaurante y licenciada en filología hispánica en la rama de lingüística por la Universidad Complutense. 
salazar
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
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  • 29 de Septiembre de 2010 a las 16:51
DOS. 

Gracias a su sólida formación filológica la Web del Robata, redactada por Shiguemi, es una auténtica delicia explicativa y un alarde de mutua comprensión entre las dos culturas. Además, al más puro estilo japo, en las horas puntas de las comidas y de las cenas, ella está siempre en la entrada del restaurante dando la bienvenida a los clientes y ofreciéndose para aconsejarles qué pedir de la carta. Suele llevar vestidos largos y finos, con frecuencia ceñidos, que destacan su figura, bien proporcionada, de caderas suaves y escotes sugerentes. El pelo siempre corto y un poco en punta, como un erizo de mechas que transmite cierta sensación eléctrica y que sin embargo es el ideal para destacar el brillo intensísimo de su mirada; su más destacable rasgo de belleza. Con cuarenta y siete años Shiguemi era una mujer muy guapa. Acababa de inventar las "Cenas con Talentos" y había echado mano de un viejo amigo y compañero de universidad para iniciarlas. La idea era sencilla; una o dos veces al mes invitaría a cenar a un escritor o artista famoso, con el acompañante que quisiera el invitado. Pondría a la pareja en una mesa elevada sobre una pequeña tarima y muy bien iluminada, como un minúsculo escenario, y perfectamente visible para todo el resto de las mesas del restaurante. A su lado dos camareros, uno japonés y otro no japonés, uniformados, y con cinta a la cabeza al estilo Robata, atentos a los deseos de esos dos comensales y el resto del tiempo serios e inmóviles como estatuas. Muy japo. Chill out zen de fondo y junto a la mesa un atril con un libro del artista si es escritor y si no lo es con algún objeto simbólico que represente el fruto de su talento. Después de anunciarse a bombo y platillo la cena se llevaría a cabo en un día y a una hora de máxima concurrencia al restaurante. La guinda del cheff sería preparar platos que por su colorido y formas quedaran a la vista espectaculares y la guinda aportada por Shiguemi que después de los postres ella misma dirigiría un pequeño debate con el artista invitado en el que podría participar el público del Robata. Con "Cenas con Talentos" Shiguemi quería brindar a su clientela la posibilidad, real, de decir que ellos cenaron allí con tal o cual personaje admirable y si se atrevían, que además le preguntaron eso y les contestó aquello. En resumen, una hermosa experiencia que recordar añadida al valor gastronómico y ambiental intrínsecos del Robata. Su viejo amigo y compañero de universidad era José Andrés Salazar, autor de una novela marginal con un relativo éxito de ventas. 
salazar
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  • 6 de Octubre de 2010 a las 21:52
TRES. 

   Pretendía ser el inventor de un nuevo género literario; la novela pornográfica, aunque todos los lectores cultos cuando terminaban de oír la frase le ponían comillas a lo de "género literario" y lo aceptaban con media sonrisa. La novela en cuestión se llamaba "SM; dentro de una parafilia" y trataba de sadomasoquismo. Quizás simplemente por el exotismo cultural y un poco morboso que el Sado inspira a los grandes medios, fue por lo que se le mencionó en unas cuantas ocasiones cuando se publicó la novela y quizá por eso también, ¿gallina o huevo?, fue por lo que vendió el escaso número de miles de ejemplares que son considerados necesarios para calificar un libro de éxito. Y aunque hay que decir, en honor a la verdad, que llegó a la mágica cifra de los hits muy por los pelos, a Shiguemi le resultaba más que suficiente y aprovechó sin dudarlo la ventaja que le daba su amistad con el escritor. Sobre todo porque las "Cenas con Talentos" era un evento completamente nuevo, y como todo lo nuevo, de resultado incierto. Era difícil por lo tanto que cualquier otro artista de renombre expusiera su prestigio protagonizando la inauguración. José Andrés aceptó. Por supuesto. Fundamentalmente porque llevaba mucho tiempo, años, deseando a Shiguemi y era un hombre que seguía con sencillez brutal sus prioridades. 
salazar
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  • 8 de Octubre de 2010 a las 16:50
CUATRO.

