¿Cuál es ese libro que nunca terminaste de leer?
¿Por dónde te quedaste leyendo el Ulises de Joyce?
¿Cuántas veces has intentado empezar el Quijote?
¿Sabes de alguien que se haya leído las obras completas de Sartre?
¿Qué libro no te atreverás a empezar nunca por si te acaba gustando?
¿Qué obras te has obligado a ti mismo a leer?
¿Qué autores de toda la vida te parecen infumables?
Espero que os interese el tema. (A ver si vamos a ser como Sálvame y necesitamos traer a la Esteban para que un foro tenga éxito.)
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cita de bizarro
Vamos a ver, Daniel, la información tiene que ser masticada, por lector, por el escritor, o por ambos. Si el escritor quiere dar prueba de su inteligencia e ingenio haciendo la lectura más complicada, con ello está haciendo un alarde de manejo del lenguaje, que puede ser hasta cierto punto admirable, pero sería extraño que con ello se establecieran relaciones empáticas que fueran emocionantes. Pero lo jodido del caso es que escribir sencillo es más difícil que escribir complejo. Eso pasa desapercibido y no hay muchos que puedan admirarlo, quizá tan sólo los escritores que saben lo difícil que resulta escribir sencillo.
Vamos a ver, Bizarro, no puedo estar de acuerdo contigo, me da la impresión de que estás planteando una literatura que cuide el contenido y no el continente. Repito lo que ya dije hace poco. No podemos seguir pintando como Velázquez, ni siquiera podemos seguir pintando como Picasso. No podemos volver a escribir el Quijote (Borges, Borges…), pero tampoco podemos escribir otra Rayuela, tenemos que conocer obras (Y MUCHAS MÁS) como si fueran escalones para ascender. Luego cada uno debe encontrar su escalera, pero no creo que sea un defecto de obra una trama compleja o un lenguaje oscuro. Ya lo has planteado varias veces (que la complejidad es un defecto en un libro, creo que al hablar de la Colmena), y no estoy de acuerdo. La gracia de Rayuela, la Saga/fuga de J.B. y si me apuras de Agatha Chirstie es precisamente eso.
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[quote=turambar] [...] Otra costumbre de la tribu son los poetas. A un hombre se le ocurre ordenar seis o siete palabras, por lo general enigmáticas. No puede contenerse y las dice a gritos, de pie, en el centro de un círculo que forman, tendidos en la tierra, los hechiceros y la plebe. Si el poema no excita, no pasa nada; si las palabras del poeta los sobrecogen, todos se apartan de él, en silencio, bajo el mandato de un horror sagrado (under a holy dread). Sienten que lo ha tocado el espíritu; nadie hablará con él ni lo mirará, ni siquiera su madre. Ya no es un hombre sino un dios y cualquiéra puede matarlo. El poeta, si puede, busca refugio en los arenales del Norte. [...] |
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Por favor, raulcamposval, aglutina hijo... Bizarro, sí lo es. A ver está claro que hay mierda en muchas partes, y las combinaciones dan para mucho. Es más fácil, incluso diría, esconderla bajo montañas de seda barroca. Bueno, ahí está el nivel de cada uno para saber diferenciar se le dan gato por liebre. Intención del autor aparte (que puede ser simplemente el ejercicio lingüístico). Aunque claro al lector la intención del autor se la sopla y cuela o no cuela. Que es más fácil apreciar un bodegón de El Greco que una obra de Pollock, pues sí, pero te puede atrapar igual una que otra, la segunda tal vez sin llegar a saber por qué. Las dos fracasarán si pasas a su lado sin detenerte, pero también está la magia que lo que cause indiferencia en unos no la cause en otros. Lo demás es tiempo que no tenemos, por no decir una grosería...
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cita de gabrielfrau
Sigo insistiendo, amigo Idelosan, a los elementos subjetivos hay que sumarles otros muchos objetivos para la determinación cualitativa de una obra literaria. Escribir sin faltas de ortografía es objetivo. Utilizar la palabra apropiada para el significado preciso es objetivo. Escribir con mimada sintaxis es objetivo. No atentar contra las normas gramaticales es objetivo. Escribir con estilo propio es objetivo. Utilizar recursos literarios innovadores o pioneros es objetivo. Hilvanar argumentos originales es objetivo… Aunque, repito, todo ello no te garantiza el éxito.
