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¿Y donde está el límite Cerinto? Porque por personajes inverosímiles podríamos recurrir a "El señor de los anillos" o incluso al Quijote... Por historias fantásticas podemos echar mano de las leyendas de Bécquer o... yo que sé. Existe buena literatura de no-ficción y buena literatura de ficción. Me parece entender - y aquí puedo estar equivocado- que no te opones a la literatura de ficción sino a aquella literatura de ficción no documentada que pretende parecerlo (al menos, por los ejemplos que pones). Por suerte, la mayoría de nosotros sabemos qué estamos leyendo y no nos creemos al Dan Brown de turno. Si no dicen la verdad ni los informativos... que vas a esperar de una novela. Si quieres, hay muchas y muy buenas obras de ensayo, pero estamos hablando de novelas de ficción que crean un mundo para entretener al lector. Si el lector es tonto del culo es algo de lo que el escritor no puede - y no debe - responsabilizarse. Yo no me quejo porque Tolkien me engañara con la existencia de un tal Sauron que era malo, malísimo. ¿Que hace peor la saga Millenium*? ¿Que Tolkien no pretende engañar a nadie? A mi tampoco me engaña Larsson. Un abrazo Carlos * He puesto el asterisco porque la comparación se refiere solo a lo irreal de la obra, no la calidad de la misma. No quiero a ningún fan de Tolkien maldiciéndome. |
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Atendiendo a una de las colaboraciones o aportaciones a este tópico, va a haber que creer que, ideando yo su título, El oficio de escribir, como paráfrasis del título de Cesare Pavese, El oficio de vivir, me muestro aquí, al menos en esta ocasión, como un parafraste o autor de paráfrasis, que a su vez y según la RAE serían Explicación o interpretación amplificativa de un texto; libertad e iniciativa que al parecer alguno ha considerado intolerable licencia. ¡Oh, país de inquisidores! ¡Triste España! Ayer, en boca de Antonio Machado, España de fandango y pandereta; hoy, España de Millennium y Salsa rosa. Y ya que en paráfrasis estamos, se me ocurre que podría yo parafrasear a Catón el Viejo, -cuando invariablemente terminaba con la frase famosa Delenda est Carthago! su alocución al senado romano-, escribiendo Delenda est Millennium. Mas tras haber considerado que de hacerlo, la ganancia en la economía global del Universo sería nula o -con licencia poética, puesto que absurdo lógico- menos que nula, he rechazado la idea. O tempora, o mores! |
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Castilla del Pino fue un conocido psiquiatra cordobés. Se opuso al franquismo y lo sancionaron. Escribió varios libros. Patografías es una colección de algunos de los casos que trató. Uno de ellos me llamó la atención. Aquejada de toda una serie de molestias que nadie entiende y que dificulta la vida familiar, a su consulta acude, a las reiteradas instancias de su marido e hijos, una mujer de mediana edad. En varias sesiones de psicoanálisis va tomando conciencia de su modo de ver la realidad, lo que cree, lo que espera, y sobre ese fondo va comprendiendo su actitud frente a los demás y la de ellos frente a ella; se da cuenta de las ficciones en que sin saberlo vivía, cambia de modo de ver las cosas y finalmente aquellas molestias que la habían llevado a pedir ayuda, desaparecen. Sin duda se trataba de un caso benigno, pero pone de manifiesto cómo en numerosas ocasiones y sin poder evitarlo vemos el mundo de una manera falsa inculcada, recibida de fuera. La historia de esta mujer me hizo pensar en Corin Tellado, la española autora de incontables novelas de la serie rosa. Ella y las demás de este género educaron en el sentimiento a numerosas generaciones de mujeres, que la leían vorazmente y veían a la luz que ella marcaba la relación con el marido y los hijos. En las historias de esta “escritora”, las mujeres solían ser criadas