Antes de que llegara el día, mejor dicho, la noche de la cena, se reunieron ambos en un par de ocasiones porque Shiguemi quería preparar bien el debate de los postpostres. Así lo definía ella. Estaba preciosa, divertida y atenta, más atractiva de lo que jamás la había visto antes y José Andrés, que era un empedernido aficionado al más rancio de los psicoanálisis, concluyó que a las japonesas les excitaba el éxito. Quizás. Lo importante era que por fin tenía una clara oportunidad. Colaboró con Shiguemi dándole toda clase de fechas y datos técnicos sobre su novela; escuchó las preguntas para el debate que se le habían ocurrido a ella y le dio sobre todas su opinión de manera meditada y honesta; además le propuso algunas preguntas más de su propia cosecha pero dejando claro que con eso sólo pretendía ayudar. Dejaba enteramente al criterio de su amiga la selección definitiva de las preguntas y la anticipó que respondería gustoso a cualquier cosa que le preguntase, hubieran hablado de ella o no con antelación. Shiguemi le agradeció algo emocionada su declaración incondicional de confianza y se le escapó una reverencia japo al hacerlo. Estaban en su despacho del Robata. Todos los muebles eran negro wengué de diseño y ella los iluminaba con la intensidad de su mirada. Más que preciosa. José Andrés alargó el brazo y la cogió suavemente de la barbilla impidiéndole así terminar el gesto de la reverencia. 
-No me hagas eso. 
-Perdón.- El segundo rasgo más poderoso de su belleza era su invencible sonrisa de nácar. Todo quedó listo para el día de la cena y la cena llegó. Un viernes prefestivo a las 10:30 de la noche en el que todos los indicadores hacían prever máxima afluencia. 
salazar
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  • 13 de Octubre de 2010 a las 19:19
CINCO.

A través de la Web del restaurante, en los foros gastronómicos, con cuñas de radio y en algunas publicaciones locales fue anunciado el evento. También participó la editorial de José Andrés publicitándolo por sus medios habituales. Y vino bastante gente, un poco más de lo que cabía esperar es un día normal de mucho trabajo. Por supuesto ese aforo suficientemente relevante no era fruto de la modesta inversión publicitaria que pudo hacerse sino del momento social que se vivía. Se estaba saliendo de la crisis. Por fin. Y la clase media reaccionaba volviendo a llenar los buenos restaurantes en u ejercicio redentor de autosatisfacción gastosa. Shiguemi, exquisitamente arreglada, en su minibarra de la entrada, daba la bienvenida interminablemente a los clientes. Estaba un poquito nerviosa y llevaba un vestido ajustado y largo, abierto por detrás más allá de la espalda y arriba sostenido con firmeza por sus pechos sin dejarse tapar en exceso. La mesa escenario ya estaba preparada y el cheff había hecho un trabajo soberbio; sobre el mantel blanco lucían los exóticos platos como un magnífico bodegón viviente lleno de colores y formas sorprendentes. Y al lado el atril que sostenía un ejemplar de "SM; dentro de una parafilia". Otro atril igual con la misma novela estaba junto a Shiguemi en la entrada, en el mostrador que con grandes letras anunciaba la leyenda de la noche; "Cenas con Talentos". Entonces entró un camarero y anunció a su jefa que ya llegaba José Andrés. Shiguemi de inmediato dio unas palmas y dijo algo en japonés casi gritando y otros dos camareros de la sala corrieron a reunirse con ella. El escritor entró en el Robata acompañado por una mujer de melena lisa y negra, bellísima, con rasgos orientales y cogida de su brazo.
salazar
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  • 18 de Octubre de 2010 a las 17:08
SEIS.

