Cristally
2 de Marzo de 2010 a las 15:52
El despertador de la habitación de Cristally daba las 10 de la noche. La
intranquilidad que había tenido durante las dos horas pasadas, se acentuaba por
momento, tumbada en la cama, giraba una y otra vez un pequeño trozo de papel
con sus pequeñas y delicadas manos con las uñas pintadas de color azul cian para la ocasión.
Sus dientes blanco perla mordían
suavemente sus labios pequeños y rosados, demostrando su nerviosismo y
preocupación, hacía ya unos minutos que
había acabado de prepararse para aquel ritual, sin embargo seguía enclaustrada
en su pequeño cuarto, intentando demorar lo más posible el inicio con la
esperanza de que volviera Aster. No era la primera vez que la valiente bruja se
retrasaba buscando algún alma, pero ahora mirando la foto que colgaba de la
pared, se encontraba Aster, sauce y ella misma mirando al infinito cómo si nada
pudiera con ellas, y en aquella época estaba convencida que aquello era así,
pero desde aquel momento inmortalizado para siempre en aquel viejo marco habían
pasado muchos años, y los vampiros habían ido adquirido demasiada fuerza, en
aquella foto nada tenia que ver con la apariencia física que tenía a la vista
humana, el alma de éstas se reflejaban en las fotos mostrando su verdadera
edad, por ello, Cristally miraba una y otra vez aquellas fotos para
contrarrestar la apariencia que mostraba su amiga Aster. Está a pesar de haber
entrado hacía ya muchos años en su edad adulta cómo bruja, seguía teniendo la
apariencia de una niña de unos quince años, con su pelo negro fuerte y
brillante ondulado cayendo por su
espalda por debajo de los hombros de esta,
su altura que no superaba el metro cincuenta, para los humanos su físico
era clasificado cómo guapa, con una figura delgada, piernas contorneadas y
solía vestir con elegancia, su cara
redondeada acabando en una graciosa barbilla en se complementaba
perfectamente con su nariz achatada, su piel era blanquecina tirando a un
rosado vivo lleno de resplandor, suave y tersa que brillaba a la luz de la luna
de una forma especia, al menos esa era la sensación que tenía Cristally, sus ojos de color miel llenos de ingenuidad,
eran el complemento perfecto a su figura,
era una bruja de plena adolescencia, cómo se habían clasificado en la Lógia, por ello, quizás su
apariencia externa había forjado su valentía interior, lo hacía para demostrar
que su interior era una bruja de pleno derecho, y siempre estaba dispuesta a
luchar contra sus enemigos, en la
Lógia a pesar de su rebeldía estaría condenada a servicios
internos de la misma, pero aquí representaba la libertad, la Lógia había pasado a formar
parte de la negra historia que las brujas veteranas contaban a sus discípulas
para atemorizarlas. . Cristally en más de una ocasión tenía una lucha interior
para dejar que su amiga cumpla el trabajo que ha sido asignado, guiada por su
falso físico, se negaba a creerlo, a pensar como la Lógia a la que tantos años permaneció y por ello,
tenía una falsa valentía depositada en Aster, pero en aquel momento tenía la sensación que algo estaba pasando, el
nerviosismo era evidente y así lo notó Sauce cuando sin llamar entró en la
habitación.
- Que te pasa Cristally, estamos
esperando para empezar el ritual de purificación.
- Te has dado cuenta..
- De...
- No sé, los vampiros están
cambiando, hemos tenidos demasiados ataques los últimos meses de vampiros de
orden y todos ellos en la zona sur de la ciudad, en la zona que ha ido hoy
Aster, es cómo si se estuvieran
agrupando, atraídos por algo que no logro comprender, no teníamos que haberla
dejado ir sola.
- Seguro que está bien, no podías
hacer nada Cristally, las brujas tenemos que enfrentarnos a estos peligros, tu
has echo mucho por ella, lo has echo por todas, ahora que somos hermanas somos
más fuertes que nunca.
- Si pero podemos hacer muchas
cosas más Sauce, tengo la sensación que se están uniendo y tenemos que hacer lo
mismo.
- Es demasiado peligroso
Cristally, hay muchas brujas que se han pasado a la navegación del mar de la
luna, para ellas ya no hay retorno, por no decir todas esas jóvenes brujas que
ignoran el destino que les ha tocado vivir. No, no pienses eso Cristally,
podemos llegar a corromper el alma de nuestros protectores, no podemos volver a
reunirlas, hemos pasado muchos años así y hemos sobrevivido.
- Quizás tengas razón, tenemos
que empezar el ritual de purificación antes de que nuestra nueva amiga se
altere, no es una persona muy paciente.
