Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos.
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cita de salazar
VEINTICUATRO.
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-Cuando se ha nacido chico, y se han llevado pantalones siempre, siempre y siempre, ponerse falda y salir con ella a la calle es algo increblemente excitante. Sobre todo las minis. Recuerdo que la sensacin dedesnudez de cintura para abajo, al principio, me volva loca. Incluso se me pona la polla dura, lo que complicaba an ms la situacin, y eso que la tengo muy pequeita. Bueno, t ya me la has visto verdad Shiguemi?
-Es cierto. Tu pene es muy pequeito. Precioso, pero minsculo.
-Pero ya me he acostumbrado. Incluso a los tacones altsimos que llevo siempre. Eso es cosa de mi amo. Son sus rdenes.
-No te importa que te preste a otra persona?
-Como si fuera una puta?
-Yo no he dicho eso.
-Pero lo has pensado. Dime la verdad.
-S, bueno. Lo he pensado.
-Yo soy su puta. Su perra. Su esclava. Me presta a quien quiere y cuando quiere y yo simplemente obedezco.
-Y fue aqu donde le conociste?
-Y donde me us por primera vez.
-No termino de acostumbrarme a que lo llamis "usar".
-La Sala Satn Te gusta?
-No est mal,aunqueest muy poco iluminada y no hay demasiada gente.
-Esto no es un restaurante como el tuyo. Aqu siempre hay poca luz y muy poco jaleo. Pero al menos dime que es bonito Has visto que techos ms altos? Y todava no te he enseado la sala sadomaso.
-Voy a pedir algo.
-No. Djame a mi. Est en la barra la misma mujer que estaba cuando qued con Andrs en aquella primera cita, pero no me ha reconocido. En esa ocasin todava iba vestida de chico y como ahora voy de tan mujer...
-Y tan bonita.
-Gracias Gin tonic otra vez?
Shiguemi respondi con una sonrisa y Agustn se levant, enfundada en su vestido negro ceido y muy abierto por la espalda. Estaba soberbia. Flotaba sobre los tacones, que dibujaban sus arqueadas piernas y trazaba pinceladas en el aire con su melena. Sonri a la mujer seductoramente, la cogi de la mano y comenz a decirla algo; de repente, la mujer de la barra abri mucho los ojos. Por la expresin de alegre sorpresa que puso resultaba evidente que acababa de recordar laanteriorvisita de Agustn con su amo. Y para que pudiera observarla mejor Agustn comenz a dar vueltecitas y a poner posturitas de modelo delante de ella. Finalmente cogi las dos copas que le sirvi la mujer, muy feliz por el descubrimiento, y volvi con la japonesa.
-Si no me equivoco ha pasado ya un ao cmo puede acordarse tan bien de ti?
-Nos hicimos notar.
Agustn se sent y Shiguemi dio un buen trago a su vaso de tubo. Estaban en la mesa del centro, frente a la entrada, como dos autnticas reinas. De hecho, ninguna de la media docena de personas que haba en el local a esa temprana hora de la noche madrilea, las once, dejaba ni un segundo de mirarlas.
-Despus de hablar un rato subimos a la sala de sadomasoquismo.
-Sin ms prembulos?
-El tema es as. Ya lo descubrirs.
-Sigue.
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VEINTICINCO. -Andrs me puso en pelotas, bueno, por orden suya me quit todo lo que vesta y me puse tacones, medias a medio muslo y un pauelo en la cabeza; nada ms; luego me la meti en la boca, me azot un rato el culo y despus... - Ahora ella bebi. Slo coca-cola. Sin alcohol.
-Sigue guarra, no me dejes con la intriga.
-Luego me puso una nota en la boca y me orden que bajara as, desnuda, a esta sala, que me exhibiera bien delante de todas las personas que hubiera, y que despus le diera el papel a la seora de la barra.
-Ciertamente oshicisteis notar.
-Me haba prohibido hablar, as que yo obedeca en silencio. Tampoco saba lo que Andrs haba escrito en el papel hasta que la mujer lo ley delante de m; invitaba a todo el que quisiera a meterme mano mientras la mujer nos preparaba un par de copas.
-Y te tocaron?
-Me manosearon un buen rato porque la mujer se tomo lo de preparar los combinados con mucha calma.- Agustn levant la mano y lanz un saludo sonriente a la mujer que acababa de mencionar. Ella le devolvi el gesto amable.- Ella, y los dos o tres clientes que haba all en aquel momento, me sometieron a un magreo en toda regla; me toquetearon el culo, la polla, los pezones y hasta me metieron dedos en la boca. Fu increble y lo ms alucinante fue cmo estaba yo viviendo aquella escena; era como estar en trance; me senta aterrorizada, y a la vez, intensamente feliz por obedecer a Andrs y ms excitada de lo que haba estado jams en mi vida.
-Se te puso dura?
-Como una estaca. Ms que dura; brillante.
-Tienes razn; es alucinante.
Agustn le cogi la mano a la japonesa y se la meti dentro de la falda ponindosela en la entrepierna.
-Mira. Se me ha puesto dura contndotelo.
-Guarra.- Shiguemi le agarr con fuerza la pollita y la mene un poquito antes de soltarla. Luego la dio un fugaz beso en los labios.
-Esa fue mi verdadera introduccin al Sadomaso.
-Exhibicionismo. Tocamientos de desconocidos. Sexo oral. Azotes Siempre es tan intensa la primera vez?
-T ya has tenido una primera vez con Jos Andrs Salazar No?
-Afirmativo.
-Y es tan intenso el estreno? Cul es tu respuesta?
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cita de salazar
VEINTICINCO.
Dedicado a Cybermima, por la magnfica biografa de si misma que ha puesto en su ficha. Y si decides contestar... dime qu opinin tienes de Sade? Me temo, amiga, que eres una de las escasiiiiisimas personas que le hanledo. De verdad.
-Andrs me puso en pelotas, bueno, por orden suya me quit todo lo que vesta y me puse tacones, medias a medio muslo y un pauelo en la cabeza; nada ms; luego me la meti en la boca, me azot un rato el culo y despus... - Ahora ella bebi. Slo coca-cola. Sin alcohol.
-Sigue guarra, no me dejes con la intriga.
-Luego me puso una nota en la boca y me orden que bajara as, desnuda, a esta sala, que me exhibiera bien delante de todas las personas que hubiera, y que despus le diera el papel a la seora de la barra.