que se casaban con príncipes, o más al día, gente de abajo que conquistaba ingenieros. Solían esperar también una vida conyugal de ensueño hecha toda de arrumacos, cruceros de aventura, poesía de Bécquer, amor eterno, y nada de lactancias y partos, rutina, deberes familiares y economía prosaica. Resultado, una vida insatisfactoria de perpetua frustración y continuos lamentos y quejas, un infierno doméstico. La mayoría de aquellas mujeres eran inconscientes de la discrepancia entre lo que pensaban y sentían, recibido de Corin Tellado, el cine y el medio ambiente en general, y la humana realidad en que vivían. Pero que se sepa, la novelista -y con ella el corro de los numerosos que la jalearon, la aplaudieron y la pusieron por las nubes del arte literario- nunca se responsabilizó de los devastadores efectos de sus escritos en el alma de quienes la leían. Nunca relacionó con lo que ella escribía, la infelicidad, sufrimiento y amargura de sus innumerables lectoras. |
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Puras conjeturas amarradas a lo que yo llamo un padrinazgo referencial forzoso. Es un truco muy viejo. Primero presentas a Castilla del Pino, para a continuación establecer una opinión personal, enlazada sobre el nombre ilustre, venga a cuento o no. ¿Las asiduas de las novelitas de Tellado fueron desdichadas por el supuesto influjo fantasioso que esos textos desprendían?, ¿el ocio popular de una época como culpable indirecto de graves problemas sociales o de aislados casos de inestabilidad mental? Supongo que el equivalente hoy a esa deducción tan brillante sería violencia juvenil y videojuegos, ¿no? Claro que sí. Las chicas que compraban esos libritos, aunque no lo creas, eran lo bastante inteligentes como para diferenciar ficción de realidad, y se acercaban a esas lecturas con el mismo espíritu lúdico con el que oían radionovelas o iban al cine de barrio, que bastante tenían con bregar en casa (y fuera de ella) y llegar no ya a fin de mes, sino de semana. Leer banalidades o sintonizarlas en radio era una mera distracción en tiempos muy chungos. Porque aquí creo que llegamos a lo que te produce más rechazo: la literatura como simple divertimento y el no trascender más allá (en ocasiones, ni desearlo siquiera, por elección propia*). Corín Tellado era una autora entrañable, hombre, una mujer superventas en el mercado de las novelitas de a duro (un fenómeno editorial que en su vertiente ci-fi y terrorífica yo admiro todavía hoy día). Escribí algo sobre ella en mi blog cuando palmó, y repito aquí: me inclino ante esa currante de las letras, que hasta ciega seguía con lo suyo, dictándole a una secretaria esas historias que entretuvieron a varias generaciones de hispanohablantes. *Los que leen por pasar el rato, y así lo manifiestan, ¿son acaso una casta inferior de lectores? Yo no lo creo. Ni necesitan que le señalen con un dedo qué es basura y qué no. Cuidado con la engañosa ilusión de autoridad y cultura que generan nuestras aficiones predilectas, ¿eh? |
| Creo también que Corín Tellado no engañó a la mayoría de sus lectoras. Las permitió soñar. Mi madre fue una de ellas. Soñaba con ser una mujer elegante bajando por una escalera vestida de blanco para bailar con alguien apuesto. Eso la consoló mucho tiempo de la vida de carencias en que vivía. Es un sueño de huida, ya lo sé, pero es un consuelo que hay que respetar cuando no se puede tener otra cosa. Pero no hace falta ir a Corín Tellado, hasta los comics de Supermán, Capitán Trueno u otros más modernos, no sólo distraen, a los más pequeños los hacen soñar que son otros de los que realmente son. |