Exacto, no hace falta tener una gran historia, a veces un detalle absurdo o una idea nimia pueden ser el germen de un maravilloso relato. Para muestra un botón: Historias de cronopios y famas, de Cortázar. Es increíble cómo puede crear tanto de casi nada.
Una novela, amigo Idelosan, puede gustarnos hasta la extenuación y, sin embargo, no contar con una calidad literaria notoria. A sensu contrario, una novela puede tener una afamadísima calidad y repatearnos los higadillos pues nuestro interés en ella es nulo. No se necesita estar licenciado en literatura para determinar ambos extremos. A mi modo de ver (y a modo de ver de muchos talleres de literatura), uno de los aprendizajes del escritor es, precisamente, el saber distinguir la calidad de una obra literaria. Repito, independientemente de que nos guste o no. Pero todo ello son cosas que nota el lector más o menos avezado a tal conducta. Si alguien se lee una novela mía y una novela de Juan Marsé no dudará, ni por un instante, en tildar de superior calidad a la de Juan Marsé. No se precisan ni baremos objetivos ni conocer las opiniones de los demás para llegar a tal conclusión. Cualquier persona que esté acostumbrada a leer no tardará en darse cuenta de ello. No podemos pretender, amigo Idelosan, eliminar de golpe el concepto de “calidad literaria”, o el concepto de “calidad musical”, o el concepto de “calidad pictórica”. Y, por mucho que pretendamos abrigar estos conceptos con el subjetivismo aludido, el lector aprecia la calidad de la obra en cuanto la lee. De igual forma que un pintor aprecia la calidad de la pintura que decora una pared con el mero hecho de mirarla. Es decir: no se precisan análisis concluyentes para ello. Creo que el ejemplo que expuse en anterior comentario demuestra con más claridad aquello que pretendo explicar: a mí no me gusta la música de Michael Jackson, pero sólo tengo que escucharla para darme cuenta de la calidad de la misma. Me importa un comino que exista mucha gente que esté de acuerdo conmigo, pero si nos fijamos, normalmente, aquello en lo que apreciamos calidad es aquello que puede presumir de tener muchos seguidores, aunque siempre hay excepciones, en los dos sentidos. Calidad no es sinónimo de aceptación, ni de gusto, ni de nada que se le parezca. Si yo tuviera que aceptar tus teorías, amigo Idelosan, tendría que llegar a la conclusión de que cualquier novela que abrazara el género fantástico está carente de calidad. Mi reto, mi gran reto como amante de la literatura y como aprendiz de escritor, es conseguir determinar la calidad de cualquier libro, no sólo de aquellos que me gusten o me interesen. Incluso aunque me resulte un libro infumable su calidad puede ser exquisita. En cuanto a tus argumentaciones (en contra de las mías), amigo Idelosan, acerca de la novela de Gabriel García Márquez, sólo puedo decirte una cosa: que a ti no te interese no significa que no sea importante. Para ti priva la historia por encima de todo lo demás, pero para la inmensa mayoría de literatos no es así. Decía el profesor Texeira que lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Puedes contar una auténtica tontería y convertirla en la mejor novela de mundo, pero si tienes la mejor historia del mundo y no sabes contarla, habrás escrito una auténtica tontería. |
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Jaume escribió: Que la cristalera no esté elaborada y labrada con mimo, no significa que lo que se vea a través de ella se convierta en malo, si lo que hay al otro lado de la cristalera es algo interesante, la obra será interesante, aunque la cristalera sea muy modesta. No estoy de acuerdo, y no puedo estarlo jamás. El cristal es tan importante, incluso más, que lo que se ve detrás. Si Juan Marsé o Eduardo Mendoza te cuentan cómo se tira un pedo un caballo, seguramente te parecerá el pedo más maravilloso y atrayente del mundo. El cristal, como los espejos, es y debe ser la diferencia entre buena o mala literatura; por muy genial que sea la historia que cuentas, se convierte en literatura por el estilo, por el cristal y por otros muchos elementos, objetivos o no.