-Ciertamente oshicisteis notar.
-Me haba prohibido hablar, as que yo obedeca en silencio. Tampoco saba lo que Andrs haba escrito en el papel hasta que la mujer lo ley delante de m; invitaba a todo el que quisiera a meterme mano mientras la mujer nos preparaba un par de copas.
-Y te tocaron?
-Me manosearon un buen rato porque la mujer se tomo lo de preparar los combinados con mucha calma.- Agustn levant la mano y lanz un saludo sonriente a la mujer que acababa de mencionar. Ella le devolvi el gesto amable.- Ella, y los dos o tres clientes que haba all en aquel momento, me sometieron a un magreo en toda regla; me toquetearon el culo, la polla, los pezones y hasta me metieron dedos en la boca. Fu increble y lo ms alucinante fue cmo estaba yo viviendo aquella escena; era como estar en trance; me senta aterrorizada, y a la vez, intensamente feliz por obedecer a Andrs y ms excitada de lo que haba estado jams en mi vida.
-Se te puso dura?
-Como una estaca. Ms que dura; brillante.
-Tienes razn; es alucinante.
Agustn le cogi la mano a la japonesa y se la meti dentro de la falda ponindosela en la entrepierna.
-Mira. Se me ha puesto dura contndotelo.
-Guarra.- Shiguemi le agarr con fuerza la pollita y la mene un poquito antes de soltarla. Luego la dio un fugaz beso en los labios.
-Esa fue mi verdadera introduccin al Sadomaso.
-Exhibicionismo. Tocamientos de desconocidos. Sexo oral. Azotes Siempre es tan intensa la primera vez?
-T ya has tenido una primera vez con Jos Andrs Salazar No?
-Afirmativo.
-Y es tan intenso el estreno? Cul es tu respuesta?
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VEINTE SEIS. -Afirmativo otra vez.
-Me encantas.- Esta vez fue Agustn quien beso a Shiguemi en la boca pero ahora con un poco de lengua.
-O sea, que me has trado a un museo de tus recuerdos, por toda la cara.
-T no sabas donde ir y me dijiste que yo eligiera.
-Ensame la misteriosa sala.
-La sadomaso?
-Vamos.
-Madame.- Agustn se haba levantado y haciendo una sobreactuada reverencia a la japonesa sealaba los escalones del fondo que conducan a la mencionada estancia. Shiguemi se levant riendo y cogidas del brazo, juntando melosas sus caderas, comenzaron a subir. La japonesa llevaba un vestido oscuro ajustado pero sin abrir por detrs; con escote en pico. Parecan dos panteras en celo mientras clavaban sus tacones sobre las escaleras.
-Me encanta.
-Verdad?
-Y qu coleccin de fustas.- Shiguemi descolg una de la pared donde estaban expuestas y se qued contemplndola embelesada. Agustn se acerc por detrs, la abraz los hombros y la beso el cuello. Aunque todava la conoca poco, empezaba a adorar en ella esos mgicos instantes de concentracin y silencio en los que se envolva la japonesa, de repente, en medio de una conversacin. Entonces son el mvil. Por la meloda Shiguemi saba que no era el suyo, as que no se movi siquiera y continu contemplando y acariciando la fusta entre sus manos. Agustn, que a sus espaldas se haba apartado un poco de ella, contestaba la llamada.
-Dime mi amo.
A continuacin, de manera rpida y concisa, Agustn describi con quin estaba, por qu y dnde. Lo de estar en aquel momento en la sala de sadomasoquismo de la Satn suscit el inters de Andrs porque le solicit algunos detalles al respecto. Resultaba lgico; l fue su amo en aquel entonces y acababa de descubrir la gira nostlgica que se haba montado Agustn con Shiguemi aquella noche. Ms preguntas sobre la japonesa. Sali Jos Andrs a colacin. Andrs y el escritor se conocan. Agustn responda a todo con la sinceridad de un robot. Y al cabo de unos minutos de estar respondiendo se qued muy callada, pegndose con una mano el telfono al odo y con la otra sostenindose el codo de ese brazo. Estaba muy concentrada.
-S mi amo... s mi amo... s mi amo.
Colg.
Demasiado silencio.
Ahora era Shiguemi quien la abrazada por los hombros y la besaba en el cuello.
-Qu pasa cario?
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cita de martaoliveri
Cmo se puede sentir placer con el sufrimiento del otro? Aunque sea de comn acuerdo tambien los perros bien adiestrados aman a sus amos aunque los aporreen. La homosexualidad basada en el amor y el respeto mutuo es loable al igual que la heterosexualidad pero aqui es diferente , una relacion basada en el sufrimento es una tristisima perversin , lo siento Salazar, ya s que todos se viene ,te van a defender, van a ironisar conmigo pero no puedo callarme lo que pienso, y vos que sos tan a lo Focault. No has comentado los temas ms espinosos como el derecho al sucidio o el derecho a las dorgas. Sos revolucionario pero haces gala del intimo sometimiento, cual es tu posicion real? Un abrazo Hola Marta! Probablemente no sea yo una de las personas mas indicadas para hablar de este tema, pero desde hace ya un tiempo voy siguiendo este hilo, y digo lo de probablemente por que a pesar de tener 27 aos aun soy virgen ( si, hay personas que aun lo somos ,y que, no pasa nada) no soy virgen por principios ni nada de eso, simplemente no me a llegado la oportunidad con nadie,( y no por falta de ganas ) a pasar de q en la sociedad actual , sea mas fcil echar un polvo, que encontrar un trabajo. Yo tambin pensaba eso de " Como se puede sentir placer con el sufrimiento de otro?"pero a travs de leer este hilo e ir leyendo cosas a travs de Internet, viendo algn q otro video ( por q ya a sido curiosidad lo q tenia sobre este tema) me e dado cuenta q , lo nico q tenemos sobre este tema son prejuicios y nadamas q prejuicios, yo pensaba que era lo q todo el mundo piensa cojer un ltigo a porrear a otra persona y hacerle el mayor daos posible y correrte de placer y q eran unos locos que para hacer eso tenia q poner de drogas hasta el culo por q no era algo “logico” , no era algo q estaba bien visto en la sociedad y solo lo hacan personas “locas”, pero e llegado a entender que no simplemente es eso, que es un estado al q puedes llevar a tu mente y q, a pesar de los latigazos, barazos, y ataduras y muchsimas cosas mas q escandalizan a la sociedad, se puede llegar a disfrutar a ser algo delicado y q se puede hacer con mucho amor sobre la persona a la q se lo haces y hacer disfrutar a esa persona como mas le gusta , por q al fin y al cabo, el sumiso quiere q se lo hagas, por q si no quisiera eso ya si seria un abuso y no seria una sesin de sado. Y pienso que se puede ser revolucionario y “ hacer gala de intimo sometimiento” por que una cosa es tu personalidad o tu forma de pensar y otra lo q tu hagas en la intimidad no creo q eso tenga nada q ver, como ya dije , creo q el sado es un estado al q puedes llevar a tu mente y ser un jefazo de una gran empresa y gustar el sado. Y por supuesto respeto totalmente tu opinin yo solamente te doy la ma. Un saludo. |
