Humillados y Ofendidos (1861), Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)
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No es desilusión. Ahora veo, aunque antes no había considerado e lasunto, que hay dos formas diferentes de escribir la historia: una consiste en llevar a los hombres a la virtud y la otra obligarles a ver la verdad. La primera es la de Livio y la otra la de Polio. Y quizás no sean irreconciliables. Vaya, eres un orador. -Exclamó Polio, encantado. Yo, Claudio. Robert Graves.
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"Conoce a un músico de jazz que le habla de pollos parlantes y probablemente pensantes. - Lo peor de todo -le dice el músico- es que los gobiernos del planeta lo saben y por eso hay tanto criaderos de pollos. El joven objeta que los pollos son criados para que ellos mismos se los coman. El músico contesta que eso es lo que quieren los pollos. Y termina diciendo: - Putos pollos masoquistas, tienen a nuestros dirigentes cogidos por los huevos." 2666, de Roberto Bolaño |
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"Y también creyó descubrir que en todas las novelas el narrador siempre es un impostor, un indeseable que se hace pasar por el autor y que sólo es desenmascarado por los lectores más perspicaces, que suelen ser también los más amargados. Barnaola se situaba entre éstos y se veía a sí mismo como un hombre rabioso y eternamente enojado, protegido por una jauría de perros, cuyos ladridos le aislaban del resto del mundo y le alejaban de la estupidez humana. Sentía, pues, que formaba parte de ese grupo de lúcidos lectores de la vida, habitantes de un sórdido hospital del que nadie puede escapar y donde, a lo sumo, puede cambiarse de cama y probar otra enfermedad." Impostura, de Enrique Vila-Matas |
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-Te daré latigazos en el culo. Bastantes. Observaré atentamente como reaccionas ante el dolor que te provocarán los azotes y te daré unos poquitos más, sólo unos poquitos, cuando rebases el límite de los que puedes llegar a soportar. Recuérdame ahora lo que te he ordenado. -No moverme. -¿Ya estás llorando? Aún no ha comenzado el castigo. -Lo siento, estoy muerta de miedo. Pero no me muevo. No voy a moverme. -Entonces ya podemos comenzar.- José Andrés se puso en posición y levantó el látigo.- La primera vez el dolor es tan abrumador que no se pueden articular palabras, por eso esta vez, solo esta vez, no te voy a ordenar que los cuentes. Los latigazos. -No me moveré.-Lloraba de nuevo.- No me moveré.- Lloraba más fuerte. Últimas líneas de SM2, mi segunda novela sadomasoquista. Acabo de terminarla. |
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"Día 9 0.01 (hora local) Aterrizaje efectuado sin dificultad. [...] Denominación local del lugar de aterrizaje: Sardanyola. [...] 07.00 Cumpliendo órdenes (mías) Gurb se prepara para tomar contacto con las formas de vida de la zona.[...] Consultado el Catálogo Astral Terrestre Indicativo de Formas Asimilables (CATIFA) elijo para Gurb la apariencia del ser humano denominado Marta Sánchez. [...] 12.30 Sin noticias de Gurb. [...] 20.30 Sin noticias de Gurb. Día 10 07.00 Decido salir en busca de Gurb. [...] 07.30 Decido adoptar apariencia de ente humano individualizado. Consultado Catálogo, elijo el condeduque de Olivares. [...] 08.00 Me naturalizo en lugar denominado Diagonal-Paseo de Gracia. Soy arrollado por un autobús número 17 Barceloneta-Vall d'Hebron. Debo recuperar la cabeza, que ha salido rodando de resultas de la colisión. Operación dificultosa por la afluencia de vehículos. 08.01 Arrollado por un Opel Corsa. 08.02 Arrollado por una furgoneta de reparto. 08.03 Arrollado por un taxi. 08.04 Recupero la cabeza y la lavo en una fuente pública situada a pocos metros del lugar de la colisión." Sin noticias de Gurb. Eduardo Mendoza. |
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Yo era un niño frío. Odiaba a mi madre, la deseaba y finalmente la conocí a través de testimonios post mortem. La enterré con prisas y otras mujeres asesinadas me enardecieron. La muerte de mi madre corrompió y estimuló mi imaginación. Me liberó y me reprimió a la vez. Configuró mi currículo mental. Me doctoré en crimen y me gradué en mujeres viviseccionadas. Fui creciendo y escribí novelas sobre el mundo masculino que aprobaba sus muertes. Ola de Crímenes, James Ellroy. |
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Visor, del libro De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), Raymond Carver (1938-1988) Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa. Si exceptuamos los ganchos cromados, era un hombre de aspecto corriente y tendría unos cincuenta años.