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-¡Qué asuntos tan comunes! ¡Qué poca imaginación y originalidad! -exclamaba de modo que lo oyeran los presentes-. ¿Y para esto se escribe comedias? ¿Pero no oye Vd. que esa señora dice las mismas necedades que diría doña Mariquita o doña Gumersinda, o la tía Candungas? Que si tuvo un pariente obispo, que si sin artificios ni embelecos las monjas educaron a la niña; que la muy piojosa se casó a los 19 con D. Epitafio; que parió a veintidós hijos... así reventara la maldita vieja. No se viene al teatro para ver lo que a todas horas se ve en las calles y en casa de cada quisque. Si esa señora en vez de hablar de sus partos, entrase echando pestes contra un general enemigo porque en la guerra le mató a sus veintiún hijos y sólo le dejó el veintidós, que está aún en la mamada, y lo trae para que no se lo coman los sitiados, que se mueren de hambre, la acción tendría interés, y ya estaría el público con las manos desolladas de tanto aplaudir... Amigo Gabriel, es preciso protestar con fuerza. Golpeemos el suelo con los pies y los bastones para demostrar nuestro cansancio e impaciencia. Ahora bostecemos abriendo la boca hasta que se disloquen las quijadas, y volvamos la cara hacia atrás, para que los circunstantes, que ya nos tienen por literatos, vean que nos aburrimos de tan sandia y fastidiosa obra. Dicho y hecho; comenzamos a golpear el suelo, y luego bostezamos en coro y nos dijimos unos a otros; ¡qué fastidio!... ¡qué cosa tan pesada!... ¡dinero mal gastado!... y otras frases por el mismo estilo, que no dejaban de hacer su efecto: los del patio imitaron puntuales nuestra patriótica actitud. De indignación, el poetastro no cabía en su pellejo. Conforme avanzaba la pieza, hacía observaciones y decía: -Ya, ya sé lo que va a resultar aquí. Ahora resulta que doña Paquita no quiere al viejo, sino a un militarito, que aún no ha salido, y que es sobrino del cabronazo de don Diego. Bonito enredo... Parece mentira que en una nación culta esto se aplauda. Yo condenaba a Moratín a galeras y lo obligaba a no escribir en toda su vida más vulgaridades. ¿Te parece, Gabrielito, que esto es comedia? Si no hay enredo, ni trama, ni sorpresa, ni confusiones, ni engaños, ni quid pro quo, ni aquello de disfrazarse un personaje para hacer creer que es otro, ni tampoco aquello de que salen dos que se insultan como enemigos, para después percatarse de que son padre e hijo... Si ese D. Diego matara en la cueva a su sobrino y tras preparar un festín hiciera servir a su novia un plato de carne de la víctima, bien condimentado con especias y hoja de laurel, entonces la cosa tendría alguna malicia... ¿Y la niña por qué disimula? ¿No sería más dramático que se negase a casarse con el viejo, que le insultara llamándolo tirano o lo amenazara con arrojarse al Danubio, o al Don, si osaba tocar su virginidad...? Estos poetas nuevos no saben inventar argumentos bonitos, sino estas simplezas con que engañan a los bobos diciéndoles que reflejan la vida. Ánimo, compañeros. Pronunciemos frases coléricas y finjamos disputar en corro, diciendo unos que esta obra apenas vende, en tanto que La mojigata arrasa en los escenarios; y otros todo lo contrario. El que sepa silbar con los dedos, hágalo ad libitum, y patadas a discreción. Apostrofar a doña Irene cuando se retire de la escena, llamándola cada cual como se le ocurra. Dicho y hecho: al finalizar el acto primero, armamos una espantosa grita. Como los amigos del autor protestaron, exclamamos ¡afuera la polaquería! y enardecidos los dos bandos por el calor de la porfía, se cruzaron los más duros apóstrofes, entre el discorde gritar de la cazuela y el patio. Cita de La Corte de Carlos IV, de Benito Pérez Galdós |
| Corin Tellado no ha enseñado el desmenuzamiento emocional de lo cotidiano. Agatha Christie la dosificación progresiva de la información como ecuación fundamental del suspense. Y Larsson que sólo lo mas desorientados interiormente pueden enfrentarse a una realidad metódicamente cruel y demente. Sólo enfrentarse. No vencer. Aciertas en señalar que es un paisaje general de sufrimiento, pero todas la grandes lecciones parten de esa zona oscura. No haces bien en burlarte de ellos. |