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Ya agradec a Martaoliveri su intervencin en este hilo, aunque no estuviera en nada de acuerdo conmigo. Y ahora quiero agradecer muy especialmente la intervencin de Silanm. Y antes de entrar al trapo quiero expresar que me siento un privilegiado por la sinceridad, y la profundidad emocional, de los participantes en el hilo de Sadomasoquismo de Bubok y que ya rebasa las 26.000 visitas. Decir gracias, una vez ms, se queda muy corto. Se me ha pagado con creces, ya, el pequeo esfuerzo de colgar mis escritos y se me est pagando con el ms poderoso de los valores; con respetuosa sinceridad y con inteligencia arriesgada. Eso es mucho ms que dinero. Mucho ms que fama. Es mucho. Y es ms. Silanm, mencionas el aspecto ms relevante, esclarecedor e innovador del Sadomasoquismo, como la tercera gran va de la orientacin sexual de nuestro siglo. Como yo la concibo y como t, documentndote y observndola, comienzas a percibirla. Me refiero al aspecto "mental" de la prctica. En concreto se trata de un intento, casi siempre afortunado, de controlar el xtasis mediante la planificacin previa y detallista del escenario, de los rolles y de los rituales del acto. Una planificacin, y por ello, un dominio mental, que permite comprender la promiscuidad y la bisexualidad de los aficionados al Sadomaso y que se substancia en el caracter performativo de las sesiones. Por resumir, lo que nos hace distintos a los sadomasoquistas es que surfeando, de manera natural, sobre dos potentsimas inclinaciones sexuales como son, el dominar y el ser dominado, estamos siendo capaces de controlarlo biosexualmente y lo que yo defiendo es que por ello, precisamente, se trata de una prctica ms conectada yconsecuenteque ninguna otra con la realidad actual.
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cita de salazar
VEINTE SEIS.
VEINTE SIETE.-Afirmativo otra vez.
-Me encantas.- Esta vez fue Agustn quien beso a Shiguemi en la boca pero ahora con un poco de lengua.
-O sea, que me has trado a un museo de tus recuerdos, por toda la cara.
-T no sabas donde ir y me dijiste que yo eligiera.
-Ensame la misteriosa sala.
-La sadomaso?
-Vamos.
-Madame.- Agustn se haba levantado y haciendo una sobreactuada reverencia a la japonesa sealaba los escalones del fondo que conducan a la mencionada estancia. Shiguemi se levant riendo y cogidas del brazo, juntando melosas sus caderas, comenzaron a subir. La japonesa llevaba un vestido oscuro ajustado pero sin abrir por detrs; con escote en pico. Parecan dos panteras en celo mientras clavaban sus tacones sobre las escaleras.
-Me encanta.
-Verdad?
-Y qu coleccin de fustas.- Shiguemi descolg una de la pared donde estaban expuestas y se qued contemplndola embelesada. Agustn se acerc por detrs, la abraz los hombros y la beso el cuello. Aunque todava la conoca poco, empezaba a adorar en ella esos mgicos instantes de concentracin y silencio en los que se envolva la japonesa, de repente, en medio de una conversacin. Entonces son el mvil. Por la meloda Shiguemi saba que no era el suyo, as que no se movi siquiera y continu contemplando y acariciando la fusta entre sus manos. Agustn, que a sus espaldas se haba apartado un poco de ella, contestaba la llamada.
-Dime mi amo.
A continuacin, de manera rpida y concisa, Agustn describi con quin estaba, por qu y dnde. Lo de estar en aquel momento en la sala de sadomasoquismo de la Satn suscit el inters de Andrs porque le solicit algunos detalles al respecto. Resultaba lgico; l fue su amo en aquel entonces y acababa de descubrir la gira nostlgica que se haba montado Agustn con Shiguemi aquella noche. Ms preguntas sobre la japonesa. Sali Jos Andrs a colacin. Andrs y el escritor se conocan. Agustn responda a todo con la sinceridad de un robot. Y al cabo de unos minutos de estar respondiendo se qued muy callada, pegndose con una mano el telfono al odo y con la otra sostenindose el codo de ese brazo. Estaba muy concentrada.
-S mi amo... s mi amo... s mi amo.
Colg.
Demasiado silencio.
Ahora era Shiguemi quien la abrazada por los hombros y la besaba en el cuello.
-Qu pasa cario?
-Me puedes llevar a un sitio?
-Claro.
-Mi amo quiere que me castiguen.
-Por qu?
-Para verlo a travs de una webcam mientras una esclava que acaba de conocer en la nueva ciudad en la que vive se la chupa. Le excita mucho verme gritar y llorar cuando me azotan en serio; por eso me va a castigar.
-Para disfrutar ms mientras le chupa la polla otra mujer? Por eso te vas a dejar dar de latigazos?
-Claro Shiguemi; ya te he dicho que es un amo de verdad.
-Y t su esclava.
-Afirmativo. No est lejos y t conoces el sitio.
-Yo?
-Es la casa de tu amigo.
-Jos Andrs?
-Y hay algo ms.- Agustn se puso de rodillas y hecha un ovillo, comenz a besarle los pies a la japonesa.- Te suplico por todo lo que ms quieras que no me digas que no.
-Habla.
-Mi amo quiere que vengas; que ests conmigo en donde voy a ser castigada y que lo veas todo; desde el principio hasta el final.
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cita de salazar
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cita de salazar
VEINTE SEIS.
VEINTE SIETE.-Afirmativo otra vez.
