Humillados y Ofendidos (1861), Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)
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Si yo un día pudiera adquirir un grado tan alto de expresión que concentrara todo el arte en mí, escribiría una apoteosis del sueño. No he conocido, en toda mi vida, placer mayor que el de poder dormir. El apagamiento íntegro de la vida y del alma, el alejamiento completo de todo cuanto es el ser tú una persona, la noche sin memoria ni ilusión, el no tener pasado ni futuro, ...> Leer es soñar de la mano de otro. Leer mal y por encima es tanto como librarse de la mano que nos guía.> |
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cita de soloelsol
Historia abreviada de la literatura portátil (1985), Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948)
Es decir, SHANDY. Hay que tener en cuenta que, más que una referencia al libro de Laurence Sterne, la palabra Shandy remitía a un significado alcohólico. En Londres, el Shandy es una bebida habitual, que consiste en una cerveza amarga combinada con limonada o cerveza de jenjibre. En verano calma la sed tomar una pinta de Shandy con hielo.>
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cita de nosebundos
Campo de sangre volumen II (Max Aub) Herederos de Max Aub, 1946 De la presente edición: Diario Público, 2011 -Oye, ¿qué es para ti un señorito? -Alguien que no llega a señor. Un renacuajo que se queda corto. -¿Qué es un renacuajo? -pregunta el americano. -La cría de las ranas. Viven en su caldo, sin necesidades, como no sean chocarrerías. No es eso lo malo, sino la falta de otro elemento que compense. Algo entre chulos, caballeretes y rufianes: el empaque jacarandoso de uno, la suficiencia vocinglera de otro, el todo empapado de mala baba y revuelto en cada caldo agrio y orgulloso de su inutilidad. Parásito consciente de sus derechos por la gracia de Dios Papá y el santísimo respeto de los intereses creados. Conservan el horror al trabajo por denigrante, y han olvidado la fortaleza de las armas. De ahí su desprecio hacia los trabajadores y su amor por los sillones>.
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cita de nosebundos
En todos estos casos, el papel más importante lo desempeña un sentimiento incomparablemente más amplio que el amor o la simpatía personal. Aquí entra el instinto de sociabilidad, que se ha desarrollado lentamente entre los animales y los hombres en el transcurso de un periodo de la evolución extremadamente largo, desde los estadios más elementales y que enseñó por igual a muchos animales y hombres a tener conciencia de esa fuerza que ellos adquieren practicando la ayuda y el apoyo mutuos, y también a tener conciencia del placer que se puede hallar en la vida social.>El apoyo mutuo —un factor de la evolución—, P. Kropotkin (1920)
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Vacío (1940s-1970-s) [Emoción estilizante]. Sentimiento exclusivo y singular, que denotaba profundas cualidades psicológicas y estéticas, decorando a su portador con un aura de marqués en bancarrota. El sentir del "vacío", también llamado "desolación" o "temblor existencial", se considera la versión adaptada al siglo XX del estado de ánimo antes conocido como "angustia". En su versión reformulada este sentimiento forma parte de lo que Rolnik denominó "subjetividad de lujo", esto es, el código sensitivo y gestual restringido a las personas más refinadas. En su atribución originaria los historiadores de la vida íntima dudan entre dos creativos publicitarios franceses que trabajaron a partir de los años cuarenta: Albert Sartre y Jean-Paul Camus. Ambos son autores de extensos memorandos comerciales donde se detallan los rasgos, intensidades y beneficios del Vacío, entendido: a) Como sentir característico de la "desesperación del momento", b) Como muestra de comprensión de ese signo de los tiempos, c) Como excusa para tener muy mal vino y ser incapaz de pedir un cortao sin acabar a tortas con el camarero, d) Como legitimación conceptual de la "pose moderna" que, desde los días de los dandys, privilegia el mal carácter con sus atavíos, actitudes y ademanes. (...) Este proceso culminó en la mañana del 6 de agosto de 1978, en un bar del madrileño barrio de Pan Bendito llamado El Figón de Don Marcos, cuando un cliente habitual, fontanero de profesión, encontrándose extenuado por la falta de sueño, preocupado por las pésimas notas de su hijo mayor, algo decepcionado por la inesperada ausencia de un parroquiano muy de su agrado, y molesto con el dueño del local, quien le había traído un café demasiado amargo, se reclinó en su silla, dejó el Don Balón sobre la mesa de mármol y, sin dirigirse a nadie en particular -"parecía inspirado", dijeron algunos; "pa mí que le había dado un aire", apuntaron otros-, musitó: "Me siento vacío". En ese preciso instante la emoción patentada por Sartre, o quizá por Camus, perdió toda vigencia, quedando reducida a un "sentimiento vulgar" que cualquiera podía experimentar, como pudo comprobarse, en los años ulteriores, con la recurrente presencia de personajes que aseguraban "sentirse vacíos" en películas que ya no pertenecían a la franja comercial de la subjetividad de lujo, como Porky's II o Los Rompepelotas... Eloy Fernández Porta, €RO$, La superproducción de los afectos |
