Me presento ahora que he descubierto este foro. Ya hace tiempo edité una obra en Bubok, creía que ese era el nombre en esperanto de lo que parecía ser algo relacionado con el libro o la biblioteca. No fue difícil editar el proyecto, más complicado me fue en otras editoriales.
Yo mismo diseñé la portada, nada de otro mundo, o quizás si, pues la imagen elegida fue la de un ángel, descubierto no hace mucho en la Catedral de Valencia.
El título que elegí fue el de “La Cueva del Ángel”, una sima que existe en una montaña cerca del mar mediterráneo. Creo que fue una alegoría lo que me motivó a entrar en esa cueva a la edad de treinta y tantos años. Si bien, fue el secreto de nuestra infancia. El Ala petrificada de un ángel le daba nombre, en realidad una gran estalactita. Luego, la imaginación proponía que en esa cueva se encontrase un pasadizo que nos llevara hasta un lugar que no existía de verdad, pero todos los niños creíamos en esos cuentos.
La Cueva del Ángel es una vivencia, seguro, una forma de enfrentarse a las preguntas sin respuesta, al silencio que ofrece una gruta. No debo de ser un buen escritor, pero sé darle forma al silencio, al pensamiento. Nadie me enseñó más que el ángel que descubrí en esa cueva. No invito a nadie a que lea mi libro si antes no se confiesa un estudiante, alguien que aun retenga la capacidad de asombro. Se puede visualizar el interior, pero sólo llegará hasta la primera parte, la cueva es más interesante si se llega hasta el final.
Mi nombre es Vicent Escrivà, “La Cueva del Ángel” es el libro que promociono. No llegará nunca a ser un Best seller si no empezamos a leerlo. El pobre ya estuvo inédito durante muchos años, pues nunca quise compartir mis vivencias. Lo edité para hacerle un regalo a mi mujer, si quieren, pueden ver la dedicatoria tan original que encabeza la introducción.
Sin más, abro un nuevo hilo por si quieren comentar algo, muchas gracias por atenderme.
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A lanzarlo arriba con un poema. Supiste ver en mí a un poeta deslucido clamando un sitio en tu área de descanso. Un juego de palabras con tu nombre Y te rendiste cautiva a la deslucida voz del poeta. Más tarde, nos conocimos, nada serio, un refresco en un área comercial cercano al cuidado que tuvimos de andar con calma hasta que el aire nos separase. No supimos andar solos desde entonces ni pudimos alejarnos sin que nuestras vidas notaran que les faltaba el aire que se anhelaba. A salvo de un delito que cometí al verte reír con tu sincera visión del mundo en el que yo tomaba forma por un capricho del descaro. El delito fue saber que tú me querrías en el segundo en el que me ofrecieras el contorno que deseaba para compartir espacio con el deseo de pronunciar tu nombre en cada instante. |
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Supe ver en ti un deseo contenido un sueño que aún dormía sólo un amor apagado �que farfullaba palabras de desencanto papel mojado con aciagos llantos de otoño. � Pero nos conocimos en primavera con la excusa que propuse para que tú me atendieras. � Así fue, entré porque estabas tú en el centro, y porque yo estaba esperándote desde hacía treinta años entreviendo la manera en la que tú podrías aparecer en un espejo, en el reflejo de un cristal, en el día en el que yo te vi desde una distancia justa tomando fuerza la creencia que sostenía, que en el momento en el que me estremeciera, daría por cierta� la sospecha de que eras tú la que invadía el centro que buscaba. � |
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Supe ver en ti un deseo contenido un sueño que aún dormía sólo Un amor apagado que farfullaba palabras de desencanto papel mojado con aciagos llantos de otoño. Pero nos conocimos en primavera con la excusa que propuse para que tú me atendieras. Así fue, entré porque estabas tú en el centro, y porque yo estaba esperándote desde hacía treinta años entreviendo la manera en la que tú podrías aparecer en un espejo, en el reflejo de un cristal, en el día en el que yo te vi desde una distancia justa tomando fuerza la creencia que sostenía, que en el momento en el que me estremeciera, daría por cierta la sospecha de que eras tú la que invadía el centro que buscaba. |
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Solté lastre al conocerte conseguí manejar el fuego de modo que al dirigirlo al centro lograra calentar el aire y con ello alzásemos el vuelo inaugurando la vuelta al mundo en ochenta maneras conclusas de acercarnos con tiento. Todo se vio distinto desde el cielo Y nosotros solos en un pedestal de viento medimos la distancia que nos separaba y nos dimos cuenta de que no era necesario desinflar el globo. |
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En la segunda cita te invité a la inauguración del local en el que nos vieron juntos, aún no había un beso pero nos vimos con las manos entretenidas en un examen sin tentar la comparecencia de un descuido. Era un pulso en el que no había un perdedor un paseo por la parte en la que no importaba perderse ni perder la vergüenza ni la pena por no tenerla. Te presenté mi mundo similar al tuyo antes de que emprendieras tu viaje a Londres, No estaban tus autores en mi estante ni un acento neutro en mi forma de entonar nuestro idioma. Y aún así, condujiste a oscuras tu decisiva entrega segura de que en mi mano contactabas con algo ya conocido. Al acabar la cita, no hubo ningún beso pero sí el despierto sentido de envolver tu halo de misterio en una incógnita despejada esperando que hubiesen mil razones para emprender el examen de lengua sin dejar de aprobar el momento adecuado para volver a repetirlo tantas veces como fuera necesario. Ese día no hubo un beso, insisto, Aunque sí el deseo inapelable por encontrarme acomodado en su empeño y condenado a degustarlo con tanto apetito. |
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En su apellido constaban
rosas concisas Y una virgen descosida en dos palabras unidas por la mitad. Ella contuvo su beso Y yo comprendí a medias Que debía conquistar sus encantos Cuando yo ya estaba sitiado por ellos. Con todo lo que supone andar a ciegas Mientras ella disponga en sus órbitas Dos estrellas que me obsesionan. O mientras tenga ella en su boca La miel de mil palabras en la lengua que mas saborea el dulzón secreto de una flor envidiada. |
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Fue una noche En la que intuí su partitura Cuando miré el semblante del cielo Como una maraña de notas Todas dispuestas en un orden Que no cabe en nuestro raciocinio La Música de las Esferas En el peor de los casos Hallo una Musa De casta cintura De las que no entregan nada Que no sea una palabra de inmaculada concepción. A veces se desenfrena La Musa de mis pasiones Bulle como una estrella en su cintura Y pronuncia versos de mis deseos, nada se lo impide. No la imagino vestida ni destino En mi apetito nada que no sea distinto A una entrega de especial inclinación. Yo cortejo el saludo, la oda proporcionada A un instante de gozo y a un segundo de misterioso compromiso. Es un contacto seguro Un discreto roce Un entusiasmo permitido. Una vez la tuve tan cerca Que me explicó su ausencia En las noches de plenilunio. “No dejes de saludarme Y así te daré el pecho De una manera que el beso Succione la leche de la misma Vía Láctea. Yo soy la Musa de las mil caras La más radiante estrella de lasciva cintura En cada punto a dónde mires Yo soy la misma que complementa El indolente flujo de la imagen velada. La madre de la imaginativa La señora encantada La Luna cuando llena el silencio Y la nota que rueda blanca en el pentagrama Que orbita alrededor de tu cabeza.” Una noche la vi llegar Y desde entonces que merodeo El instante en que pueda dar de pecho Sin miedo a salpicarme de su descaro |
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Es cierto que un poema nace Pero sí la señal del ombligo |