Apelo a vuestra valentía de escritores o a vuestra curiosidad de lector. Os advierto que aquí no valen frivolidades ni finales fáciles. Os invito a que vayamos a una estancia profunda y tenebrosa de la mente humana. Que nos sumerjamos en un comportamiento sexual tan increíblemente intenso como adictivo. Sólo el pudor o el miedo puede impediros hablar en serio de sadomasoquismo y ninguna de las dos cosas son dignas de un amante del arte de escribir. Hablemos de Sado amigos.
| -Ahora. Sí. Ya estoy preparada.- Sábado 12 de Diciembre del 2009, Feria de Artesanía en el Auditorio Municipal de San Martín de la Vega. -Y lo estaba. Desnuda, con lo brazos extendidos, apoyando las palmas de las manos en las paredes metálicas y blancas de la furgoneta. Las piernas muy separadas. Las nalgas echadas hacia fuera, en tensión. Yo estaba a su espalda y veía la cascada de pelo rubio cayéndole hasta la cintura. Como ella, también desnudo.- Las puertas del Auditorio abiertas de par en par invitaban distraidamente a pasar a cualquiera, pero eran sólo las cinco, demasiado pronto un sábado en San Martín para cualquier cosa. Apenas éramos media docena de personas los que mirábamos las mercancias de puesto en puesto.- Supe que tenía razón, que estaba preparada, porque cuando empujé, todo entró enseguida hasta el fondo, con húmeda facilidad. Me agarré a sus pechos. Juntamos las caderas. Ella seguía con los brazos levantados como una crucificada. Y jadeaba.- La artesanía expuesta apenas llamaba mi atención, pero me tomé mi tiempo. Caminaba despacio y hacía lo que más me gusta hacer cuando estoy en un sitio concurrido; ver a la gente. Observarla.- Dentro y fuera. Era ella la que movía la cintura. Yo me había quedado inmóvil, fascinado con la contemplación de las marcas de fusta en su espalda; la melena se le había desplazado a un lado y delante de mis ojos se abría aquella siembra de dolor en su epidermis. No paraba. Sus movimientos hacia delante y hacia atrás cada vez eran más rápidos.- Entonces me llamó la atención un puesto. El último. Bisutería de cuero con piezas cromadas. Todo tenía cierto sabor SM, sadomasoquista, por supuesto, aunque era un aire referencial, relativamente distante, intencionadamente discreto. La mujer que atendía el puesto, miraba, muy atenta, la pantalla de un portátil. Obviamente, me acerqué a verlo.- Junta las rodillas, separa los tobillos y saca más el trasero. Guarra. Ella pidió perdón y obedeció de inmediato. Seguía con el frenético bamboleo de mete y saca, y por su respiración caótica, estaba disfrutando. También me preguntó que si para que la perdonase quería que ella me hiciera una felatio. Eso era cosecha suya, pero no la respondí. Me concentré en lo mío porque yo también estaba disfrutando.- Al cabo de diez minutos, en los que ella no despegó la vista del ordenador, llamé su atención para decirla que yo estaba buscando un símbolo. Ella, muy educada, me preguntó qué símbolo. Tenía unos ojos de color de hielo preciosos. Era muy guapa. Le dije que el Quagmyr. Que el símbolo que estaba buscando era el Quagmyr. Su expresión cambió. Dejó la sonrisa de circunstancia, y mucho más natural, pero seria, contestó que no lo tenía. Le pregunté si conocía su significado y, un poco más apurada, me dijo que sí, pero que no lo tenía, y desvió la mirada como esperando, mejor dicho, como deseando, que me fuera.- Mientras continuaba fornicándola por la espalda dejé de apretarla los pechos y me centré en pellizcarla los pezones. Con fuerza. Daba grititos y pedía perdón. Pedir tantas veces perdón era de su cosecha. Estaba fantástica.- Después de aquello jamás me habría ido, así que cogí una pieza de bisutería, la que me pareció la más cara y la dije que me la llevaba. Pegunté su precio, pagué y al darle la pieza para que me la envolviera, tomé su mano. No se la solté. Sus miradas esquivas terminaron ahí. Me miró. Intensamente y de verdad. Me preguntó entonces cuál era el papel que yo hacía en las sesiones, así, de sopetón, siempre es igual en el SM, o funciona a la primera o no puede funcionar. Simple y bestia. Cuando yo le dije mi papel le temblaron un poco los labios. Estaba hermosa de verdad. Luego llamó a una amiga para que atendiera el puesto y me contó lo de la furgoneta.- ¿Me perdonas?. Esta vez, antes de contestar, me pensé lo de la felatio. Quizás.- |
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cita de salazar
-Ahora. Sí. Ya estoy preparada.- Sábado 12 de Diciembre del 2009, Feria de Artesanía en el Auditorio Municipal de San Martín de la Vega. -Y lo estaba. Desnuda, con lo brazos extendidos, apoyando las palmas de las manos en las paredes metálicas y blancas de la furgoneta. Las piernas muy separadas. Las nalgas echadas hacia fuera, en tensión. Yo estaba a su espalda y veía la cascada de pelo rubio cayéndole hasta la cintura. Como ella, también desnudo.- Las puertas del Auditorio abiertas de par en par invitaban distraidamente a pasar a cualquiera, pero eran sólo las cinco, demasiado pronto un sábado en San Martín para cualquier cosa. Apenas éramos media docena de personas los que mirábamos las mercancias de puesto en puesto.- Supe que tenía razón, que estaba preparada, porque cuando empujé, todo entró enseguida hasta el fondo, con húmeda facilidad. Me agarré a sus pechos. Juntamos las caderas. Ella seguía con los brazos levantados como una crucificada. Y jadeaba.- La artesanía expuesta apenas llamaba mi atención, pero me tomé mi tiempo. Caminaba despacio y hacía lo que más me gusta hacer cuando estoy en un sitio concurrido; ver a la gente. Observarla.- Dentro y fuera. Era ella la que movía la cintura. Yo me había quedado inmóvil, fascinado con la contemplación de las marcas de fusta en su espalda; la melena se le había desplazado a un lado y delante de mis ojos se abría aquella siembra de dolor en su epidermis. No paraba. Sus movimientos hacia delante y hacia atrás cada vez eran más rápidos.- Entonces me llamó la atención un puesto. El último. Bisutería de cuero con piezas cromadas. Todo tenía cierto sabor SM, sadomasoquista, por supuesto, aunque era un aire referencial, relativamente distante, intencionadamente discreto. La mujer que atendía el puesto, miraba, muy atenta, la pantalla de un portátil. Obviamente, me acerqué a verlo.- Junta las rodillas, separa los tobillos y saca más el trasero. Guarra. Ella pidió perdón y obedeció de inmediato. Seguía con el frenético bamboleo de mete y saca, y por su respiración caótica, estaba disfrutando. También me preguntó que si para que la perdonase quería que ella me hiciera una felatio. Eso era cosecha suya, pero no la respondí. Me concentré en lo mío porque yo también estaba disfrutando.- Al cabo de diez minutos, en los que ella no despegó la vista del ordenador, llamé su atención para decirla que yo estaba buscando un símbolo. Ella, muy educada, me preguntó qué símbolo. Tenía unos ojos de color de hielo preciosos. Era muy guapa. Le dije que el Quagmyr. Que el símbolo que estaba buscando era el Quagmyr. Su expresión cambió. Dejó la sonrisa de circunstancia, y mucho más natural, pero seria, contestó que no lo tenía. Le pregunté si conocía su significado y, un poco más apurada, me dijo que sí, pero que no lo tenía, y desvió la mirada como esperando, mejor dicho, como deseando, que me fuera.- Mientras continuaba fornicándola por la espalda dejé de apretarla los pechos y me centré en pellizcarla los pezones. Con fuerza. Daba grititos y pedía perdón. Pedir tantas veces perdón era de su cosecha. Estaba fantástica.- Después de aquello jamás me habría ido, así que cogí una pieza de bisutería, la que me pareció la más cara y la dije que me la llevaba. Pegunté su precio, pagué y al darle la pieza para que me la envolviera, tomé su mano. No se la solté. Sus miradas esquivas terminaron ahí. Me miró. Intensamente y de verdad. Me preguntó entonces cuál era el papel que yo hacía en las sesiones, así, de sopetón, siempre es igual en el SM, o funciona a la primera o no puede funcionar. Simple y bestia. Cuando yo le dije mi papel le temblaron un poco los labios. Estaba hermosa de verdad. Luego llamó a una amiga para que atendiera el puesto y me contó lo de la furgoneta.- ¿Me perdonas?. Esta vez, antes de contestar, me pensé lo de la felatio. Quizás.-
En cualquier momento. En cualquier lugar. Pero sólo si estás preparado de cejas para dentro. Un predador del deseo carnal.