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cita de jaumemoreso
Estoy de acuerdo en todo menos en lo último.
Como diría bizarro: vamos a ver, jaume… ¿Cual es la historia más maravillosa que te han contado? … ¿La tienes ya? … ¿Recuerdas quién te la contó? … Vale. Si esa misma historia espeluznante te la cuento yo, seguramente te parecerá un bodrio. No te puedes ni imaginar cómo puede de resultar de atractiva una historia anodida según quién te la cuente. Si escribes una tonteria, algo sin sustancia y sin interés, sin sentimiento, sin emoción, sin nada; por muy bien que lo escribas, aunque sea una delicia literaria, eso seguirá siendo una tonteria sin sustancia, porque lo que tú captarás, lo que sentirás y lo que te transmitirá no será que utiliza la gramática a la perfección, que utiliza expresiones brillantes, figuras retóricas perfectamente colocadas o un estilo innovador e inimitable; lo que tú captarás, es lo que se te dice, lo que se te transmite. Aunque igualmente, esto es ambiguo, depende y nada es blanco o negro en la literatura, ni 0 o 1 cómo el lenguaje binario de una máquina. Por el contrario, si escribes una cosa interesante, que atraiga a una persona, que le transmita grandes sensaciones y sentimientos, que un lector/a reciba información y capte algo; aunque lo escribas muy mal, eso sí, con un mínimo nivel, esa obra será una obra interesante ya que estarás contando algo interesante. Que la cristalera no esté elaborada y labrada con mimo, no significa que lo que se vea a través de ella se convierta en malo, si lo que hay al otro lado de la cristalera es algo interesante, la obra será interesante, aunque la cristalera sea muy modesta. Con todos los respetos al profesor Texeira: se equivoca en eso. Si una persona escribe algo interesante, aunque lo escriba mal; estará escribiendo algo interesante. Por el contrario, si una persona escribe algo insulso, por mucho talento que tenga y por grande litratura que escriba, eso seguirá siendo algo insulso y, sobre todo, PRETENCIOSO o pomposo. Da igual si uno lo lee y se flipa con ese uso de la lengua tan magistral, lo que está contanto es lo importante, y no tanto cómo lo está contando. Asimismo, cómo ya he dicho antes y cómo en todo, todo esto es relativo y hay multitud de puntos de vista y opiniones. Pero mi opinión es: quién escribe una verdadera tontería es quién escribe una verdadera tontería. Los tecnicismos y los objetivismos para los intelectuales sentados en sus aburridas sillas de muermo espíritu. Las historias interesantes, apasionantes y con sentimiento; para los que realmente somos seres sensitivos y sentimos la literatura, y no la valoramos con regla, cartabón y calculadora. Ya no quiero entrar en qué es más importante, si el fondo o la forma, seguramente las dos por igual (con matices según el caso), pero no podemos bebernos el agua sin un vaso, un cuenco, la mano, o al menos con un caño en una piedra. No podemos ver el paisaje sin el cristal, aunque sea el de las lentillas o la ausencia de cristal (que repito a veces es más difícil quitar el cristal que ponerle uno bonito o feo). La calidad no es subjetiva.
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cita de bizarro
Si alguien tiene un estilo sencillo y claro y tiene historias que contar, adelante. Por supuesto que es un continente válido y maravilloso. Pero no podemos considerar que las Señoritas de Avignon tienen defectos formales o que L.H.O.O.Q. de Duchamp es una simple barrabasada. No puede ser que Rayuela sea un petardo porque su estructura es sumamente compleja. cita de raulcamposval
¡Pero es que escribir de un modo claro y sencillo también es cuidar el continente, joder! Yo lo que veo es mucho desprecio a lo que triunfa entre la mayoría, que no es otra cosa que intentar trascender a la mayoría con alguna especie de elitismo. En ocasiones esto es acertado, pero no por defecto, no por norma.
cita de bizarro
Vamos a ver, Daniel, la información tiene que ser masticada, por lector, por el escritor, o por ambos. Si el escritor quiere dar prueba de su inteligencia e ingenio haciendo la lectura más complicada, con ello está haciendo un alarde de manejo del lenguaje, que puede ser hasta cierto punto admirable, pero sería extraño que con ello se establecieran relaciones empáticas que fueran emocionantes. Pero lo jodido del caso es que escribir sencillo es más difícil que escribir complejo. Eso pasa desapercibido y no hay muchos que puedan admirarlo, quizá tan sólo los escritores que saben lo difícil que resulta escribir sencillo.