Shiguemi saludó a la pareja con ostentosa ritualidad japonesa y procurando siempre estar muy visibles ante el público del restaurante. Ambos, José Andrés y su hermosa acompañante iban de negro. Código estricto. Estaban impresionantes y Shiguemi miró a su amigo con emocionado orgullo y satisfacción. Él llevaba chaqueta y pantalón de cuero y una camisa negra planchadísima y algo brillante, aunque no tanto como sus zapatos. Ella un abrigo largo, también de cuero, medias negras y zapatos de charol de taconazo. Shiguemi les pidió que le dieran sus abrigos y José Andrés se quitó la chaqueta. Uno de los camareros la cogió y los otros dos camareros ayudaron a la morena a quitarse el abrigo. Entonces el restaurante entero se quedó mudo. La acompañante del escritor, ya sin el abrigo, aparte de los taconazos y las medias a medio muslo, llevaba solo liguero y tanga, un collar de Historia de O al cuello y dos trocitos de cinta aislante en forma de aspa tapándole cada pezón. Todo negro. Pero lo más alucinante era que a pesar de las piernas macizas que exhibía, de sus caderas árabes y y de sus nalgas de top model, no tenía pechos. Debajo de aquella carita de ángel achinada en medio de la melenaza negra, no había tetas. Los trocitos de cinta del tamaño de tiritas no tapaban más que los pezones, literalmente. 
-Se llama Agustín.- Terció José Andrés para matar el denso silencio. 
-¿Agustín? 
-Sí. Me lo ha prestado su amo, que es un buen amigo mío, para esta noche. Saluda a la señora.
-Buenas noches doña Shiguemi. 
-Encantada.
  


salazar
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  • 23 de Octubre de 2010 a las 16:49
SIETE.

   Y tras el silencio inicial, un mar de murmullos; algunos admirados, la mayor parte sorprendidos y unos pocos escandalizados. Los camareros ya se habían llevado al guardarropa las ropas de abrigo de José Andrés y de Agustín, la causante del revuelo, que con los brazos en jarra, y apoyadas las manos en la cadera, modelaba contoneante su cuerpo ante el público boquiabierto. Sobre aquellos taconazos de altura casi imposible se movía como una reina. Sus bellísimas piernas, resaltadas por el tanga y el liguero, no eran nada comparadas con su soberbio culito y arriba nada, porque no tenía tetas, sólo dos equis de esparadrapo tapándole los pezones, puntiagudos. La hermosa melena, larga y lisa, que casi le llegaba a su cintura de Mata Hari, enmarcaba el cinturón de Historia de O que llevaba al cuello. Sólo eso vestía, y un ligero maquillaje para resaltar, su bellísimo rostro de geisha. Shiguemi, que seguía muy ceremoniosa, perfectamente consciente de la responsabilidad escénica de aquel momento, le pidió a la pareja que la siguieran, porque iba a llevarles hasta su mesa. Y con ese aire imponente y quizá excesivamente serio para el gusto occidental, la directora del restaurante japonés Robata dio comienzo a las Cenas con Talentos. Ella comenzó a andar, sorteando las mesas atiborradas de la gran sala del local, como quien encabeza una comitiva; detrás José Andrés Salazar, que de la mano, suavemente, llevaba a Agustín, que avanzaba arrebatadora, esgrimiendo sus nalgas divinas, media sonrisa en la cara y como pinchando el suelo con sus tacones de punta acerada. Por último les seguían, tan dignos como callados, los dos camareros, que tendrían a su servicio durante toda la cena. Fue como el paseo de los toreros antes de las corridas. Y a los flancos, desde el respetable cuando pasaban al lado, un respetuoso silencio que auguraba un buen comienzo. Llegaron a su mesa escenario y los camareros, rápidos, acomodaron a la pareja en sus sillas. Quedaron sentados de frente, para que todo el mundo los viera, Shiguemi les agasajó con una última reverencia, les deseó una feliz velada y se marchó de la minizona elevada. Volvió a ser perceptible la música zen y el murmullo caótico de los grupos de gente, hablando y riendo, cada uno en su mesa. 
-Todo bien.
-Perfecto.- Apostilló Agustín, y chocó su copa de cava contra la de su acompañante. José Andrés le dio un fugaz beso en los labios. No pudo resistirse. Estaba estremecedoramente elegante. Ambos rieron, miraron a su alrededor y comenzaron a coger de los platos. Tenían hambre.
 
   
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