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| -¿Ciriloway? ¿De verdad te has puesto como avatar Ciriloway? ¿Pero no te llamas Jesús Granero?- Entonces me explicó que cuando alguien se lo dijo lo tomó como una revelación y se puso ese seudónimo sin dudarlo. Madre mía. La noche empezaba mal. En primer lugar ¿qué hacia yo en una recepción cultural de la embajada argentina en Madrid? Respuesta; soy amigo de Carlos Bettini, el embajador. Le conocí en Almere Buiten, Flevoland, Holanda, a donde huyo todos los veranos para escapar del asqueroso calor de la capital española, y año tras año, en lo que al principio consideraba el lugar más desconocido del mundo, encuentro y disfruto de la compañía de gente auténticamente selecta. Culturalmente hablando. Carlos Bettini es un lujo; probablemente el mejor catador vivo de la literatura actual argentina. Ahora embajador, iba de libros, se enteró de lo mío y me invitó. Absurdo, como siempre. Allí estaba yo, hablando con el muchacho. -¿También publicas en Bubok?- Bueno. Le expliqué que estaba en ello y que probablemente mi novela, "SM; dentro de una pafilia" saldrá en cuestión de días. -¿Pero tú quien eres?- Esta vez la respuesta generó un inquietante silencio; el del sadomasoquismo. Ya no me lo quité de encima durante toda la cena. Me terminó gustando; hablaba, y hablaba y hablaba. Muy de vez en cuando me gusta follarme a un tío y había algo sutil, delicado y bello en su manera corporal de expresarse, aunque para mi gusto, movía demasiado las manos. La cara era hermosa, un poco afro, como su pelo abultado y su proyecto de barba, y sobre todo, lo más destacado, sus labios, carnosos, con aire inocente y un dibujo de sonrisa cálido. Además, estaba claro que quería que yo me lo follase, los tíos son siempre mucho más trasparentes y descarados ¿Y por qué no? Cada vez que me hago esa pregunta acabo en el apartamento de alguien con alguien a mi lado. Many Morou, viejo amigo, ex torero muerto y dueño de la sala Yastá, en la calle Valverde, puto centro de Madrid, me dejó hace años las lleves de su casa, segundo piso encima del local. Nunca ha vuelto a pedírmelas. Cada vez que voy llamó por si acaso pero nunca está, desde que se separó. Y pillaba tan cerca de la embajada que, inevitablemente, allí terminamos ¿Por qué no? Encontré en el dormitorio la fusta y el gigantesco dildo XXL que dejé la última vez. La verdad es que hace tiempo que no sé donde cojones se mete Many. Era todo lo que necesitaba. Allí descubrí que Ciriloway era un muchacho que desnudo ganaba; fibroso, con musculatura marcada sin exagerar y y un culito y unas piernas ambiguamente femeninas. Lamenté no tener ropa femenina para transvertirlo pero me conformé con la fusta y el dildo. Se hizo lo que se pudo. El chico estuvo muy bien. Improvisé un fin de sesión intenso porque Ciriloway tenía un grado de aguante al dolor muy alto. -Ya he anotado tu número de teléfono.- Le dije, mientras le veía aguantar la posición; de rodillas, en el suelo, las piernas muy abiertas, la frente erguida, las manos en la nuca, como los detenidos y el trasero espigado, pero sentado, mejor dicho, introducido sobre el dildo. Esta en pelotas, pos supuesto, y sudaba. Le había dejado las nalgas, las caras delanteras de los muslos y los abdominales completamente cubiertos de las marcas de los fustazos; parecía un cuadro abstracto; estaba soberbiamente bello.- ¿Me vas llamar, mi amo?- Preguntó. Temblaba un poco. Le besé con lengua, yo estaba de pie a su lado, también desnudo, y al terminar, mientras erguía mi espalda, me apoyé en sus hombros y le empujé un poco hacia abajo; el dildo le entró un poco más adentro. Tembló más. -Quiero que cumplas una orden mía en el mundo vainilla, entonces, quizás te llame.- Me preguntó que cuál. Ya se había corrido dos veces y se le estaba empezando a levantar otra vez. Me comenzaba a preocupar. Le dije que quería que montase un poco de revuelo en el foro de Bubok, que intentase concursar, por ejemplo, y que después, acusase a todo el mundo de sectarios. El muchacho me preguntó por qué y yo le dije la verdad; disfrutaba introduciendo caprichos de mi dominio en la realidad, sin más. Una especie de venganza contra el aburrido Matrix en el que vivimos. Le acaricié los hombros y volví a hundirlo, un poco. Le pregunté si lo haría. -Sí mi amo.- Una delicia; siempre me excita oirlo contestar y él tampoco iba nada mal. Otra vez se la había puesto dura. Auténticamente dura de verdad. |
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cita de salazar
-¿Ciriloway? ¿De verdad te has puesto como avatar Ciriloway? ¿Pero no te llamas Jesús Granero?- Entonces me explicó que cuando alguien se lo dijo lo tomó como una revelación y se puso ese seudónimo sin dudarlo. Madre mía. La noche empezaba mal. En primer lugar ¿qué hacia yo en una recepción cultural de la embajada argentina en Madrid? Respuesta; soy amigo de Carlos Bettini, el embajador. Le conocí en Almere Buiten, Flevoland, Holanda, a donde huyo todos los veranos para escapar del asqueroso calor de la capital española, y año tras año, en lo que al principio consideraba el lugar más desconocido del mundo, encuentro y disfruto de la compañía de gente auténticamente selecta. Culturalmente hablando. Carlos Bettini es un lujo; probablemente el mejor catador vivo de la literatura actual argentina. Ahora embajador, iba de libros, se enteró de lo mío y me invitó. Absurdo, como siempre. Allí estaba yo, hablando con el muchacho. -¿También publicas en Bubok?- Bueno. Le expliqué que estaba en ello y que probablemente mi novela, "SM; dentro de una pafilia" saldrá en cuestión de días. -¿Pero tú quien eres?- Esta vez la respuesta generó un inquietante silencio; el del sadomasoquismo. Ya no me lo quité de encima durante toda la cena. Me terminó gustando; hablaba, y hablaba y hablaba. Muy de vez en cuando me gusta follarme a un tío y había algo sutil, delicado y bello en su manera corporal de expresarse, aunque para mi gusto, movía demasiado las manos. La cara era hermosa, un poco afro, como su pelo abultado y su proyecto de barba, y sobre todo, lo más destacado, sus labios, carnosos, con aire inocente y un dibujo de sonrisa cálido. Además, estaba claro que quería que yo me lo follase, los tíos son siempre mucho más trasparentes y descarados ¿Y por qué no? Cada vez que me hago esa pregunta acabo en el apartamento de alguien con alguien a mi lado. Many Morou, viejo amigo, ex torero muerto y dueño de la sala Yastá, en la calle Valverde, puto centro de Madrid, me dejó hace años las lleves de su casa, segundo piso encima del local. Nunca ha vuelto a pedírmelas. Cada vez que voy llamó por si acaso pero nunca está, desde que se separó. Y pillaba tan cerca de la embajada que, inevitablemente, allí terminamos ¿Por qué no? Encontré en el dormitorio la fusta y el gigantesco dildo XXL que dejé la última vez. La verdad es que hace tiempo que no sé donde cojones se mete Many. Era todo lo que necesitaba. Allí descubrí que Ciriloway era un muchacho que desnudo ganaba; fibroso, con musculatura marcada sin exagerar y y un culito y unas piernas ambiguamente femeninas. Lamenté no tener ropa femenina para transvertirlo pero me conformé con la fusta y el dildo. Se hizo lo que se pudo. El chico estuvo muy bien. Improvisé un fin de sesión intenso porque Ciriloway tenía un grado de aguante al dolor muy alto. -Ya he anotado tu número de teléfono.