- Es una bruja joven, pero seguro
que llegará a cumplir bien su trabajo.
- Eso espero, porque puede que la
necesitemos.
- Se que no te va ha parar nadie
Cristally, siempre haces lo que crees mejor para nosotras, pero te pido que no
sea con ella, no está preparada para la magia superior y tú lo sabes.
Las
dos brujas salieron de la habitación, Sauce caminando por el largo pasillo que
llevaba que terminaba en una enorme escalera de madera, pensaba en las palabras
de su amiga en silencio. Sabía perfectamente a que se refería, y que su
preocupación no era por el peligro que corría su amiga, si no por el supuesto
misterio que había vivido dos noche antes, por ello estaba dispuesta a reunir
nuevamente a las brujas a pesar del peligro que corrían, y que casi acaba con
su vida degollada por su afilada daga. Empezó lentamente a bajar aquella
escalera mientras que Cristally se retrasaba para coger una enorme vasija de la
estantería del pasillo, lentamente bajo la escalera ante la atenta mirada de su amiga que ya se
había colocado en su posición inicial para el ritual, y de la nueva bruja de la
hermandad, deseosa por llevar a cabo su primer ritual de purificación.
Adulia
miraba aquella chica, deslizarse lentamente por la escalera, lucia al igual que
ella y su amiga el traje del ritual. Miraba casi hipnotizada aquel traje de
seda blanco que se ondulaba con los movimientos de piernas de su amiga,
alargado hasta cubrir los pies. Las dos chicas arrodilladas en el centro de la
habitación encima de unos pequeños cojines cuando llegó su amiga se quitaron
respetuosamente la capucha que cubría su cabeza. Acto seguido Cristally realizó
el mismo gesto, dejando ver su pelo de color dorado con un corte por encima del
hombro, que parecía hacerle juego con los remates de dos líneas de hilo oro que
lucían todos los bordes de aquel vestido a un lado del atuendo, justo en el
centro del corazón, dos círculo concéntricos cercaban el símbolo que desde los
inicios de los tiempos había distinguido a las brujas. Aquel vestido se ceñía a
su cintura por un cinturón del mismo color que contorneaban la figura de
aquellas chicas, atado al lado derecho de su cadera con varios nudos que
parecían formar una cadena, bajando por la pierna de las chicas acabando en
unos flecos que parecía que aquel enorme cinta se deshilachaba. Cristally se
acercó al lado se sus amigas arrodillándose encima de su cojín, y dejando la
vasija en el centro. Las tres chicas alzaron sus dos manos entrelazándolas con
sus compañeras formando un círculo alrededor de este, permaneciendo así unos
segundos hasta que Cristally apartó cuidadosamente sus manos poniendo su dedo índice y corazón en el
centro del símbolo de las brujas, las dos chicas siguieron los mismos
movimientos. Para ella, era la forma de presentar respetos a sus dioses, un
gesto precursor de cualquier ritual importante que hacían.
Por
fin, Cristally sacó una parte del pergamino de cienet, el libro de pergaminos
sagrado de la brujas, Sauce siempre había dicho que era cómo un único diario de
cientos de brujas habían escrito sus vivencias pócimas y hechizos para vencer a
los vampiros. Aquel libro, era una de las más importantes tradiciones de la Lógia de Sendel, uno de los
textos sagrados que no sabía cómo había sobrevivido a la destrucción de la
misma. Durante años, aparado por la seguridad y el secretismo, en un faro
remoto de la isla Sin Nombrable, la bruja
escribientes guías del oráculo había escrito las profecías de estas.
Aquellos textos eran inculcados por las brujas master a las nuevas, iniciando
su largo camina hacía los vampiros. Aquellos textos tan importantes para la Logia, habían acabado con el
destino incierto en el sótano de la casa de Cristally, Sauce nuca estuvo
dispuesta a saber cómo había llegado hasta allí, pero estaba convencida de que
Cristally sentía algo especial ante ellos, en más de una ocasión la había visto
en aquel sótano, con su blason en algo inmóvil frente a ese pergamino. En más
de una ocasión pensaba que añoraba la vida en la Lógia, su principio y fin, y
que a pesar de la traición sufrida por ellas, Cristally sentía que estaban
mucho mejor antes de vagar sin rumbo por el mundo. Sauce siempre intuyó que
aquellos pergaminos servirían para unir nuevamente a la brujas, pero ahora
después de aquella conversación estaba convencida de ello.
Aquí os dejo el comienzo de uno de mis libros, que podeís seguír a través de internet o en bubok