-Me encantas.- Esta vez fue Agustn quien beso a Shiguemi en la boca pero ahora con un poco de lengua.
-O sea, que me has trado a un museo de tus recuerdos, por toda la cara.
-T no sabas donde ir y me dijiste que yo eligiera.
-Ensame la misteriosa sala.
-La sadomaso?
-Vamos.
-Madame.- Agustn se haba levantado y haciendo una sobreactuada reverencia a la japonesa sealaba los escalones del fondo que conducan a la mencionada estancia. Shiguemi se levant riendo y cogidas del brazo, juntando melosas sus caderas, comenzaron a subir. La japonesa llevaba un vestido oscuro ajustado pero sin abrir por detrs; con escote en pico. Parecan dos panteras en celo mientras clavaban sus tacones sobre las escaleras.
-Me encanta.
-Verdad?
-Y qu coleccin de fustas.- Shiguemi descolg una de la pared donde estaban expuestas y se qued contemplndola embelesada. Agustn se acerc por detrs, la abraz los hombros y la beso el cuello. Aunque todava la conoca poco, empezaba a adorar en ella esos mgicos instantes de concentracin y silencio en los que se envolva la japonesa, de repente, en medio de una conversacin. Entonces son el mvil. Por la meloda Shiguemi saba que no era el suyo, as que no se movi siquiera y continu contemplando y acariciando la fusta entre sus manos. Agustn, que a sus espaldas se haba apartado un poco de ella, contestaba la llamada.
-Dime mi amo.
A continuacin, de manera rpida y concisa, Agustn describi con quin estaba, por qu y dnde. Lo de estar en aquel momento en la sala de sadomasoquismo de la Satn suscit el inters de Andrs porque le solicit algunos detalles al respecto. Resultaba lgico; l fue su amo en aquel entonces y acababa de descubrir la gira nostlgica que se haba montado Agustn con Shiguemi aquella noche. Ms preguntas sobre la japonesa. Sali Jos Andrs a colacin. Andrs y el escritor se conocan. Agustn responda a todo con la sinceridad de un robot. Y al cabo de unos minutos de estar respondiendo se qued muy callada, pegndose con una mano el telfono al odo y con la otra sostenindose el codo de ese brazo. Estaba muy concentrada.
-S mi amo... s mi amo... s mi amo.
Colg.
Demasiado silencio.
Ahora era Shiguemi quien la abrazada por los hombros y la besaba en el cuello.
-Qu pasa cario?
-Me puedes llevar a un sitio?
-Claro.
-Mi amo quiere que me castiguen.
-Por qu?
-Para verlo a travs de una webcam mientras una esclava que acaba de conocer en la nueva ciudad en la que vive se la chupa. Le excita mucho verme gritar y llorar cuando me azotan en serio; por eso me va a castigar.
-Para disfrutar ms mientras le chupa la polla otra mujer? Por eso te vas a dejar dar de latigazos?
-Claro Shiguemi; ya te he dicho que es un amo de verdad.
-Y t su esclava.
-Afirmativo. No est lejos y t conoces el sitio.
-Yo?
-Es la casa de tu amigo.
-Jos Andrs?
-Y hay algo ms.- Agustn se puso de rodillas y hecha un ovillo, comenz a besarle los pies a la japonesa.- Te suplico por todo lo que ms quieras que no me digas que no.
-Habla.
-Mi amo quiere que vengas; que ests conmigo en donde voy a ser castigada y que lo veas todo; desde el principio hasta el final.
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VEINTE OCHO.
Tener a Agustn a sus pies, hecha un ovillo, abrazndole las piernas, temblando y suplicndole que por favor se fuera con ella a casa de Jos Andrs a cumplir as las rdenes de su amo, era una escena sobrecogedoramente bella. Pero Shiguemi permaneca muy callada y un poco confusa. Todava no tena nada claro lo de aceptar la proposicin. Las dos seguan en la estancia Sadomaso de la sala Satn y Agustn comenz las splicas inmediatamente despus de hablar con su amo Andrs brevemente por telfono. Inducida por l. Por supuesto. El problema, bsicamente, era que la japonesa jams haba tenido una sola relacin sexual en toda su vida sin proponrselo, o al menos, sin considerarlo posible y aceptable previamente. Es decir, que siempre haba dicho que no, por sistema, a todas las proposiciones de ndole carnal que se le haban formulado y cuya iniciativa, de alguna manera, no hubiese partido de ella. La costumbre estaba ya tan incrustada en su personalidad que ella la senta indisolublemente unida al control de su libido y al ejercicio de su libertad. Por eso se haba quedado paralizada y muda. Con la vista baja y los ojos muy abiertos, observaba a Agustn, arrodillada, con sus espectaculares piernas descubiertas en esa posicin y con su maravillosa melena negra resbalndole entre los hombros. Como Shiguemi nocontestabay aterrada ante la posibilidad de no cumplir una orden de su amo, haba empezado a llorar, y mientras besaba los zapatos de la japonesa, sta senta en sus pies la humedad de aquellas lgrimas. Ms que soberbio. Shiguemi tuvo que aceptar que el espectculo que ella estaba viendo en aquel preciso momento era inmensamente hermoso. Cogi a Agustn suavemente de los codos y la levant. Ambas se quedaron mirndose, juntando muy cerca sus rostros. Agustn tena los ojos enrojecidos y le temblaban los labios.
-Por favor.- Otra vez rompi a llorar.
La japonesa la abraz y la bes en la boca, sobre todo, para que no dijera nada. Necesitaba unos instantes de silencio revelador y Agustn respondi a aquel gesto abrazndola tambin, con una ternura entregada.
-Vamos al coche.
-S.
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cita de xavilapierr
cita de salazar
VEINTE OCHO.
Lo haces a propsito? Digo lo de veinte siete, veinte ocho. No es veintisiete, veintiocho?