- Le dije, mientras le veía aguantar la posición; de rodillas, en el suelo, las piernas muy abiertas, la frente erguida, las manos en la nuca, como los detenidos y el trasero espigado, pero sentado, mejor dicho, introducido sobre el dildo. Esta en pelotas, pos supuesto, y sudaba. Le había dejado las nalgas, las caras delanteras de los muslos y los abdominales completamente cubiertos de las marcas de los fustazos; parecía un cuadro abstracto; estaba soberbiamente bello.- ¿Me vas llamar, mi amo?- Preguntó. Temblaba un poco. Le besé con lengua, yo estaba de pie a su lado, también desnudo, y al terminar, mientras erguía mi espalda, me apoyé en sus hombros y le empujé un poco hacia abajo; el dildo le entró un poco más adentro. Tembló más. -Quiero que cumplas una orden mía en el mundo vainilla, entonces, quizás te llame.- Me preguntó que cuál. Ya se había corrido dos veces y se le estaba empezando a levantar otra vez. Me comenzaba a preocupar. Le dije que quería que montase un poco de revuelo en el foro de Bubok, que intentase concursar, por ejemplo, y que después, acusase a todo el mundo de sectarios. El muchacho me preguntó por qué y yo le dije la verdad; disfrutaba introduciendo caprichos de mi dominio en la realidad, sin más. Una especie de venganza contra el aburrido Matrix en el que vivimos. Le acaricié los hombros y volví a hundirlo, un poco. Le pregunté si lo haría. -Sí mi amo.- Una delicia; siempre me excita oirlo contestar y él tampoco iba nada mal. Otra vez se la había puesto dura. Auténticamente dura de verdad.
Todo tiene un por qué.
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-Ha estado encantador. Ese hombre es un crack político.-/ -Joder mamá; siempre vienes diciendo lo mismo de las ruedas de prensa que da el alcalde.-/ Las dos se estaban maquillando frente al enorme espejo de cuarto de baño. Últimos toques. -Pero es que es verdad; al terminar nos mete a todos en el cuartito de los canapés, como yo le llamo, y se tira con nosotros en plan distendido más de media hora. Por cierto, nos ha dicho que este año, por fin, se puede ir con fianza a la Puerta del Sol el 31.- Su hija la miró un poco extrañada, llevaba un vestido rojo ceñido en mini y acababa de terminarse el perfil de los labios, también granates. -Pero si nunca hemos ido a comernos allí las uvas.- Además, era pelirroja; melena lisa y larga. Veinte magníficos años de curvas envueltos ahora en color sangre y rodeada del mármol del baño. Su madre la miró y sonrió; constató complacida lo guapa que estaba su hija aquella noche. -Pues a lo mejor deberíamos ir; ya sabes que la plaza se ha arreglado y se ha hecho completamente peatonal y Gallardón dice que todo ha sido meticulosamente preparado para que funcionen como un reloj los operativos de seguridad, de limpieza y que el espectáculo de luz y sonido va a ser impresionante. Eso dice el alcalde.- La madre terminó con el volumen de sus pestañas. También llevaba vestido, azul, y la falda un poco más larga, la llegaba hasta la rodilla; aparte de éso, y de su melena morena, tenía el mismo cuerpazo que su hija. Gimnasio. -Ya, te ha comido el coco y mañana vamos a oír las campanadas a la Puerta del Sol.- Las dos se miraron de frente y las dos se estiraron las faldas. -Es sólo un comentario.- Oyeron que se abría la puerta de la casa, que se cerraba y tacones avanzando por el pasillo. -Hola guapa.- Era la prima de su hija que durante los meses que duraba el curso universitario vivía con ellas en Madrid. Este era el segundo año. Las dos se llevaban muy bien y se hacían mucha compañía, lo que en el fondo la gustaba porque era una mujer divorciada que trabajaba. Los vecinos ya se creían que también era hija suya. Vestido marrón también en mini. -Me estoy meando.- Y como había venido arreglada del trabajo saldrían enseguida. Iban a ir las tres juntas a cenar. -Pasa, pasa, que a mí no me molesta.- La aludida se bajó el tanga y se sentó sobre la taza y la madre volvió al espejo y al pintalabios. - Yo me voy para ir arrancando el coche, os espero abajo.- Cuando la hija salió y avanzó unos pasos por el pasillo, su prima, se levantó del water, con el tanga en los tobillos, avanzó hacia la puerta y la cerró, echando el pestillo. Había manchado un poco el suelo con gotas de orín. Se puso justo de frente a la madre, que la miró, muy seria. La prima tomo impulso con el brazo y zas. La bofetada que recibió la madre la hizo caer al suelo. -Zorra, te dije que tú tenías que llevar el vestido rojo.- Arrodillada, hecha un ovillo, levantó la cara desencajada.-Perdón mi ama, es que insistió mucho en ponérselo ella y ya no sabía qué decirla.- Plaf. Otra bofetada. A la madre se le llenaron los ojos de lágrimas. -Limpia las manchas de meado que he dejado. Con la lengua.- La primita volvió a sentarse a la taza; estaba soberbiamente guapa cuando se enfada. -Ya está mi ama.- Alguien llamó a la puerta del baño; la madre se levantó de inmediato y abrió. -¿Por qué cerráis?- Era su hija.-Manías del curro, como tu prima está meando.- Llevaba el abrigo.-Que no os olvidéis de los regalos, y por favor mamá, no te des tanto rojo en las mejillas, te queda fatal.- La prima tiró de la cadena. Ya había terminado.-Tienes razón cariño, ahora me lo quito.- Y avanzando hacia la puerta la cogió del brazo.-Yo ya me voy con ella tía.- La madre se volvió al espejo; ultimísimo toque rápido.-De acuerdo preciosas, enseguida bajo.- |
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cita de salazar
