bubok.es utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y a recordar sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Ver política de privacidad. OK
Buscar en Bubok

Foro para escritores de Bubok

Para participar en los foros de Bubok es imprescindible aceptar y seguir unas normas de conducta básicas. Puedes consultar estas normas aquí
X
romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

NOCHE DE NAVIDAD

24 de Diciembre de 2010 a las 15:01

Noche de Navidad

            Al caer la tarde de aquel veinticuatro de diciembre, se le vio llegar. Cruzó despacio las calles, dirección a Plaza Nueva y se le vio seguir por la Carrera del Darro. Dirección al Paseo de los Tristes, como al encuentro de algo o alguien. Iba solo, cargado con una pequeña mochila, vestía una chaqueta vieja y en sus manos llevaba guantes. Hacía frío, mucho frío. Aunque el sol lucía brillante y el cielo se mostraba azul por entre los rotos de las nubes, hacía mucho frío. Hasta la tarde del día anterior, había llovido mucho y durante muchos días. Por eso, toda la ladera del lado derecho del río Darro, se veía empapada. Bajaba lleno, muy lleno el río y al aire era cortante.

            Y según avanzaba, sin prisa, como meditando y mirando a un lado y otro, no se fijaba en nadie. Los que se le cruzaban o adelantaban, sí lo miraban y seguían sus pasos. Como si de alguna manera algo en él fuera extraño. Pero a él parecía no importarle que lo mirasen. Llevaba su mente ocupada solo en el encuentro y en las emociones que en el corazón se le avivaban. Por eso, cuando llegó al Paseo de los Tristes, se acercó al puente de piedra, se paró un momento, miró despacio y le pareció verla. A través del tiempo y los recuerdos, montada en su bicicleta y de un lado para otro dando vueltas. De vez en cuando se paraba, lo miraba y le decía:

- Lo que más me gusta en la vida es jugar contigo en este rincón de Granada. Siempre me divierto mucho y luego, cuando regreso a mi casa, me voy contenta.

Y él le respondía:

- Cuando ya seamos grandes, en mi corazón te llevaré conmigo a todas partes. Eres la más divertida y buena de todas las personas de la tierra.

- Y yo me iré siempre contigo a cualquier lugar que vayas pero ¿sabes lo que más me gustaría?

- Dímelo.

- Que me construyeras una casa pequeña, con tejas rojas, una chimenea y un jardín con agua, en esta ladera que cae al río desde la Alhambra.

- ¿Y por qué una casa en esta ladera?

- Para estar cerca de la Alhambra y ver, desde la puerta de mi pequeña casa, a todas y días, el barrio del Albaicín y Granada.

            Sintió que por su cara rodaban algunas lágrimas y por eso, se quitó el guante, restregó con la mano sus ojos, se secó las lágrimas y luego siguió caminando. Despacio y buscando la sendilla que sube por el bosque de la ladera que cae desde la Alhambra. La encontró enseguida y por ella caminó mientras seguía meditando y como al encuentro de la Alhambra. Pero antes de coronar la colina, se desvió a la izquierda. Caminó un poco más y se encontró con las ruinas. Solo un montón de piedras cubiertas de musgo, hojas y ramas secas e hierba con los tallos llenos de escarcha. Se paró en el mismo centro de las ruinas, justo en lo que en otros tiempos había sido la cocina y miró despacio. Algunas tejas todavía estaban por allí esturreadas, rotas y llenas de musgo y también las piedras de las fuentes que decoraban el jardincillo. Se limpió otra lágrima de su cara y soltó la mochila en el suelo. La abrió y se puso a montar la tienda.

            Y mientras la montaba fue procurando que la puerta mirara para el cauce del río y para el rellano por donde ella de pequeña jugaba con su bicicleta. También procuraba que la puerta de la tienda mirara para el barrio del Albaicín y para Granada. El frío seguía aumentando porque el sol iba cayendo y en la ciudad, las luces comenzaron a brillar. Luces de colores que decoraban las calles y plazas con figuras y motivos de Navidad. También el ruido de algunos petardos y grupos cantando villancicos.

            Cuando terminó de montar la tienda, entró dentro, estiró el saco de dormir, se acurrucó y puso su mochila sobre un trozo de madera vieja, en otros tiempos viga de la casa, y lo usó como almohada. Por eso, mientras se acurrucaba un poco más para quitarse el frío y huir, de alguna manera de la soledad, miraba por la abertura de la puerta de la tienda, según estaba acostado. Y fue descubriendo que la noche se cerraba más y más. Las luces de las calles y plazas brillaban con intensidad y, aunque al principio de la noche si se oyeron y durante mucho rato, algunas personas por las calles, luego se hizo el silencio. Tan denso y profundo se hizo el silencio que hasta sus oídos llegaba el rumor de las aguas del río. También y, ya casi a media noche, oyó una voz que le pareció reconocer y que desde lo hondo del río, desde el rellano por donde de pequeña ella jugaba con su bicicleta, dijo: “FELIZ NAVIDAD, no te olvido”. 

La simplicidad del primer millón

La simplicidad del primer millón
A lo largo de 46 capítulos, Aitor Zárate nos descubre lo alejado o cerca que estamos de conocer como funciona el mundo del dinero. Nos propone ganar nuestro "Primer Millón" y nos muestra tanto las claves para conseguirlo, como soluciones para no caer en las trampas que "El Sistema" pone en nuestro camino. La Simplicidad del [...] Ver libro

Autor: aitorzarate

   

¿Quieres que te informemos de cómo publicar tu obra? Déjanos tu teléfono y te llamamos sin compromiso.

Introduce el nombre

Introduce el teléfono

Introduce el E-mail

Introduce un email válido

Escoge el estado del manuscrito

Gracias por contactar con Bubok, su mensaje ha sido enviado con éxito. Una persona de nuestro departamento de asesoría al cliente se pondrá en contacto contigo a la mayor brevedad.
Enviar