Tener a Agustn a sus pies, hecha un ovillo, abrazndole las piernas, temblando y suplicndole que por favor se fuera con ella a casa de Jos Andrs a cumplir as las rdenes de su amo, era una escena sobrecogedoramente bella. Pero Shiguemi permaneca muy callada y un poco confusa. Todava no tena nada claro lo de aceptar la proposicin. Las dos seguan en la estancia Sadomaso de la sala Satn y Agustn comenz las splicas inmediatamente despus de hablar con su amo Andrs brevemente por telfono. Inducida por l. Por supuesto. El problema, bsicamente, era que la japonesa jams haba tenido una sola relacin sexual en toda su vida sin proponrselo, o al menos, sin considerarlo posible y aceptable previamente. Es decir, que siempre haba dicho que no, por sistema, a todas las proposiciones de ndole carnal que se le haban formulado y cuya iniciativa, de alguna manera, no hubiese partido de ella. La costumbre estaba ya tan incrustada en su personalidad que ella la senta indisolublemente unida al control de su libido y al ejercicio de su libertad. Por eso se haba quedado paralizada y muda. Con la vista baja y los ojos muy abiertos, observaba a Agustn, arrodillada, con sus espectaculares piernas descubiertas en esa posicin y con su maravillosa melena negra resbalndole entre los hombros. Como Shiguemi nocontestabay aterrada ante la posibilidad de no cumplir una orden de su amo, haba empezado a llorar, y mientras besaba los zapatos de la japonesa, sta senta en sus pies la humedad de aquellas lgrimas. Ms que soberbio. Shiguemi tuvo que aceptar que el espectculo que ella estaba viendo en aquel preciso momento era inmensamente hermoso. Cogi a Agustn suavemente de los codos y la levant. Ambas se quedaron mirndose, juntando muy cerca sus rostros. Agustn tena los ojos enrojecidos y le temblaban los labios.
-Por favor.- Otra vez rompi a llorar.
La japonesa la abraz y la bes en la boca, sobre todo, para que no dijera nada. Necesitaba unos instantes de silencio revelador y Agustn respondi a aquel gesto abrazndola tambin, con una ternura entregada.
-Vamos al coche.
-S.
Espero que disfrutes la azotaina xdd No lo he hecho a propsito, supongo que est mal escrito. Soy un desastre ortogrfico, por no hablar de mis desmanes en concordancias gramaticales. No tengo disculpa y no s que ms decirte al respecto.Gracias por leerme Xavilapierr. Un saludo, y mis respetos. |
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VEINTE NUEVE. Salieron de la estancia Sadomaso y bajaron las escaleras abrazadas; Shiguemi llevaba a Agustín de los brazos, la guiaba y la ayudaba a avanzar, como se hace con las personas rotas en los entierros. En la zona principal de la barra había media docena de clientes y todo el mundo se quedó en silencio ante aquella escena; las dos pasaron por el medio de la estancia envolviéndolo todo de gravedad y misterio. Justo antes de salir de la Sala Satén la encargada se les acercó, preocupada. -¿Estáis bien?- Preguntó. Shiguemi agradeció el gesto, tranquilizó a la mujer y se despidió. Salieron. Ya era de noche. Parecían dos madonnas exóticas, por la pose y por el bellísimo rostro achinado de Agustín. Enseguida entraron en el Mercedes negro de la gerente del restaurante Robata; como seguía lloriqueando, ella le puso el cinturón a Agustín y luego se puso el suyo, arrancó, luces y miró por los espejos. Pulsó en el navegador la dirección de su amigo escritor, que ya tenía dentro. Salieron. -Me vas a llevar pero todavía no me has dicho si vas a entrar en esa casa conmigo.- Más llantos. -Si te soy sincera, cuando quedamos, ya me había hecho a la idea de que muy probablemente esta noche, tú y yo, acabaríamos follando. Era lo normal. -Claro. -Pero ir a casa de José Andrés para ver como te azota, ofreciéndole el espectáculo a tu amo por videoconferencia, porque eso le excita, mientras se la chupa su nueva esclava... no sé cariño, pero creo que eso es algo que me sobrepasa. Los llantos de Agustín aumentaron de volumen. Se tapó la cara con las manos y se encogía aún más en el asiento. Estaba llorando de verdad. -Joder.- Continuó Shiguemi.- Yo todavía no he dicho que no iré contigo. El comentario fue como un bálsamo de curación inmediata; Agustín renació de sus cenizas, y repentinamente iluminada, abrazó a Shiguemi, que a pesar del meneo, continuó conduciendo el vehículo con su prudencia habitual. Siguió una retahíla de gracias, gracias y gracias, tan vehementes, tan aliviados, que la japonesa, un poco cansada de la escena, prefirió no contradecirlos. Aunque no había dicho que si explícitamente, que estaría junto a ella, de principio a fin, en esa sesión, en el alambicado idioma de las mujeres, lo que acababa de decir era un "está bien, de acuerdo, qué le vamos a hacer", y Agustín, que ya era tan mujer como ella, no tardó ni una fracción de segundo en entenderlo. La abrazó, sin estorbar la conducción y se le acurrucó, apoyando la frente en su cuello. Agustín ya no lloraba, sonreía con la misteriosa expresión mística del post llanto inmediato, Shiguemi guardaba uno de esos silencios densos japos, cargados de contenidos imposibles de verter al lenguaje. Volvían a parecer dos bellezas enamoradas. Al sentarse la falda de la japonesa se había subido un poco y Agustín posó la palma de su mano directamente sobre el muslo de su amiga. Y vio que al hacerlo, la reacción de ésta, fue arrellanarse más en el asiento y abrir un poco las piernas. E interpretó bien, porque comenzó a acariciarla y le estaba gustando.
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cita de salazar
VEINTE NUEVE.
Veintinueve.