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Veamos. No me burlo de quienquiera que sea, sólo hago juicios de valor literario. He aquí mi credo en estas materias. Grosso modo distingo en la literatura cuatro grupos: Literatura buena, la de Cervantes, Dostoyewsky, Shakespeare y en general los llamados 'clásicos', entre los que muy bien tienen cabida autores como Lampedusa y Sterne. Literatura de segundo orden, la de autores secundarios tales como Mika Waltary, Lahos Zilahy, Sommerset Maugham, Wodehouse y un muy largo etc. que si bien han escrito con muy varia fortuna, nadie los consideraría 'clásicos' aunque sólo fuese por la irrelevancia cultural de sus producciones. Literatura mediocre, donde incluyo esa que habéis llamado literatura de evasión, Corin Tellado, Agatha Christie, toda la serie negra, incluso El nombre de la rosa, Michel Crichton, Ken Follett, tanta literatura para adolescentes, ideológica, como Emilio Salgari, pongo por caso o incluso Stevenson y Julio Verne; y finalmente literatura malísima, literatura basura, la que pretende entretener con lo brutal y asqueroso y para conquistar al lector acaricia los sentimientos más bajos de la especie humana, las mamadas en el sofá del despacho y las marimachos feministas lesbianas que para estar al día, a la moda, seducen a las monjas jovencitas de un convento -Larsson, la catedral del mar- las confabulaciones de sociedades secretas que quieren apoderarse del mundo -Dan Brown y Mein Kampf- y todas las que se le quiera añadir en la misma línea. Todos los Millennia (plural de Millennium) que en el mundo han sido y serán. Ni que decir tiene que lo que incluyo o excluyo en cualquiera de estas categorías es algo del todo personal y que cualquier otro podría incluir o excluir obras y autores diferentes. Prosigo. Como se ve, para mis preferencias estéticas, el que un libro 'enganche' no constituye un valor de primer orden y doy la primacía al contenido antes que a cualquier técnica narrativa, al fondo antes que a la forma. Prefiero sin duda un libro profundo por sus ideas y al mismo tiempo bien escrito, no pedante ni plomo que aburra hasta las piedras, a todos los libros a lo Ken Follett que agarran y no sueltan al lector hasta que amanece y se lee la palabra FIN. Espero haberme aclarado. |
| Quizás tengas razón y lamento que mi tono haya sonado un poco agresivo al discutir contigo. Pero me resisto a caer en el "todos se equivocan menos yo". Aunque literariamente no nos gusten, y a mi me aburren, porque tú y todos sabéis lo que a mi me gusta, aunque tú mismo lo encuentres basura, clasificar de muy malos todos los grandes éxitos literarios de ventas, es irrelevante Cerinto. ¿Recuerdas la responsabilidad del escritor? La aprobación social de esos libros los convierte, necesariamente, en material analizable. Un saludo. |
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Amigo Cerinto, ya me he aclarado y entiendo por fin dónde estás posicionado. Pero...¿Cuantas grandes novelas encumbradas posteriormente se publicaron como folletines consumibles? El tiempo coloca a cada autor en su lugar. Haz caso a Víctor y abre la mente que ese tipo de clasificaciones suelen ser bastante limitadas. Por otro lado este razonamiento me ha gustado bastante. ¿Será porque está un poco lejos de la necesidad de alucinar a los demás con tus enormes conocimientos? |