-Ha estado encantador. Ese hombre es un crack político.-/ -Joder mamá; siempre vienes diciendo lo mismo de las ruedas de prensa que da el alcalde.-/ Las dos se estaban maquillando frente al enorme espejo de cuarto de baño. Últimos toques. -Pero es que es verdad; al terminar nos mete a todos en el cuartito de los canapés, como yo le llamo, y se tira con nosotros en plan distendido más de media hora. Por cierto, nos ha dicho que este año, por fin, se puede ir con fianza a la Puerta del Sol el 31.- Su hija la miró un poco extrañada, llevaba un vestido rojo ceñido en mini y acababa de terminarse el perfil de los labios, también granates. -Pero si nunca hemos ido a comernos allí las uvas.- Además, era pelirroja; melena lisa y larga. Veinte magníficos años de curvas envueltos ahora en color sangre y rodeada del mármol del baño. Su madre la miró y sonrió; constató complacida lo guapa que estaba su hija aquella noche. -Pues a lo mejor deberíamos ir; ya sabes que la plaza se ha arreglado y se ha hecho completamente peatonal y Gallardón dice que todo ha sido meticulosamente preparado para que funcionen como un reloj los operativos de seguridad, de limpieza y que el espectáculo de luz y sonido va a ser impresionante. Eso dice el alcalde.- La madre terminó con el volumen de sus pestañas. También llevaba vestido, azul, y la falda un poco más larga, la llegaba hasta la rodilla; aparte de éso, y de su melena morena, tenía el mismo cuerpazo que su hija. Gimnasio. -Ya, te ha comido el coco y mañana vamos a oír las campanadas a la Puerta del Sol.- Las dos se miraron de frente y las dos se estiraron las faldas. -Es sólo un comentario.- Oyeron que se abría la puerta de la casa, que se cerraba y tacones avanzando por el pasillo. -Hola guapa.- Era la prima de su hija que durante los meses que duraba el curso universitario vivía con ellas en Madrid. Este era el segundo año. Las dos se llevaban muy bien y se hacían mucha compañía, lo que en el fondo la gustaba porque era una mujer divorciada que trabajaba. Los vecinos ya se creían que también era hija suya. Vestido marrón también en mini. -Me estoy meando.- Y como había venido arreglada del trabajo saldrían enseguida. Iban a ir las tres juntas a cenar. -Pasa, pasa, que a mí no me molesta.- La aludida se bajó el tanga y se sentó sobre la taza y la madre volvió al espejo y al pintalabios. - Yo me voy para ir arrancando el coche, os espero abajo.- Cuando la hija salió y avanzó unos pasos por el pasillo, su prima, se levantó del water, con el tanga en los tobillos, avanzó hacia la puerta y la cerró, echando el pestillo. Había manchado un poco el suelo con gotas de orín. Se puso justo de frente a la madre, que la miró, muy seria. La prima tomo impulso con el brazo y zas. La bofetada que recibió la madre la hizo caer al suelo. -Zorra, te dije que tú tenías que llevar el vestido rojo.- Arrodillada, hecha un ovillo, levantó la cara desencajada.-Perdón mi ama, es que insistió mucho en ponérselo ella y ya no sabía qué decirla.- Plaf. Otra bofetada. A la madre se le llenaron los ojos de lágrimas. -Limpia las manchas de meado que he dejado. Con la lengua.- La primita volvió a sentarse a la taza; estaba soberbiamente guapa cuando se enfada. -Ya está mi ama.- Alguien llamó a la puerta del baño; la madre se levantó de inmediato y abrió. -¿Por qué cerráis?- Era su hija.-Manías del curro, como tu prima está meando.- Llevaba el abrigo.-Que no os olvidéis de los regalos, y por favor mamá, no te des tanto rojo en las mejillas, te queda fatal.- La prima tiró de la cadena. Ya había terminado.-Tienes razón cariño, ahora me lo quito.- Y avanzando hacia la puerta la cogió del brazo.-Yo ya me voy con ella tía.- La madre se volvió al espejo; ultimísimo toque rápido.-De acuerdo preciosas, enseguida bajo.-
Sado invisible y final de año. Que seáis muy felices tod@s. Un sincero abrazo.
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cita de salazar
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cita de salazar
-Ha estado encantador. Ese hombre es un crack político.-/ -Joder mamá; siempre vienes diciendo lo mismo de las ruedas de prensa que da el alcalde.-/ Las dos se estaban maquillando frente al enorme espejo de cuarto de baño. Últimos toques. -Pero es que es verdad; al terminar nos mete a todos en el cuartito de los canapés, como yo le llamo, y se tira con nosotros en plan distendido más de media hora. Por cierto, nos ha dicho que este año, por fin, se puede ir con fianza a la Puerta del Sol el 31.- Su hija la miró un poco extrañada, llevaba un vestido rojo ceñido en mini y acababa de terminarse el perfil de los labios, también granates. -Pero si nunca hemos ido a comernos allí las uvas.- Además, era pelirroja; melena lisa y larga. Veinte magníficos años de curvas envueltos ahora en color sangre y rodeada del mármol del baño. Su madre la miró y sonrió; constató complacida lo guapa que estaba su hija aquella noche. -Pues a lo mejor deberíamos ir; ya sabes que la plaza se ha arreglado y se ha hecho completamente peatonal y Gallardón dice que todo ha sido meticulosamente preparado para que funcionen como un reloj los operativos de seguridad, de limpieza y que el espectáculo de luz y sonido va a ser impresionante. Eso dice el alcalde.- La madre terminó con el volumen de sus pestañas. También llevaba vestido, azul, y la falda un poco más larga, la llegaba hasta la rodilla; aparte de éso, y de su melena morena, tenía el mismo cuerpazo que su hija. Gimnasio. -Ya, te ha comido el coco y mañana vamos a oír las campanadas a la Puerta del Sol.- Las dos se miraron de frente y las dos se estiraron las faldas. -Es sólo un comentario.- Oyeron que se abría la puerta de la casa, que se cerraba y tacones avanzando por el pasillo. -Hola guapa.- Era la prima de su hija que durante los meses que duraba el curso universitario vivía con ellas en Madrid. Este era el segundo año. Las dos se llevaban muy bien y se hacían mucha compañía, lo que en el fondo la gustaba porque era una mujer divorciada que trabajaba. Los vecinos ya se creían que también era hija suya. Vestido marrón también en mini. -Me estoy meando.- Y como había venido arreglada del trabajo saldrían enseguida. Iban a ir las tres juntas a cenar. -Pasa, pasa, que a mí no me molesta.- La aludida se bajó el tanga y se sentó sobre la taza y la madre volvió al espejo y al pintalabios. - Yo me voy para ir arrancando el coche, os espero abajo.- Cuando la hija salió y avanzó unos pasos por el pasillo, su prima, se levantó del water, con el tanga en los tobillos, avanzó hacia la puerta y la cerró, echando el pestillo. Había manchado un poco el suelo con gotas de orín. Se puso justo de frente a la madre, que la miró, muy seria. La prima tomo impulso con el brazo y zas. La bofetada que recibió la madre la hizo caer al suelo. -Zorra, te dije que tú tenías que llevar el vestido rojo.- Arrodillada, hecha un ovillo, levantó la cara desencajada.-Perdón mi ama, es que insistió mucho en ponérselo ella y ya no sabía qué decirla.- Plaf. Otra bofetada. A la madre se le llenaron los ojos de lágrimas. -Limpia las manchas de meado que he dejado. Con la lengua.- La primita volvió a sentarse a la taza; estaba soberbiamente guapa cuando se enfada. -Ya está mi ama.- Alguien llamó a la puerta del baño; la madre se levantó de inmediato y abrió. -¿Por qué cerráis?- Era su hija.-Manías del curro, como tu prima está meando.- Llevaba el abrigo.-Que no os olvidéis de los regalos, y por favor mamá, no te des tanto rojo en las mejillas, te queda fatal.- La prima tiró de la cadena. Ya había terminado.-Tienes razón cariño, ahora me lo quito.- Y avanzando hacia la puerta la cogió del brazo.-Yo ya me voy con ella tía.- La madre se volvió al espejo; ultimísimo toque rápido.-De acuerdo preciosas, enseguida bajo.-
Sado invisible y final de año. Que seáis muy felices tod@s. Un sincero abrazo.
