Humillados y Ofendidos (1861), Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)
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Vasili Griogóriechich Vlasov recuerda que en la noche que siguió a la sentencia, cuando lo conducían por las oscuras calles de Kady con cuatro pistolas apuntándole por los cuatro costados, no dejaba de pensar: a ver si éstos me van a pegar un tiro aquí mismo, como provocación, por supuesta tentativa de fuga ¡O sea que todavía no se creía que su sentencia era una realidad! Luego todavía tenía esperanzas de vivir. Archipielago Gulag Alexandr Solzhenitsyn
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Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
Maldigo la poesía concebida como un lujo
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro http://www.youtube.com/watch?v=laWOBCnAwFM |
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…"¿Dónde están los recuerdos puros? En casi todos se funden impresiones de otras épocas que se les superponen y les confieren una realidad distinta. Los recuerdos no existen: es otra vida revivida con otra personalidad y que en parte es consecuencia de esos mismos recuerdos. No se puede invertir el sentido del tiempo, a menos que se vida con los ojos cerrados y a oídos sordos"… Fragmento de “La Hierba Roja” Boris Vian |
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Había comenzado a llover. Los goterones estremecían la calamina del techo con unos sonidos desacompasados y muy fuertes. No eran todavía las tres de la tarde pero la tormenta había oscurecido el cielo y parecía de noche. Se oían truenos a lo lejos, retumbando en las montañas con unos ronquidos entrecortados que subían desde esas entrañas de la tierra que estos serruchos creían poblados de toros, serpientes, cóndores y espíritus. ¿De veras los indios creen eso? Lituma en los Andes.-
Mario Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura 2010 |
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Territorio Comanche (1994), Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) "También eso de la /munición/ 5.56 tiene su miga, pensó Barlés. Menos pesada que sus hermanas de otros calibres, posee además la ventaja de que al dispararse viaja en el límite de su equilibrio, de forma que cuando encuentra carne humana altera la trayectoria. Entonces, en lugar de salir en línea recta va y se tuerce, sale por otro sitio y, de paso, provoca la fractura de los huesos y el estallido de los órganos huecos, la muy zorra. También es cierto que mata menos, por ejemplo, que un calibre 7.62 OTAN o el más corto del Kalashnikov; pero todo está estudiado. En cuanto a las balas, los muertos enemigos están muertos y ya está. Pero lo eficaz de verdad es que el enemigo tenga, más que muertos, muchos heridos graves, mutilados y cosas así: requieren esfuerzos de evacuación, cura y hospitales, complican la logística del adversario y le revientan la organización y la moral. Matar al enemigo no se lleva. Ahora lo moderno es hacerle muchos cojos y mancos y tetrapléjicos y dejar que se las arregle como pueda." |
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Está escrito que hay cuatro tipos de hombres. El primero dice: "Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo". Es la tribu de las clases medias, Sodoma, según la llaman algunos. El segundo grupo, formado por la gente vulgar y humilde, dice: "Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío". Un tercer grupo, los piadosos, dicen: "Lo mío es tuyo y lo tuyo también es tuyo". Por último, otros dicen: "Lo mío es mío y lo tuyo también es mío"; son los malvados. Así está escrito. Los eruditos dicen que el primer hombre del grupo de lo mío-mío y lo tuyo-tuyo fue Caín, que mató a su hermano Abel y fundó la primera ciudad. Por tanto, aunque esta visión es muy común en nuestros días, se la rechaza y se la considera propia de Sodoma. La tercera opinión, la de los piadosos, también es rechazada, porque aquellos que no poseen bienes terrenales entregan lo poco que tienen para demostrar que sólo persiguen la virtud. Es una singular forma de hipocresía que podríamos denominar "la arrogancia de los débiles" y que, por sobre todas las cosas, es estúpida. La cuarta modalidad, que corresponde a los grandes terratenientes y usureros, es abominable y detestada. Sólo queda la segunda, "lo tuyo es mío y lo mío es tuyo", que es la nuestra. Arthur Koestler, Espartaco |
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cita de salazar
Madre, Ninfa y Virgen,
Creo que se trata de "Los mitos griegos, volumen 1". Robert Graves 1955, pero no me hagas mucho caso.