Vamos a ver, Bizarro, no puedo estar de acuerdo contigo, me da la impresión de que estás planteando una literatura que cuide el contenido y no el continente. Repito lo que ya dije hace poco. No podemos seguir pintando como Velázquez, ni siquiera podemos seguir pintando como Picasso. No podemos volver a escribir el Quijote (Borges, Borges…), pero tampoco podemos escribir otra Rayuela, tenemos que conocer obras (Y MUCHAS MÁS) como si fueran escalones para ascender. Luego cada uno debe encontrar su escalera, pero no creo que sea un defecto de obra una trama compleja o un lenguaje oscuro. Ya lo has planteado varias veces (que la complejidad es un defecto en un libro, creo que al hablar de la Colmena), y no estoy de acuerdo. La gracia de Rayuela, la Saga/fuga de J.B. y si me apuras de Agatha Chirstie es precisamente eso.
Repito: no podemos volver a escribir el Quijote como lo escribió Cervantes. Y el magma en que nos manejamos no es claro ni sencillo, como decías tú hace poco, al contrario, hay mucha competencia, las cual acaba enmarañando el "mercado literario" hasta puntos insospechados.
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Estimado bizarro, no tengo personalmente ninguna pretensión elitista cuando digo que prefiero mil veces a Cortázar que a Ruiz Zafón. No debemos centrarnos en calificarnos unos a otros cuando deberíamos dedicar nuestros esfuerzos tal vez en hablar de literatura. No creo que todos los que tenemos un profundo respeto por ciertas obras de envergadura seamos elitistas. Ni siquiera creo que sea cuestión de calificarnos. Sólo me gustaría que participara quien lo desee del entusiasmo o del fastidio que me pueden causar ciertas lecturas, y precisamente desde la humildad y no desde le elitismo. Y aglutino todo lo que puedo, que no es mucho.
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cita de raulcamposval
Estimado bizarro, no tengo personalmente ninguna pretensión elitista cuando digo que prefiero mil veces a Cortázar que a Ruiz Zafón.
Tampoco pienso que los que no se han leído las novelas de Cortázar sean unos zoquetes. El zoquete sería yo mismo si pensara algo así.
No debemos centrarnos en calificarnos unos a otros cuando deberíamos dedicar nuestros esfuerzos tal vez en hablar de literatura. No creo que todos los que tenemos un profundo respeto por ciertas obras de envergadura seamos elitistas. Ni siquiera creo que sea cuestión de calificarnos. Sólo me gustaría que participara quien lo desee del entusiasmo o del fastidio que me pueden causar ciertas lecturas, y precisamente desde la humildad y no desde le elitismo. Y aglutino todo lo que puedo, que no es mucho.