Salieron de la estancia Sadomaso y bajaron las escaleras abrazadas; Shiguemi llevaba a Agustín de los brazos, la guiaba y la ayudaba a avanzar, como se hace con las personas rotas en los entierros. En la zona principal de la barra había media docena de clientes y todo el mundo se quedó en silencio ante aquella escena; las dos pasaron por el medio de la estancia envolviéndolo todo de gravedad y misterio. Justo antes de salir de la Sala Satén la encargada se les acercó, preocupada. -¿Estáis bien?- Preguntó. Shiguemi agradeció el gesto, tranquilizó a la mujer y se despidió. Salieron. Ya era de noche. Parecían dos madonnas exóticas, por la pose y por el bellísimo rostro achinado de Agustín. Enseguida entraron en el Mercedes negro de la gerente del restaurante Robata; como seguía lloriqueando, ella le puso el cinturón a Agustín y luego se puso el suyo, arrancó, luces y miró por los espejos. Pulsó en el navegador la dirección de su amigo escritor, que ya tenía dentro. Salieron. -Me vas a llevar pero todavía no me has dicho si vas a entrar en esa casa conmigo.- Más llantos. -Si te soy sincera, cuando quedamos, ya me había hecho a la idea de que muy probablemente esta noche, tú y yo, acabaríamos follando. Era lo normal. -Claro. -Pero ir a casa de José Andrés para ver como te azota, ofreciéndole el espectáculo a tu amo por videoconferencia, porque eso le excita, mientras se la chupa su nueva esclava... no sé cariño, pero creo que eso es algo que me sobrepasa. Los llantos de Agustín aumentaron de volumen. Se tapó la cara con las manos y se encogía aún más en el asiento. Estaba llorando de verdad. -Joder.- Continuó Shiguemi.- Yo todavía no he dicho que no iré contigo. El comentario fue como un bálsamo de curación inmediata; Agustín renació de sus cenizas, y repentinamente iluminada, abrazó a Shiguemi, que a pesar del meneo, continuó conduciendo el vehículo con su prudencia habitual. Siguió una retahíla de gracias, gracias y gracias, tan vehementes, tan aliviados, que la japonesa, un poco cansada de la escena, prefirió no contradecirlos. Aunque no había dicho que si explícitamente, que estaría junto a ella, de principio a fin, en esa sesión, en el alambicado idioma de las mujeres, lo que acababa de decir era un "está bien, de acuerdo, qué le vamos a hacer", y Agustín, que ya era tan mujer como ella, no tardó ni una fracción de segundo en entenderlo. La abrazó, sin estorbar la conducción y se le acurrucó, apoyando la frente en su cuello. Agustín ya no lloraba, sonreía con la misteriosa expresión mística del post llanto inmediato, Shiguemi guardaba uno de esos silencios densos japos, cargados de contenidos imposibles de verter al lenguaje. Volvían a parecer dos bellezas enamoradas. Al sentarse la falda de la japonesa se había subido un poco y Agustín posó la palma de su mano directamente sobre el muslo de su amiga. Y vio que al hacerlo, la reacción de ésta, fue arrellanarse más en el asiento y abrir un poco las piernas. E interpretó bien, porque comenzó a acariciarla y le estaba gustando.
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TREINTA. -Lo de tu piel es increíble. Es la piel más suave que he tocado en mi vida. Es como seda, o terciopelo, un poco mojado. -Ya me lo has dicho un par de veces, bonita. -Es que es verdad. Iba a contestar pero el suspiro de sorpresa que exhaló la impidió comenzar la frase; Agustín había dejado el muslo, sin avisar y ahora le estaba tocando el coño. -Y sobre todo aquí; da gusto chupártelo. Shiguemi no contestó, pero abrió un poco más las piernas, dejando así claro a su acompañante su deseo de que continuara con lo que estaba haciendo. Acción reacción. Agustín la metió los dedos. -Está chorreando ¿no te importa manchar el asiento? Abrió más las piernas. Aclarado. Adentro y afuera, lo dejó en tres dedos, no demasiado rápido, pero sin pausa. Agustín callaba y Shiguemi conducía y jadeaba. -¿Por qué paramos? -Tengo que morrearte un poco. -Bueno... - No pudo continuar; la lengua de la japonesa se enredó en la suya, entre cataratas de saliva, brazos entrepiernados y nalgas atenazadas por uñas en punta. Agustín se dejó magrear y besar con lengua y mordisquear. Shiguemi había aparcado el vehículo en batería, entre dos árboles, en un recodo relativamente oscuro y nada transitado de la acera, y se había lanzado como una pantera sobre la belleza que tenía al lado. Al cabo de unos diez minutos Agustín se la apartó de encima como las chicas hacen con el adolescente salido de turno en las primeras citas. -¿Qué pasa? -Por favor, no te enfades cariño, pero acabo de oír decir a esa máquina -Se refería al navegador- que ya estamos muy cerca de la casa de José Andrés. -Y no quieres hacer esperar a tu amo. -Por favor, por favor, por favor.- Y volvió a acurrucársele en el hombro, cogiéndola del brazo. Adorablemente suplicante. -!Joder!- Shiguemi arrancó otra vez en coche y, efectivamente, en menos de otros diez minutos, llegaron. Además, encontraron sitio, aparcaron bien y caminaron, de nuevo cogidas como novias, unos metros hasta el portal. Al llegar justo frente a la puerta sonó el timbre del portero automático. Sin duda el escritor debía de estar viéndolas desde alguna ventana y acababa de abrirles. -Es sólo un segundo y el ascensor es pequeño, feo y da incómodos meneos. Si no te importa yo prefiero que subamos a pie. Agustín la abrazó con más fuerza y sonrió. Sólo se oían sus tacones rebotando sobre las paredes de mármol. La japonesa sonrió también mientras la tocaba el culo por debajo de la falda. -Hay un dicho español que dice que tiran más dos tetas que dos carretas. -Y es verdad. -Pero tú no tienes tetas, cabrona, y mira dónde me estás metiendo. -A ti te gusta que no tenga. Me lo dijiste la noche que pasamos juntas. Reconócelo. -Estás muy buena como estás. -También es verdad. -¿Me van a azotar a mi? -Tú eres la única persona que puede decidir algo así. |
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TREINTA Y UNO. -Creía que las esclavas eran azotadas cuando les apetecía a sus amos. -Pero para ser esclava debes de pedirlo y debes de ser aceptada bajo el dominio de la persona que deseas que te posea. -José Andrés ya me ha azotado, y me ha follado. -Sólo te estaba enseñando a dar los primeros pasos; necesitabas saber lo que es el Tema para poder tomar una decisión al respecto. El resto lo tienes que andar tú solita. -¿Y si no me acepta? -Tendrás que buscar más. Eres muy guapa; encontrarías enseguida. -Así, como si nada, y lo dices tú, que te pones a llorar como una idiota, ante la idea de no cumplir una orden. O sea, que si te quedas sin amo te puede dar un infarto y tienes la desfachatez de decirme a mí que si mi amigo no me acepta como esclava, no pasa nada !Y una mierda! Este mundo Sadomaso no es tan fácil ni tan frívolo como lo pintáis vosotros. -¿Por qué te enfadas tanto? -Me ocurre siempre lo mismo cuando estoy muerta de miedo; un subidón de mala leche completamente injustificado. -No te va a pasar nada, al menos, nada que tú no desees que te pase. -Eso es lo que me da miedo; las cosas que yo deseo. -Y verlas por fin tan cerca. Al alcance ¿verdad? -Llama. -¿Qué? -Que llames al timbre, ya hemos llegado a la puerta. Pero, también, desde el otro lado de la mirilla las estaban viendo y la puerta comenzó a abrirse. No hizo falta llamar. Tacones, alientos contenidos y silencio. |
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cita de salazar
TREINTA.