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| Es un buen momento para hablar de esencialismo. Lo realmente importante es lo que decimos, pero si nos dedicamos demasiado tiempo a expresarnos, nos especializamos; terminamos enredándonos en detalles, cuya sutileza aprecian lo que se dedican a expresarse tanto como nosotros, y sin darnos cuenta, a nuestro alrededor, comienza a cerrarse la fría burbuja de metacrilato. Incomprensión en el exterior. Y silencio. Por éso, como hizo Buda con un escalofriante sentido común en su árido momento histórico, se sentó, lo dejó todo y pensó en sí mismo. En lo que era. En serio. Esencialismo. Soy el más tonto de todos. El último que ha venido. Soy un puto freaky de 47 años que escribe sólo de sadomasoquismo, pero tengo una ventaja enorme, no espero absolutamente nada de nadie, y por éso, escribo sólo de lo que considero importante. Con humildad, de vez en cuando, me refugio en el esencialismo y recupero el camino. La pregunta es ¿cuando la cola del látigo se estrecha sobre las nalgas de esa hermosísima mujer y el sonido estalla en chispas acuáticas entrelazadas con sus gritos por toda la estancia, cuando la azoto, y ella cuenta los golpes uno a uno, y da las gracias, cuando después, le toco los labios vaginales, por qué están mojados? ¿Por qué? Insultar a Buda ni siquiera es ofensivo. Quien lo hace no merece ni siquiera, ni ser censurado. Ni nada. El esencialismo disipa los cómos patéticos y sólo continúan los por qués. Más allá del metacrilato siguen existiendo el látigo y el coño mojado. La esencia de los por qués. |
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cita de salazar
Es un buen momento para hablar de esencialismo. Lo realmente importante es lo que decimos, pero si nos dedicamos demasiado tiempo a expresarnos, nos especializamos; terminamos enredándonos en detalles, cuya sutileza aprecian lo que se dedican a expresarse tanto como nosotros, y sin darnos cuenta, a nuestro alrededor, comienza a cerrarse la fría burbuja de metacrilato. Incomprensión en el exterior. Y silencio. Por éso, como hizo Buda con un escalofriante sentido común en su árido momento histórico, se sentó, lo dejó todo y pensó en sí mismo. En lo que era. En serio. Esencialismo. Soy el más tonto de todos. El último que ha venido. Soy un puto freaky de 47 años que escribe sólo de sadomasoquismo, pero tengo una ventaja enorme, no espero absolutamente nada de nadie, y por éso, escribo sólo de lo que considero importante. Con humildad, de vez en cuando, me refugio en el esencialismo y recupero el camino. La pregunta es ¿cuando la cola del látigo se estrecha sobre las nalgas de esa hermosísima mujer y el sonido estalla en chispas acuáticas entrelazadas con sus gritos por toda la estancia, cuando la azoto, y ella cuenta los golpes uno a uno, y da las gracias, cuando después, le toco los labios vaginales, por qué están mojados? ¿Por qué? Insultar a Buda ni siquiera es ofensivo. Quien lo hace no merece ni siquiera, ni ser censurado. Ni nada. El esencialismo disipa los cómos patéticos y sólo continúan los por qués. Más allá del metacrilato siguen existiendo el látigo y el coño mojado. La esencia de los por qués.
Como dicen en san Martín; y dale con el trigo.
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"Relax. Ha nevado, las carreteras están cortadas y no se puede ir a trabajar. Un buen momento para tomar café, olerlo y dejarse caer por el foro. Tres placeres solitarios." Ella se dió la vuelta con expresión furiosa, pero respiró hondo antes de contestar, el intermitente aleteo de los agujeros de su naricita la delataba, se estaba conteniendo antes de hablar. -¿Estás hablando conmigo o estás otra vez hablando sólo?- Él giró la cabeza, apartando su atención de la pantalla. Ya estaba allí el foro de Bubok.- ¿Otra vez?.- Ella se sentó en la mesa, justamente enfrente y le clavó la mirada. 11 de Enero del ya 2010. -Estoy aquí contigo toda la mañana y cada vez que hablas parece que hablas sólo, como los viejos o los locos.- Era evidente que aquella conversación cada vez iba peor. -Pero María... - Interrupción. -¿Y qué cojones es éso de tres placeres solitarios; hacer café, olerlo e intervenir en ese puto foro? ¿Eso son placeres solitarios? !Placer solitario es hacerse una paja, joder!- Ésto último lo había dicho gritando y el eco dejó un silencio denso y atemorizado en toda la estancia. -Perdona mujer, yo...- Estaba claro que no iba a poder terminar una frase. -!Ni perdona ni ostias- Ella se había levantado y ahora le gritaba en la cara.- Me tienes hasta el coño con tu pose barata de escritor de mierda! !Cabrón!.- Aquello de "cabrón" no venía nada a cuento, pero es que, en realidad, ese desmesurado enfado tampoco.- Cariño, creo que estás padeciendo una crisis histérica.- Rojas las mejillas como un tomate por la tensión se quitó de un tirón el vestido-pijama de lino que era lo único que llevaba puesto, y se tumbó sobre la mesa, hundiendo el ella sus pechos y levantando las nalgas. Mientras hablaba, mejor dicho, mientras gritaba, se daba enormes palmetazos a sí misma en su ahora desnudo trasero. -!Pues dame una buena azotaina en el culo para que se me quite la tontería, joder, dámela de una vez!- Él se levantó, luchando por mantener la compostura dentro de aquel repentino huracán de desquiciamiento. Pero estaba claro. No había salida. Se quito el cinturón, se amarró bien los extremos en la mano y alzó el brazo blandiendo la correa de cuero doblada sobre si misma. Ella gritaba, gritaba y le insultaba. Lanzó el primer golpe, certero, tremendo, justo entre las dos nalgas, y se hizo un repentino silencio. Un silencio que destilaba un olor reparador y sereno. Estaba claro. Siguió azotándola durante más de diez minutos hasta que cambió en granate y malva el color de las dos nalgas. Cuando paró sudaba y ella se incorporó, y aunque seguía desnuda no se vistió, sólo se secó las lágrimas, se acercó a él, y le dió un fugaz beso en los labios.-Voy a hacerte más café. Gracias.- Y dando pasitos de gacela y moviendo coqueta la cadera, dulce, iluminada, se perdió por el pasillo con la cafetera. Titubeos iniciales y mística de pareja. Comienzos.
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cita de salazar
"Relax. Ha nevado, las carreteras están cortadas y no se puede ir a trabajar. Un buen momento para tomar café, olerlo y dejarse caer por el foro. Tres placeres solitarios." Ella se dió la vuelta con expresión furiosa, pero respiró hondo antes de contestar, el intermitente aleteo de los agujeros de su naricita la delataba, se estaba conteniendo antes de hablar. -¿Estás hablando conmigo o estás otra vez hablando sólo?- Él giró la cabeza, apartando su atención de la pantalla. Ya estaba allí el foro de Bubok.- ¿Otra vez?.- Ella se sentó en la mesa, justamente enfrente y le clavó la mirada. 11 de Enero del ya 2010. -Estoy aquí contigo toda la mañana y cada vez que hablas parece que hablas sólo, como los viejos o los locos.- Era evidente que aquella conversación cada vez iba peor. -Pero María... - Interrupción. -¿Y qué cojones es éso de tres placeres solitarios; hacer café, olerlo e intervenir en ese puto foro? ¿Eso son placeres solitarios? !Placer solitario es hacerse una paja, joder!- Ésto último lo había dicho gritando y el eco dejó un silencio denso y atemorizado en toda la estancia. -Perdona mujer, yo...- Estaba claro que no iba a poder terminar una frase. -!Ni perdona ni ostias- Ella se había levantado y ahora le gritaba en la cara.- Me tienes hasta el coño con tu pose barata de escritor de mierda! !Cabrón!.- Aquello de "cabrón" no venía nada a cuento, pero es que, en realidad, ese desmesurado enfado tampoco.- Cariño, creo que estás padeciendo una crisis histérica.- Rojas las mejillas como un tomate por la tensión se quitó de un tirón el vestido-pijama de lino que era lo único que llevaba puesto, y se tumbó sobre la mesa, hundiendo el ella sus pechos y levantando las nalgas. Mientras hablaba, mejor dicho, mientras gritaba, se daba enormes palmetazos a sí misma en su ahora desnudo trasero. -!Pues dame una buena azotaina en el culo para que se me quite la tontería, joder, dámela de una vez!- Él se levantó, luchando por mantener la compostura dentro de aquel repentino huracán de desquiciamiento. Pero estaba claro. No había salida. Se quito el cinturón, se amarró bien los extremos en la mano y alzó el brazo blandiendo la correa de cuero doblada sobre si misma. Ella gritaba, gritaba y le insultaba. Lanzó el primer golpe, certero, tremendo, justo entre las dos nalgas, y se hizo un repentino silencio. Un silencio que destilaba un olor reparador y sereno. Estaba claro. Siguió azotándola durante más de diez minutos hasta que cambió en granate y malva el color de las dos nalgas. Cuando paró sudaba y ella se incorporó, y aunque seguía desnuda no se vistió, sólo se secó las lágrimas, se acercó a él, y le dió un fugaz beso en los labios.-Voy a hacerte más café. Gracias.- Y dando pasitos de gacela y moviendo coqueta la cadera, dulce, iluminada, se perdió por el pasillo con la cafetera.
