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Aparte de que no acepto que nadie me indique qué es bien o qué es mal, aparte de que entre uno y otro concepto existen mil tonos grisáceos de difícil catalogación, aparte de que jamás aceptaré algo como bien sólo porque sea preferencia de las masas, ni algo como mal sólo porque todo el mundo se persigne a su paso, déjame, amigo Cerinto, que sea yo mismo quien decida si un libro, si una película, si una canción o si una persona es buena o mala para mí. No entiendo tu perseverancia en mantener la tesis de que Millenium mantiene unas teorías perniciosas para el conjunto de la humanidad. Deja ya de decir lo que es bueno y lo que es malo para mí y para el resto de mis congéneres. A no ser que seas Dios. |
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Cerinto es el hijo secreto de la compañera sentimental de Larsson. Intentó rascar de los derechos de autor de la serie Millenium, pero la familia le enseñó un documento escrito por Larsson en el que repudiaba a Cerinto y lo dejaba fuera de la herencia. De ahí viene su odio visceral y sus interpretaciones demenciales sobre correciones políticas y no sé cuantas más pajas mentales que intenta cargarnos a nosotros. É lo que é :) |
| A la vista de las respuestas que está recibiendo este tópico, me viene a la memoria una anécdota que hace tiempo leí en no sé ya qué libro o periódico. Comentaba alguien la diferencia que en un debate hallaba entre el modo de reaccionar de los latinos en general y los anglosajones. Mientras los latinos -decía el hablante- tan pronto se les dice que algo está mal, tan pronto se les critica algo, se sienten obligados a salir al ruedo y tratar de remediarlo, los anglosajones lo oyen, comentan, Ah! Pues sí! Tiene usted razón! No lo había pensado! Y ahí queda todo; ni por asomo se les ocurre hacer nada, de ninguna manera se sienten obligados a entrar al trapo, y creen del todo natural dejar las cosas como están puesto que no les incumbe hacer nada al respecto. Aquí parece estar pasando algo semejante. Quienes responden a este tópico parecen darse personalmente por ofendidos, se diría que se sienten atacados, que la cosa va por ellos, cuando evidentemente no es tal el caso. |
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Lo que yo no termino de entender es como te das el permiso y privelegio de traducir el título como te dé la realiísima gana. Traduce actividad u oficio como quieras, me da igual, pero el "escribir" no sé donde lo ves. "Oficio de vivir", vale, "actividad de vivir", también. Si quieres hasta "el capricho de vivir" o "el lujo de vivir" (tal y como están las cosas), pero el tuyo no sé de donde lo sacas. En fin, supongo que seguirás a la tuya... Carlos |
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Hombre, Carlos, yo entiendo que Cerinto más que "traducir" lo que hace es aplicar una metáfora entre "vivir" y "escribir". Lo que pasa es que, según entiendo yo, la comparación es poco acertada, puesto que para escribir hay que haber vivido, mientras que para vivir no es necesario escribir. Por lo demás, reinvindico mi latinidad, mi mediterraneidad, mi balearidad y mi siesta de pijama y orinal. |
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La recuerdo con muchísimo cariño. Intento ir a menudo porque hay algunas personas a las que tengo mucho cariño... de las que quieres que siempre tengan un sitio. El bar estaba en Palma. Era muy agradable, repleto de cojines y muy buen clima. Un abrazo. Carlos ps: por cierto, dadme cancha con las faltas que me estoy acomplejando, leñe. Soy de ciencias e intento ser cuidadoso pero lo escribo a pelo por problemas ofimáticos varios y alguna (más de la cuenta) se escapa, lo sé. |
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"Deprisa, deprisa" es de Carlos Saura, Cerinto, que se quiso apuntar a la moda del cine quinqui y barriobajero y le salió un bodrio gigantesco. Mucho mejor le resultó la jugada años despues con "Taxi", donde señalaba con dedo certero a la ultraderecha de estar por casa, reflejada en aquellos taxistas justicieros y lamentables. Y visualmente era un bellezón de peli, con Storaro al cargo de la fotografía. Volviendo al subtema de por qué escribimos, el párrafo de Carlos Maza construye una interesante escala de razones, y se podría decir que estoy en el segundo promontorio: escribiendo para que me lean. |