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Jesús, el hijo del hombre Khalil Gibrán (1928) UNA VIUDA DE GALILEA Jesús el cruel Mi hijo, primogénito y único, cultivaba nuestro campo y se sentía muy alegre y conforme en su trabajo, hasta el día en que oyó a aquel hombre que llamaban Jesús predicar a la multitud; entonces se transformó instantáneamente, como si algún espiritu extraño y maligno lo hubiese dominado. (...) Así me dijo, al abandonarme, mi hijo; pero romanos y sacerdotes tomaron a Jesús y lo crucificaron, ¡y qué bien hicieron! PS pa que luego digan que Orson W. inventó el falso documental..., (continuará) |
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JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS, de Manuel Chaves Nogales Inicio del libro: Juan es un niño atónito, que cuando asoma por las tardes al portal de su casa con el babadero recosido y limpio, llevando en las manecitas la onza de chocolate y el canto de pan moreno que le han dado para merendar y contempla el abigarrado aspecto de la calle desde la penumbra del zaguán, se siente sobrecogido por el espectáculo del mundo, y se queda allí un momento asustado, sin decidirse a saltar al arroyo. Cuando, al fin, se lanza a la aventura de la calle, lo hace tímidamente, pegándose a las paredes, con la cabeza gacha, la mirada al sesgo, callado, paradito, atónito. Juan es muy poquita cosa, y la calle, en cambio, es demasiado grande, tumultuosa y varia. Es una calle tan grande y tan varia como el mundo. Juan no lo sabe pero la verdad es que lo que él quisiera, callejear libremente, ser amo de la calle, es tan difícil como ser el amo del mundo. Los niños que no se asustan en una calle como aquélla y a fuerza de heroísmo la dominan, podrán dominar el mundo cualquier día. En todo el mundo no hay más de lo que hay en aquella calle de Juan; ni más confusión, ni peores enemigos, ni peligros más ciertos.
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"¡Massacre, massacre!" – Novela corta perteneciente al libro "A SANGRE Y FUEGO", de Manuel Chaves Nogales Cuando llegó Valero el comedor estaba aún desierto. Se sentó en un rincón y ante un vaso de cerveza se quedó en ese estado de inhibición y ausencia en que a veces cae el hombre de acción en medio del torbellino de los acontecimientos. En esos momentos no es cierto que se recapacite ni que se piense en nada. Al rato de estar allí Valero, entró un tipo desbaratado y vacilante que fue a echarse de bruces sobre la mesa del rincón opuesto. Era un hombre joven, delgado, blando, los brazos largos y colgantes, un mechón de pelo de muerto caído sobre la frente pálida, el ojo turbio y rastrero, el cuello huidizo y un alentar fatigoso en la faz. Encajaba nerviosamente las mandíbulas y expulsaba el aire con mucho esfuerzo por la nariz, cuyas aletas se dilataban ansiosamente cuando levantaba la cabeza para coger aire con un movimiento de rotación desesperado. Durante algún tiempo el hombre aquel estuvo con la cabeza caída sobre el brazo doblado como si sollozase. Valero le contempló con lástima. Era la imagen fiel y patética del esfuerzo sobrehumano, la representación plástica de la debilidad que saca fuerzas de flaqueza, la encarnación de Sísifo, el dramático espectáculo del hombre que quiere y no puede. Tuvo lástima de aquel hombre y de él mismo y de todos los hombres que como ellos guerreaban, morían y mataban; héroes, bestias y mártires sin vocación heroica, sin malos instintos y sin espíritu de sacrificio o santidad. |
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EL PRÍNCIPE NEGRO (1973), Iris Murdoch (Dublín, Irlanda, 15 de julio 1919 – 8 de febrero 1999) (...) En la creación hay implícito una suerte de desespero que estoy seguro que conoce todo artista. En el arte como en la moralidad, grandes cosas se malogran porque pestañeamos en el momento crítico. ¿Cuándo se prodece ese momento crítico? La grandeza está en reconocerlo y asirlo y extenderlo. (...) Sé que la vida humana es horrible. Sé que en nada se parece al arte. No tengo religión, excepto mi propia tarea de existir. Las religiones convencionales son cosas de sueños. A escasos milímetros hay siempre un mundo de temor y espanto. Todo hombre, hasta el más grande, puede ser destruido en un momento y no tener donde refugiarse. Toda teoría que niegue esto es una mentira. Por mi parte, yo no tengo teorías. La verdadera política es sencillamente enjugarse las lágrimas y la lucha incesante por la libertad. Yo reverencio a los grandes artistas y a los que dicen no a los tiranos. (...)> |
Nubes... Hoy tengo conciencia del cielo, pues hay días en que no miro para él pero lo siento, viviendo en la ciudad y no en la naturaleza que la incluye. Nubes... Son ellas hoy la principal realidad, y me preocupan como si el velarse el cielo fuera uno de los grandes peligros de mi destino. Nubes...>