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-Lo de tu piel es increíble. Es la piel más suave que he tocado en mi vida. Es como seda, o terciopelo, un poco mojado. -Ya me lo has dicho un par de veces, bonita. -Es que es verdad. Iba a contestar pero el suspiro de sorpresa que exhaló la impidió comenzar la frase; Agustín había dejado el muslo, sin avisar y ahora le estaba tocando el coño. -Y sobre todo aquí; da gusto chupártelo. Shiguemi no contestó, pero abrió un poco más las piernas, dejando así claro a su acompañante su deseo de que continuara con lo que estaba haciendo. Acción reacción. Agustín la metió los dedos. -Está chorreando ¿no te importa manchar el asiento? Abrió más las piernas. Aclarado. Adentro y afuera, lo dejó en tres dedos, no demasiado rápido, pero sin pausa. Agustín callaba y Shiguemi conducía y jadeaba. -¿Por qué paramos? -Tengo que morrearte un poco. -Bueno... - No pudo continuar; la lengua de la japonesa se enredó en la suya, entre cataratas de saliva, brazos entrepiernados y nalgas atenazadas por uñas en punta. Agustín se dejó magrear y besar con lengua y mordisquear. Shiguemi había aparcado el vehículo en batería, entre dos árboles, en un recodo relativamente oscuro y nada transitado de la acera, y se había lanzado como una pantera sobre la belleza que tenía al lado. Al cabo de unos diez minutos Agustín se la apartó de encima como las chicas hacen con el adolescente salido de turno en las primeras citas. -¿Qué pasa? -Por favor, no te enfades cariño, pero acabo de oír decir a esa máquina -Se refería al navegador- que ya estamos muy cerca de la casa de José Andrés. -Y no quieres hacer esperar a tu amo. -Por favor, por favor, por favor.- Y volvió a acurrucársele en el hombro, cogiéndola del brazo. Adorablemente suplicante. -!Joder!- Shiguemi arrancó otra vez en coche y, efectivamente, en menos de otros diez minutos, llegaron. Además, encontraron sitio, aparcaron bien y caminaron, de nuevo cogidas como novias, unos metros hasta el portal. Al llegar justo frente a la puerta sonó el timbre del portero automático. Sin duda el escritor debía de estar viéndolas desde alguna ventana y acababa de abrirles. -Es sólo un segundo y el ascensor es pequeño, feo y da incómodos meneos. Si no te importa yo prefiero que subamos a pie. Agustín la abrazó con más fuerza y sonrió. Sólo se oían sus tacones rebotando sobre las paredes de mármol. La japonesa sonrió también mientras la tocaba el culo por debajo de la falda. -Hay un dicho español que dice que tiran más dos tetas que dos carretas. -Y es verdad. -Pero tú no tienes tetas, cabrona, y mira dónde me estás metiendo. -A ti te gusta que no tenga. Me lo dijiste la noche que pasamos juntas. Reconócelo. -Estás muy buena como estás. -También es verdad. -¿Me van a azotar a mi? -Tú eres la única persona que puede decidir algo así. |
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cita de salazar
TREINTA Y UNO.
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-Creía que las esclavas eran azotadas cuando les apetecía a sus amos. -Pero para ser esclava debes de pedirlo y debes de ser aceptada bajo el dominio de la persona que deseas que te posea. -José Andrés ya me ha azotado, y me ha follado. -Sólo te estaba enseñando a dar los primeros pasos; necesitabas saber lo que es el Tema para poder tomar una decisión al respecto. El resto lo tienes que andar tú solita. -¿Y si no me acepta? -Tendrás que buscar más. Eres muy guapa; encontrarías enseguida. -Así, como si nada, y lo dices tú, que te pones a llorar como una idiota, ante la idea de no cumplir una orden. O sea, que si te quedas sin amo te puede dar un infarto y tienes la desfachatez de decirme a mí que si mi amigo no me acepta como esclava, no pasa nada !Y una mierda! Este mundo Sadomaso no es tan fácil ni tan frívolo como lo pintáis vosotros. -¿Por qué te enfadas tanto? -Me ocurre siempre lo mismo cuando estoy muerta de miedo; un subidón de mala leche completamente injustificado. -No te va a pasar nada, al menos, nada que tú no desees que te pase. -Eso es lo que me da miedo; las cosas que yo deseo. -Y verlas por fin tan cerca. Al alcance ¿verdad? -Llama. -¿Qué? -Que llames al timbre, ya hemos llegado a la puerta. Pero, también, desde el otro lado de la mirilla las estaban viendo y la puerta comenzó a abrirse. No hizo falta llamar. Tacones, alientos contenidos y silencio. |
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TREINTA Y DOS. Agustín abrió su mano derecha, muy despacio, con la que se había estado apretando, muy fuerte, su propio pene y sus testículos mientras se corría. Aparte de su sexo, minúsculo, incluso erecto, y del semen que ahora le cubría la palma de la mano, no había ninguna otra cosa masculina en su soberbia anatomía de mujer desnuda. Incluso sin tetas. Estaba en el suelo, sentada sobre sus propias piernas flexionadas, muy abiertas. La melena lisa y azabache le llegaba en punta de flecha, un poco alborotada, hasta el principio de las nalgas, espigadas aún hacia fuera, por orden de su amo. El pelo así la ocultaba las marcas de látigo de la espalda, pero en el resto del cuerpo, sin nada, lucían las líneas rectas rojas de los latigazos con generosa exuberancia. Culo, muy castigado, muslos, en sus caras laterales y delanteras, tórax y desde el esternón hasta el principio del monte de Venus. La sinfonía de dolor acababa de terminar; la música de sus gritos había enmudecido hacía tan solo unos instantes y ahora, como únicos testimonios de la ceremonia de sufrimiento recién pasada, quedaban esas marcas en la partitura de su cuerpo. Agustín comenzó a lamerse las manchas de su propio esperma de la mano; se lo tragaba, y después, lamía más, sin dejar de mirar a la pantalla y sin dejar de sonreír. -Gracias mi amo, muchas gracias, por permitir que me corriese y por dejarme tragar este semen. Al hacerlo imagino que es el tuyo; te echo tanto de menos mi amo, y eres tan bueno conmigo, gracias otra vez. El hombre joven que la observaba desde la pantalla se despidió de ella con amabilidad y ternura, y antes de apagar la conexión, la recordó que en su ausencia continuaba bajo el dominio de José Andrés y que esa noche seguiría siendo usada como esclava sexual hasta que su amigo decidiese acabar la sesión. Al levantarse un poco para coger el ratón le sacó la polla de la boca a la jovencita que se la había estado chupando sin parar. Volvió a decir adiós, Agustín volvió a dar las gracias una y otra vez, y la videoconferencia terminó. |
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cita de salazar
TREINTA Y DOS.