| Érase una vez un novelón... Y empleo la palabra en sentido despectivo y no admirativo, un novelón, algo despreciable, algo de mala muerte y no una novelaza, algo increíble, algo admirable. Aunque algo increíble sí que lo pudiera ser, como se verá de lo que sigue. Comentaba yo ayer en la tertulia con un mi amigo el revuelo y airado alboroto con que en este foro se está respondiendo a mis desfavorables críticas del mismo, entiéndase el novelón mencionado, cuando él me contó lo que a continuación leerá todo aquel que con paciencia ejemplar, como dijera algún santo, haya llegado hasta aquí. Es así que al parecer, y siendo su última compañera sentimental, como la llamaría el lenguaje correcto de hoy, ferviente devota del autor del tocho, quiso seguir complaciéndose con sus ocurrencias y para ello se fue derechita y pian pianito a ver la película que sobre el engendro se ha hecho. (No lo llamo engendro en sentido insultante, sino puramente semántico, a saber, como algo que ha sido engendrado, que como todo el mundo sabe sería lo concebido y también dado a la luz. Prosigo.) Ya en las primeras escenas, apagadas apenas las luces y apenas empezadas a masticar las tiernas y crujientas palomitas acabadas de hacer por algún artesano del ramo -y cito a mi amigo, que a su vez cita a su compañera etc. etc.- por no sé qué circunstancias laborales, el que va a ser jefe de la protagonista detective/detectiva, (sigo fiel al lenguaje correcto para nada sexista) una muchacha super moderna que en lo de maquillarse ha desbancado obsoleta a aquella actriz que se me resiste a la memoria, Martirio o cosa así, que por ello se hizo famosa en la tele y aún sigue viva y dando guerra en la misma; que se ha puesto piercings, la tal, la protagonista que aquí nos ocupa, hasta en las rodillas y cualquier otro lugar en que la piel haga pliegues, la chantajea y le obliga a hacerle una mamada, felación los puristas, que ni la presunta al ínclito Clinton de la superfamosa becaria del despacho oval. Durante un tiempo la curiosa -y supongo moderna y a la última quizás en Suecia- relación laboral, sigue por el mismo camino; cada vez que ella necesita un favor o dinero, él se la lleva al sofá y le exige a cambio esmerarse en el pago; modosita, ella calla y consiente, hasta que un día y tomada por el mango la odiosa sartén, lo ata atado y bien atado con nudos que imagino gordianos a la manera del que arduo y difícil se propuso deshiciera al general griego Alejandro, también por la posteridad llamado El Magno, y monta una escena de sado masoquismo al lado de la cual el marqués de Sade hubiera quedado, de haber tenido de ello noticia, como bisoño e ingenuo aprendiz. Si no recuerdo mal, ella le graba a fuego en la piel, con un soplete de oxiacetileno, un lanzallamas o cosa parecida, cien veces no sé qué frase, como las que el castigado travieso Bart Simpson de la serie de Antena3 es obligado a escribir en la pizarra de su americano colegio. Llegados aquí ya no supe qué hacer, si alzando los brazos al encapotado cielo escandalizarme, o echarme a reír. Me eché a reír. Porque semejantes truculentas y morbosas ideas, si ideas se les puede llamar y no disparates de mentes absurdas, no se le ocurren a nadie, imagino, aun más perverso que el malvado Sadam Husein, el del Imperio del Mal que Reagan decía. Si se le ocurrieron al sueco autor de la cosa, el tío estaba como una regadera, era carne de psiquiátrico y muriéndose rápido hizo al mundo un favor, pues cualquiera se pone a pensar en lo que de seguir vivo y dando batalla se le hubiera podido ocurrir. Vade retro, Satán, superventas del año! ¡Jesús! |
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Amigo Cerinto, el problema respecto a dicho novelón es que no das motivos objetivos ni concretos y no podemos entender en tus, con permiso y cariño, idas de olla qué es lo que te parece tan mal. Anda, contesta a Avilés que te ha preguntado varias veces qué es lo que tanto te disgusta. El oficio de escribir también tiene una parte según la cual los que te leen deben al menos entender, si ya no lo que escribes, al menos las motivaciones de hacerlo. |
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Veo que es un tema que esta dando mucho de que hablar. No considero que el oficio de escribir sea egoista por varios motivos. - Yo escribo para ser leida, para poder compartir con los demás lo que llevo dentro, porque lo necesito, porque escribir es algo que me llena y con lo que intento llenar a los demás. Escribir no es egoista ¿Cuántos buenos momentos nos han proporcionado esos libros que hoy acumulan polvo en la estantería? No puedo considerar a esos escritores que tanto me han dado egoistas y por ello no me considero egoista por escribir. |