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Todos consideramos impensable que el amor de nuestra vida pueda ser
algo leve, sin peso; creemos que nuestro amor es algo que tenía que
ser; que sin él nuestra vida no sería nuestra vida. Nos parece que el
propio huraño Beethoven, con su terrible melena, toca para nuestro gran
amor su "es muss sein!". Milan Kundera en "La insoportable levedad del ser". |
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"El hombre, por el contrario, el hombre habla y escucha; el hombre cree, y no así como quiera, sino que cree todo. ¡Qué índole! El hombre cree en la mujer, cree en la opinión, cree en la felicidad... ¡Qué sé yo en lo que cree el hombre! Hasta en la verdad cree. —Dígale usted que tiene talento. —¡Cierto! exclama en su interior. —Dígale usted que es el primer ser del universo. —Seguro, contesta: —Dígale usted que le quiere. —Gracias, contesta de buena fe. —¿Quiere usted llevarle a la muerte? trueque usted la palabra, y dígale: te llevo a la gloria: irá. —¿Quiere usted mandarle? dígale usted sencillamente: yo debo mandarte. —Es indudable, contestará." Mariano José de Larra, La Palabra. |
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La vanidad de los Duluoz (1967), Jack Kerouac (1922-1969) Cruzo el puente con un viento que aúlla y una nieve intensa que me golpea la cara roja, naturalmente sin ni una alma a la vista, cuando, de pronto, un hombre de uno noventa de estatura, más o menos, se acerca; tiene el cuerpo grande y la cabeza muy pequeña; continúa en dirección a Brooklyn, sin mirarme, dando zancadas, pensativo. ¿Sabes quién era? |
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Como decía, lo primero que noté fueron los cambios de ritmo verbal. Adiós la prosodia. Empezó despacio, comas que no caían en su sitio. Siempre me había gustado el punto y coma: de golpe asco, imposibilidad de usarlo. Me acuerdo que al corregir exámenes escritos de alumnos de un Nacional, me molestaba su incapacidad para advertir el momento en que una estructura verbal acaba, y cómo la puntuación intermedia (coma, dos puntos, punto y coma, guiones) ayuda a desconectar conectando, muestra que de una habitación hay que pasar a otra. Me irritaban cosas como: "Juana de Arco se encaminó a Orléans, las tropas inglesas habían conquistado gran parte del suelo..." Ese curioso desconocimiento de la función del punto y coma tan útil, tan claro. De pronto advertí la necesidad de dejar imbricarse las cláusulas, cabalgarse entre sí por sobre el débil puente de la coma, o directamente libre sueltas. Que la prosa fuera como el oleaje. En cadenas adjetivas, exigencia de libertad: "De pronto sola harta enfurecida prudentísima, oh pobre mujer." Y esto surgiendo de las ruinas de mi pulcritud pasada, doliéndome alegremente. Sensación de libertad, de juego limpio, de no convencimiento retórico, de mostración y no ya de descripción. - Usted, que escribía tan bien... -me decía una señora. Diario de Andrés Fava, de Julio Cortázar.
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Lo que más enfurecía a Wilder a propósito de la vida en el edificio era la manera en que una colectividad aparentemente homógenea de profesionales acomodados se había dividido en tres bandos diferenciados y hostiles. Las viejas subdivisiones sociales, fundadas en el poder, el capital y la defensa de los propios intereses, se habían reafirmado aquí como en cualquier otra parte. (...) - Tal vez. Esta tarde me arrojaron un cubo de orina. Si siguen provocándome yo también me armaré de una cachiporra. No es cierto que vayamos todos hacia un estado de primitivismo feliz. Aquí el modelo no es tanto el buen salvaje como el yo postfreudiano sin inocencia, dañado por una excesiva indulgencia en el entrenamiento de las funciones del cuerpo, un desastre tardío, y padres afectuosos... Sin duda una mezcla más poderosa que aquellas que nuestros antepasados victorianos tuvieron que soportar. Todos los de aquí han tenido infancias felices, sin excepción, y sin embargo están furiosos. Quizá no les dieron la oportunidad de ser perversos... Rascacielos, de J.G. Ballard
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Río famoso gracias a versos y canciones atroces, el motivo que más predomina es el que intenta convertir el río en una imagen paterna sustituta. En realidad, el río Mississippi es una masa de agua siniestra y traicionera cuyos remolinos y corrientes se llevan anualmente muchas vidas. No he conocido a nadie que se hubiera aventurado a introducir siquiera la punta del pie en sus asquerosas aguas contaminadas, en las que bullen heces, residuos industriales y mortíferos insecticidas. Hasta los peces se están muriendo. En consecuencia, el Mississippi como Padre-Dios-Moisés-Papi-Falo-Pa es un símbolo totalmente falso, creado, imagino, por el funesto farsante llamado Mark Twain. Esta incapacidad de establecer contacto con la realidad, es, sin embargo, característica de casi todo el "arte" de Norteamérica. Cualquier relación entre el arte norteamericano y el marco geográfico norteamericano es pura coincidencia; pero esto se debe sólo a que la nación como conjunto no tiene contacto alguno con la realidad. La Conjura de los Necios (1980), de John Kennedy Toole. |