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Personalmente, como lectora (que lo fui mucho antes de empezar a escribir) no busco metáforas maravillosas ni un uso extraordinario del lenguaje que apabulle mis sentidos. Lo que yo busco es algo que me divierta, que me entretenga, con lo que pasar mi tiempo de ocio y me deje un buen recuerdo del tiempo empleado en leer la obra. A mí déjenme los libros de los menospreciados géneros de ciencia ficción y fantasía, que están llenos de personajes únicos que me distraen de la realidad, presentándome mundos y situaciones imposibles, pero con cuyas desventuras me divierto. Puede que no sean obras de una calidad literaria superior, pero cumplen su función: entretener y divertir al lector. Y los lectores que buscan esas historias son conscientes de su poco realismo. Nadie va a sentirse frustrado por no alcanzar el éxito con las mujeres de Miles Vorkosigan a pesar de medir poco más de 1,50. Ni va a sufrir una depresión por no tener una relación de pareja idílica como la de Richard y Khalan. Pero oye ¿y lo que nos divierte el leer sobre esas historias? Son ligeras y nos abstraen de la realidad. Cuando cerramos el libro volvemos de nuevo al mundo real. Y no por ello vamos a sufrir desilusiones, la mayoría sabemosdistinguir la realidad de la ficción, aunque la disfrutemos. |
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Lo triste del argumento de Cerinto es que todo lo que nos cuenta NO ES VERDAD. Es una apreciación suya y, por supuesto, no sienta ninguna cátedra. Y más triste aún, no vale la pena entrar a discutir lo que no es sino un simple gusto personal. Y más triste aún, si cabe, es que está equivocado. No es que me lo parezca; es que lo está. Y lo está por intentar sentar cátedra. |
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cita de aviles
El comentario de Pedro se puede resumir con la siguiente expresión: "Las opiniones y los gustos, son como los culos... todo el mundo tiene uno" -Clint Eastwood dixit.Lo triste del argumento de Cerinto es que todo lo que nos cuenta NO ES VERDAD. Es una apreciación suya y, por supuesto, no sienta ninguna cátedra. Y más triste aún, no vale la pena entrar a discutir lo que no es sino un simple gusto personal. Y más triste aún, si cabe, es que está equivocado. No es que me lo parezca; es que lo está. Y lo está por intentar sentar cátedra. No he comentado hasta ahora en está ardua competición dialéctica (demasiado sesuda para mí que soy más simple que el mecanismo de una caja de pescado). Pero para gustos los colores, es así de simple. |
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¿Te has planteado, amigo Cerinto, a ver tus tesis desde el otro lado? Es decir, ¿sería posible que escritores que tú consideras mediocres triunfan con sus obras precisamente porque la gente es infeliz? En primer lugar, amigo Cerinto, decirte que yo leo mucho, y que no me encuentro dentro del sector de gente que tú esbozas en tu post. Yo soy un tipo feliz, alegre y contento. Vivo todos mis problemas de la mejor manera que sé. No acostumbro a cabrearme, nunca me he sentido solo y únicamente sufro con el sufrimiento de los demás. Mi vecino es como tú dices. Fijo. Lo has bordado. ¿De verdad crees que ello es culpa de Larsson, y de Agatha, y de Ken Follet? Te lo pregunto porque no sé hasta dónde puede llegar la influencia de esta gente, sobre todo porque mi vecino no lee más que el diario Marca (para colmo es del Atleti). Y si no lee es porque de pequeño le hicieron leer el Quijote y aborreció para siempre la literatura. Aún le dura el trauma. ¿De verdad que los sufrimientos de mi vecino son consecuencia de la mala literatura? Por otro lado, acepto tu propuesta de eliminar del concepto de literatura todas aquellas obras que a ti no te gustan. Eso sí, eliminaremos también aquellas que no me gustan a mí, porque nuestros gustos no coinciden (a mí no me interesa tanto el fondo como la forma con la que se escriben las historias). Queda entendido que entre tú y yo no atesoramos la certeza absoluta, por ello deberemos aceptar que cada uno del resto elimine las obras que no considere dignas de entrar a formar parte de la literatura. Y ya está. Ya verás, amigo Cerinto, como será cuestión de días en que nos quedaremos sin ningún libro en nuestra biblioteca particular. Ni uno solo. Acepto tu opinión, amigo Cerinto. Es más, puedo incluso compartir algunos argumentos. Pero no pretendas, como bien te ha dicho el amigo Avilés, sentar cátedra, pues lo tuyo no es más que una simple opinión, una expresión de tu gusto que no tiene por qué coincidir con los gustos de nadie más. |