Triple Reina, Señora de la Luna Ámbar, Tú, que por tu soberanía sobre el cielo, la tierra y el mar te vuelves a triplicar, te sirvo con fidelidad, te adoro sin esperanzas. Lloré como un niño, por la emoción nerviosa, cuando leí por primera vez esta oración de Robert Graves. Y no te diré en cuál de sus libros está, Pelagio. No te lo diré. |
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Nuestras intenciones eran fuertes y puras y el pueblo debería habernos amado. Pero nos odia. ¿Por qué somos tan odiados y detestados? Les trajimos la verdad, y en nuestra boca sonó a mentira; les trajimos la libertad, y en nuestras manos pareció un látigo; les trajimos la vida plena, y donde se oyó nuestra voz, los árboles se secaron, con un susurro de hojas muertas; les trajimos la promesa del porvenir, pero nuestra lengua tartamudeó y salieron ladridos de nuestros labios... Arthur Koestler, El cero y el infinito |
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cita de R2_D2
bonito
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
Maldigo la poesía concebida como un lujo
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro http://www.youtube.com/watch?v=laWOBCnAwFM |
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Roma, la puta que te hará llegar al climax, para después abandonarte hecho jirones a orillas del Tiber. No lo olvides, Doquirus; jamás ames a una ramera. -El senador Aculeo suspiró ante la vista de la muchedumbre que, poco a poco, iba ocupando las gradas del teatro. Había pasado la tarde preocupado por las noticias recibidas, las cuales le habían llenado de inquietud. El miedo hacía que la imaginación del senador divagara a su aire. El esclavo luso guardó silencio; finalmente no hubo reprimenda por lo acaecido durante la mañana, así que acogió con gusto la orden de acompañar a su amo aquella tarde. Intuía que algo importante estaba a punto de suceder. Aculeo era un hombre familiar y no solía dejar de lado sus obligaciones domésticas para acudir a espectáculos públicos. Gustaba de pasar las tardes en el triclinium de la casa, atendiendo a los juegos de sus hijos. A N P H O R A E Diego Castro Sánchez |
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Recordaba que mi padre solía decir que la razón para vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo. Y cuando tenía que verlos día tras día, cada cual con sus pensamientos egoístas y secretos, cada cual con su sangre distinta a la de los demás y a la mía, y pensaba que al parecer era mi único modo de prepararme para estar muerta, odiaba a mi padre por haberme engendrado. Solía estar deseando que cometieran alguna falta, para así poder zurrarles. Cuando la vara caía, podía sentirla en mi propia carne; cuando les levantaba cardenales y verdugones era mi sangre la que corría, y a cada golpe de vara pensaba: ¡Ahora vais a saber quién soy! Ahora soy alguien en vuestras vidas secretas y egoístas, soy quien ha marcado para siempre vuestra sangre con la mía. Mientras Agonizo (1930), William Faulkner
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Más, he aquí un artista. Desea pintar el más ensoñador, sombrío y recatado, el más encantador sector de paisaje en todo el valle del Saco. ¿Cuál es el principal elemento que empela? He aquí sus árboles de huecos troncos, como si en su interior hubiera un ermitaño y un crucifijo. Aquí duerme su prado, allá descansa su rebaño. Y arriba, más allá de las cabañas, un somnoliento hilito de humo. Moby Dick de Herman Melville
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Bajo las rojas murallas de París estaba formado el ejército de Francia. Carlomagno tenía que pasar revista a los paladines. Ya hacía más de tres horas que estaban allí; era una tarde calurosa de comienzos de verano, algo cubierta, nubosa; en las armaduras se hervía como dentro de ollas a fuego lento. No se sabe si alguno en aquella inmóvil fila de caballeros no había perdido ya el sentido o se había adormecido, pero la armadura los mantenía erguidos en la silla a todos por igual. De pronto, tres toques de trompa: las plumas de las cimeras se sobresaltaron en el aire quieto como por un soplo de viento, y enmudeció en seguida aquella especie de bramido marino que se había oído hasta entonces, y que era, por lo visto, un roncar de guerreros oscurecido por las golas metálicas de los yelmos. Finalmente helo allí, divisaron a Carlomagno que avanzaba, al fondo, en un caballo que parecía más grande de lo normal, con la barba sobre el pecho, las manos en el pomo de la silla. Reina y guerrea, guerrea y reina, dale que dale, parecía un poco envejecido, desde la última vez que lo habían visto aquellos guerreros. Detenía el caballo ante cada oficial y se volvía para mirarlo de arriba abajo. El Caballero Inexistente de Italo Calvino |