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Titubeos iniciales y mística de pareja. Comienzos.
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| Un participante en este foro llamado jpiqueras decía hace pocos días que ya no leía mi hilo, ni el de Cerinto, porque eran casi blogs. Vaya por delante que yo sí leo con atención y respeto las intervenciones de jpiqueras, al que considero un hombre culto, comedido y de enorme sentido común. Pero creo que en esa ocasión el subconsciente le jugó una mala pasada. Si le resultara interesante lo que decimos, y él es un intelectual curioso, nos leería. Lo del reparo formal no se sostiene. A una personalidad como la que a través de sus palabras deja vislumbrar jpiqueras, de Cerinto le tiene que molestar su soberbia ¿Y de mí? Bueno, puedo hablar con libertad porque no me lee ¿De verdad? De mí creo que no le gusta lo más obvio y que por ser tan obvio se convierte en razón inconfesable. No le gusta lo mío porque hablo de sexo, pero sin distantes poses analistas, puras e impolutas, hablo de sexo con mi propio pene en la mano y manchado de esperma hasta las cejas. En estos momentos se está desarrollando un brillante debate en este foro sobre Dios, nada menos, y una tras otra están participando las mejores plumas. Y aunque se si objetiva hasta el nivel de la desnudez grotesca es mucho más pretencioso y atrevido hablar de Dios, que de sexo, lo estamos haciendo ¿Por qué las expresiones religiosas judeocristianas y musulmanas son castrantes, misóginas y machistas? ¿Por qué todas ellas consideran blasfema la utilización de cualquier práctica sexual dentro del ámbito religioso? ¿Y por qué a las personas cultas les da vergüenza hablar de pollas, coños, tetas y culos en un foro de libros? El sadomasoquismo no encaja, para nada, en ninguna forma de pensamiento religiosos judeocristiano y/o musulmán. Y ahora permitirme una pregunta con mala leche a todos los que, como yo, hemos participado en el hilo de Dios ¿Creéis que el bosque de silencio que me envuelve es solamente porque hago un casiblog? ¿No tiene nada que ver con la atmósfera cultural? ¿Nada de nada, jpiqueras? |
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a mí lo que me parece curioso es que es jpiqueras el que grita en el hilo de religión, complejos y tabús para que se hable de tabús... tal vez quiera "definir" o "decapitar" a la gente diferente (no lo sé) tal vez no sepa que tu hilo es en el que más y mejor se habla de un tabú sexual como es Bondage&SM, pero claro..., el mundo es muy raro, tío. por cierto, a mí tu hilo me mola... lo único que me chirrian son algunos términos que usas y los leismos y laismos... pero porque soy de San Fernando (Cádiz) y esa forma de hablar nos pita bastante. salud. sigue con lo tuyo, tío, hay gente que te lee...
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Gracias Nosebundos. La auténtica relevancia de la ensayista Beatriz Preciado va un poco más allá de lo que dice; su posición, imprescindible, en el pensamiento progresista actual, estriba en que por fin se habla de sexo, primero, con fundamente filosófico, y segundo, como el tema más fundamentalmente humano. El carácter ontológico y teleológico de su discurso es lo que lo hace tan poderoso. Resumiendo; su propuesta básica es arrancar la sexualidad a los macrodiscursos políticos y devolver el sexo a dónde debe de estar; en el ámbito de la absoluta libertad individual. Cada vez que leo su magnífica obra "Testo Yonqui", no hago más que pensar en Sade; una parecida soledad les envuelve a los dos cara a la sociedad, pero bueno, el caso del Marqués de Sade fue mucho peor. Antes de entrar en mi tema, sadomasoquismo, quiero cerrar la referencia a Beatriz Preciado aclarando a la mentes conservadoras que la defensa de la libertad por parte de esta escritora es en serio, y que por lo tanto, objetiva sus reivindicaciones en los gays, en los transexuales y aboga por la autoreinvención permanente, incluso biológica, del sexo de cada uno. Sí. Libertad de verdad. Libertad en estado puro. En este contexto de la gran izquierda intelectual americana y europea se encuadra el BDSM, es decir, el sadomasoquismo, como orientación preferente en las prácticas sexuales y como estilo de vida alternativo. Y el escenario formal, incluso legislativo, no sólo es necesario, sino imprescindible; tres normas básicas que unen a todos los miembros de esa heterogénea comunidad y cuyo cumplimiento estricto tiene un carácter casi religioso. Las tres normas son; hazlo sano, hazlo sensato y hazlo consensuado. A partir de ahí comienza lo de cada uno; irrepetible e intenso. Poderoso y abrumadoramente erótico. Caliente hasta lo pornográfico. Incontenible, en la vibración más genuina del sentimiento humano. Comienza el recorrido personal hasta la eyaculación o el orgasmo. A través del sufrimiento, de la sumisión, del dolor controlado y del morbo detenidamente calculado. Si antes he dicho que el Sadomaso es una expresión más de la libertad en el siglo XXI en estado puro, hay que añadir además que, sobre todo, es una expresión de vida, porque el semen y los flujos vaginales son los combustibles de esa hidráulica de la actividad diaria que es cada ser humano. Vamos hacia ello, constantemente, lo disfrutamos, descansamos un rato, y después volvemos. La diferencia histórica es que por fin ya no tenemos que avergonzarnos. El círculo interminable de nuestra sexualidad ha dejado de ser impuro. Comienza el tiempo de los círculos más complicados; placeres encadenados a roles y a fases performativas. Dominación y ser dominado. Una vuelta de tuerca más a la libertad y a la vida; ésa es la visión que intento trasmitir del Sadomaso.