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Agustín abrió su mano derecha, muy despacio, con la que se había estado apretando, muy fuerte, su propio pene y sus testículos mientras se corría. Aparte de su sexo, minúsculo, incluso erecto, y del semen que ahora le cubría la palma de la mano, no había ninguna otra cosa masculina en su soberbia anatomía de mujer desnuda. Incluso sin tetas. Estaba en el suelo, sentada sobre sus propias piernas flexionadas, muy abiertas. La melena lisa y azabache le llegaba en punta de flecha, un poco alborotada, hasta el principio de las nalgas, espigadas aún hacia fuera, por orden de su amo. El pelo así la ocultaba las marcas de látigo de la espalda, pero en el resto del cuerpo, sin nada, lucían las líneas rectas rojas de los latigazos con generosa exuberancia. Culo, muy castigado, muslos, en sus caras laterales y delanteras, tórax y desde el esternón hasta el principio del monte de Venus. La sinfonía de dolor acababa de terminar; la música de sus gritos había enmudecido hacía tan solo unos instantes y ahora, como únicos testimonios de la ceremonia de sufrimiento recién pasada, quedaban esas marcas en la partitura de su cuerpo. Agustín comenzó a lamerse las manchas de su propio esperma de la mano; se lo tragaba, y después, lamía más, sin dejar de mirar a la pantalla y sin dejar de sonreír. -Gracias mi amo, muchas gracias, por permitir que me corriese y por dejarme tragar este semen. Al hacerlo imagino que es el tuyo; te echo tanto de menos mi amo, y eres tan bueno conmigo, gracias otra vez. El hombre joven que la observaba desde la pantalla se despidió de ella con amabilidad y ternura, y antes de apagar la conexión, la recordó que en su ausencia continuaba bajo el dominio de José Andrés y que esa noche seguiría siendo usada como esclava sexual hasta que su amigo decidiese acabar la sesión. Al levantarse un poco para coger el ratón le sacó la polla de la boca a la jovencita que se la había estado chupando sin parar. Volvió a decir adiós, Agustín volvió a dar las gracias una y otra vez, y la videoconferencia terminó. |
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TREINTA Y TRES. A su lado, pero de pie, y también desnuda, Shiguemi sostenía firme el látigo de una cola con el que había azotado a su amiga. Miraba a Agustín postrada frente a ella, en silencio, inmóvil como una estatua; la japonesa tenía el cuerpo cubierto de sudor y jadeaba por el esfuerzo.Había estado casi media hora seguida azotándola sin interrupción, dándola, y dándola, cada vez, en el sitio que la ordenaban. Su pelo también estaba brillante por el sudor y se le alborotaba delante de la cara; y sobre su rostro, entre las matas de cabello, brillaban sus ojos con una nueva intensidad inquietantemente extraña. -Quiero daros a vosotros también las gracias.- Mientras hablaba Agustín terminaba de relamerse el semen que le quedaba en la mano, como quien apura las manchas de un helado.- A ti Shiguemi, por haberme traído tan rápido y por acompañarme, y a ti José Andrés, por permitirme contactar con mi amo en tu casa para que pudiera ver como me azotaban mientras se la chupaba su nueva esclava. Me dio un plazo de tiempo muy breve para cumplir la orden y si no hubiera sido por vosotros no lo habría conseguido. Gracias.- Luego avanzó a cuatro patas hasta la butaca donde José Andrés, sentado, las observaba. Y comenzó a besarle los zapatos. El anfitrión era el único que estaba vestido; pantalón planchadísimo, camisa Dutti remangada y zapatos y cinturón de cuero. Todo negro. Código estricto. Cuando recibió la llamada pidiéndole permiso para llevar a cabo aquella sesión de improviso en su hogar, y accedió, tuvo tiempo suficiente para vestirse adecuadamente antes de que llegasen las invitadas. Y aunque vestido, hacía ya un rato que se había sacado la polla y se la acariciaba. Por lo tanto, en aquel preciso momento, con su pene duro emergiendo a través de la cremallera del pantalón bajada, disfrutaba del egregio espectáculo que le ofrecía Agustín, desnuda, guapísima como era, totalmente marcada por los azotes y echa un ovillo, a sus pies, besándole los zapatos agradecida. -¿Te has meado encima? La pregunta pilló totalmente desprevenida a Shiguemi, que dio un respingón hacia atrás y se agachó, mirándose la entrepierna. Desde su posición cómodamente sentado en la butaca dejó a Agustín que siguiera adorándole y la miraba. No cabía duda de que se estaba dirigiendo a la japonesa. -Es verdad. Estoy mojada, muy mojada, tengo los muslos chorreando.- Shiguemi tocó con los dedos el líquido que la empapaba de cintura para abajo y se los acercó a la nariz, para olerlo.- Lo siento.- Estaba muy azorada. No sabía bien lo que decir. -¿Te has meado? ¿Son orines?- Insistió el anfitrión. -No. No son orines. Son flujos vaginales. Son mis flujos. -Entonces te has corrido, mientras la estabas azotando. -Sí. -¿Te corriste? -Me corrí, es verdad, como jamás en mi vida me había corrido. El escritor se levantó y al erguirse, Agustín, arrodillada como estaba, quedó con la boca justamente enfrente de su polla empalmada. Le miró el miembro con auténtica codicia y estuvo a punto, por pura reacción espontánea, de metérselo hasta el fondo de la garganta, pero José Andrés no le dio tiempo. Se guardó la polla y avanzó hacia la japonesa. -Quizás has estado necesitando esto mucho más de lo que en principio pensabas. -¿A qué te refieres? |