| Respuesta ocasional a Emartiants. En cuanto a las razones de hallar malo el novelón, las he dado en El famoso Millenniun, un hilo (como lo llaman algunos) más de los que aquí hay, por lo que repetirlas sería aburrida redundancia en lo mismo. En la entrada que me propongo poner aquí mañana o tal vez pasado, si el dios así lo ha dispuesto (ya sabéis, el hombre propone, etc.) expondré mi credo literario, en el que se basa en parte mi declarado aborrecimiento de escrito parejo, además de considerar puro disparate aberrante -y por tanto en nada literario- el morbo y truculencia a que en la entrada en el foro anterior a esta me he referido. En cuanto a mis 'idas de olla', como con acierto desde cierto punto de vista las llamas, y a entender por qué escribo lo que escribo, diré ante todo que uno de mis textos favoritos es el de La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Lawrence Sterne, puro 'ida de la olla' desde el principio hasta al fin. Mucho me reí la primera vez que lo leí. Porque muy a menudo para mí el oficio de escribir es pura diversión, puro ejercicio de los músculos mentales como si dijéramos, placentero en sí mismo, sin otra exigencia, como lo es ejercer en un gimnasio los músculos del cuerpo. Muy a menudo, digo, pues a ratos, en ocasiones como la anterior a esta última, me desahogo escribiendo, simplemente encadenando sentencias sin otro propósito que encadenarlas, por amor al arte, porque encadenadas suenan bien, porque como ya sólo el olor de un buen filete provoca la secreción de los jugos gástricos, el ejercicio a que aludo los provoca semejantes en el alma, digamos, como una redacción escolar, en la que no se exige ambición didáctica alguna, sino tan sólo el hacerla; como un discurso un domingo en el Hyde Park londinense, porque sí, porque los paseantes ociosos se detienen a escucharme y a mí me gusta sentirme en el podio y todas aquellas miradas fijas en mí. Espero haber respondido con esto a tus preguntas. Saludos. |
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Amigo Cerinto, me doy por respondido porque ahora entiendo tu motivación. No obstante no estoy del todo satisfecho, espero que en los próximos días, como tu dices, quede satisfecha mi curiosidad a ese respecto. Casualmente estoy leyendo en este momento, entre otras cosas, el "Tristram Shandy" en la traducción de Javier Marías y ciertamente me parece una auténtica "ida de olla" muy divertida. |
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Pero fíjate Cerinto, lo que pasa con los debates. Lo empezaste con la idea de discutir sobre las distintas motivaciones del escritor (incluso sus responsabilidades) a la que algunos han contestado con brillantez. A mi, personalmente, me ha gustado mucho la respuesta que da Carlos_Maza. Es un debate como cualquier otro pero que nos puede ayudar bastante a sentirnos comprendidos porque la mayoría de los que estamos por aquí solemos escribir y los motivos que nos llevan a hacerlo no distarán mucho los unos de los otros -aunque supongo que sí distará lo conscientes que seamos de ellos. Paralelamente tú lanzas una serie de críticas muy poco constructivas sobre un texto como si lo anterior solo fuera el pretexto. ¿Y porque digo que las críticas son poco constructivas? Porque de eso me han enseñado en el trabajo. Una buena crítica de un jefe no es: "Carlos, eres un desordenado". Sino, "Carlos, tu mesa está desordenada". El mismo comentario puede llevar implícito un juicio subjetivo (porque somos sujetos, no objetos, que decía Ortega) y ese juicio puede ser más o menos extremista. Sobra decir que la reacción de Carlos al segundo comentario será mucho mejor y más útil para todas las partes. Tus comentarios camuflados de Millenium están repletos de juicios (¿pre-juicios?) subjetivos que además expones como verdades absolutas. La mayoría de las personas inteligentes que conozco se opondrán rotundamente ante esa actitud aunque dichos juicios se correspondieran realmente con verdades absolutas. Yo me quedo a la espera de nuevo hilo para comprobar tus argumentos puesto que parece que no vas a ponérnoslo más fácil. Solo quiero añadir que todo arte tiene como mínimo dos utilidades distintas: formar (en un sentido muy amplio) y entretener. No se puede tachar a todo aquel que sus pretensiones son simples de "basura". Yo tacho de basura al arte que va sobrado de pretensiones y queda corto de recursos. ¿Al que me entretiene? Al que me entretiene, lo aplaudo. Un abrazo Cerinto Carlos |
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cita de carlos_maza
Escribes para triunfar. Cuando no triunfas, para que te lean. Cuando casi nadie te lee, para expresar lo que llevas dentro. Cuando vas agotando tu interior, para huir de la soledad. Cuando ésta te atrapa de todos modos, para sobrevivir un poco más.