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Caro Salazar: Te ruego disculpes mi incursión en tu foro de sadomasoquismo. Supongo que debes de estar ocupado en otros menesteres y no es mi intención reclamar tu presencia en www.clubsumision.com. Sin embargo, querría hacerte saber que algunos miembros de dicho foro se impacientan por disfrutar de la continuación del relato "La clausura", que tú y yo estamos escribiendo al alimón. Uno de ellos me ha propuesto continuarlo él, otro me sugiere que lo continúe yo... y yo deseo que lo hagas tú. Confío en que podamos seguir contando contigo. Saludos... ¿intensos?... jajaja. Intensos y cercanos, sumisadanae - Maika |
| Relax. Viernes 12 de febrero del Tercer Año de Crisis y seguimos sobreviviendo. Está claro, me merezco un polvo. Un buen polvo de verdad. Y Eugenia se vistió en consecuencia y salió al exterior cuando Madrid, anocheciendo, comenzaba a deslizar sus temperaturas muy por debajo de cero. En el metro bien; hacía calor. Y esa luz blanca que parece atravesarlo todo. Para salir a follar lo mejor es no llevar un rumbo fijo, si acaso, dirigirse a una zona, donde haya gente y copas, pero lo importante surgirá de improviso y en lo imprevisto. En el camino. Mientras persigues la ausencia de rumbo. A Eugenia le pareció un hermosa metáfora, sonrió y se desabrochó el abrigo. Quizás surgiría en el metro. Ese chico con cara de chica y dos piercings en los labios no hacía más que mirarla. Un poco bajo para ella pero estaba bastante bueno. Eugenia se recolocó la minifalda y exhibió un poco sus hermosas piernas que flotaban sobre sus botas altas de taconazos. Tenía unas piernas preciosas, y por supuesto, ella lo sabía. No era gay, la estaba mirando, iba sólo y su mirada acababa de dejarlo todo claro. Eugenia volvió a sonreír. Fin de la búsqueda; objetivo localizado. Atada a los doseles de aquella cama, brazos abiertos, de rodillas sobre el colchón, vuelta de espaldas, las nalgas espigadas hacia arriba y su melena rubia cayéndole en cascada, parecía la doncella prisionera de un cuento de dragones. Sintió las manos de él agarrándole con fuerza las caderas. "No te abras; mantén los muslos pegados." Aunque firme, su tono era amable y cómplice; tenía una voz magnífica; viril y cálida; su voz eran como las piernas de Eugenia, su parte más bella. Y desde que la empezó a hablar, Eugenia, que iba predispuesta, se dejó envolver por ella. Hacía todo lo que la pedía, y lo más extraño, obedecerle así, la estaba excitando. La excitaba. "Así la rajita queda perfectamente recta y vertical, dibujada con precisión entre las dos caras traseras de tus muslos. Ahora voy a metértela y la sentirás como si te atravesara." Eugenia, extasiada, decía que sí a todo con la cabeza y efectivamente. Era como si la atravesarán. La luz blanca volvió pero esta vez desde el interior de su cabeza. Había cerrado los ojos y saboreaba su voz. "Te dije que te iba a gustar que te atara". Los rizos de color de oro volvieron a volar un poco hacia arriba y hacia abajo. "¿Y has probado ser azotada?". Todo tiene un comienzo, incluso en un febrero de crisis bajo cero. |
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cita de salazar
Relax. Viernes 12 de febrero del Tercer Año de Crisis y seguimos sobreviviendo. Está claro, me merezco un polvo. Un buen polvo de verdad. Y Eugenia se vistió en consecuencia y salió al exterior cuando Madrid, anocheciendo, comenzaba a deslizar sus temperaturas muy por debajo de cero. En el metro bien; hacía calor. Y esa luz blanca que parece atravesarlo todo. Para salir a follar lo mejor es no llevar un rumbo fijo, si acaso, dirigirse a una zona, donde haya gente y copas, pero lo importante surgirá de improviso y en lo imprevisto. En el camino. Mientras persigues la ausencia de rumbo. A Eugenia le pareció un hermosa metáfora, sonrió y se desabrochó el abrigo. Quizás surgiría en el metro. Ese chico con cara de chica y dos piercings en los labios no hacía más que mirarla. Un poco bajo para ella pero estaba bastante bueno. Eugenia se recolocó la minifalda y exhibió un poco sus hermosas piernas que flotaban sobre sus botas altas de taconazos. Tenía unas piernas preciosas, y por supuesto, ella lo sabía. No era gay, la estaba mirando, iba sólo y su mirada acababa de dejarlo todo claro. Eugenia volvió a sonreír. Fin de la búsqueda; objetivo localizado. Atada a los doseles de aquella cama, brazos abiertos, de rodillas sobre el colchón, vuelta de espaldas, las nalgas espigadas hacia arriba y su melena rubia cayéndole en cascada, parecía la doncella prisionera de un cuento de dragones. Sintió las manos de él agarrándole con fuerza las caderas. "No te abras; mantén los muslos pegados." Aunque firme, su tono era amable y cómplice; tenía una voz magnífica; viril y cálida; su voz eran como las piernas de Eugenia, su parte más bella. Y desde que la empezó a hablar, Eugenia, que iba predispuesta, se dejó envolver por ella. Hacía todo lo que la pedía, y lo más extraño, obedecerle así, la estaba excitando. La excitaba. "Así la rajita queda perfectamente recta y vertical, dibujada con precisión entre las dos caras traseras de tus muslos. Ahora voy a metértela y la sentirás como si te atravesara." Eugenia, extasiada, decía que sí a todo con la cabeza y efectivamente. Era como si la atravesarán. La luz blanca volvió pero esta vez desde el interior de su cabeza. Había cerrado los ojos y saboreaba su voz. "Te dije que te iba a gustar que te atara". Los rizos de color de oro volvieron a volar un poco hacia arriba y hacia abajo. "¿Y has probado ser azotada?". Todo tiene un comienzo, incluso en un febrero de crisis bajo cero.
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"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia", una de las cuatro historias que se entrelazan. Pilar miró su despacho con cierta sensación de orgullo; era amplio, silencioso y bien amueblado. Lo recorrió con la mirada haciendo un lento giro de cabeza, como en el cine, desde el sillón de cuero de su mesa. Lo que más le gustaba era la moqueta gris, impoluta, que parecía irradiar su tono clarito y de diseño al resto de la estancia. Atrás quedaba su otro despacho, en el que trabajó los tres últimos años, pequeño, ruidoso, con la pared de metacrilato a través de la cual todo el mundo la veía durante casi toda la jornada. Desde el hall del otro lado, con su continuo trasiego de personas. La habían ascendido. Ahora estaba en el mismísimo centro del cerebro de la empresa. Allí sólo había jefes como ella, separados convenientemente por enormes pasillos que sólo cruzaban de vez en cuando sus respectivas secretarias. Para ir a los servicios o para servirse un café en las máquinas. Virginia, la suya, acababa de entrar. Llevaba un vestido color cielo con falda justamente por encima de las rodillas. Sin medias. Zapatos de tacón y cinta gruesa al pelo también azul. La lanzó una mirada dulce de saludo y fue directa a la librería del fondo a ordenar unos informes sin decir palabra. Ya sabía cuánto le gustaba el silencio a su jefa, así que procuraba romperlo lo menos posible. Pilar también la miró y la sonrió. Pensó que aquella mañana su secretaria estaba preciosa. Recordó el día en el que comenzó a trabajar para ella; no le dijo nada, al segundo tampoco, pero al tercero la preguntó: "querida ¿es que no tienes faldas? siempre vienes con pantalones, muy bien planchados, éso sí, pero pantalones". Virginia se puso colorada como un tomate y no fue capaz de contestar. Al día siguiente vino con falda, y al otro y al otro. Al cabo de una semana Pilar la dijo; "lo ves cariño, estás muchísimo mejor con falda y a tu, en concreto, te sientan especialmente bien las que te llegan por encima de las rodillas." Luego la pellizco una mejilla y la besó en la otra. Virginia volvió a ponerse roja y a quedarse muda, pero a partir de aquel día sólo iba a la oficina con minis o con vestidos cortos. Quien conocía a Pilar y había sentido de cerca el poderío de su personalidad, sabía que ésa era la reacción normal de cualquier ser humano que hubiera decidido quedarse a su lado. Subyugaba. Y