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Esto es lo que te venden como civilización. Gente que nunca tiraría basura desde el coche pasa a tu lado con la radio a todo trapo. Gente que nunca te tiraría humo de puro a la cara en un restaurante abarrotado habla a gritos por el teléfono móvil. Se chillan unos a otros a la mesa de la cena. La misma gente que nunca usaría insecticidas o herbicidas fustigan a sus vecinos poniendo música de gaitas escocesas en el equipo de música. Ópera china. Country and western. Al aire libre, está bien que cante un pájaro. No está bien que cante Patsy Cline. Al aire libre, ya hay bastante con el estruendo del tráfico. Añadir el Concierto para piano en mi menor de Chopin no ayuda a arreglar la situación. Uno sube la música para tapar el ruido. Los demás suben su música para tapar la tuya. Tú vuelves a subir la tuya. Todo el mundo se compra un equipo de música más grande. Es la carrera armamentística del sonido. No se gana con muchos agudos. No se trata de calidad. Se trata de volumen. No se trata de música. Se trata de ganar. Animas la competición subiendo los bajos. Haces que tiemblen las ventanas. Te pasas la melodía por el forro y gritas la letra. Añades palabrotas y haces hincapié en cada una de ellas. Dominas. Es una cuestión de poder. Nana (2002), de Chuck Palahniuk
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- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito... - Soy un zorro – dijo el zorro. - Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste... - No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado. [...] - Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto ! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas ? - No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa "domesticar" ? - Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..." - Crear lazos ? - Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo... - Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado... - Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas... |
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La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo. Leopoldo Alas Clarín. Comienzo de “La Regenta” Brutal… |
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Comienzo de "Novela de vacaciones" de Dickens; "Introduccion debida a la pluma de Mr.William Tinkling (de ocho años de edad). Esta primera parte, con la que empieza nuestra narración, no es producto de la fantasía. Hay que tenerlo bien presente. Lo que en ella se dice es la realidad. Debe darse más crédito a esta primera parte que a lo que sigue a continuación de ella, porque, de otro modo, resultaría dificil de entender. Debéis creer todo lo que aquí se ha escrito, pero os ruego que pongáis más fe en el comienzo. Yo soy el editor. Bob Redford (mi primo, que en este momento está moviendo la mesa para molestarme) quería serlo él. No se lo permití, porque no era posible. No tiene ni la más remota idea de como tiene que ser un editor." Este comienzo es genial, a veces nos olvidamos de algunos clásicos como este o este otro, citado al comienzo del ya nombrado "American Psyco": Comienzo de "Memorias del subsuelo" de Dostoievski: "Tanto el autor de estas Memorias como estas Memorias mismas son, naturalmente, novelescos. No obstante, individuos tales como el autor de estas Memorias no sólo pueden existir en nuestra sociedad, sino que por fuerza deben existir, si se consideran las circunstancias bajo las que, por lo general, esta sociedad nuestra se desenvuelve. He querido presentar ante el público, más claramente que de costumbre, uno de los personajes de nuestro reciente pasado. Representa a una generación que todavía vive entre nosotros." Habría sido bueno leer estos dos fragmentos y algunos más que ahora no recuerdo antes de enzarzarse en cierto asunto que aún colea por el foro. Ambos juegan a mezclar la realidad supuestamente autobiográfica con la ficción pura y dura. En el de Dickens, el guiño es la nota del autor sobre la edad del que escribe. En el de Dostoievski es hablando del pasado pero que "todavía vive entre nosotros". En fin. |
La vanidad de los Duluoz (1967), Jack Kerouac (1922-1969)
Cruzo el puente con un viento que aúlla y una nieve intensa que me golpea la cara roja, naturalmente sin ni una alma a la vista, cuando, de pronto, un hombre de uno noventa de estatura, más o menos, se acerca; tiene el cuerpo grande y la cabeza muy pequeña; continúa en dirección a Brooklyn, sin mirarme, dando zancadas, pensativo. ¿Sabes quién era?
Thomas Wolfe