A pesar de estar de acuerdo en casi todo lo que refiere Carlos en su post, discrepo en uno de sus puntos. No todo el mundo se incia en la escritura para triunfar; es más, pienso que en la mayoría de los casos, el triunfo viene por añadidura, como un efecto colateral de algo más profundo. |
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A finales del siglo XIX, el novelista de origen canario Benito Pérez Galdós escribía sus conocidos Episodios Nacionales. El diario local de esta ciudad los vende ahora con la edición de los domingos. Y justo en la Introducción del volumen primero, Andrés Amorós, Catedrático de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid, se refiere a la novela realista (en general la literatura) y relata la polémica que a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX enfrentaba a los defensores del teatro llamado barroco y los que proponían el nuevo, de los que con su drama El “sí” de las niñas, que por aquel tiempo se estrenaba, era exponente entonces notable el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín. Los primeros sostenían que sólo valía su teatro, cuyos personajes de la ficción más rabiosa vivían aventuras retorcidas e imposibles, absolutamente inverosímiles, nada que tuviese que ver con la realidad del momento, cuya representación, por el contrario, defendían los de la corriente nueva. Mientras unos reclamaban que se siguiera llevando al escenario a héroes ficticios de una no menos ficticia Antigüedad, los otros querían ver en él a la gente de todos los días, a la que uno encontraba en la calle y con la que convivía, gente real en suma, y sus igualmente reales emociones y vidas. Pues bien, a la vista de lo que en boletines y suplementos literarios hoy corre y en este foro algunos defienden, se tiene la impresión de que se vuelve atrás y abandonando el realismo en boga preferente hasta el momento, al que según el catedrático arriba mencionado se había apuntado el mismo Pérez Galdós, se retrocede para poner de moda personajes absurdos y que nada tienen que ver con la gente viva. Me refiero ante todo y por citar sólo a ella, a esa autora americana cuyos libros de vampiros están entre los mayores éxitos de ventas de la actualidad. Ya se la mencionó en este foro. Ni que decir tiene que la literatura de vampiros nada tiene que ver con la realidad. Como nada tienen que ver con ella la llamada literatura gótica, la ciencia ficción, la novela de detectives y la romántica de Corín Tellado y de Bárbara Cartland, la abuela de Lady Di. Por no citar el éxito de ventas que vengo condenando. Literatura irreal, lo repito, el tal éxito, como no lo es menos el tan cacareado y adorado Código da Vinci, puesto que todos esos financieros y empresarios y tycoons corruptos, supuestos gente auténtica y de todos los días, son sólo ficción y tópico flagrante, como lo son los templarios, las ominosas malvadas sociedades secretas, rosacruces y masonerías varias y así por el estilo. Como lo son esos supuestos defensores laicos de la moral que algunos se empeñan en ver en los personajes de Dashiell Hammet y el Vázquez Montalbán de la serie negra. (Doy por descontado que dejo aquí constancia clara de mi postura estética en cuanto a la literatura, a saber, decidida preferencia por el realismo y en principio rechazo consiguiente de toda otra cosa.) Cambio de tendencia -la del realismo a la literatura neo barroca- que intuyo intencionado y fomentado por los que mandan; de lo que me ocuparé en entradas próximas. |
No entiendo tu perseverancia en mantener la tesis de que Millenium mantiene unas teorías perniciosas para el conjunto de la humanidad. Deja ya de decir lo que es bueno y lo que es malo para mí y para el resto de mis congéneres. A no ser que seas Dios.