si la persona en concreto carecía de mucho carácter, Pilar llegaba a fascinar. Era el caso de Virginia. Estaba encantada con su jefa, simplemente, la adoraba, y apenas llevaba seis meses a su servicio. Pero la apabullante seguridad con que lo hacía todo, su elegancia, su intensísima manera de mirar, su capacidad de concentración en el trabajo y su inalterable trato justo y considerado, la habían conquistado definitivamente. Virginia, ahora, después de este medio año, era una secretaria meticulosa y entregada, y sobre todo, realizada. Se sentía feliz. En su fuero interno y después de las pequeñas humillaciones y de los numerosos desencantos que le habían dejado sus trabajos anteriores, estaba súper agradecida a Pilar. Hasta el punto de que le resultaba sencillamente imposible decirle que no a nada, incluso más allá del trabajo. Al final de una mañana de viernes, hacía ya bastantes semanas, Pilar la cogió del brazo en el ascensor y la dijo que la invitaba a comer. Media hora después, en el servicio del restaurante al que la llevó, llamó a la amiga con la que había quedado inventándose una excusa para no ir. Volvió con Pilar y se sentó a su lado. Su jefa le daba ya la carta al camarero; había pedido la comida de las dos. Virginia soltó una risita entrecortada: "muchas gracias" dijo. Pilar la ofreció una copa de vino que acababa de llenar para ella. Por si quedaba alguna duda, añadió: "bebe". Se la terminó de un trago porque Pilar no dejaba de mirarla. Como si la estuviese hipnotizando. Todo estaba riquísimo y Pilar ejercía como nadie de anfitriona divertida y atenta. Cayeron unas cuantas copas más. Y sin saber muy bien por qué terminaron hablando de la ropa interior que ellas mismas utilizaban. Para Pilar había dos cosas imprescindibles; que las bragas fueran de tipo tanga y que todo, siempre, lo de arriba y lo de abajo, fuese negro. Virginia reconoció no ser tan radical y que sus prendas íntimas en cuestión de color y formas eran muy variadas. Pero Pilar no lo aceptó y entre risas y bromas le hizo prometer a Virginia que a partir de aquel instante llevaría siempre el tipo de ropa interior que a ella le gustaba. Como estaba un poco borracha y le costaba tantísimo llevarle la contraria a su jefa, terminó cediendo. Y hasta tuvo que prometer y jurar que lo haría. Pilar celebró el compromiso que acababa de aceptar su secretaria como una auténtica victoria y hasta que se despidieron a media tarde, después de varios cafés, estuvo exquisitamente cariñosa con ella. Al lunes siguiente todo normal en la oficina. Y al siguiente día y al siguiente. Pero cuando el miércoles a primera hora Virginia entró en el despacho de Pilar, ésta parecía estar esperándola, arrellanada en su sillón y lanzándola una mirada dura. La secretaria, intimidada, soltó un expectante "buenos días" que fue contestado por un seco "cierra la puerta con llave". Su jefa se levantó y se acercó a ella clavando los tacones en la moqueta. "¿Estás cumpliendo lo que me prometiste?". Virginia no tenía la más remota idea de lo que estaba hablando. "Tu ropa interior ¿es negra?". Pilar la estaba pegando la cara a la suya y parecía muy enfadada. Virginia temblaba de miedo y estaba tan nerviosa que ni siquiera se acordaba en ese momento del color de las bragas y del sostén que se había puesto aquella mañana. "Me lo juraste". La secretaria abrió la boca, intentando hablar pero no le salía nada. "Quítate el vestido, quiero verlo". Con ojos como platos Virginia comenzó a menear la cabeza en lo que parecía querer ser un no con el gesto, pero Pilar, lo cortó de inmediato. "Que te quites el vestido, ahora". La secretaria, vencida, con ojos llenos de lágrimas, muy acalorada y con la mirada baja, se quitó el vestido por arriba, como quien se quita un jersey, y se quedó así; callada, quieta y con la respiración entrecortada, a punto de romper en sollozos. "Bragas de tres cuartos blancas y sujetador rojo" dijo Pilar con un tono muy decepcionado y agrio, luego la ordenó que se vistiera y que saliera a trabajar. Virginia, llorando, quería pedir perdón, pero continuaba sin poder articular palabra. Se puso como pudo el vestido, salió del despacho y se dejó caer sobre su mesa hecha una magdalena. Así estuvo toda la mañana. Pilar no la habló. Durante días estuvo sin dirigirla una sola palabra. Aquello fue el mayor infierno que había padecido Virginia en toda su vida, no soportaba el nuevo y repentino desprecio de su jefa, ni la frialdad de su mirada. Apenas dormía, perdió el apetito y tiró a la basura toda su ropa interior. Iba a trabajar en mini falda y súper arreglada pero Pilar continuaba haciéndola el vacío con imperturbable crueldad. Al cuarto día ya no aguantaba más. De nuevo primera hora, entró en el despacho, cerró con llave y se tiró sobre la moqueta abrazando los pies de Pilar. Virginia estaba llorando en serio pero esta vez pudo hablar. Suplicó a su jefa que la perdonase y la dijo que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para enmendar su falta. Lo que más repetía era "perdón" entre lágrimas y babas. Pilar no parecía muy sorprendida y sonreía, un extraño brillo iluminaba sus ojos. La dejó expresarse un buen rato, atacada como estaba. Era como si lo estuviese disfrutando. Al final la cogió de la barbilla y acercándole el rostro dijo: "Ni me gusta que me mientan, ni me gusta que me desobedezcan. No quiero que vuelvas a hacerlo". Los sollozos de Virginia sonaban ahora a auténtico agradecimiento, besaba los pies de Pilar, sus manos, de rodillas, su jefa sentada, y juraba obediencia y daba las gracias. Estaba completamente desatada y Pilar, relajada, se dejaba hacer hasta que por fin la secretaria se calmó. Ambas, despacio, se levantaron. Virginia ya respiraba medio bien. "¿Qué ropa interior llevas ahora?". La secretaria respondió ansiosa como un niño pequeño que se sabe la tabla de multiplicar: "tanga y sujetador negros". Pilar se separó unos pasos hacia atrás para verla mejor. "Enséñamelo". Y la secretaria comenzó a decir que sí con la cabeza compulsivamente mientras se quitaba el vestido. Era cierto. Luego la ordenó que se vistiera y que fuera a su mesa a trabajar porque había muchísimos papeles atrasados después de aquellos tres días de silencios entre ellas. Virginia obedeció radiante de alegría. Pilar se fue a su hora y ella se quedó hasta la noche para poder terminar. Y lo hizo. Cuando llegó a casa, agotada, comió algo y se metió en la cama sólo con las braguitas y el sujetador que había enseñado a su jefa. Durmió bien y reparadoramente. La palabra felicidad se quedaba muy corta con respecto a la serenidad y a la plenitud que la inundaba. Al día siguiente lo primero que hizo Pilar tras saludarla fue pedirla que cerrara la puerta y que le enseñara lo que llevaba puesto debajo del vestido. Virginia lo hizo sin rechistar. Y al día siguiente, y al otro y al otro. Se convirtió en un ritual cotidiano que ya llevaban haciendo a diario durante casi dos meses. Por eso esa mañana, cuando Virginia terminó de colocar las carpetas de los informes en la librería del fondo, y sintió la mirada de su jefa en la espalda, sin decir una palabra y sonriéndola, avanzó hacia la puerta y la cerró con llave. Luego, clavando esta vez ella, sus tacones sobre la moqueta, se situó frente a la mesa de Pilar, que con las manos juntas, la observaba. "Vamos". Dijo su jefa. El vestidito, ceñido y azulito claro, colgaba de dos lazos que con coquetería Virginia desanudó de sus hombros. Efectivamente, estaba preciosa. Pensó Pilar y subió las manos apoyando en ellas la barbilla. Todo bien. Tanga/prendas negras. Ecuación completa. Echó un poco la cabeza hacia delante observándola satisfecha y con detenimiento. Virginia juntó sus piernas en pose de modelo y se puso las manos en las caderas, sonreía, dulce y adorable. No volvería a ponerse el vestido hasta que Pilar no se lo dijera, pero hoy su jefa había decidido tomárselo con calma. Quería disfrutar un rato del paisaje. Se arrellanó en el asiento y Virginia, paciente, y con expresión contenta, metió la barriguita y aumentó la sonrisa. Delicioso. Pensó Pilar. Perfecto. |