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Escribir en el foro es también hacer literatura. Y cuando se hace literatura, se afirma, hay contundencia, nadie aburre a nadie con distingos, circunloquios, disculpas, solicitud de consenso y toda la pesca: se dice y ya está. Las frases afirmativas y cortas son literarias. No veáis pues en mi estilo un 'lo que yo digo va a misa y ¡a callar! los demás'. No se trata de 'despotismo ilustrado', sino de recurso retórico. En general, la media docena que respondéis a este tópico coincidís en una cosa: lamentáis mi postura, no la aprobáis, me reñís, incluso me aconsejáis indulgentes que cambie de tecla, que mire distinto a como miro, que haya cuenta de ésto y considere aquello. Tal vez quedara bien aquí agradeceros la buena intención, dado que según se dice, lo cortés no quita lo valiente. Mas ya aplaudí la idea de que esto fuera como una colcha de retazos, en que cada uno pone el suyo y acepta callado los demás. Al menos se evitaría toneladas de tinta electrónica, interminables disputas estériles. Repito, repito, repito: no tacho lo dicho por nadie para poner en su lugar lo mío; sólo pienso diferente. Si digo 'me gustan las papas', no estoy diciendo implícito que 'aquellos que las aborrecen son asnos'. Cada cual es muy dueño de leer lo que le plazca y de que le plazca lo que mejor le acomode. En una cosa habéis acertado, no siento cátedra; si acaso hablo para mí, como un Narciso de nuevo cuño. Se acusa de tendencias exhibicionistas a la gente de teatro; puede que los escritores también las padezcamos. Me divierto escribiendo, lo paso bien, como a lo mejor lo pasaría soltando discursos en Hyde Park una tarde apacible sin otro propósito que darle a la lengua. Escribir es un arte, poner las palabras oportunas en el sitio apropiado es arte y es diversión, el hacerlo compensa. Por cierto, beledra, ya que has tenido la valentía de decir lo que piensas y te has arriesgado a verte crucificada por tus gustos 'vulgares', avanza un poco más y dinos quienes son los personajes que citas, para mí del todo desconocidos, la primera noticia, me has despertado la curiosidad, dinos algo más de su vida y milagros. Creo que nos gustará leerte. |
| Tu amabilidad me confunde e incluso ruboriza y espero que tu constitución mental sea lo bastante robusta como para soportar el esfuerzo de la apertura que apuntas. Arriba habéis leído el resumen wikipédico de la saga y personajes a que se refería Beledra, ante cuya tardanza en instruirnos, decidí tomar por los cuernos el toro y suplir lo que ella callaba. |
Atendiendo a una de las colaboraciones o aportaciones a este tópico, va a haber que creer que, ideando yo su título, El oficio de escribir, como paráfrasis del título de Cesare Pavese, El oficio de vivir, me muestro aquí, al menos en esta ocasión, como un parafraste o autor de paráfrasis, que a su vez y según la RAE serían Explicación o interpretación amplificativa de un texto; libertad e iniciativa que al parecer alguno ha considerado intolerable licencia. ¡Oh, país de inquisidores! ¡Triste España! Ayer, en boca de Antonio Machado, España de fandango y pandereta; hoy, España de Millennium y Salsa rosa. Y ya que en paráfrasis estamos, se me ocurre que podría yo parafrasear a Catón el Viejo, -cuando invariablemente terminaba con la frase famosa Delenda est Carthago! su alocución al senado romano-, escribiendo Delenda est Millennium. Mas tras haber considerado que de hacerlo, la ganancia en la economía global del Universo sería nula o -con licencia poética, puesto que absurdo lógico- menos que nula, he rechazado la idea. O tempora, o mores!