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La polémica es un poco estéril: hay que tener en cuenta al lector. Si el lector ha leido a Cortázar y disfrutado con él, pedirá algo un peldaño diferente o cambiado. La biografía de cada uno de nosotros tambien ha pasado por momentos en los que Verne o Salgari nos subyugaban, y ya adultos no soportaríamos volver a leer una novela de esas. La Colmena, por cierto, es una adaptación a la literatura española de técnicas que exploró John Dos Passos en Manhattan Transfer. Que Cela arrasara con eso tiene mucho que ver con que: 1) John Dos Passos era un escritor rojo rojísimo. 2) Franco mantuvo aislada a España de esa literatura exterior 3) la mitad, por lo menos, pero lo mejor, sin duda, de la intelectualidad española había muerto o estaba en el exilio. En un barbecho estéril, Cela triunfó. No tenía delante un lector que le diera su justa medida. |
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No. Está bien. Pero claro, leer La colmena sin haber leido a Dos Passos, te puede deslumbrar. Y en esos años negros es lo que le pasó a muchos españoles. No era para tanto. Por eso digo que el nivel de lo que se exige a un escritor lo pone cada lector: por su experiencia vital, por lo que ha leido, por el cine que ha visto, por... Y no digo nada original. No hago más que repetir y vulgarizar lo que Umberto Eco dice en Lector in fabula. |
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cita de raulcamposval
Borges está entre mi top de autores, aunque no se me haya pegado nada. La Biblioteca de Babel me pilló en plena época de exámenes de cáculo (series, sucesiones, límites, convergencias, divergencias) así que el viaje fue de LSD para arriba. Debería releerla. En cuanto al mejor relato del pive, hum cuesta elegir, tanto por el número como por el estilo que va depurándose de lo intrincado y metafísico hasta la sencillez más esquisita de su últimas obras que aún así te dejan tocado. Como sabréis se quedó ciego y al final de su obra no escribía, dictaba, y creo que este cambio formal afecto a la claridad de los relatos. Si el Borges inicial te enguye en su literatura el final es más un viejo amigo que te cuenta algo que escuchó mientras tomas un café. Y este punto también me resulta interesante: en muchos de sus relatos (recuerdo los de Ficciones o El informe de Brody) utiliza la fórmula me contaron, me dijeron, me encontré y espero explicarlo bien sin añadir demasiado, quitándose el mérito de la historia supuestamente de otro y de la que él simplemente es un narrador más. Pero no me enrollo más. Creo que me quedaría con : Pierre Menard autor del Quijote. ¿Quién no ha escrito un relato y luego descubierto que ya estaba escrito?
Por cierto, turambar, ¿cuál es el relato que más te gusta de Borges? ¿Qué te parece la Biblioteca de Babel, por lo que nos puede llegar a tocar como escritores?
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| En mi caso, La biblioteca de babel es uno de esos relatos que me marcaron profundamente, como La muralla china de Kafka o La autopista del sur de Cortázar. Reconozco no conocer suficientemente a Borges como luego he procurado conocer a Cortázar, por ejemplo, pero la Biblioteca de Babel es ese relato que siempre me hubiera gustado escribir. Además, entrelaza y amalgama de tal manera el fondo y la forma, los hechos con el escenario de los mismos, que sin contar nada te lo está contando todo. Fantástico. |
| Cuando hace años leí Cien años de soledad, me pareció una de las mejores novelas del momento, me entusiasmó, me quedé con ganas de más. Hace unos meses, volví a cogerla, con la intención de releerla. Sorpresa, no pude, no me captaba el interés, me parecía pesada, tuve que dejarla. ¿Cómo era posible que mi gusto hubiera cambiado tanto? Pues sí, así son los gustos de caprichosos, los momentos en los que se lee, lo que interesa en cada instante y, por consiguiente, no es culpa del autor, sino del lector: lo que gusta e interesa a unos lectores lo rechazan otros. ¿Podemos llamar a estas percepciones calidad buena o mala, que algo es infumable? Yo creo que sólo gusto personal, que el fallo o el acierto está en el ojo del que lee o mira, siempre que quien realice el escrito -o cualquier otro arte-, lo haya hecho sobre bases sólidas, no que sea un bodrio de contenido y continente, de técnica. |
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Perfecto, Gloria, es evidente que lo que hoy de te maravilla mañana te puede disgustar, todo depende de tus circunstancias. Pero al menos significa que te has intentado enfrentar a la obra. Es más, significa que has releído la obra en diferentes épocas de tu vida, perdiendo o ganando interés en cada lectura. Lo que más polémica está causando en este foro, a mi modo de ver, son las opiniones vertidas sobre obras que no se han leído, y que tal vez ni siquiera se han intentado leer. Yo puedo decir que no he podido leerme el Quijote, pero no debo decir que es una mierda si no me lo he leído. Ese creo que es el concepto. Y el concepto es el concepto, ya sabéis, y entonces vienen las hondonadas de hostias. Las opiniones son inevitables, pero la intención final de este foro debe ser animarnos unos a otros a leer libros que ni siquiera nos habíamos planteado acometer. Mi lista de libros en espera ha crecido considerablemente desde que inicié este discurso.
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